El sendero del Misticismo.

El Misticismo Cristiano:

De acuerdo con el pasado, este es un sendero de desprendimiento, de vida ascética, de profunda contemplación u oración; pero ante todo y sobre todas las cosas es un sendero de amor. Tenemos que ver en qué forma estos principios fueron llevados a la práctica por los que aseguran haber tenido dichas experiencias, y podremos comprenderlos y aceptarlos.

Es muy conocido el refrán que dice muchos caminos conducen al centro, y si agrego que esos caminos son directos, sería simplemente una derivación del simbolismo, que actúa desde la circunferencia hacia el centro.

Una de las lecciones prácticas que nos dan la vida y el simbolismo consiste en que no debemos decir que sólo hay un solo camino. Esto debe ser así porque en cierto sentido es verdad. Siempre existe cierta especie de dedicación, una vida santificada, un esfuerzo de la voluntad, una actuación fervorosa, un amor transmutador. De aquí que si todo esto es el sendero como verdadera y seguramente lo es entonces podemos afirmar que el sendero es sólo uno, y que todos los que lo han hollado han adquirido verdadero conocimiento. Pero si se afirma que la vía dolorosa de la vida ascética es el sendero que todos debemos seguir, sostengo que quien lo afirma yerra; mientras que si otros sostienen, por error o entusiasmo, que él está lejos de ser el único, también yerran al condenar un método que ha hecho progresar a muchas personas a través de las épocas y las naciones.

Pasando a un aspecto diferente en el reino de las imágenes, no es correcto hablar en sentido estricto sobre el verdadero sendero, diciendo que es el de la crucifixión, aunque en ello hay un simbolismo viviente, porque el progreso del místico puede ser descrito con gran variedad de emblemas. A pesar de los testimonios gloriosos, nos atrevemos a decir que tal forma de describirlo no es la mejor, porque se presta a una mala interpretación. Es como si dijéramos que el sufrimiento fuera la esencia del progreso, cuando a veces es sólo un accidente. La verdad es que la vida es individual, y que a cada uno se le dará el sendero que merece.

En el catolicismo será uno el sendero, pero en lo particular sus variaciones pueden ser infinitas. El que es lisiado y camina, lo hace distinto de aquel que no lo es o que va a caballo, aunque los tres puedan tomar el mismo camino. Cada hombre admitirá, si está bien orientado, que el sufrimiento se resuelve en gloria, y que la voluntad a cierta altura no conoce la cruz. No obstante, si nos apegamos al simbolismo y hablamos del camino de la cruz, necesariamente llega el momento de la crucifixión y allí comienza el camino. Hay otra fase que es el descendimiento de la cruz y donde la crucifixión termina. Finalmente, si aquello que muere en nosotros al término de la vida crucificada no nos pertenece, hay que comprender que vivir indebidamente en la pasión o en la cruz, es atribuirle demasiada importancia a lo que no nos pertenece, pero que está en nosotros, como si fuera nuestro y muere al liberarnos. Por lo tanto, aplicamos mal nuestra compasión con respecto a los dolores y penas. También es verdad que no existe más cruz que la de la purificación y que la muerte es la depuración final. Algunos se dan cuenta que la cruz la crean ellos mismos, y entonces dejan de cargarla.

Respecto a su naturaleza esencial, el sentido correcto del sendero indica que este es un camino interno. Como tal, es un camino en la consciencia, aceptando la palabra sendero como un proceso que nos conduce a una experiencia. Ella es universal para todas las épocas y pueblos; no está encerrada dentro de los límites de una fe o de un grupo de elegidos. Los desarrollos difieren, pero la naturaleza esencial es la misma en todas partes, aunque no ha llevado a todos a las mismas conclusiones. El campo de la consciencia no se halla limitado en sus experiencias, sino que permanece tal cual es. Ningún hombre se sale de su consciencia en las experiencias místicas, como ninguno vuelve a ella. Es el yo adquiriendo conocimiento de Dios. Cuando la consciencia se pierde por algún accidente físico, se debe a que el cerebro ha sido dañado. La facultad de la consciencia es diferente que el vehículo a través del cual actúa para relacionarse con el mundo externo.

Consideremos en primer lugar el consejo principal que se nos da en el sendero. La preparación del alma para llegar al misticismo se efectúa a través del amor. Respecto al empleo de esta palabra no hay calificativo ni simbolismo, aunque mucho puede decirse sobre el verdadero significado en las elevadas regiones del pensamiento. El Sendero de la Sabiduría Eterna es el de las emociones. Aunque he dicho en otra parte que el verdadero amor no tiene cuerpo de deseos, sin embargo, hay deseo del mismo en el alma. Más allá del sendero existe un estado de paz, un estado de fuego viviente en rescoldo, como si fuera fuego centralizado. Una de las recompensas menores es un estado que se llama un nuevo sabor y dulzura en todas las criaturas, y la manifestación de Dios en todo. Entonces se convierte en un amor nuevo declarado en el cielo y en la tierra. Esto nos hace comprender que el proceso es de lento desarrollo, y que así como el amor en su expresión externa no procede a saltos, así también el amor divino es progresivo.

Se puede definir la meta del místico como la unión que se alcanza por medio del amor. He hablado de muchos senderos, pero todos comienzan en el amor o han de conducir a él. En las tinieblas místicas de Dionisios, es por medio del amor que nos unimos a Dios.

Otras condiciones para esa adquisición, respecto de la cual no hay privilegio posible, se hallan resumidas en la palabra santidad, siendo ésta la corona de aquella. Debemos comprender que la santidad no es cuestión de una hora, de un día, de una novena, como si estuviéramos preparándonos para una fiesta. Es una palabra que representa la vida, con lo que quiero significar que es la dedicación de toda la vida. Así como existen grados, hay también diferencias en sus cualidades. Tenemos, pues, que establecer un canon de crítica a este respecto. El sendero de realización mística se denomina universalmente sendero de contemplación pero es necesario comprenderlo en cierta forma particular.

Tenemos la tendencia, en nuestro lenguaje corriente, de emplear las palabras meditación y contemplación como si fueran sinónimos aplicados a un mismo trabajo mental. Esto es distinto en la vida espiritual. La meditación se considera siempre como un estado inicial. Razona, reflexiona y compara y, como tal, es puramente intelectual. Hipotéticamente se puede alcanzar en forma racional el conocimiento intelectual de Dios practicando la meditación, por lo tanto es comparable a la teología común. La contemplación, en cambio, es una ascensión en el sendero interno que trasciende la razón. Por lo tanto, es comparable a la teología revelada, siendo la anterior la sombra de ella. La meditación es el agua, la contemplación, el vino. El motivo santificado del amor es necesario para la primera, pero la vida de contemplación es la vida del amor mismo. Se advertirá que el sentido general aplicado a la palabra, tiene poca o ninguna analogía con el significado particular. Desgraciadamente, no hay luz en los escritos de Dionisios respecto a su intención al usarla. Lo que él describe es simple y pura contemplación, condición a la que se entrega el aspirante internamente. Pero no da detalles, salvo que es un ejercicio progresivo, mientras que por la definición se deduce que la teología mística realiza la investigación experimental en un mundo fuera del pensamiento. Esto tiene sus límites, pues no puede haber comunicación con lo que no tiene restricciones. Además, la contemplación que tiene a Dios por objetivo, produce necesariamente una imagen que es una forma mental, y lo imaginamos a nuestra semejanza. Por otra parte, hay un postulado que expresa que en estados profundos de contemplación no debe haber forma. Es posible que la práctica, dentro de los límites aceptables, pueda conducir a un punto dado, como si fuera un portal, pero más allá la experiencia es demasiado profunda para seguir adelante. Hay una suspensión de facultades en el proceso, un cierre de los caminos por los que transita la mente, de modo que la inteligencia se repliega en sí misma, tratando de actuar directamente y no como reflejo. No hay búsqueda de objetivos, porque de acuerdo con la antigua máxima: Dios se halla internamente y se revela a Sí Mismo.

El Misticismo Oriental:

Estas son ideas generales sobre la doctrina mística de Oriente, que contribuyen a presentar una diferencia bastante clara con respecto a la enseñanza de la teología occidental. Trataremos de considerar la naturaleza de las hipótesis, los anales y las experiencias de las escuelas orientales. La liberación, según los Vedas, consiste en librarse de las ataduras de la existencia y se alcanza en el sendero del conocimiento. Por existencia debemos entender el estado de separación de lo manifestado, no el hecho por el cual el alma o parte real del hombre cesa de ser o puede dejar de ser, la que al liberarse comprende que es Brahman. En un simple cambio de términos por los aplicados en el misticismo cristiano, como por ejemplo sustituir el de unión por el de identidad, quedaría invariable la condición final, tal como una transposición similar sería posible en el caso contrario. El fin es uno, lo que varía es la definición. La experiencia permanece tal cual es, y no es afectada por explicaciones o doctrinas en relación a ella. Se desprende, pues, que hay un camino oriental hacia Dios, y que con él se alcanza un fin.

La buenaventura de la salvación se logra realizando la unión con Dios, siendo el sendero la meditación continua realizada con todos los poderes del alma. En otros términos, cuando el alma se halla limpia de pecados, ella mora en Dios y Dios mora en ella. Después sigue una afirmación similar a las de Dionisios: no se percibe ninguna distinción entre ella y Dios u otros seres. Tal percepción sería imposible en un estado de meditación y dentro de un límite intelectual. Me parece que esta fecunda frase tiene la virtud salvadora de manifestar una Forma Divina de Ser e inteligentemente da lugar a otros interrogantes.

Añadiré solamente que así como Cristo es el Camino y la Vida para esa gran rama del misticismo que lleva su glorioso nombre, así también en el Oriente es a Él a quien muchos santos adeptos llaman Krishna Eterno, afirmando por experiencia que todos podemos darle cabida en nuestro corazón.

En el curso de mis investigaciones he hallado dos etapas de logros de acuerdo al testimonio oriental. Una es la adquisición directa del autoconocimiento por el espíritu o alma del hombre, previo al conocimiento de Dios. Tal distinción sería ilusoria si ella descansa en la doctrina de la identidad, porque en ese caso la experiencia del uno es la experiencia del otro. Hay una tesis ulterior que dice que al aquietamiento de los sentidos y sosiego de la mente suponiendo que es una mente razonadora sobreviene un estado o condición en el cual el espíritu se conoce a sí mismo y se sabe uno con Dios. Esto significa que la concentración sagrada tiene lugar en la Divina Presencia interna. Comienza con un acto del pensamiento y se convierte luego en un acto de la vida. Debemos recordar, sin embargo, el axioma católico de que si Dios está en nosotros, Él está en la consciencia; que lo que se llama sendero interno es una aventura de la consciencia, realizándose el misterio del Ser Divino en el aspecto autoconsciente. Aunque sujetos a la hipótesis de identidad, la misma noción está expresada en el método Oriental, siendo el autoconocimiento la realización de la unión.

Libres de dudas y con un sentido profundo del lenguaje, las raíces védicas parecen a veces ser reductibles a términos que armonizarían el Oriente con el Occidente. Hay mucho de verdad en la afirmación de que el ser contiene aquello que él concibe y la percepción de Dios aumenta en la proporción en que la idea de Dios nos absorbe hasta convertirse en una preocupación constante en nuestra vida. Lo Absoluto está en nuestra consciencia porque el Eterno existe allí. Somos capaces de concebirlo todo y tenemos el derecho de explorarlo todo para llegar a una mayor comprensión. Mientras imaginamos a Dios como algo externo y fuera de nosotros, aquellos que aún no han despertado no pueden comprender cómo realizar a Dios internamente. Además, el verdadero conocimiento de nuestro Yo es el de Dios. Si Él está dentro del Yo, esto no es identidad sino inmanencia, comprendida tan profunda y vitalmente que parece abrir un camino hacia la Trascendencia Divina, porque no hay entre ellos una línea divisora ni barreras. La Divina Trascendencia es Dios, mientras no lo hemos realizado en nosotros, la Divina Inmanencia es el único y mismo Dios en cuanto hemos despertado en Él. Se ha dicho en la enseñanza oriental que el acto de Dios transforma a su propia semejanza a la mente que lo recibe. Por lo tanto, llego a la conclusión de que ya sea en Oriente o en Occidente los comentarios de los grandes maestros respecto a las grandes realidades de la experiencia son expresadas en términos que dejan mucho librado a la comprensión individual, pero su verdadera interpretación y la armonía en la paz de la santa luz no faltarán si la comprensión está presente.

Por consiguiente, cabe preguntarse si en Oriente o en Occidente algún místico ha dado otro testimonio que el de cierta clase de experiencia, pero todos aseguran que debe haber una preparación para ese estado de abstracción de la vida externa e interna.

De acuerdo con los testimonios existentes dejando de lado puntos discutibles de la doctrina llego a la conclusión que la distinción entre Dios y el alma en el misticismo occidental tiene relación con lo que Dios ha señalado como la finalidad más elevada del ser individual; mientras que la unidad de Dios y el espíritu, de acuerdo al misticismo oriental, se refiere a la reunión final con Dios. Lo estrecha que pueda llegar a ser la unión en esta vida y en el mundo que llamamos eterno nadie puede expresarlo en palabras, aun cuando el lenguaje sagrado de la mente lógica esté unido con las intuiciones que debemos considerar como dones de Dios. Hay un mundo desconocido de experiencia más allá del mundo visible, reconocido pero no expuesto por la teología mística. Tenemos vislumbres de ello en la literatura; encontramos indicios en lo más profundo de nuestros corazones, cuando el sentido del Eterno Ahora se postula a sí mismo dentro de nosotros en un momento de quietud de los procesos mentales. Afirmar que la experiencia mística se alcanza en un estado de amor, que es el fruto del amor en una emoción experimentada en un grado superior, no hay razón para discutirlo. El amor se aquieta en el centro, dice Dionisios. Entonces se puede comparar con el plomo fundido cuando tiene una temperatura que no quema la mano.

Con respecto al Occidente, el camino es el nuestro y el de ellos, también el fin es uno. Pero siempre pensaré que la fórmula del camino según Cristo es la perfección en todo, y que este Maestro es verdaderamente nuestro. El Misticismo Oriental nos demuestra que hay más de una forma velada para realizarlo. Una cosa, no obstante, parece cierta: ni Oriente ni Occidente son de importancia para lograr realizar el sendero, si no llegamos a comprender el verdadero significado que tiene la palabra desapego, distinguiéndola de su significado convencional y ascético. El desapego es la cesación de todo aferramiento a las cosas externas, condición indispensable para alcanzar la meta, tanto según el misticismo occidental como el oriental.

A. E. Waite

Traducido y extractado por Farid Azael de
The Life of the Mystic.- A. E. Waite

El Misterioso Vacío

El Misterioso Vacío

La única existencia de la Mente Cósmica es un vasto vacío, y cuando la Mente Universal se encuentra entre dos períodos cósmicos, también se sumerge en ese inconcebible e insondable vacío. Este Vacío trasciende toda la relatividad inseparablemente asociada a la personalidad, sólo puede ser captado por una facultad intuitiva interior y superior.


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La Nada es el equivalente de la Realidad de aquel Vacío, es la base sobre la que se levanta toda nuestra experiencia del estado de vigilia, del dormir y del soñar y, si lo captamos profundamente, se resuelve el enigma de la existencia.La mente no puede representarse en absoluto el Vacío, porque cuando cree que lo ha logrado, todavía está allí la mente que piensa en el Vacío, y por ello en ese mismo momento mismo, lo llena. Al decir que todo es oscuridad está afirmando la existencia de su propia luz.

El significado metafísico de los pensamientos estriba en el Pensamiento. Es una ilusión nuestra el que la Mente parezca una “nada” porque ella es la inconmovible realidad que permanece cuando todo lo demás se ha eliminado. La noción de completa inexistencia es, por lo tanto, ilusoria.

El Vacío es algo único, pues ni siquiera podemos oponer la idea de Plenitud, ésta está contenida en aquél. El Vacío carece sólo de las apariencias individuales y separadas, pero no carece de realidad universal, que es su naturaleza original. Un sabio chino expresa: “La misteriosa cualidad de la Esencia de la mente es que, aunque podemos mirar hacia ella, no podemos verla”.

Psicológicamente, el vacío significa la pureza de la mente, en la cual ésta carece de todo colorido de la imaginación creadora, lo que significa la cesación de toda consciencia terrenal, la desaparición de las apariencias fenoménicas, ya que sólo deja el mundo de la Realidad permanente, inaprehensible para las manos o el pensamiento. Las cosas son las “formas” transitorias que la Esencia Mental permanente asume. Como formas están destinadas a desaparecer, pero como esencia, su destino es durar eternamente.

La Mente Cósmica no es un vacío sino la realidad misma detrás de toda nuestra experiencia del mundo. El Vacío es la Realidad fundamental, la base de toda existencia manifestada, la que nace de la imaginación de los individuos que habitan el mundo, pero no existe para la Mente Vacía. La paradoja es que el Vacío, la Nada, que nunca percibimos directamente, es la última Realidad, mientras que el Todo, el Todas-las-cosas que experimentamos, es una apariencia dentro de aquel Vacío.

De la nada sobreviene algo, del silencio los sonidos, de la inconsciencia la consciencia, etc. Buda especificó en qué consistía el Nirvana: “existe algo, oh, discípulos, que no ha sido producido, que no ha nacido, ni fue creado ni compuesto. Si no existiera, oh, discípulos, este algo no nacido… no sería posible la existencia de lo que ha nacido.”

Esta aparente nada, es la única realidad perdurable, cuya presencia, la Naturaleza, está siempre señalándonos, pero que jamás nos revela. Su misterio es impenetrable en sentido terrenal, su infinitud es inefable y su existencia inmutable. La Mente Universal surgió de la Mente Cósmica y el universo emergió de la Mente Universal, pero esto no debe interpretarse literalmente, porque esto aduce implicaciones especiales. El universo, jamás ha estado fuera de la Mente Universal ni ésta se ha apartado nunca de la Mente Cósmica.

La Mente Universal es un pensamiento de la Esencia de la Mente Cósmica y el universo un pensamiento de la Mente Universal El universo se convierte así, en un pensamiento dentro de otro pensamiento.

El Vacío Primordial deviene la Mente Universal, pero no la crea. Ésta deviene el mundo y el hombre, pero no los crea. La mente del hombre se convierte en sus pensamientos, pero no los crea. Así se completa el hilo circular que los liga. Es una sola Mente, la que aparece como Mente Universal y como universo sólido.

El constante movimiento del universo induce de diversas maneras a volver al estado original del cual surgió, esta tendencia se vuelve auto consciente en el ser humano, cuando alcanza una determinada etapa de su desarrollo. El texto sánscrito Atma Prabuddha dice”: Ahora yo soy el Pensamiento mismo, despojado de toda inquietud, yo soy solo y constante, no tengo cuerpo ni nacimiento, únicamente yo soy la esencia del ser; yo soy la verdad suprema”

Detrás de los pensamientos y de la consciencia espacio-temporal, subyace la misteriosa esencia que habita en el Aquí inmutable, en el Ahora perdurable. Esta esencia de todas las cosas es el pensamiento único que aparece tanto en el ego, cuanto en las cosas mismas. La Mente Cósmica es la totalidad de toda experiencia, el punto de partida y el punto final de toda existencia, lo que conoce y lo que es conocido. Cuando el pensamiento se dirige hacia dentro, abandonando la diversidad de las cosas, para pensar en sí mismo, emprende su última tarea de mayor alcance, sólo aquí encontrará la mística unidad que contiene y está en la base de todas las cosas. La razón y la intuición confirman que absolutamente todos los objetos del mundo son manifestaciones de una sola y única sustancia: la Mente. Si se capta esto, la misma existencia de lo múltiple, se contempla como prueba de la existencia de lo Uno.

La enseñanza de la irrealidad del mundo, tiene el propósito de obligar a los principiantes y alumnos intermedios a prestar el máximo de atención a la realidad invisible, es decir, con un valor disciplinario, más que como verdad acerca de las “formas” que capta la experiencia. En una etapa posterior se enseña la doctrina, de que todo es una sola sustancia, de que todo es esencialmente real. Ella dice que después de asimilar la materia a los pensamientos, asimila éstos al Pensamiento.

La división metafísica entre Realidad y Apariencia, entre Ser y llegar a Ser, la división mística entre Espíritu y Materia, entre Dios e Ilusión debe captarse como un antagonismo de tanteo y no de esencia. El estudiante debe superar tal división y debe saber contemplar las cosas, como no diferentes de la Esencia de la Mente, debe abarcarlos en una comprensión junto con la esencia misma.

La mentalidad más madura es enriquecida con una explicación más razonada, que introduce al intangible elemento del Espíritu, como una fuerza que interpreta y hace actuar a la materia tangible.

La concepción filosófica, presenta al universo desde el punto de vista de la consciencia, primero señalando que lo que conocemos son nuestras propias ideas, pero que esas ideas son copia o representaciones de objetos materiales que existen fuera de la consciencia con una base unificadora para todos, en el espíritu.

En el esquema filosófico nada carece de valor, todas las cosas son símbolos de la Mente siempre presente. Existen porque existe la Mente misma, son reales porque la Mente es real.

Como persona el ser humano no posee realidad permanente, pero sí la posee como Yo Superior. El universo es una creación mental. La imaginación es un poder que pertenece a la Mente Cósmica y por lo tanto no pueden ser ni ella ni sus productos cosas ilusorias.

La dualidad es una ilusión de la mente y la filosofía no acepta esa dualidad entre espíritu y materia que exponen la religión y la metafísica, porque saben que la multiplicidad de cosas no son más que ideas que no se diferencian en esencia de su mente. Cuando comprende que todas las cosas se reducen a una sola sustancia, no puede haber diferencia entre materia y espíritu. Sólo existe lo Uno, que es un Principio misterioso, que como vida, existe en todos nosotros y en todas las cosas que nos rodean, y que como Mente es la base de toda nuestra consciencia de aquellas experiencias.

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La Divinidad de Dios es en última instancia todos los seres y todas las cosas y la humanidad “ha olvidado” lo que ella es realmente, de donde viene y a donde va, porque hay un mundo de real existencia que la humanidad debe descubrir y amar. Estamos viendo lo Real todo el tiempo, cuando vemos el mundo exterior, pero no en su perfecta Realidad, sino con un prisma deformado.

Paul Brunton

Extractado por Elisa Aliaga de
Paul Brunton.- La Sabiduría del Yo Superior.
Editorial Kier

La Ciencia del Misticismo

La Ciencia del Misticismo

He llamado una ciencia al estudio del misticismo; pero probablemente es más correcto decir que se ha desarrollado durante muchos siglos. El autor del Eclesiastés no estaba totalmente errado cuando señaló que no hay nada nuevo bajo el sol, y algunos atisbos de una verdadera ciencia del misticismo – en un sentido rigurosamente cientifico – ha existido en occidente durante dos mil años. El psicoanálisis, el estudio de las ondas cerebrales, los viajes al interior del ser humano y la experimentación con drogas, están dándole una vitalidad renovada a un estudio que tiene profundas raíces en la tradición.

Estamos tan conscientes de la catastrófica grieta entre ciencia y religión que fácilmente olvidamos la armonía que antiguamente existió entre ambas. Los monjes eran los precursores de los cientificos modernos y sus monasterios, hasta el Renacimiento, eran los principales centros de estudio occidentales, en los cuales no se hacía distinción entre la filosofía y la llamada ciencia natural. Fue un monje, el venerable Bede, quien propuso en el siglo VII la noción de que la tierra era redonda. Alberto Magnus y su discípulo Tomas de Aquino, en el siglo XIII, especularon acerca de la naturaleza del universo; Galileo y Copérnico, tan malamente tratados por las autoridades eclesiásticas, fueron educados y nutridos en la vida monástica, Roger Bacon, un fraile franciscano, que es responsable del inicio del llamado método científico, escribió que “el verdadero científico debe someter todas las cosas que halla en el cielo y bajo
él a la experimentación”. Le avergonzaba darse cuenta que no sabía más del mundo que lo que el promedio de la gente sabe. También está Nicolás de Cusa, un matemático, místico y obispo. Y muchos otros que dedicaron sus vidas a la ciencia. Y digo todo esto para enfatizar que el interés científico tiene profundas raíces en el occidente religioso.

Este acercamiento científico también influyó sobre la oración y los estados místicos; así fue que surgió un cuerpo de enseñanza para el desarrollo de la consciencia en la vida contemplativa acerca de los diversos estados de meditación, el éxtasis, las visiones, y cómo manejarlos, la posibilidad de la ilusión, y todo eso. Así fueron elaborados algunos grandes tratados científicos.

Me gustaría decir algo acerca de uno de los grandes científicos del misticismo, el jesuita francés Augusto Poulain (1836-1919), cuyo monumental trabajo Las Virtudes de las Oración, escrito a comienzos de siglo, permanece como un clásico. Poulain insistía en que estaba escribiendo lo que él llamaba misticismo descriptivo, que consistía en la obtención de datos, su análisis riguroso, el examen de la evidencia y la deducción de conclusiones. Para ello leyó meticulosamente los trabajos de los clásicos, entrevistó a cientos de místicos a través de Francia y reflexionó sobre sus propias experiencias místicas, que no eran pocas. Siendo el gran maestro espiritual que era, estaba convencido de que Francia abundaba en gente esforzada, místicos potenciales, que necesitaban un poco de ayuda. Para ellos quiso escribir un manual práctico con su propia experiencia y la de la gente que él guíaba y amaba. En los últimos cuarenta años escribe – he hecho un estudio de estos asuntos. He leído una gran cantidad de tratados, he interrogado a
un gran número de personas que poseen los dones de la oración interior, y a otros que equivocadamente pensaron que los poseían cuando en verdad no era así. El trato con estos últimos también es útil. Esta última frase es típica de la penetración sagaz que mantiene el entusiasmo en medio de la formalidad del saber místico que llena sus páginas.

Para Poulain, el misticismo descriptivo depende de dos tipos de material. Primero las descripciones encontradas en los grandes escritores clásicos, y segundo, la evidencia aportada por la experiencia individual de personas vivas. Ambas son indispensables y cada una echa luz sobre la otra. El insistía en que hay muchos pasajes en los escritos de los místicos que sólo pueden ser entendidos por alguien que haya tenido una experiencia similar, En esta investigación ningún aspecto del misticismo se ha descuidado: las repercusiones físicas, los efectos sobre la salud, la influencia en las relaciones interpersonales, las posibles aberraciones, todo es examinado. También agrega una sección de extractos que escogió de entre sus largas y minuciosas lecturas de los místicos occidentales; estos extractos constituyen una verdadera mina de oro para los buscadores modernos en el campo de la consciencia. En cuanto a la experimentación de laboratorio, parece haber conocido algo acerca de ello, de acuerdo al ambiente científico de su tiempo. Hablando del éxtasis, por ejemplo, señala que el ritmo cardíaco es débil y la respiración tan ligera que es dificil incluso detectarla, como puede verse en los numerosos experimentos hechos con gran cuidado en personas en éxtasis. Lo que estos experimentos fueron, él no lo dice, y yo no me siento capaz de imaginarlo, pero sería algo verdaderamente interesante de conocer. Estos son caminos transitados también por Tomio Hirai, Elmer Green, Joe Kamiya, entre otros, todos buscadores de una larga tradición exploradora en el conocimiento de la meditación.

Además para Poulain el misticismo, lejos de ser una ciencia estática, era algo en constante evolución. Se habría desarrollado lentamente a través de los tiempos, y su evolución seguía en el futuro:

Vemos que en el curso de los siglos las descripciones se hacen más y más precisas. Los autores llegan a distinguir, gradual aunque muy lentamente, los estados de consciencia que habían sido previamente confundidos; y también descubren mejores comparaciones con que describirlos. A este respecto, el misticismo participa en el movimiento de progreso que puede ser observado en todas las ciencias descriptivas. No hay razones para pensar que no habrá más progresos, Nuestros sucesores lo harán mejor que nosotros. Y es en este sentido que el misticismo tiene un futuro.

No hay en todo esto algo de profético? Para Poulain, los escritos de Santa Teresa de Avila, en el siglo XVI en España, son un hito en el desarrollo de la consciencia mística y su estudio científico. El señala qué Santa Teresa fue la primera en analizar minuciosamente los estados de consciencia que preceden al éxtasis; y él constantemente apela al penetrante análisis psicológico de Teresa. Afirmando que hay dos grandes eras en el desarrollo del misticismio, una antes y hasta la muerte de Santa Teresa de Avila y la otra desde su muerte hasta su propia época, él continúa:

Durante el primer período, los místicos dedicaban su atención sólo a aquellos hechos que eran evidentes: éxtasis, visiones de Cristo y los santos, revelaciones del tipo de las de Santa Gertrudis o Santa Brígida. Pero los estados de unión en el camino al éxtasis eran más difíciles de analizar, como sucede siempre con las cosas más rudimentarias. Así sus ideas de estos estados eran muy vagas, sus descripciones fueron breves y confusas, y fallaron en distinguir entre estados de consciencia que eran diferentes. Por ejemplo,
la Beata Angela de Foligno, cuyos escritos contienen bellos pasajes acerca de asuntos como los arrobamientos y visiones, no nos dice casi nada acerca de otros estados de consciencia. Lo mismo es cierto para Dionisio el Areopagita, Ruysbroeck, y otros. Hablando de las primeras fases, ellos quedaban conformes con anotaciones tan vagas como: uno encuentra que ha sido poseído por una indudable dulzura.

Fue Santa Teresa la primera en abordar el problema de estudiar los estados de consciencia previos al éxtasis bajo el microscopio. Su contribución personal es valiosa y, a este respecto, ella provocó una verdadera revolución. Nos ha hecho un gran servicio, porque estos estados de consciencia son los más comunes. Y además de su capacidad de descripción, ella tenía una gran habilidad para la clasificación.

Cuánto sentido histórico tenía Poulain ! Y junto con el sentido del pasado, él tenía sentido del futuro. El misticismo – se lamenta Poulain – no ha hecho casi ningún progreso desde los tiempos de Santa Teresa. Escasamente se han descubierto nuevos hechos, y los autores han estado preocupados explicando y coordinando lo que ya ha sido descubierto.

Poulain escribía a principios de siglo. Poco podía saber acerca de que la ciencia del misticismo. Estaba al borde de un terremoto que la estremecería hasta los cimientos, y que hacía que la revolución Teresiana pareciera un ínfimo temblor. Me refiero al impacto del psicoanálisis, al encuentro entre el cristianismo y las religiones del oriente, al descubrimiento de las ondas cerebrales, a la popularidad de la
bio-retroalimentación y a la investigación con drogas. Cuántos nuevos hechos enmergen ahora para occidente a través de nuestro conocimiento de Ramakrishna, Aurobindo y Dogen! Cuánta contribución se ha hecho a través del creciente conocimiento de la meditación Budista, con sus divisiones y subdivisiones de estados de consciencia, que Santa Teresa no conoció o que, en todo caso, no describió! Y también la nueva luz arrojada por los astronautas y los viajes espaciales. Es verdad que Poulain tuvo algún destello de conocimiento de estudios psicológicos y neurológicos, y que él fue consciente de la existencia del misticismo en oriente. Pero él fue un hombre de su tiempo, limitado por el medio en el que vivía. Muchas de sus observaciones en estas materias son actualmente anticuadas y es claro que él no tenía el espíritu de diálogo que nosotros ahora damos por supuesto.

Al mismo tiempo, las investigaciones de Poulain difieren de las de sus contemporáneos científicos en que
él incluye una dimensión profundamente religiosa. En los místicos a quienes guió e interrogó, las dimensiones concernientes a la fe, la caridad y sus motivaciones fundamentales eran de gran importancia, pero era menos fácil ponerlas bajo el microscopio. Aquí hay una total dimensión de misterio que la investigación científica no puede tocar. Para el místico tradicional, el real centro de su práctica es la pureza de motivación y es en ella que busca lo esencial con lo que fue llamado puro y casto amor. Pero no hay una manera humana de juzgar la motivación de otro, por lo tanto, No juzgueis y no sereis juzgados- ni podemos tener certeza acerca de nuestras propias motivaciones. Es por eso que enfrentamos el misterio
en una relación de amor, donde el Amado es las montañas, los boscosos valles solitarios, las islas exóticas, la música silenciosa … No hay forma de medir ni programar ningún amor, mucho menos el divino.

Nuevamente nos limita este sobrecogedor misterio de un ejercicio construído sobre la creencia de que la realidad última es dinámica, que se mueve hacia nosotros y que nosotros nos movemos hacia ella, que nos busca antes de que nosotros la busquemos. Y los místicos dirigidos por Poulain creyeron no sólo que la realidad última es dinámica, sino que además tiene un rostro, un corazón, un nombre, Toda la tradición mística en la que Poulain se sostiene, se basa en la sentencia: Lo amamos (a Dios) porque El nos amó primero (Juan, 4 :19). Es decir que hay una acción previa de la realidad última invitando al hombre a la sabiduría contemplativa, y el camino místico es una respuesta a este llamado. Lo que significa que existe otro actor en el drama y que nosotros debemos contar con la acción de su amor, Esto es llamado, técnicamente, Gracia.

Algo como la Gracia debe ser tomado en consideración en las vidas de todos los grandes místicos, ya sean judíos, cristianos, hindúes o budistas. Seguramente el Budismo Zen rechaza tal ideas y se jacta en su autoconfianza, llamada jiriki en Japonés. Aun aquí los maestros suelen tener pensamientos ambivalentes. En uno de nuestros diálogos zen-cristianos, un maestro anciano muy reputado comparó brillantemente al polluelo saliendo del cascarón. Por mucho que empuje dijo – el débil polluelo no puede emerger hacia la libertad a no ser que la madre picotee la cáscara desde afuera. Esto es equivalente a lo que los cristianos llaman gracia. Algo similar es encontrado en los famosos cuadros de la domesticación de la vaca que describen el trayecto zen hacia el despertar. Aquí el buscador debe ver las huellas y sentir la atracción de la vaca antes de emprender su ardua jornada.

El Misticismo Judío

El Misticismo Judío

Provengo de una tradición mística Hasídica, y en ella uno está muy consciente del hecho de que el mundo ha sido creado en armonía, y que el objeto y propósito de cada ser humano es conservarlo así. Y a menos que estemos armonizados con el día, el día nos ignorará. Este es el motivo de todas las frustraciones, ansiedades y tragedias.

De ese modo, cada mañana al despertar, cada niño – desde el instante en el que comienza a aprender a hablar – aprende una oración de afirmación. Algunos de ustedes que tengan antecedentes judíos – y que no los hayan negado aún – lo pueden recordar. Es una simple oración de agradecimiento porque mi alma me ha sido devuelta, y con esta afirmación, soy parte de la armonía de este día.

Pienso estar en armonía esta noche, y me gustaría pedirles que se me unan en una oración tomada de los Salmos, diciendo conmigo: Este es un día de luz y de gozo, un día de perfecta realización. Algo parecido se hace también en Yoga. He estado practicando Yoga por más de doce años.

Como una preparación para los estudios místicos, tenemos presente además la unidad del ser total. Y en atención a purificar el cuerpo – no a limpiarlo – los místicos realizan un baño ritual especial con este objeto. Bañaré los dedos porque ellos representan al cuerpo completo. Es aquí donde todo comienza y todo termina. Más aún, los diez dedos son símbolo de los diez atributos de Dios en la Kábala. Si me siguen, ustedes deberían sentir la frescura del agua en todo el cuerpo. Y así preparamos el cuerpo para el estudio de la Kábala.

Ahora tenemos que preparar la mente. Ella es símbolo de luz, como está dicho en la Biblia. Necesitamos
luz. Ustedes conocen la frase usada cuando dos personas tienen una discusión, o un así llamado diálogo,
y uno trata de convencer al otro, y finalmente el otro dice: Oh, sí, ahora lo veo. Y entendemos, comprendemos. La luz viene. Esta es parte de la luz eterna en cada uno de nosotros. Por eso encendemos velas en nuestras sesiones. Encendemos dos, como lo hacen en cada casa judía en los días de fiesta, y aquí en el misticismo, y en la Kábala las dos velas son simbólicas de las dos inclinaciones en cada uno de nosotros.

Hay una constante guerra civil entre el hacer y no hacer, el ir o no ir, el ser o no ser. La religión tradicional sugeriría que ustedes combatan al demonio para que lo bueno pueda triunfar. Pero el misticismo dice que eso es una pérdida de energía. Concéntrense en la luz, en lo bueno, y de esta manera el efecto es reunir a
lo llamado bueno y a lo perverso, juntos simbólicamente en la luz. Nuevamente, armonícenlos hasta que ya no sepan cuál es cuál.

Todo lo que ustedes saben es que hay una gran luz, una antorcha de luz. Y esto es una lección simbólica muy importante en la Kábala: dos se han convertido en uno. Recuerden, aún son dos. Y en términos del alma, habitualmente cantamos aquella melodía del comienzo en nuestras sesiones. Considérense de esta manera preparados para el estudio de la Kábala, llamada también misticismo judío.

Y lo que es cierto respecto de todas las religiones, es que la pregunta no es en cual religión uno nació o a cual pertenece, sino que adónde ellas van. Van a la cima de la montaña, donde simbólicamente está Dios? Entonces nos encontraremos allí, quizás sorprendidos: También usted está aquí?. Generalmente, cuando nos peleamos y nos odiamos entre nosotros debido a diferencias religiosas, es porque no estamos yendo a ninguna parte. Estamos estancados. Pero en la práctica, como no existe el estancamiento, significa que estamos retrocediendo hacia la oscuridad. No vemos nada, lo mismo es verdad en el misticismo judío.

La palabra hebrea para misticismo es Kábala. Ella significa simplemente recibir; recibir lo que está contenido en la Torah, o sea en la Biblia hebrea , cada letra, cada palabra, y el espacio entre las letras. De acuerdo a los místicos, cuando la Torah fue dada en el Monte Sinaí, la interpretación cabalística fue también dada simultáneamente. Pero muchos de nosotros no escuchamos porque no estábamos preparados.

Así, Kábala significa que cuando alcanzamos el nivel para escuchar, para estar listos, entonces podremos recibir lo que está ahí, lo que estuvo ahí todo el tiempo. La Kábala también significa ser como un aparato de televisión. Hay una antena. Usted sintoniza lo que está en el aire. Nada se ha perdido. Dios habló en el Monte Sinaí alrededor de tres mil años atrás: Yo soy el Señor, tu Dios, y su voz puede ser oída todavía. Esta es la diferencia entre los santos y los que aún no lo son.

Martin Buber dijo esto muy hermosamente: No hay diferencia entre santidad y no santidad, entre santos y pecadores, la diferencia es de tiempo. Algunos de nosotros no estamos aún allí, no lo hemos alcanzado. Pero nadie es un pecador por definición, excepto si es desdichado. Baal Shemtov fue el fundador del Movimiento Hasídico y vivió en el siglo XVIII. Él sería lo que ustedes llamarían el San Francisco de Asís judío, porque fue esa clase de hombre. El solía decir que el mayor pecado es tener una actitud melancólica. Predicó por todo el mundo el concepto de gozo, que no tiene nada que ver con felicidad. Ustedes pueden sentirse muy infelices y a la vez muy gozosos, comprenden?. Existe una diferencia, y es que la felicidad tiene que ver con las cosas externas, en cambio el gozo se relaciona con lo interior. Si yo sé quien soy, y
si sé que estoy conectado con mi Padre celestial a través de un cordón umbilical espiritual, y que este cordón no puede ser jamás cortado, entonces tengo por definición todas las razones para estar gozoso. Y todo lo demás son sólo estorbos.

Así, cuando la gente me pregunta como me siento, generalmente les digo, ya sea que esté en casa, en el hospital o donde sea: No siempre estoy feliz, pero siempre estoy gozoso. Hoy siento ambas cosas: estoy gozoso y estoy feliz.

La gente viene y me pregunta toda clase de cosas: Dónde está Dios? Por qué Dios no hace nada ? Creo que en esta generación hemos encontrado finalmente la respuesta. En los viejos tiempos solíamos vivir en departamentos, y si algo andaba mal llamábamos al encargado. Inmediatamente lo maldecíamos, diciéndole toda clase de cosas: i Necesitamos agua caliente, o agua fría, arregle esto, repare aquello! Era su responsabilidad. Lo mismo hacemos con Dios, el Señor. Si algo va mal, golpeamos su puerta con oraciones y toda clase de artimañas, como si tomáramos un teléfono para reclamarle a Dios.

Pero ahora Dios está diciendo, si realmente escuchamos su respuesta, Yo no soy el encargado. Soy un miembro de esta cooperativa y estamos haciendo las cosas juntos. Ya no sirve el clamor. Esa clase de oraciones es totalmente inútil. Nadie está escuchando. Aquel que creó, dijo i Basta !, y dio al hombre el más bello y alto titulo que jamás pudiéramos lograr, el de socios de Dios en la Creación.

Ahora quiero hacerlos volver a la Biblia. Recuerden la historia del Jardín del Edén, el que fue un regalo de bodas de Dios el Padre a Adán y Eva. El dijo: Es todo vuestro. No hay siquiera vecinos de quienes preocuparse. Ni gobierno, ni nada, Es todo vuestro, completamente. Excepto – agregó – ven aquellos dos árboles en el rincón, llamados el Arbol de la Vida y el Arbol del Conocimiento? No quiero que los toquen ni que coman de ellos. Yo creo que Dios cometió un error en esto. Si él no hubiera dicho nada, a ellos nunca se les habría ocurrido tocar aquellos árboles. Pero, como ustedes recuerdan, lo hicieron. Ellos comieron del Arbol del Conocimiento. De allí derivó todo este asunto del pecado original en la Iglesia Católica, y en la Iglesia Judía Ortodoxa. Según ellos, por eso estamos condenados ya desde los inicios, y es sólo a través de la gracia que podemos redimirnos. Pero deseo sugerirles exactamente lo opuesto.

El pecado original no fue que ellos comieran del Arbol del Conocimiento, sino más bien que ellos no comieron además del Arbol de la Vida. Porque miren lo que sucedió: ellos comieron del Arbol del Conocimiento y se convirtieron en verdaderos conocedores, especialmente en lo que respecta a la tecnología. Podemos apretar un botón en Washington o Moscú y el mundo entero se convertirá en humo. Pero lo que todavía no hemos aprendido es a vivir el uno con el otro, una nación con la otra, los vecinos entre sí, o el marido con la esposa.

Tenemos que probar también del Arbol de la Vida. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo aquí, sólo que tenemos que hacerlo más a menudo. Espero que todos ustedes, al retornar a sus comunidades, se convertirán en misioneros en este sentido. No para decirle a la gente qué hacer – nunca lo hagan – sino más bien para ser como esta luz. Si ustedes desconectan todas las luces eléctricas, creen que esta vela saldrá por ahí diciendo: i Hola, mírenme, soy una vela !. Creen que haría eso?. Nada me molesta tanto – y estoy seguro que a ustedes también – como cuando me encuentro con personas, especialmente aquellas que han vuelto de la India, y que lo primero que dicen es cuán iluminados y santificados están. Y saben lo que hago?. Recolecto dinero y los mando de vuelta allá.

Porque si ustedes realmente son una luz, no tienen que decirlo a nadie. Entonces, no le digan a nadie qué hacer, sino que sean una luz entre su gente, entre sus vecinos, dentro de su comunidad, y así serán una luz en el mundo. Y sean Yoga, que es unidad, y Shalom, que es paz.

Rabí Joseph Gelberman

Traducido y extractado por Farid Azael de
Faces of Meditation
Himalayan International Institute
Pennsylvania.- USA

A partir de la Nada

A partir de la Nada

Consideraciones sobre la Vacuidad y la Física Contemporánea

Cuando todos los grandes místicos del pasado alcanzaron el estado en que se dieron cuenta de que Dios (o Shiva o Aláh) era una concepción humana fundamentada en la idea de una especie de Super Ser hecho a la imagen del hombre, llegaron a concebir en sus momentos de inspiración más elevados que detrás de toda manifestación había una condición que no podía comprenderse más que como la Nada o la Vacuidad. En nuestros días, los hombres de ciencia llegan a la misma conclusión expresada en tiempos modernos. Todos hablan de la misma cosa. Pero no quiero decir cosa, probablemente concepto sería más apropiado, aunque por una razón desconocida e inconocible, cuya intuición se debe al espíritu, pareciera que incluso la palabra concepto es demasiado definida.

Antes de intentar explicar lo que significan las definiciones modernas de esta idea de Nada quisiera citar algunos dichos de los grandes místicos de todas las épocas y lugares. Si el lector quiere aceptarlas sin tener la sensación de que semejantes ideas han sido superadas de hace largo tiempo, si quiere tomar la palabras de estos místicos muy seriamente y tratar de comprenderlas como lo haría con ideas científicas modernas, con un espíritu abierto, entonces tendrá la oportunidad de descubrir la verdad que hay en unas y en otras.

Empezaré por citar el Katha Upanishad, que figura entre los más antiguos textos que poseemos:
Más allá de los sentidos están los objetos, más allá de los objetos está el espíritu, la inteligencia, el gran Atman, más allá del gran Atman, lo No manifestado, más allá de lo No Manifestado, el Purusha. Más allá del Purusha no hay nada, es el fin, la Meta Suprema.

En nuestros días, naturalmente, muchos de nosotros conocemos las célebres palabras de Lao-Tsé:
Todas las cosas bajo el cielo nacen de aquello que es.
Lo que es nace de lo que ‘no es’.

Volvámonos ahora hacia los griegos y escuchemos lo que Plotino, que no era solamente un pensador sino que también un místico, pensaba de estas cosas:
Es precisamente porque no hay nada al interior del Uno que toda las cosas provienen de allí; para que el Ser sea suscitado, la fuente no debe ser ningún Ser, sino el generador del Ser. No busca nada, no poseyendo nada, no faltándole nada, el Uno es perfecto.

Aproximándome un poco más a nuestro tiempo recordaré las palabras de Hui-Neng, el sexto patriarca del Budismo chino (Ch’an), cuyo Sutra de la Estrada contiene muchas alusiones a estas ideas. Bastará mencionar una:
Después del origen, nada existe.

Acvaghosha, que vivió en India algunos siglos antes, dio una maravillosa descripción de esto. El también era un budista Mahayana:
Comprendemos que la asiseidad (bhûtatathâtâ no es ni esto que es existencia ni aquello que es no-existencia, ni lo que, al mismo tiempo, es existencia y no-existencia; ni lo que es unidad y pluralidad al mismo tiempo En una palabra la llamamos la negación o vacuidad (Shunyata).

Podría dar innumerables citas de los místicos y maestros del Oriente, pero no puedo dejar de pasar en silencio lo que los místicos cristianos han conocido también, puesto que parecen haber alcanzado conclusiones idénticas a las de los sabios de Oriente.

Se presume que Denys, el Aeropagita, vivió en el siglo I de nuestra era y que fue contemporáneo de San Pablo. De él yo daría dos textos que parecen concordar con las citas orientales que he hecho:
Y él (Dios) es todo en todos y nada en ninguno. Y él es conocido a todos, de todos a nadie de nadie.
Nosotros oramos, a fin de entrar en las tinieblas supremas, y sin ver ni conocer, ver y conocer; esta ausencia de visión y de conocimiento está en sí por encima de la visión y el conocimiento.

Me voy ahora hacia aquel que, a mi modo de ver, es el más grande místico de la era cristiana, Eckhart. Entre una vasta selección de sus dichos, debo contentarme con dar aquí tres extractos muy característicos:
Dios es una excelencia inmóvil que mueve todas las cosas. Que Dios esté siempre sin movimiento, pone todo en movimiento.
El Ser no existente está más allá de Dios.
Esta unidad es sin fondo, por lo demás tiene su causa primera en ella misma, de una profundidad insondable el suelo, de una altura ilimitada el techo, de un espacio sin fin el entorno.

A la cual creo un deber agregar las palabras de Hui-Hai (China, siglo VIII), quien parecería un hermano espiritual de Eckhart:
La verdadera vacuidad es una clase misteriosa de ser que hace que haya una forma, pero esta forma no es tangible y es, en consecuencia, vacía Hablando del vacío, pienso en la vacuidad de la naturaleza de la forma, no en la vacuidad que existiría si la forma fuera suprimida. Hablando de la forma, pienso en la forma de la naturaleza del vacío, no en la forma que puede ser representada.

Estos textos adecuadamente comprendidos, llevan fácilmente a las ideas científicas sobre estos temas. Espero poder convencer a mis lectores del lazo mental entre cada uno y el conjunto.

Después de haber dado un vistazo al conocimiento y la enseñanza de los grandes místicos de los tiempos antiguos, en cuanto a la naturaleza del Universo, podemos pasar a las ideas de los místicos modernos que son ciertos hombres de ciencia. Si se descubre que todos sus cálculos conducen lentamente y por complejos caminos a las mismas conclusiones a las que llegaron los maestros más iluminados de antaño, se puede tener la seguridad de que en el fondo del espíritu inconsciente del hombre existe una consciencia de la verdad, consciencia que sube a la superficie a la hora de la búsqueda de las conclusiones previstas, y que proyecta una luz sobre la naturaleza de lo Desconocido.

No querría tomar la responsabilidad de adelantar ideas personales en estas materias, y me contentaré con dar las conclusiones a las que han llegado algunos de los más eminentes hombres de ciencias de nuestro tiempo, en el terreno de la astronomía y de la física.

Hablando de las ideas sobre el universo en su totalidad y aceptando el hecho de que la teoría general de la relatividad de Einstein ha modificado completamente el pensamiento vigente sobre la relación espacio-tiempo, W.H. Bonner escribe:
La situación ahora es la de un compromiso entre el vacío y lo pleno Por una parte, la materia es atómica: existen partículas discretas separadas por el espacio. Por otra parte, una partícula de materia tiene una esfera de influencia, que llamaremos su campo, se puede pensar en el campo gravitacional de la tierra o en el campo eléctrico del protón. Puesto que un campo significa una región de influencia, no hay nada allí que contradiga la noción de espacio vacío. De hecho, estos campos son cantidades constantes que se extienden a través de un espacio vacío y que aparecen en las acciones recíprocas entre partículas de materia. De otro modo, la física no ofrece ninguna respuesta al problema de lo vacío y de lo pleno.

Si las cosas no lo ocupan, es la nada hace notar Lincoln Barnett.

Cabe entonces preguntarse: De donde proviene la energía de todos los campos? John Pfeiffer dice: Para observar el proceso del Universo es necesario observar el hidrógeno y Fred Hoyle hace la cosa indiscutible al decir: El hidrógeno es la materia fundamental en la construcción del Universo, lo que es manifiesto considerando que un 92% del Universo está hecho de hidrógeno, 7% de helio y apenas 1% de todos los otros elementos reunidos. Pero inclusive el helio y todo el resto están formados de los mismos ingredientes de este hidrógeno principal, a saber, de protones y electrones. Por otra parte Hoyle agrega: El hidrógeno constantemente se transforma en helio y en los otros elementos por todas partes del Universo, pero esta conversión es un proceso de un solo sentido, es decir, que ninguno de los otros elementos pueden regresar al estado de hidrógeno. Por lo que hemos podido ver, no se ha descubierto hasta ahora ningún modo de producir hidrógeno; de donde se concluye en la evidencia de que es inherente a la naturaleza del Universo.

Considerando la importancia de este átomo de hidrógeno en la naturaleza del Universo, es necesario ahora examinar su estructura lo más cerca que me sea posible. La descripción más vívida que he encontrado del Universo hasta el presente es la que da Rudolph Peierls:
Sabemos que la materia sólida debe estar estrechamente rellena de átomos.

Rutherford llegó a la conclusión de que el átomo era casi vacío y que todas las partes pesadas que contenía, así como las partículas alfa que el experimentador usaba como proyectiles, debían ser muy pequeñas en relación a la dimensión del átomo. Estos argumentos le sugirieron la siguiente imagen del átomo: el átomo contiene en su centro un pequeño núcleo de carga positiva que está rodeado de electrones (el hidrógeno, un núcleo y un electrón). El número de electrones (el electrón, una carga negativa) es tal que el átomo en su conjunto, es eléctricamente neutro. En este caso el electrón se movería bajo la influencia de la fuerza de atracción proporcional a la inversa del cuadrado, como los planetas en el campo de atracción del sol, y el modelo que proponía Rutherford se parecía a un sistema solar en miniatura. El átomo es de hecho casi tan vacío como el sistema solar, es decir, que el núcleo atómico es tan pequeño en relación a la dimensión del átomo como lo es el sol en relación a las órbitas de los planetas; entre medio no hay nada.

Martin Johnson hace notar que: Todas las ideas sobre la estructura atómica desde los primeros triunfos de Rutherford en 1910 están de acuerdo en un punto; que la estructura del átomo es extremadamente porosa, 99,9% de su volumen está hecho de espacio vacío y se mantiene unido sólo por las fuerzas eléctrica los electrones.

Eddington da una admirable ilustración de esto: El átomo tiene la misma porosidad del sistema solar. Si se eliminara todo el espacio vacío en el cuerpo humano y se reunieran todos los protones y electrones en una sola masa, el hombre quedaría reducido a un punto sólo visible con lupa, el resto no sería más que vacío.

El último pensamiento de Hoyle compara el Universo a una especie de burbuja de jabón. Hace algunos años, sir James Jeans hizo una observación del mismo orden: La sustancia que sirve para inflar la burbuja, la película de jabón, es un espacio vacío amalgamado en torno al tiempo vacío.

Pienso que todo esto demuestra que: La naturaleza no ofrece ninguna norma de comparación y la relación espacio-tiempo (como Leibniz lo vio claramente antes de Einstein) no es más que el orden de relación de las cosas entre ellas. Si nada lo ocupa es la nada.

Creo que es tiempo de abandonar por un momento el átomo para volvernos hacia la mecánica ondulatoria. He ahí un vasto tema, al cual se han consagrado muchas obras, y mi problema no es saber qué decir, sino como decir lo mínimo necesario para explicar mi punto de vista. Considero, en efecto, que la imagen de ondas nos puede dar la indicación más clara acerca de la forma en que lo pleno y lo vacío son omnipresentes en todo el Universo. Como lo hace ver Lincoln Barnett, podemos escoger entre imaginarnos que vivimos en un universo de ondas o en un universo de partículas; pero, dado que la partículas parecen ser aquello que nuestros ojos humanos han construido a partir de ondas (quanta, en términos científicos) pienso que la idea de la vida en un universo de ondas debe estar más próxima a la verdad.

Las ondas marinas, las ondas luminosas, las ondas sonoras, las ondas electromagnéticas, nos son familiares a todos, pero actualmente se han descubierto ondas mucho más insubstanciales que nadie puede asegurar que se trate de ondas. Hablo de aquellas que emanan de uno de los elementos del mundo atómico.

Consideremos primero la naturaleza de una onda en sí misma. Peierls nos dice: Las ondas son conocidas en muchas ramas de la física y se producen cuando un medio quieto (lo que Hoyle llama cuadro inerte) es perturbado por alguna fuerza exterior. El ejemplo más común en nuestra experiencia cotidiana son las olas en la superficie del agua, las cuales se elevan cuando la superficie del mar es perturbada por el viento o cuando se arroja una piedra en un estanque Toda onda consiste de dos elementos, crestas de ondas que se siguen a intervalos regulares y que están separadas por depresiones o valles o ‘huecos’.

La distancia entre dos crestas sucesivas es conocida con el nombre de ‘longitud de onda’. El número de crestas que pasan por un punto fijo por unidad de tiempo se llama ‘frecuencia’, lo que se aplica igualmente a todas las ondas conocidas en la Tierra, de cualquier fuente que procedan, siendo la única excepción las ondas sonoras en las que la elevación del agua es reemplazada por un cambio de presión en el aire.

En la cresta de las ondas el aire es comprimido y en los vacíos está dilatado. De igual forma se estima que la velocidad de ondas luminosas es la rapidez superior límite en nuestra galaxia, su longitud de onda es un poco inferior a una milésima de centímetro. Pero como lo hace notar Lincoln Barnett: La pregunta fundamental la luz está hecha de ondas o de partículas?, no ha encontrado jamás una respuesta precisa.

Sabemos hoy en día que el electrón está al borde del vasto espacio (atómicamente hablando) que lo separa del núcleo , espacio que es el vacío mismo. Por lo tanto, electrones y protones en conjunto son responsables de todos los átomos del Universo. No es concebible, en consecuencia, que en el vacío atómico, el electrón sea atraído hacia la Nada que hay entre él y el protón? No sería este el esquema de todas las ondas, aunque para el mar creemos saber que lo es.

Todo esto se aplica igualmente al mecanismo de nuestro propio cuerpo. Creo que no hay que dudar que nuestra percepción de todas las cosas, nuestras sensaciones, nos llegan a través de las mismas ondas que encontramos en cualquier otro sitio. Y hay aún otra cosa de lo más extraña. Eddington escribe: el fisiólogo puede seguir el mecanismo nervioso hasta el cerebro, pero, a fin de cuentas, hay un hiato que nadie pretende superar. Simbólicamente, podemos seguir las influencias del mundo físico hasta la puerta del espíritu, estas pueden hacer sonar la campanilla e irse. Si tal es el caso quién puede decir a qué se parece el mundo físico en realidad? Es en el exterior de este hiato en que apreciamos todas las cosas a nuestro alrededor: se suscitan la alegría y la pena, el bien y el mal, el yin y el yang, se construyen las montañas y los océanos, las estrellas y los átomos – de hecho – todo aquello que compone nuestra vida.

Allí está la vía que los acontecimientos exteriores toman para tocar nuestro espíritu. Pero qué pasa entonces? Hay un vacío en el que se produce una transmutación de la cual aún no se ha ofrecido una explicación satisfactoria, entre la sustancia cortical y las sensaciones conscientes – los huecos de las ondas?

Podemos ahora darnos cuenta que el esquema ser-nada-ser se encuentra en todas partes; la ciencia moderna, los filósofos chinos, los místicos cristianos, todos lo han descubierto. Es de hecho, la base de todo y todas las cosas. Para mí, el veredicto de Eddington es definitivo: lo que es, es una cáscara flotando en la infinitud de lo que no es.

L. Beckett

Este artículo fue publicado en el Nº 1 de la Revista ALCIONE.

 

 

 

 

La vía del corazón, parte 2

La vía del corazón, parte 2

Continuación de “La Vía del Corazón, parte 1”.

El Agua y el Hielo

Lo propio de la gracia es desaparecer sin dejar trazas puesto que no tiene por efecto más que llevar las cosas a su verdadera naturaleza, a su origen, disolviendo los velos o las condiciones limitantes, ignorancia o pecado, que de hecho se desvanecen desde que aparece la Realidad.

“En un corazón contraído, la iluminación se ha transformado en ignorancia. Cuando cesa la contracción, la naturaleza propia resplandece”, se puede leer en el décimo tercer capítulo del Tantraloka.

Es precisamente el modo por el cual cesa la contracción lo que caracteriza la acción de la gracia y conduce a distinguir los diferentes caminos místicos.

Para Abhinavagupta un doble modo pone fin a las condiciones limitantes, según sea apacible y progresivo o violento, instantáneo y ligado “a un apetito por devorarlo todo como un fuego ardiente e ininterrumpido”.

Por su lado, Jili hace notar que estas condiciones desaparecen ya sea por una visión que alcanza a la Esencia o por lo que brota espontáneamente de ella. Y los sufíes distinguen dos maneras de acercamiento hacia Dios: el primero es un proceso gradual de un estado espiritual a otro, por la asimilación de cualidades divinas que llegan a ser objeto de contemplación. Atributos, nombres, cualidades ofrecen un acceso al conocimiento de Dios, pero, en razón de su multiplicidad, no pueden conducir a la Esencia. La segunda manera de acercarse es inmediata, sin progresión, más allá de todo estado. Se refiere “al Ser del hombre, a su esencia íntima que se identifica misteriosamente con la esencia divina”. La sola manifestación del Esplendor es liberación.

Los dos primeros caminos corresponden a la desaparición apacible, progresiva, y son caminos de perfeccionamiento, mientras que la maduración violenta, esa que brota espontáneamente de la Esencia, corresponde al camino de instantaneidad, la vía divina o de la voluntad. En cuanto a la no-vía, siendo intemporal, transciende camino y gracia.

Hinduistas y sufíes recurren a una misma imagen para mostrar que el mundo objetivo no es más que una partícula congelada de la Consciencia o de la Realidad:

“Oh, Bien-Amado, aquel que de los libros sagrados o de la boca de un Maestro aprende lo que son el agua y el hielo, no tiene más deber que cumplir. Este presente nacimiento será para él el último”.

Aquel que ha penetrado el misterio del agua y del hielo ha comprendido, en efecto, cómo el agua de la Consciencia indiferenciada se solidifica, y cómo el hielo de la consciencia empírica se licua nuevamente; es libre, sabe que el agua y el hielo no hacen más que uno.

Se encuentra una igual comparación en Jili: “En la parábola, la creación es semejante al hielo. Y eres Tú quien es el agua borboteante. El hielo, si nos damos cuenta, no es otro que su agua… Pero el hielo se fundirá y su condición sólida se disolverá. La condición líquida se establecerá de hecho. Los contrastes se unificarán en una sola belleza. Es en ella donde ellos se aniquilan y es de ellos que ella resplandece”.

A la luz de esta parábola la gracia aparece como el fuego que hace fundir el hielo de la consciencia contraída para volverla a su naturaleza indiferenciada. Al momento de su entrada en el corazón se enciende el fuego en la Consciencia, fundiendo el hielo de la consciencia empírica. La forma y la rapidez del deshielo determinan y caracterizan la vía seguida.

Para los hinduistas, la energía divina indiferenciada, a causa de su libertad, se divierte en cristalizarse tal como un agua viviente y límpida solidificada por el frío. El Todo agrietado no es más que témpanos congelados yendo a la deriva y en constante colisión. Estos fragmentos, seres impotentes, han perdido el sentimiento del Todo y no pueden reencontrarlo por ellos mismos.

Es el fuego de la Energía divina, el fuego de la gracia, el único que se revela apto para hacer fundir los témpanos.

Si la gracia es débil, el fuego arde lentamente; hace desprenderse del corazón delgados hilos de agua que van cavando poco a poco los canales, el individuo lo atiza constantemente ayudando al deshielo por su aplicación. Los canales desembarazados de sus limitaciones se van ensanchando poco a poco y el agua corre hasta el río de la energía. Es el camino de la actividad.

Con una gracia más fuerte, la rapidez del deshielo hace confluir todas las corrientes hacia el centro del hielo que se comunica con el agua que lo rodea; los témpanos -representaciones o imágenes – subsisten en las profundidades, pero basta que se hundan y se pierdan en la fuerza del río que los lleva para que desaparezcan. Es el camino del conocimiento.

Si la gracia es sobreabundante, todo el glaciar cae de un golpe como por la erupción de un poderoso volcán submarino que aflora a la superficie y cuyas llamas fulguran. Es el camino de la voluntad.

En el No-Camino, no hay más que una sola y misma agua

Los Tres Caminos

No es necesario aquí tomar lo que es llamado camino por un itinerario determinado en el que se seguirá metódicamente las etapas hasta llegar a término. Rendir cuenta de los diferentes caminos no consiste tampoco en elaborar una suerte de marcha a seguir o prescribir una receta para quien quiera acceder al camino místico o a la iluminación. Por una parte, nada puede conducir a la Esencia puesto que nada le es exterior, y por otra parte, nadie decide su camino, se le descubre a medida que se avanza.

Se podría decir que el camino es la manera por la cual el espíritu de Dios nos mueve y la manera en la que respondemos a eso o, según Madame Guyón, la manera y la rapidez con la cual seguimos la pendiente natural o el instinto que nos reintegra a Dios una vez que Él se ha mostrado a nosotros, o también el modo por el cual se es llevado por el reflujo divino hacia la Esencia que no se ha dejado jamás.

Conocer las modalidades de este reflujo, es ya poder discriminar lo que no es él, y si no se puede decidir el camino, se puede al menos evitar tomar por místico aquello que no lo es.

Los caminos varían para cada uno según la intensidad de la gracia, el fin perseguido y el esfuerzo realizado.

“Este esplendor sin fondo ha sido dado en común a todos los espíritus gozantes en gracia y gloria. Así, circula por todos como el esplendor del sol y, sin embargo, aquellos que lo reciben no son todos igualmente iluminados. El sol traspasa con su luz más nítidamente el vidrio que la piedra, y el cristal más que el vidrio, y cada piedra preciosa brilla y muestra su nobleza, su potencia y su color a la claridad del sol. Del mismo modo, cada uno es iluminado a la vez en gracia y en gloria según su aptitud para lo sublime.”

Sobre un mismo camino los grados son múltiples y se progresa hasta lo infinito. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, recuerda Madame Guyón.

A través de esta gran flexibilidad y esta extrema variedad, el hinduismo, Ruysbroeck, Madame Guyón, distinguen netamente tres caminos o advenimientos en términos diferentes, pero cuya aproximación subraya estrechas correspondencias.

Cuando los hinduistas caracterizan los caminos por tres principales energías: la actividad, el conocimiento y la voluntad; cuando Ruysbroeck distingue tres unidades u opone semejanza, unión y unidad; cuando Madame Guyón evoca el camino de la actividad, el de las luces y el de la Fe desnuda, parece que todos diferencian tres niveles interiores a partir de los cuales la orientación hacia Dios se vuelve perceptible por la gracia.

Que ellos hablen de energía, de facultades o de potencias, es para incluirlas en un movimiento que las hace reabsorberse las unas en las otras hasta el fondo indiferenciado de donde emanan en cascada. Los caminos son en alguna forma tres momentos o tres peldaños de esa reabsorción.

Es necesario precisar que los caminos en cuestión son puramente místicos, se sitúan a un nivel elevado de la vida contemplativa y no corresponden a las llamadas vías purgativa, iluminativa y contemplativa o unitiva (según San Ignacio) ni a los tres tipos de yoga karma yoga, jnana yoga, bhakti yoga – que constituyen etapas preliminares a la vida mística profunda descrita por los autores citados.

Con el término camino (o vía) nosotros designamos a la corriente de gracia que conduce las energías o las facultades hacia la unificación. Esta corriente dinámica encierra procedimientos, medios, intermediarios y modos de todo orden cuyo conjunto varía según el nivel tocado por la gracia. A cada camino corresponde así un dominio, un modo de unificación, que determina la nueva vida en la cual se es precipitado desde que se ha sido “tocado por Dios”.

Dios es un imán, mi corazón es el acero: se vuelve siempre hacia él si ha sido tocado una vez”, declara Angelus Silesius.

Lilian Silburn

Traducido y extractado por Eduardo Cucurella de
Lilian Silburn.- Les Voies de la Mystique.- Hermes