Budismo y Bosques

Budismo y Bosques

El Buda decía: “El bosque es un organismo único y fuente de gran bondad. No exige nada para su sustento y extiende su protección sobre todos los seres dándoles sombra, incluso al leñador que con su hacha lo destruye.

Los bosques son de la mayor importancia, tanto para la vida silvestre como para la humanidad. Los budistas creen que la destrucción de los bosques acarrea calamidades, debido a que conlleva la muerte de árboles y animales y porque su pérdida redunda en un desequilibrio en el medio ambiente natural. La deforestación tiene como consecuencia inundaciones y sequías, hambruna y enfermedades. Si nos despreocupamos de los bosques, éstos desaparecerán y, junto con ellos, la alegría que nos produce su intrínseca belleza.

En el Vinaya Sutra, nuestro Señor Buda dice que los bosques son el mejor lugar para la contemplación. Aquellos que se retiran a meditar allí, son los llamados nagthrodpa (habitantes del bosque). Ellos dejan sus hogares para vivir como ascetas, buscando liberarse de los sufrimientos del mundo. Si desean hacerse practicantes estrictos, se les instruye seguir las doce Prácticas Ascéticas, la séptima de las cuales es llamada shingdrungpa (meditación mientras se vive a los pies de un árbol). Mientras se medita en calma morando en los bosques, se podrá adquirir flexibilidad tanto para el cuerpo como para la mente y la concentración necesaria para una real comprensión del stongpanvid (vacío total).

El Buda decía que en los bosques podemos olvidarnos de los apegos materiales, obtener la quietud de la mente y una posibilidad intuitiva de introspección. En nuestras casas, rodeados de cosas y llenos de actividades, solamente estamos dedicados a juntar objetos materiales. Pero allí afuera, en los bosques, tenemos la posibilidad de recolectar ge-wa (objetos espirituales), que nos serán mucho más útiles en la vida. Aquí podemos ver la conexión entre los bosques y la mente. Además, decía el Buda, en los bosques podemos entrenarnos para transformarnos en dagpaizhing jong (habitantes del Mundo de la Pureza). Esta práctica, en la que todas las energías virtuosas se concentran para crear los Campos de Buda de la Iluminación Total, es posible sólo porque los bosques se asemejan a los Campos de Buda y debido a que éstos crecen y existen por sí mismos, manteniendo un equilibrio natural con todos los elementos que lo componen.

El mismo Buda comenzó su camino a la Iluminación pasando muchos años como habitante de los bosques, meditando a los pies de una higuera. Hacia la mitad de su vida, habiendo alcanzado la Iluminación, permaneció viviendo bajo el gran árbol y su mayor deseo era vivir siempre como un asceta en el bosque. Decía: “He obtenido la esencia de Dharma, el néctar verdadero, pero a quién puedo comunicárselo? Lo mejor es no hablar con nadie y practicar, quedándome silencioso en el bosque”. Esto demuestra la importancia de los bosques para los budistas. Mientras los bosques existan, los nagthrodpa encontrarán en ellos paz de toda distracción y serán capaces de desarrollar la Gran Mente a través de prácticas tántricas y la meditación en stongpanvid.

En su Dawa Drome Sutra, el Buda describía el bosque como el hogar de la paz y la serenidad, un lugar de gran felicidad y fuente del mayor agrado. Decía que siempre que una persona se sienta tensa y molesta en su ambiente urbano, debiera ir a los bosques para encontrar paz mental y para olvidar los sufrimientos del mundo. También describía los bosques como el lugar de descanso para la humanidad, donde se puede ir cuando nos sentimos cansados de atender nuestros quehaceres mundanos, constantemente persiguiendo nuestro propio bienestar y con ello, tantas veces, perturbando el bienestar de los demás. En ese Sutra, hay varios miles de estrofas relativas a las bondades de los bosques.

El Buda y todos los Siddhas llamaban al bosque “un paraíso en el mundo humano”, con innumerables plantas de flores y frutos perfumados, abundancia natural plena del zumbar de las abejas, bendecido por suaves lluvias y coronado por infinitas y hermosas nubes blancas que resaltan en el cielo azul. Allí está el hogar de muchos animales, de aguas frescas, vertientes naturales de las cuales espíritus y Nagas hacen sus lares favoritos. Las ramas de las altas copas se entrelazan como brazos amistosos, protegiendo la tierra del embate del granizo y las tormentas, doblando sus hojas como en un gesto de bienvenida a todos. Allí los animales juegan y encuentran todo lo que necesitan. Y, aunque las leyes de la naturaleza sigan su curso, no hay enemigos allí. Ya que, de acuerdo con el budismo, los instintos y conflictos de los animales salvajes, aunque algunos sean tremendamente crueles, no tienen nada que ver con la maldad consciente de las mentes violentas y llenas de odio de algunos seres humanos.

Buda decía que, como regla general, es imposible desarrollar destreza en la meditación o sentimientos de compasión hacia los demás, si se vive en la ciudad. Basado en su propia experiencia nos enseñó cómo los bosques pueden ayudarnos a llegar más allá de Samsara. Decía que, incluso unos pocos pasos dados en dirección de los bosques con el firme deseo de meditar allí, es un acto de virtud igual a todas las ofrendas de los Bodhisattvas. Su experiencia de muchos años tratando de practicar el Dharma cuando aún era un rey, era que la Iluminación no puede ser alcanzada mientras se está en la rutina de la vida diaria. Hay que retirarse, entrenarse y luego volver con la Mente preparada para continuar en el mundo y no sentirse perturbado con ello.

Es por ello que, incluso en la actualidad, se dice que nadie puede llegar a la Iluminación mientras vive en la ciudad, rodeado por su círculo de amigos y familiares. Pero sí existen innumerables sabios que han logrado iluminarse retirándose a los bosques. Por ejemplo, el gran Siddha Melong Dorje pasó nueve años en los bosques meditando y comiendo solamente de sus frutas: no tomó nunca otro alimento. Finalmente se volvió un famoso Siddha de la Escuela Nyimga. También hizo así Jetsun Milarepa, quien pasó la mayor parte de su vida en cavernas y en bosques. Su principal sustentación fueron ortigas y nunca se acercó a asentamientos humanos porque sabía que solamente en los lugares silvestres se encuentran los Budas y que las voces de la verdad más profunda están allí permanentemente accesibles.

Mientras todo tipo de proyectos e industrias se multiplica infinitamente por todo el mundo, los bosques y su reino animal están desapareciendo. Es nuestra responsabilidad reflexionar acerca de sus valores y asegurar que no robamos este precioso patrimonio a las futuras generaciones. Cuando se cortan los árboles toma más tiempo que una vida humana el reemplazarlos, ya que los grandes árboles se demoran entre 80 y 150 años en llegar a su madurez. Hemos permitido que nuestra propia población humana crezca incontroladamente, y la explotación que hacemos de los bosques ha aumentado de la misma manera. Es nuestro deber el plantar muchos árboles nuevos y de velar que usemos la madera y la leña con gran cuidado, en respeto por los que han de venir.

Desde el punto de vista espiritual, hay tres tipos de árboles. Están los Sogshing, o árboles poseedores de la fuerza vital, los Lhanshing, o árboles de Dios, y los Lushing o árboles Naga. En la vida diaria de los budistas todos juegan un importante papel. Los Soghing por ejemplo, son usados para mantener la vitalidad de las imágenes y estatuas religiosas. En trozos de su madera se inscriben palabras sagradas y se ponen al centro de las estatuas, cuidadosamente unidos a todos los demás objetos sagrados y reliquias que se ubican dentro de ellas. Sin estos árboles, la fuerza vital que tienen estas imágenes no existiría.

En algunos países budistas como Tailandia, unos pocos monjes están tratando de proteger los árboles y cuidar los tocones de los que han sido cortados. Por ejemplo, Phra Prachak consagra un árbol y amarra azafrán a su alrededor, para santificarlo. Si un budista lo cortara, es como si matara a un monje. Dice: “Hacemos esto porque queremos estar conscientes del bosque, sentir el bosque y reconocer su importancia. Los bosques son los pulmones del mundo, un gran filtro para limpiar el aire”…

El abate Phra Mahachan ha estado regenerando tocones de árboles por más de 16 años y anima a los pobladores a ser conservacionistas. Dice, “Ellos cortan el bosque para plantar sus cultivos: casave, caña de azúcar, maíz. El casave es especialmente fácil de cultivar para conseguir algo de dinero extra. Pero ellos no saben el castigo que tendrán porque degradan el suelo plantando sus cultivos por muchas temporadas seguidas. Ahora ha llegado el momento para nosotros, los monjes budistas, de jugar un papel activo en la conservación de la naturaleza y dar protección a la vida silvestre”.

En Bután, los árboles que crecen en los terrenos de cada uno, son considerados sogshings propios: otra gente no puede tocarlos y el propietario sólo puede cortar algunos árboles cuidadosamente seleccionados cuando es muy necesario. Tradicionalmente, solamente los árboles que están muy viejos y podridos, o aquellos cuyas raíces o sombra perjudican los cultivos, pueden cortarse. De acuerdo a los principios budistas, los bosques públicos también se consideran sogshings. Son la fuerza de la vida de todo el país y, al mismo tiempo, los bosques del mundo son la vida del planeta. Así, los bosques tienen ventajas individuales, nacionales y globales, tanto en el sentido material como espiritual.

La mayoría de las fuentes de agua se encuentran en terrenos con bosques, no en terrenos desiertos, ya que las fuentes de agua están entre las raíces y los espíritus del Naga. Los árboles Naga siempre darán agua si se protegen los bosques. contra inundaciones y avalanchas al entrelazar sus raíces en la tierra. Cuando hay árboles Naga, hay abundantes lluvias. Los budistas hacen y entierran vasijas sagradas a los pies de los árboles Naga para asegurar el agua. Un cuento tradicional dice que el agua es purificada en la red dorada de los Nagas.

En la antigüedad, la gente obtenía prácticamente todos sus alimentos del bosque, usaba hojas y otros materiales vegetales para vestirse y madera de árboles y pasto para construir sus casas. Las creencias budistas dicen que los Lhashings son las moradas de los dioses, si se cortan ocurrirán desastres. A los monjes budistas les está prohibido cortar o subirse a los árboles. Además, consideran que es un grandísimo pecado el incendiar deliberadamente un bosque. La falta es, no sólo destruir la vegetación y las innumerables formas de vida que con ella coexisten, sino también el interrumpir con fuego los ciclos vitales naturales.

Sin embargo, la ciencia moderna nos ha hecho conscientes de que el fuego ha sido siempre parte importante de la naturaleza y que, incluso, a veces es beneficioso. Esto lleva a un conflicto entre la ciencia, los ideales religiosos y la necesidad de una mayor comprensión de esos ideales y su aplicación en el mundo, el mundo de verdades relativas.

Una vez, en el sur de la India del siglo VII, un enorme bosque de sándalo se incendió y con él todos los animales murieron, Miles de personas enfermaron y hubo una terrible hambruna. Mientras el suelo estaba quemado y desnudo, el Gurú Rimpoche lo visitó y condujo rezos rituales rogando por las malas
consecuencias que habían tenido las pérdidas de vida y del ambiente natural. El Gurú Rimpoche entregó las enseñanzas Phurpa a la gente, diciendo: “Donde hay bosques hay paz; allí también podrá haber sabios que vayan a meditar. Aquí el suelo se ha vuelto desnudo y todos los pobres seres del bosque han perdido la vida”. Luego de su visita, el bosque se recuperó.

En algunas religiones antiguas se creía que los árboles son seres vivientes lo mismo que los seres humanos, ya que sus hojas se doblan y están como dormidas durante la noche y se abren en el día a la luz del sol.

El gran santo Logchen Rabjampa escribió que no se puede descansar el cuerpo y la mente en las ciudades de la humanidad. Solamente puede hacerse en los territorios puros donde el bosque es como un paraíso. Allí no sentiremos ni sufrimiento ni tristeza entre las aves cantoras y la belleza del mundo natural. Todos los Budas han alabado los bosques, y todos los que desean una vida contemplativa debieran ir allí. Todas las religiones – y también muchos estudios científicos – enseñan no destruir los bosques, sino tratarlos como a nuestra propia fuerza vital, fuente de gran bienestar.

Kheiripo Phunthok Tashi

Traducción de Adriana Hoffman

La Unidad de lo Viviente

La Unidad de lo Viviente

Desde principios del siglo pasado (1920), los botánicos han comprobado que las plantas viven en comunidades, llamadas asociaciones de vegetales, y las han calificado con espíritu de análisis sistemático, tal como fue hecho con las moléculas químicas. Ellas forman entre sí comunidades homogéneas, ligadas a las características del medio, deducible, por lo demás, a partir de la observación de estas asociaciones. Estas plantas tienen así afinidades entre ellas y con el medio que habitan.

Observando una hondonada, se espera encontrar la asociación típica de matorrales, silenes, ortigas, etc.: pero sólo vemos los resultados de una exagerada aplicación de químicos, es decir, demasiado nitratos y no, ortigas. Todas las malezas han sido eliminadas. Ya no se encuentra la asociación de las hondonadas . Mirando un bosque, esperamos encontrar la asociación clásica del sotobosque con las plantas conocidas que vamos a recolectar en primavera , la centella , la anémona , la campanilla. Ellas forman asociaciones extremadamente típicas y bien definidas; pero ya no están. Prácticamente han desaparecido, pues se han drenado los bosques y el nivel de la napa ha bajado dos o tres metros, al punto que se ven robles con sed, aun cuando llueve.

Sin contar el efecto de los fertilizantes pues, contrariamente a lo que se piensa, los fertilizantes no son usados sólo en la agricultura, sino también a nivel forestal. Como resultado vemos plantas que aceptan abonos – no son más de cuatro o cinco especies – instalarse en el lugar de todas las otras. Así los abonos, o los herbicidas que tienen por objetivo eliminar las zarzamoras, también han perturbado los ecosistemas. Y las asociaciones que han existido más tiempo que las otras, que se encontraban aún hace ocho o diez años en medio de los bosques, están también en vías de desaparecer. Si ustedes visitaran los estuarios verían lo que hemos comprobado recientemente: se han perdido las tres cuartas partes de las especies que habíamos estudiado hace veinte años.

Este proceso es universal, se desarrolla prácticamente en toda la Europa industrial desde hace veinte años, con una prodigiosa aceleración en los últimos diez. Puede compararse a un período glaciar. Las floras europeas – y probablemente las americanas también, no hemos ido a verlas – están sometidas a una especie de glaciación intensa y brutal, que empobrece las asociaciones. Así, somos nosotros probablemente los únicos botánicos de la historia que hemos comenzado nuestra carrera estudiando formaciones vegetales idénticas a aquellas que se encontraban desde el neolítico, desde la partida de los hielos en Europa, hace cerca de diez mil años, para terminar nuestra carrera como botánicos con la desaparición de estas asociaciones tan rápidamente como si las glaciaciones hubieran vuelto. Pero ésta que tenemos encima ahora es de naturaleza económica y social. Se llama igual que el progreso económico y social que la ha provocado. Somos totalmente incapaces de decir cómo y hasta dónde este fenómeno seguirá evolucionando.

He aquí que las especies nos aparecen solas, solitarias, aisladas; dejaron de estar armonizadas, combinadas en asociaciones. Entonces van a reconstruirse esas asociaciones o muchas de ellas van a desaparecer? Serán eliminadas de Europa como tantos árboles lo fueron en la última gran glaciación? Tal vez sí, y en tal caso nuestra flora va a empobrecerse de manera muy importante y, como este proceso se desarrolla en el mundo entero, ocurrirá por sobre todo el globo terráqueo. Este es el retroceso de las especies, de que se habla tan a menudo, básicamente porque hemos modificado el entorno más que nada por agentes químicos, por lo que las plantas silvestres están en una situación de sálvese quien pueda. Aunque podríamos ser optimistas e imaginar un deshielo. Acaso habríamos imaginado un solo instante que vendría el deshielo Este-Oeste (URSS/EE.UU.)?

También podríamos imaginar un deshielo en las relaciones Hombre – Naturaleza. Pero sería necesario que este sucediera muy rápidamente, porque hace falta un tiempo muy prolongado para reconstruir las asociaciones . Para saturarlas – es decir, para que ellas incluyan todas las especies que deben encontrarse ahí naturalmente – son necesarios muchos siglos, muchos millares de años para algunas de ellas. Recordemos que la reconstitución espontánea, hasta llegar al equilibrio de los ecosistemas, es un proceso muy largo. Y cómo podríamos esperarlo, si ni nosotros mismos logramos el equilibrio con la naturaleza? Esta es la pregunta que se plantea. Y estas plantas que tienen la tendencia gradual a vivir aisladas , me hacen pensar en la imagen de la sociedad misma, en la sociedad de los hombres.

Pues es la sociedad la que ha llevado a estas especies a una situación de soledad en la naturaleza, destruyéndole su entorno, y es también la sociedad la que ha provocado el mismo fenómeno en los seres humanos. Nuestra sociedad hace también humanos solitarios. Es un fenómeno que existe y que no se ve. Se lee a menudo en la Biblia, en Ezequiel y en los Salmos, Tienen ojos y no ven. Esto se aplica a nuestra inteligencia; se nos considera como los seres más inteligentes que hayan existido en la Tierra. Es la opinión que tenemos de nosotros mismos – no sé si los extraterrestres pensarán igual – y, sin embargo, no medimos las consecuencias de las grandes elecciones que hacemos. He aquí tres grandes elecciones:

La primera de ellas, martillada día tras día por la televisión, es que el 80% de los jóvenes franceses irán a la universidad. Esto prueba que todo el mundo es inteligente en este país, ya que se supone que la universidad acoge sólo a los mejores. He aquí pues una juventud que será estandarizada sobre los bancos de las universidades. Nadie considera la utilidad de un aprendizaje práctico. En cambio, un 35% de jóvenes alemanes lo harán en empresas. Se banaliza, se estandariza, y los computadores de la calle Grenelle van a poder funcionar tragándose el 80% del pueblo francés.

La segunda gran operación de estandarización en curso concierne a la ciudad. Ustedes ven, como yo, la extraordinaria proliferación de las grandes superficies de supermercados en los suburbios de todas las ciudades. Saben ustedes que en las afueras urbanas ellas se han más que triplicado en diez años? Esta es una cifra impresionante. Con el horror arquitectónico que esto acarrea, pues son hiperfeos, jamás con árboles cerca, nadie ha ido a ver lo que hacen los holandeses en este aspecto. Pero son los imperativos económicos los que mandan: invertir al menor costo

Tercera gran estandarización: después de la ciudad, naturalmente el campo. Es la estandarización de los productos agrícolas que asimila los productores y los campesinos a los industriales. Esto conduce al increíble desastre de la agricultura, donde muchos se han arruinado, endeudados hasta el cuello, sin saber ya si es permitido o no usar abonos, pues les dicen que polucionan las napas. Todo esto es terriblemente confuso. Pero siempre es el mismo proceso: se banaliza, se estandariza, en nombre de la rentabilidad económica . Entonces, cuál es el resultado del cambio? Trágico: desaparecimiento de las comunidades de barrio, de las comunidades rurales, asfixia de las ciudades porque toda una serie de profesiones desaparece, los pequeños artesanos, los pequeños comerciantes son arruinados. Cuando el 80% de los jóvenes franceses estén en la universidad, yo les ruego a los pocos que no irán que se hagan artesanos y apliquen tarifas que produzcan una competencia . Pues los universitarios serán pobres y los plomeros, ricos. La trama social, la del barrio, la del pueblo, se encuentran quebradas por este proceso.

Quiero citar un ejemplo comparable al de las asociaciones vegetales, del que he tenido la experiencia en el medio urbano. Es el caso de la proliferación de las grandes superficies. Esto que he relatado sobre las plantas lo habíamos conversado con un amigo botánico que vive en una pequeña ciudad del Norte. En esa ciudad, cuyo alcalde es un hombre abierto y dinámico, se habían construido en un año tres supermercados. Este alcalde obraba de buena fe en el nombre del desarrollo y del progreso. Tres supermercados hacen en total entre 50 y 100 comercios arruinados en los siguientes dos años. Esto provocará también de uno a cinco suicidios. Hablo por mi experiencia como alcalde adjunto en Metz, donde procuré evitar, en casos particulares, que les quitaran las casas a personas a las cuales les habían destruido el barrio y las habían arruinado por el supermercado.

Quién contabiliza este costo negativo del progreso? Quién toma en consideración las depresiones nerviosas? Nadie. Pero, es una cadena alimentada tanto en la sociedad como en la naturaleza. Las viejas damas del centro de la ciudad no pueden seguir yendo al pequeño emporio a hacer sus compras, porque ya no está. Ellas no podrán ir al supermercado que está en los suburbios a 4 o 5 kms. pues no tienen auto. Helas aquí arrinconadas, acorraladas. Pero quién se interesa verdaderamente en la vida de estas viejecitas? A nadie le importa un bledo. Nuestra sociedad es de una crueldad absoluta. Y las viejecitas están solas en sus casas. Así en todas las ciudades se establece la soledad. Y si estas viejecitas tienen un jardín, como al fondo de todos los jardines hay una zanja, ellas pueden ir allí a discutir con la última ortiga tan sola como ellas.

Nosotros destruimos así, en el nombre del progreso, los ecosistemas humanos y urbanos tal como lo hacemos con los ecosistemas de la naturaleza . Paracelso tenía razón al decir que la vida es Una. Seguro que sí, las sociedades de los hombres y las sociedades de la naturaleza marchan según las mismas leyes. No es que unas se apliquen a los hombres y otras a la naturaleza. Todo esto acarrea consecuencias a menudo dramáticas, pues en esta soledad aparecen reacciones inesperadas de supervivencia. Cuando se está solo, no hay más que el yo, puesto que los otros no están en comunidad conmigo. Entonces el Yo – primero llega a ser normal. Por qué reprocharlo? Sobre este terreno propicio de la soledad debidamente organizada por los grandes intereses económicos llamados progreso, se desarrollan los grandes temas que la historia recordará de nuestra sociedad, expresados no por los filósofos, sino por la gente de la calle. Son dos: No tengo nada que perder y No es mi problema. Son expresiones criminales, pero se escuchan todo el tiempo, impuestas por un mundo que efectivamente no tiene nada que perder. Y sin embargo, tenemos verdaderamente algo que perder, pues si hacemos el inventario de los grandes problemas ecológicos veremos que todos estos problemas nos conciernen inmediatamente en el corto plazo. Estos no son vaticinios para un muy lejano futuro. Podemos citarlos rápidamente: presión demográfica galopante, deforestación masiva , desaparición de los bosques de zona húmeda en el mundo entero, impregnación de todos los medios por la química, acumulación de desechos tóxicos, deterioro de la capa de ozono, Riesgo de recalentamiento del clima – aunque este efecto invernadero no esté aún probado científicamente – degradación acelerada del Tercer Mundo, presión extraordinaria ejercida sobre todos los habitantes del planeta para que abandonen el campo y vayan a vivir a las ciudades. En el campo estaban la gallina, el conejo, la cabra y el cordero. En la ciudad, vitrinas, pero sin dinero para comprar.

La tradición griega, como la tradición judeocristiana, han considerado siempre que las ciudades están hechas para que la tierra funcione, jamás a la inversa. La primicia en la Biblia es siempre entregada a los nómades. Todos los grandes profetas, sin ninguna excepción, no tenían ni siquiera una piedra donde reposar su cabeza. Nosotros damos la preferencia a la ciudad con sus villas miseria, como son los suburbios de los pobres y esto es mucho peor en el Tercer Mundo. Estamos en una evolución que va de hecho en contra del interés y de la supervivencia del hombre. Pues si todo se degrada tan rápido es porque la naturaleza sigue al hombre y el hombre a la naturaleza: marchamos juntos al mismo paso. Nuestra suerte, la suerte de la naturaleza, la suerte de las plantas, están íntimamente ligadas y acabamos de verlo con las plantas solitarias y las viejas damas solas. Como conclusión, no podemos dejar de hacernos esta pregunta: cómo hemos llegado a tales errores de concepto, a una ciencia a veces pervertida en sus métodos – porque ellos son incompletos – y en sus objetivos – porque teóricamente no son sino económicos?

Ecología Profunda

Ecología Profunda

Vivir como si la Naturaleza importara

El término “Ecología Profunda” fue acuñado por Arne Naess y se refiere a un enfoque profundo y espiritual sobre la naturaleza, el que se deriva de una apertura más sensitiva hacia nosotros mismos y hacia la vida que nos rodea. La esencia de la ecología profunda brota, pues, naturalmente, del hecho de preguntarnos en profundidad sobre la vida humana, la sociedad y la naturaleza.

La ecología profunda es mucho más que una aproximación fragmentaria a los problemas medioambientales, una aproximación que intenta articular una visión religiosa y filosófica comprehensiva sobre el mundo. Sus fundamentos hay que buscarlos en aquellas intuiciones y experiencias con respecto a nosotros mismos y a la naturaleza que surgen espontáneamente de la conciencia ecológica junto a ciertas visiones naturales sobre la política y la sociedad.

La mayor parte de sus temas de interés son los tópicos que han preocupado a la filosofía y a la religión de todos los tiempos. Qué significa ser un individuo único? Cómo puede el ser individual conservar y potenciar su singularidad sin dejar de participar en un sistema global en el que no existe discontinuidad entre el ser y el otro? Una perspectiva verdaderamente ecológica puede conducir a aquello que Theodore Roszac denomina “el despertar de una totalidad que es algo más que la suma de sus partes. El espíritu de tal disciplina es, pues, contemplativo y terapéutico.”

La conciencia ecológica y la ecología profunda se hallan en abierta contradicción con la visión del mundo imperante en las sociedades tecnocrático-industriales que consideran que los seres humanos estamos aislados y separados y que debemos ejercer nuestro poder sobre el resto de la creación. Esta visión del ser humano como una especie superior que se halla separada de la naturaleza es una manifestación de un patrón cultural que ha venido obsesionando a la cultura occidental desde hace miles de años, el concepto de “dominio”: el dominio de la humanidad sobre la naturaleza, de lo masculino sobre lo femenino, de los ricos y los poderosos sobre los pobres, y, en suma, de la cultura occidental sobre la cultura oriental.

La conciencia ecológica profunda, por su parte, nos permite ir más allá de estas ilusiones erróneas y peligrosas. Según la ecología profunda, el estudio de nuestro lugar en el planeta Tierra nos obliga a reconocernos como parte de una totalidad orgánica. Pero ir más allá de la estrecha visión científico-materialista de la realidad nos obliga a fundir sus aspectos materiales y espirituales. Los líderes intelectuales más destacados de la visión del mundo imperante han tendido a considerar a la religión como una “mera superstición” y, en consecuencia, han subrayado la subjetividad de las antiguas prácticas espirituales y de la iluminación. La conciencia ecológica profunda, por su parte, constituye la búsqueda de una conciencia y de un estado de ser más objetivo mediante un cuestionamiento activo profundo, un proceso meditativo y un estilo de vida.

En el contexto de las diferentes tradiciones espirituales -cristianismo, budismo, taoísmo e iglesia nativa americana, por ejemplo- son muchas las personas que se han planteado en profundidad estos interrogantes y que han cultivado la conciencia ecológica y, si bien estas tradiciones difieren en muchos aspectos, todas ellas coinciden, sin embargo, en lo que respecta a los principios fundamentales de la ecología profunda.

El filósofo australiano Warwick Fox ha expresado sucintamente que la intuición central de la ecología profunda “es la idea de que no podemos establecer ninguna división ontológica definitiva en el campo de la existencia. En la realidad no existe ninguna diferencia radical entre el dominio humano y el dominio no humano… mientras sigamos percibiendo este tipo de fronteras no alcanzaremos a comprender qué cosa es la conciencia ecológica profunda.”

A partir de esta intuición fundamental característica de la conciencia ecológica profunda, Arne Naess ha desarrollado dos “normas últimas” -dos intuiciones que no se derivan de ningún otro principio o intuición- a las que sólo puede accederse mediante un proceso de cuestionamiento que nos revela la importancia del nivel filosófico y religioso. Estas intuiciones, sin embargo, no pueden ser verificadas mediante la metodología de la ciencia moderna, basada en premisas mecanicistas y en una definición excesivamente estrecha de los datos. Se trata de “la autorrealización y la igualdad biocéntrica”.

Autorrealización:
La norma de la autorrealización propuesta por la ecología profunda está relacionada con las grandes tradiciones espirituales de la mayor parte de las religiones del mundo y trasciende la noción occidental moderna que define al ser como un ego aislado cuyo impulso primario estriba en la gratificación hedonista o en una idea muy limitada de salvación individual en esta vida o la siguiente. El crecimiento y el desarrollo espiritual comienza cuando dejamos de concebirnos y de vernos a nosotros mismos como egos aislados que se hallan en oposición y nos abrimos a la identificación con otros seres humanos, comenzando por nuestra propia familia y siguiendo con nuestros amigos hasta terminar abrazando a toda la especie humana. Sin embargo, la ecología profunda va un paso más allá de esta identificación con la humanidad y subraya también la necesidad de llegar a identificarse con el mundo no humano. Debemos, pues, aprender a mirar más allá de las creencias y presupuestos de nuestra sociedad contemporánea, más allá de la sabiduría convencional de nuestra época y lugar, y esto sólo puede lograrse mediante un proceso meditativo de cuestionamiento profundo. Sólo de este modo podremos alcanzar la plena madurez de nuestra personalidad y de nuestra singularidad.

Una sociedad nutricia y no dominante puede resultar sumamente útil en el “trabajo real” de llegar a convertirnos en personas íntegras. Este “trabajo real” puede ser definido simbólicamente como la realización del “ser en el Ser”(entendiendo por “Ser” la totalidad orgánica) y también podríamos resumir en una frase el proceso del pleno desarrollo del ser diciendo: “Yo no puedo salvarme mientras no lo hagan todos los individuos”, (y entendiendo aquí por individuo no sólo al individuo humano sino -además de toda la humanidad- a las ballenas, los osos pardos, los ecosistemas de los bosques húmedos, las montañas, los ríos y el más diminuto de los miocrobios).

Igualdad biocéntrica:
La intuición de la igualdad biocéntrica afirma que todas las cosas tienen el mismo derecho a vivir, crecer y alcanzar sus propias formas individuales de expresión y autorrealización dentro del marco superior de la Autorrealización. Esta intuición básica se resume en la idea de que todos los organismos y entidades que pueblan la ecosfera participan de la misma totalidad interrelacionada y que, por consiguiente, tienen el mismo valor intrínseco.

Este concepto de igualdad biocéntrica está estrechamente relacionado con la noción de Autorrealización omni-inclusiva en el sentido de que, si dañamos a la naturaleza, en realidad nos estamos dañando a nosotros mismos. Desde este punto de vista, todo está interrelacionado y no existe frontera alguna. Pero, en la medida en que percibimos las cosas en tanto que entidades u organismos individuales, esta intuición nos conduce a respetar a todos los individuos -humanos y no humanos – como parte de la totalidad sin sentir la necesidad de establecer un orden jerárquico entre las distintas especies que se halle coronado por el ser humano.

Las implicaciones prácticas de esta intuición, o de esta norma, nos invitan a vivir causando el menor impacto posible sobre las otras especies y sobre el planeta en general. Entonces veremos otro de los aspectos de este principio fundamental: simple en medios y rico en objetivos.

En tanto que individuos y comunidades humanas tenemos necesidades vitales que van mucho más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas -como el alimento y el abrigo, por ejemplo- necesidades entre las que se incluyen también el amor, el juego, la expresión creativa, la relación con un determinado paisaje (o con el conjunto de la naturaleza), la relación íntima con los demás seres humanos y la necesidad vital del desarrollo espiritual para llegar a devenir seres humanos maduros.

Es muy probable que nuestras necesidades vitales materiales sean mucho menores de lo que generalmente creemos. La abrumadora publicidad de las sociedades tecnocrático-industriales alimenta falsas necesidades y deseos destructivos que sólo sirven para aumentar la productividad y el consumo, lo cual, de hecho, no hace sino impedirnos afrontar de manera directa, objetiva y desde el principio, la necesidad de llevar a cabo un “trabajo real” de crecimiento y maduración espiritual.

La mayor parte de las personas no se sienten partícipes de las ideas propugnadas por la ecología profunda, pero reconocen, sin embargo, nuestra necesidad vital – y, en realidad, la necesidad vital que tiene toda forma de vida- de vivir en un entorno natural de calidad, generando la menor cantidad posible de residuos tóxicos, evitando la contaminación nuclear, el smog y la lluvia ácida y manteniendo los suficientes bosques como para poder permanecer en contacto con nuestras fuentes, con los ritmos naturales y con el flujo del tiempo y el espacio.

Las normas últimas propuestas por la ecología profunda se apoyan en una visión de la naturaleza, de la realidad y del lugar que ocupamos como individuos (múltiples en la unidad) en el esquema global de las cosas. Dichos principios no pueden ser abordados de un modo meramente intelectual sino que tan sólo pueden ser aprehendidos experiencialmente. El cuadro que presentamos a continuación resume la diferencia existente entre la visión del mundo predominante en nuestra sociedad y la visión que nos propone la ecología profunda.

 

Visión del mundo predominante Ecología profunda
Dominio sobre la Naturaleza. Armonía con la Naturaleza.
Entorno natural como fuente de provecho. Toda forma natural tiene valor intrínseco/igualdad biocéntrica.
Crecimiento económico/material en pos del crecimiento de la población. Necesidades materiales simples (los objetivos materiales se hallan supeditados a la meta superior de la autorrealización).
Creencia de que los recursos son inagotables Bienes terrenales finitos
Progreso y soluciones de carácter exclusivamente tecnológico Tecnología adecuada, ciencia no-dominante
Consumismo Hacer con lo suficiente, reciclaje

 

Bill Devall y George Sessions

Extractado por Farid Azael de
Trascender el Ego
Editado por Roger Walsh y Frances Vaughan
Kairós.

Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Una Llamada a la Responsabilidad Colectiva

Hermanas y hermanos:

Pensando en el tema de esta charla, he decidido haceros partícipes de algunas de mis reflexiones sobre los problemas comunes que todos nosotros debemos afrontar como miembros de la gran familia humana.

Compartimos este pequeño planeta que llamamos Tierra y, en consecuencia, tenemos que aprender a vivir en paz y armonía con nosotros mismos y con la naturaleza. Y no estoy hablando de una mera utopía sino de una verdadera necesidad. Dependemos hasta tal punto los unos de los otros que ya no podemos seguir viviendo en comunidades aisladas ignorando lo que sucede fuera de ellas.

La comprensión de que todos somos iguales y de que, por consiguiente, todos tratamos de buscar la felicidad y evitar el sufrimiento resulta sumamente útil a la hora de desarrollar un sentimiento de fraternidad, de amor y de compasión que resulta tan fundamental si queremos sobrevivir en este mundo cada vez más pequeño en el que vivimos. Si cada uno de nosotros se ocupara, de un modo puramente egoísta, exclusivamente en aquello que le interesa y se despreocupara de las necesidad ajenas, no sólo dañaríamos a los demás sino que también terminaríamos dañándonos a nosotros mismos. Esta es una situación que ha quedado perfectamente clara a lo largo del presente siglo. Sabemos ya que una guerra nuclear supondría un suicidio colectivo y que la polución indiscriminada del aire y los océanos , buscando conseguir el mayor beneficio al menor corto plazo posible, terminaría destruyendo el fundamento mismo de nuestra supervivencia. Así pues, a medida que las relaciones entre las naciones y entre los individuos se vuelven cada vez más interdependientes no nos queda más alternativa que desarrollar lo que podríamos llamar un sentido de responsabilidad universal.

No cabe duda de que los seres humanos somos miembros de una familia global y que lo que sucede en cualquier parte del planeta nos afecta a todos. Esto, por supuesto, no se refiere únicamente a las cosas negativas sino que es igualmente aplicable también a las positivas. La extraordinaria tecnología de los medios de comunicación nos permite conocer de inmediato lo que acontece en cualquier parte del mundo y, al mismo tiempo, nos torna vulnerables a los sucesos que tienen lugar en la otra parte del planeta. Es por ello que nos entristecemos cuando nos enteramos de que los niños mueren de hambre en África oriental y que nos sentimos alegres cuando sabemos que una familia consigue reunirse tras permanecer separada durante varias décadas por el muro de Berlín. Nuestras cosechas y nuestro ganado pueden verse contaminados y nuestra salud y sustento amenazados por un accidente nuclear que tiene lugar a miles de kilómetros de distancia y nuestra propia seguridad se ve fortalecida cuando dos facciones que se hallan enfrentadas bélicamente en cualquier país deciden establecer la paz.

Pero la guerra o la paz, la destrucción o la conservación de la naturaleza, la violación o la protección de los derechos humanos y las libertades democráticas, la pobreza o el bienestar material, la carencia de valores morales y espirituales o su existencia y desarrollo, y, en suma, la imposibilidad o la posibilidad de entendimiento entre los seres humanos, no son fenómenos aislados que puedan ser analizados o abordados independientemente. De hecho, se hallan tan interrelacionados en todos sus niveles que para poder abordarlos adecuadamente necesitamos considerarlos desde esta perspectiva.

La paz – en el sentido de ausencia de guerra – tiene poco valor para alguien que está muriendo de hambre o de frío, no sirve de mucho para mitigar el dolor de la tortura infligida al prisionero político y tampoco conforta a quienes han perdido a sus seres queridos en una inundación causada por la deforestación indiscriminada en un país vecino. La paz sólo puede mantenerse de manera estable allí donde se respetan los derechos humanos, allí donde la gente está suficientemente alimentada y allí donde los individuos y las naciones gozan de verdadera libertad. Sin embargo, la verdadera paz tanto con el mundo que nos rodea como con nosotros mismos sólo puede ser alcanzada a través del desarrollo de la paz dentro de nuestra propia mente.

El desarrollo material es, sin ningún género de dudas, importante para el progreso de la humanidad; pero sin el contrapunto del desarrollo espiritual también puede acarrear graves problemas. Creo, pues, que ambos tipos de desarrollo tienen importancia y debemos fomentarlos conjuntamente para poder alcanzar un verdadero equilibrio.

La clave radica en la paz interior porque, en tal caso, los problemas externos no podrán llegar a perturbarnos. De este modo podremos afrontar las situaciones que nos depare el futuro con calma y racionalidad sin perder nuestra felicidad interior. Esto es muy importante ya que, por más confortable que sea nuestra vida, si carecemos de esta paz interior permaneceremos a merced de las circunstancias externas.

Por eso resulta evidente que debemos tratar de resolver los problemas de un modo equilibrado teniendo en cuenta todos los aspectos implicados. Esto, por descontado, no es nada fácil, pero resulta inútil tratar de resolver un problema si al hacerlo creamos otro de igual magnitud. No nos queda, pues, más alternativa que asumir nuestra responsabilidad universal no sólo en un sentido geográfico sino también con respecto a la totalidad de los problemas que afectan a nuestro planeta.

La responsabilidad no sólo afecta a los dirigentes de los países o a aquellos que han sido elegidos o designados para desempeñar esta labor sino que, de hecho, nos atañe individualmente a cada uno de nosotros. La paz comienza en cada uno de nosotros. Y sólo cuando hemos logrado la suficiente paz interior podremos estar en paz con quienes nos rodean; sólo cuando nuestro país está en paz podemos compartir la paz con los países vecinos, y así sucesivamente. El amor y la bondad no sólo hacen que los demás se sientan queridos y cuidados sino que también nos ayudan a afianzar nuestra paz y nuestra felicidad. Existen técnicas para trabajar y desarrollar conscientemente los sentimientos de amor y de bondad. Para ciertas personas, el modo más eficaz consiste en comprometerse con una determinada práctica religiosa mientras que para otras, por el contrario, puede no tener nada que ver con la religión. Lo único verdaderamente importante es hacer el esfuerzo sincero de asumir nuestra parte de responsabilidad con respecto a los demás y con respecto al entorno natural que nos rodea.

Dalai Lama

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós

El Amor a la Tierra

El Amor a la Tierra

ElAmoralaTierra

 

Hemos caminado tanto, y todo era sólo tu tierra arada, los terrones negros y el olor de la
tierra, el sabor de las hojas, las manos mojadas de ti. La tierra caliente, poseída por las semillas, por los arados, por la lluvia, por los pies de los hombres. En ti nos juntamos, nos salvamos. Por ti todos somos iguales, navegamos, somos ríos, desiertos, volcanes. Somos el polvo por donde pasan los valles, las montañas, la Cruz del Sur, como si fueran el viento. Toda la tierra circula por dentro de nosotros.Si vuela una garza, vuela dentro de nosotros. Si explota un volcán, explota dentro de nosotros. Si lloramos, llueve. Si amamos, los almendros florecen. Si acogemos a alguien, la tierra nos acoge. Si aceptamos a alguien, somos aceptados. No sólo nos representa: somos lo mismo.

En mi niñez lloré entre los altos pastos, lloré de felicidad, sentía tu calor en mi cuerpo, en tus hojas, en tu guindo florido: blanco, esplendoroso: me parecía Dios. Fundido en tu calor, era tu luz.

Fue un resplandor, se abrió la tierra y la lluvia corría, y corría el agua de Dios: el cielo, el sol, el pasto cristalino, Yo era el cielo, el pasto, el sol. Te besaba, te acariciaba, te contaba mi vida.

Tu amor pasaba por mí, como redención de mi ceguera. Era el verdadero lenguaje sagrado, así, aquí. como espuma de la tierra.

Madre-Dios nos llevas a ti, dentro de ti y de nosotros. A tu contemplación de todos los opuestos, A tu reconocimiento en la oración. Despertados, disueltos en ti.

Hernán Baeza.
Ecología de la Mente

Ecología de la Mente

Recientemente asistí a un importante encuentro en Moscú, donde se efectuaba un congreso llamado Foro Mundial de Parlamentarios y Líderes Espirituales para la Sobrevivencia Humana. El tema principal fue nuestra relación con el mundo, cómo lo estábamos destruyendo, y cómo nosotros, los seres humanos podríamos sobrevivir. La clave de este encuentro fue, obviamente, la ecología, que es la rama de la biología que trata de la relación de los seres vivientes y el medio ambiente.

Cuál es la relación con nuestro ambiente? Esta es una materia que las enseñanzas de Buda exponen muy claramente. En los tiempos de Buda no había la misma clase de problemas con la contaminación del aire, del agua y de la tierra. Por eso Buda no nos habló específicamente de esas clases de contaminación. El nos enseñó un tipo de ecología más básica y más comprensible.

Esta enseñanza es tan fundamental que no solamente es la ecología biológica una natural consecuencia de esta enseñanza, sino del mismo modo es ecología ética, ecología espiritual, y finalmente, a través de la enseñanza de los Patriarcas, la ecología de momento a momento: situación correcta, relación correcta, función correcta. Si nosotros entendemos este camino correctamente, entonces podremos entender todas las relaciones, incluyendo nuestra relación con el medio ambiente, lo que significa no sólo la tierra, el agua, el aire, el cielo, los árboles, las plantas y los animales, sino también cualquier otro ser humano.

Desde el punto de vista de las enseñanzas de Buda, un foro para la supervivencia humana es un error. Esta meta ya separa a los seres humanos del resto del mundo. No es suficiente amar este mundo para que los seres humanos puedan sobrevivir. Eso no es verdadero amor, porque el amor verdadero es incondicional. De hecho, en este foro varios expositores hablaron de amor. Entonces, qué es amor? Alcanzar el verdadero amor es llegar a ser ecológicamente correcto en nuestra relación con el medio ambiente.

Hay una rama de la ciencia que es relativamente nueva. Es el estudio del caos. Mientras que para nosotros la palabra caos implica un estado de total confusión, para los científicos ella tiene un significado muy específico que implica una ecuación con un número de posibles soluciones en cualquier momento. Las ecuaciones describen turbulencias, fenómenos meteorológicos, o aun, las variaciones en las existencias de mercaderías en un rubro comercial dado, como ejemplo de situaciones caóticas.

Lo más interesante es que los científicos han encontrado que en cualquier clase de sistema caótico hay algún orden. También han encontrado que en muchos sistemas de quienes hasta ahora se pensó que eran muy ordenados y predecibles, aparecen algunas conductas caóticas a lo largo del tiempo. Esto no es muy sorprendente para los seguidores de los sabios del Oriente.

La bandera de Corea es un buen ejemplo de esto. Es básicamente un símbolo del yin y del yang. El sector del yang tiene un pequeño trozo del color del yin y, a su vez, el sector del yin tiene un pequeño trozo del color del yang. El yin da nacimiento al yang, el yang da nacimiento al yin. El caos da nacimiento al orden, y viceversa. Esta es la causa de por qué nosotros vivimos en un mundo de opuestos. Si tú eliminas un opuesto, el otro no puede existir. Si eliminas al hombre en su masculinidad, el mundo femenino llega a no tener sentido. Si eliminas la oscuridad, no podría haber luz. Si eliminas la ignorancia, no podría existir la iluminación.

En este mundo de opuestos, cómo encontrar nuestra situación correcta, relación correcta y función correcta? Comprender este mundo de opuestos es respetar a toda la naturaleza. Es una locura tener aversión a la noche, porque sin ella no existiría el día. Respetar la naturaleza es renunciar a la noción de propiedad de ella, de propiedad de este mundo. No tratar este mundo como mi mundo es darse cuenta de que pertenece a todo lo viviente.

Nuestra tarea entonces llega a ser más clara. Nuestra vida no proviene solamente de nuestros padres. La tierra, el aire, el agua, el sol y la luna, todos mantienen nuestra vida; de hecho, ellos nos dan vida. Todos son nuestros padres. Así como tenemos una obligación con ellos, la debemos extender al mundo entero. Esa es la enseñanza de Buda. Esa es nuestra verdadera enseñanza de la naturaleza. En otras palabras, lo medular no es tanto la polución del medio ambiente, sino la contaminación de nuestra mente.

Buda enseñó algo muy simple. Él enseñó cómo tratar con la ira, la codicia y la ignorancia. Tres grandes contaminantes. Si nosotros somos capaces de eliminar esta contaminación, entonces las otras clases de contaminación también desaparecerían. Si no la eliminamos, es imposible lograr una verdadera armonía con la naturaleza. Sin armonía con ella es imposible evitar el daño al medio ambiente.

Algo que uno aprende en sus clases de Ciencias de la enseñanza básica es lo que pasa si conectamos dos depósitos, uno lleno de agua caliente y el otro lleno de agua fría. Cuando los depósitos se conectan y el agua puede mezclarse libremente, muy pronto, aún sin agitarlos, la temperatura llega a ser uniforme. El que estaba caliente se enfría, y el que estaba frío se calienta. El agua caliente tiene más energía térmica. Esta energía busca un nivel donde balancearse, intenta un tipo de equilibrio.

Observamos esto en cualquier parte de la naturaleza. En el Foro algunos dijeron que el mundo está desbalanceado. Pero el mundo está siempre equilibrado. Todos los problemas del medio ambiente tienen como resultado hambre, enfermedad, muerte. Esto es correcto. Es parte de la ecuación equilibrada. Es la energía negativa de los seres humanos dispersándose a través de nuestro mundo. Eso es también enseñanza del Buda. Él nos enseñó el equilibrio. Cómo lograr un correcto equilibrio en nuestra vida, en nuestra mente, en las relaciones con nuestra familia, nuestros amigos, con el mundo entero incluidos animales, árboles, aire.

En el Foro, la gente habló de varios problemas ambientales y sugirió algunas soluciones. Se habló acerca de las enseñanzas del Karma. En este mundo cada resultado viene de una causa. Entonces, cualquier enfermedad tiene una causa en su origen. Es muy importante modificar la causa original así cualquier desdicha, cualquier karma, puede cambiarse. Para lograr esto, es necesario que todos nosotros acallemos nuestras opiniones, nuestro entendimiento, nuestro yo, mío, mi. Se pidió a cada uno mantener la mente despejada. Esto significa que cualquiera puede obtener energía del Dharma. Entonces esta energía puede dispersarse a través de todo el mundo.

Esta enseñanza es muy simple y muy clara. Pero los que practican saben que por muy simple que sea, no siempre es fácil llevarla a cabo. Este es uno de los grandes desagrados de los alumnos Zen, al juzgar su propia práctica y cuestionar su propia capacidad para hacer los esfuerzos requeridos.

Algunas veces aparecen grandes impedimentos en nuestras vidas, en nuestra práctica, y esto nos induce a abandonarnos a nuestras propias dudas y a paralizarnos. Los problemas ecológicos a los que nos enfrentamos parecen abrumadores. La contaminación mental, para aquellos que intentan una práctica, es a menudo más abrumadora aún. Cómo podemos siquiera empezar a ayudar a este mundo? Una de las enseñanzas más importantes que he recibido es que hay dos clases de mente. Hay una mente que dice yo puedo y otra que dice yo no puedo. Si uno piensa no puedo, entonces uno no puede. Si alguien piensa yo puedo, entonces aquello se hace posible. Lo mejor de todo, por supuesto, es no pensar nada, sino realmente hacerlo. En cada momento de nuestra vida el Buda continúa dándonos un gran regalo, su Dharma. La mejor forma en que podemos retribuirle como agradecimiento es aplicar esta enseñanza en nuestras vidas. Significa haz el correcto equilibrio; haz la correcta armonía; haz el verdadero amor; haz momento a momento la situación correcta, la relación correcta, la función correcta. Entonces nuestra vida ya no es nuestra, sino que pertenece al total del universo. Verán que una vida ecológicamente correcta no es nada especial. Es simplemente la función correcta de nuestra verdadera naturaleza. Esto es en verdad el gran camino personal. podemos lograrlo ahora?

Jacob Perl

Traducido y extractado por Patricia Zárraga de
Perl, Jacob.- Ecology of Mind.