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No conocieron las palabras. Nunca viajaron. Sin embargo, pienso que toda canción está contenida en el silencio en el que parecen esperar siempre a su señor. Cuando la lluvia cae, los veo como si pensaran. Suspendidos por leyes celestiales, ellos vigilan con sus anhelantes y mortales pensamientos.
Alguien superior a su sueño penetra en el seno de su fronda y bebe su perfume, como el guerrero perseguido que llega a la fuente codiciada, y les habla al pasar y les entrega sus amorosos mensajes. Tal es el viento. Y ellos que nunca se hablan, porque están siempre solos, reverencian en el viento a la palabra divina.

Ellos esperan y se adivinan entre sí, a la distancia, y suspiran a veces, como si estuvieran juntos y se amaran.

Luis Oyarzún

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