El Misterio de la Unidad por la Dualidad está simbolizado por el Uno dentro del Cero. La línea recta dentro del Círculo representa la Unidad; el ángulo de dos líneas distintas que, partiendo de un único punto se alejan y divergen, representa la Dualidad. De esta manera, vemos que la Dualidad tiene su origen en la Unidad.

El punto central en el que las dos líneas se juntan es el séptimo mundo o mundo de la Realidad, mientras que las dos líneas que atraviesan los seis mundos inferiores a la Realidad se llaman mundos de la manifestación o apariencia de la Realidad. Son la sustancia de la Esencia, la forma del ser y la materia en contraposición al Espíritu.

Desde el momento en que la Unidad se bifurca, se convierte en Creación; pero la consciencia de la Unidad, que es el Alma del mundo, se manifiesta en la Dualidad que desciende del séptimo Cielo. Mediante la Dualidad se forman: el Cielo y la Tierra; el bien y el mal; la luz y la sombra; el espíritu y la materia; el Jakin y el Bohaz; el Yang y el Yin; el Sol y la luz; la expansión y la reunión; la necesidad y la libertad; el Padre y la Madre; Adán y Eva, etcétera.

En el mismo cuerpo se manifiesta la Dualidad en todo el organismo; sin embargo, esta Dualidad se concilia en el centro cerebral, en la nariz, la lengua, el ombligo, el falo. La Divinidad Única tiene dos condiciones como base de su manifestación: el Universo y el Hombre. La Unidad de la dualidad, en el cerebro del hombre, es el principio de la Creación; la Unidad de la Dualidad en la base inferior de la médula o en el IO cabalístico, es el regreso a la Divinidad. Desde el momento en el que el Yo Soy junta alrededor de sí a sus vehículos de materia, oscurece su consciencia en su propio plano, pero la comunica a sus vehículos.

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Nacimiento de Venus
El plano físico es el inferior, en el cual el ser humano encarna en el cuerpo material. El segundo es el deseo inferior, el cuerpo de los instintos y pasiones, es el cuerpo de atracción o posesión. El tercero es el de la emoción o del deseo superior, que se caracteriza por el deseo de unión. El cuarto es el mental inferior; es el de la memoria que da fijeza a los demás planos superiores. El quinto es el mental superior, sede de las cualidades. El sexto es el plano espiritual, el de la tendencia. El séptimo y último es el plano de la Unidad con el Ser Recóndito; en él no hay diferenciación: Todo es Uno y Uno es Todo.

De manera que el hombre está compuesto por siete aspectos distintos en su ser, y cada uno de ellos posee los átomos de cada aspecto, que habitan en él. El Yo Soy emana del séptimo plano de la Unidad, o cabeza, a modo de electricidad, la fuerza vital en forma dual: protectora y pasiva o receptora: masculina y femenina. Sin embargo, estos dos polos no se encuentran en parte alguna, se pierden en el espacio, y para limitar o utilizar sus fuerzas, es útil unirlas en circuito. La Unión de los Polos es el misterio de la Creación. Mientras están separados, significan emanaciones del Ser Recóndito, pero cuando se unen, desarrollan una Creación que se encamina de regreso hacia la Unidad Superior.

El hombre es el polo positivo de la Fuerza Vital que está fluyendo del Yo Soy; pero esta fuerza, en vez de perderse en el espacio infinito, después de realizar su obra en el cuerpo masculino, tiende a unirse con un ser femenino para producir el circuito y regresar por él a la Divinidad. En el punto de Unión, el Iniciado puede apoderarse de esa fuerza y emplearla en todos los siete planos anteriormente enumerados.

Dijimos que el séptimo plano es la Unidad del Todo; pero desde el séptimo hacia abajo comienzan las polaridades de la sexualidad, en las que tienen que fluir hasta llegar al plano físico; entonces, el hombre debe convertirse en canal masculino y positivo de la Fuerza Vital, y la mujer, en canal pasivo, negativo y femenino. De esto se deduce que el ser humano, en principio, es asexual o andrógino; así fue en el principio y así ha de ser en el final.

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Venus y Marte
Entretanto, ambas fuerzas del Yo Soy son manifestaciones divinas en el hombre y la mujer, y tienen que unirse en los mundos de la materia, para la Creación y el retorno a una Unidad. Sin embargo, esta unión de los dos polos tiene que realizarse forzosamente en los seis planos para que produzcan la Unidad en el séptimo.

La Energía Vital o Creadora debe descender hasta el plano físico. El Iniciado o Adepto tiene como objetivo detenerla en la base de la médula espinal para reenviarla al sexto mundo, sin derramarla en la tierra, pues no podrá seguir la senda interna si ocurriera esto. Nadie debe suponer que el adepto deba ser célibe o no tener nunca mujer por compañera o esposa. No. El adepto emplea la Fuerza Creadora de acuerdo con las leyes divinas, y su unión sexual es un Sacramento o un Sacrificio. Pero el adepto es también conocedor de las leyes divinas en él contenidas; puede ser célibe y utilizar las dos polaridades que descienden de la cabeza, unirlas en la base de la médula en la que forma el circuito del fuego serpentino, y elevarlo a la Unidad por medio de aspiración, respiración y meditación.

Entonces, los dos medios, el casamiento y el celibato, tienen por objeto unir las dos polaridades que emanan de la Unidad para que puedan retornar a ésta mediante la Unión.

Cuando la Energía Creadora desciende, como positiva, por el lado derecho de la médula espinal, y como pasiva, por el lado izquierdo, ambas polaridades tienen que unirse en la base de la espina dorsal y seguir el rumbo de regreso hacia arriba hasta llegar al sexto plano. Es lo que se halla representado en el símbolo del Caduceo. Si esta energía se derramara en el punto de la unión inferior, volvería a la tierra y arrastraría al hombre hacia la animalidad.

La Fuerza Vital se irradia desde Yo Soy, por lo tanto, es divina en su sustancia, y la expresan los diversos cuerpos del hombre, constituidos por los átomos en los diferentes planos; sin embargo, la naturaleza de esa Fuerza es muy distinta en cada plano, aunque sea una sola en toda su manifestación. Por ejemplo, podemos tomar el fuego, que es humo, calor y luz al mismo tiempo. Así también es el fuego divino en la fuerza vital: humo en el bajo vientre, esto es, instinto animal; calor o deseo en el pecho; y Luz en el cerebro, de modo que es condicionada por la naturaleza del plano en el cual opera.

Esta Fuerza Vital es la Causa de todo lo que existe; y preserva de la desintegración a toda forma viva hasta que esta llegue a evolucionar; el mismo tiempo, crea. En la primera fase es el Padre-Madre, positivo y negativo; en la segunda, es el Hijo. Es una sola para la vida, y dual para la Creación. Ya dijimos que esa Energía es positiva por el lado derecho de la médula en el hombre, y pasiva por el lado izquierdo, en la mujer. Sin embargo, el hombre representa el lado positivo en la naturaleza externa, el cual se manifiesta derramándose, y la mujer representa el lado pasivo, que espera el estímulo. El hombre estimula a la mujer en el plano físico, pero en el anímico es la mujer quien lo estimula, porque si el hombre tiene cuerpo físico positivo, su cuerpo de deseos es pasivo, mientras que la mujer es al revés del hombre: su cuerpo físico es pasivo y su cuerpo de deseos es positivo. El Reino de Dios vendrá cuando los dos sean uno y ya no haya ni masculino ni femenino, dicen las Escrituras.

El hombre y la mujer, como personas, tienen sexos definidos; pero como dioses, cada cual tiene ambos aspectos. El Iniciado debe desarrollar en su cuerpo ambos polos, para convertirse en Unidad o unirse con una mujer, para obtener el mismo fin. Con todo, existen seres que unen los dos métodos para llegar al mismo objetivo.

La humanidad puede determinar el sexo del individuo en el mundo físico, pero la Fuerza Vital es la que lo determina en los mundos internos; por eso vemos hombres afeminados y mujeres hombrunas.

La sagrada Energía Creadora obedece, como todas las cosas, al pensamiento del hombre. El tipo altamente espiritual trata siempre de espiritualizar la materia, y sus pensamientos buscan la unión de todas las cosas. La Energía de tal Ser no puede permanecer mucho tiempo en el mundo físico, y vuelve a su mundo mental superior y espiritual, mientras que el ser de tendencia material arrastra con el pensamiento la Energía Vital hacia el mundo físico. Puede crear en este mundo, pero a la manera de los animales.

Y los dos serán Uno, dijo Jesús al hablar del matrimonio. Hasta hoy, rarísimas veces hemos tenido ocasión de ver el matrimonio ideal al que el Nazareno se refiere. Todas las uniones actuales se forman en el mundo del deseo y del plano físico; son raras las que llegan al plano mental, y más raras aún las espirituales. La verdadera unión del hombre y la mujer debe llegar hasta el sexto plano; en caso contrario, nunca serán un solo cuerpo. Las uniones actuales, vistas desde el punto de vista espiritual, son concubinatos voluntarios o impuestos. Cuando la unión de dos seres no llega a todos y cada uno de los cuerpos internos, es una unión animal que puede abarcar los tres cuerpos inferiores. El amor tierno y profundo, que comienza desde el plano mental superior hacia arriba, carece del concepto de la unión sexual; cuando un matrimonio no alcanza la unión mental, es un matrimonio desdichado porque fue elaborado con deseo animal o con interés personal.

Cuando dos seres de sexos opuestos encuentran la unión mental y ambos consiguen resistir la presión de la Energía Creadora en el plano físico, esa energía forma un circuito en el mundo físico y vuelve a la Divinidad, llevando consigo la mente de los dos seres.

Ya se dijo que el cuerpo tiene siete chakras dispuestos en diferentes zonas, y que ciertos temperamentos son más proyectores que atractivos, y que en otros ocurre al revés, pero quien haya alcanzado el completo equilibrio será un Dios. Observamos que es raro el individuo que llega a semejante estado, salvo algunos genios y, aún éstos, sólo en determinado tiempo de su existencia.

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El objetivo de la unión de las dos polaridades del cuerpo es la divinización del hombre, y sólo unos pocos Iniciados siguen este método; sin embargo, la casta unión del hombre y la mujer conduce al mismo fin. También vimos que la Verdadera Unión del hombre y la mujer debe alcanzar los siete chakras o mundos como anteriormente los llamamos – porque realmente cada chakra es un mundo en sí mismo y, si la unión no se produjera en los siete, entonces sería unión imperfecta, por ser incompleta.

La unión de dos seres de diferentes sexos debe alcanzar los siete chakras en total, porque las polaridades de los chakras masculinos son diferentes de las de los femeninos y, al unirse, producen equilibrio. Sin embargo, tenemos que distinguir entre unión sexual y unión de las dos almas, con o sin matrimonio, que son cosas muy diferentes.

Si se unen dos seres instintivos de los dos sexos, la unión será animal, como sucede en los burdeles, y el equilibrio se traduce en la satisfacción de un instinto que reside en el chakra básico, positivo en el hombre y atractivo en su chakra correspondiente, o sea, el útero en la mujer. Los opuestos se unen en este plano con la diferencia corporal y vibratoria que existe entre los dos. Este chakra ejerce su influencia en el olfato y en la sexualidad. Esta unión persiste tan sólo durante el acto.

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