Cómo Consultar el Tarot

Cómo Consultar el Tarot

Este artículo quisiera permitirle al lector que experimente el descubrimiento que hará algún día cada humilde servidor del tarot, después de años de relación asidua: el tarot, el universo y el sistema nervioso del hombre tienen lazos constantes, muy estrechos y muy precisos. La manera más simple de expresar esto es decir que el tarot permite descifrar el universo y el sistema nervioso del hombre, y así vivir en armonía con ambos: el interior y el exterior. Probablemente, los tres son manifestación, en planos de realidades diferentes y modalidades diferentes, de la misma verdad Una. Pero quedémonos en la práctica, en lo útil, en el instante: veamos las bases para trabajar con el tarot.

Este trabajo es fisiológico, psicológico y espiritual. Se puede utilizar para el propio crecimiento o para ayudar a otros (diagnóstico y terapia). No es necesario hacer intervenir ni la videncia ni los llamados dotes mediumnísticos. Al contrario, él desarrolla todas las cualidades de exactitud y de comprensión, de ahí la intuición.

Estas bases de trabajo son utilizables para no importa qué camino de conocimiento esotérico o exotérico. Tales distinciones no tienen razón de ser después de haber alcanzado un cierto nivel de realización.

Est rota magister:

Para trabajar con el tarot es preciso encuadrar en oro este antiguo adagio: Es el Tarot quien es el maestro. Hay que tratarlo con deferencia, casi con devoción, pues él es mucho más grande que uno y extremadamente poderoso. (No se bromea con las legiones angélicas). Pero – sin supersticiones – la actitud justa se siente desde adentro: no son más que trozos de cartulina coloreados. Utilizamos los trozos de cartulina hasta haber podido establecer todas las conexiones con nuestro tarot interior. Hay que mantener estos dos polos como generadores de una corriente de energía.

En segundo lugar, hay que encuadrar en oro el lema de la Sociedad Real de Ciencias británica: Nullius in verba (no creer a nadie sólo por la palabra), no hay que desprenderse del espíritu crítico ni un solo instante. Todo debe ser tomado como una hipótesis de trabajo, empezando por este artículo. Sin embargo, considera éste con cuidado, no leerás su contenido en ningún libro, y hay pocas posibilidades de caer por azar en una cadena de transmisión oral del tarot. Es cierto que podrías encontrar todo esto por ti solo, suponiendo que tengas varios siglos por delante para ello… Presta atención a la resonancia interior que te despertará. Los músicos saben que un sonido justo engendra armónicos puros. Ve por ti mismo lo que te enseñará el empezar a trabajar según las bases expuestas aquí.

En tercer lugar, el tarot no es un libro. El está centrado en el tarot, eso es todo. Y está en todo el tarot, los llamados arcanos menores no presentan ninguna inferioridad. Y hacer intervenir la astrología, los sephiroth, los números, etc., equivale a una confesión de impotencia e ignorancia.

Evolución individual, evolución colectiva:
Cada una de las imágenes que componen el tarot es de tal modo arquetípica que corresponde a la vez a una parte de un esquema de evolución colectiva de la humanidad y de la evolución individual, así como a un retrato del universo. Pues el conjunto de los arcanos cubre todas las posibilidades de la experiencia humana, incluyendo las experiencias por venir, así como todas las situaciones psicológicas. Se puede anticipar que el conjunto de situaciones psicológicas humanas abarca todo el camino de la humanidad. Es decir que el hombre revive más o menos completamente, o vive a su manera, la aventura de la totalidad de la raza humana, hasta lo que se podría percibir como el Apocalipsis/Resurrección, o como la fusión galáctica (según Timothy Leary).

Dado que los arcanos constituyen la totalidad de la experiencia humana, cada cual puede ver allí un aspecto, un nivel de la realidad o de la encarnación de esa realidad. Es por eso que Leary, por ejemplo, distingue en ellos la estrategia del A.D.N., llevando la vida desde la Tierra-cuna hasta el espacio; pero eso es el tarot más neurología.

Un visionario que conozco ve en él la historia de las naciones, pero eso es el tarot más filosofía. Otro lo considera la rueda de la vida, pero es el tarot más cábala. Otro lo ve como el proceso del orgasmo, pero
eso son los arcanos mayores más pornografía. Son interpretaciones más o menos chocantes o fantasiosas. Ese no es el verdadero trabajo con el tarot. El verdadero trabajo hace inútiles las técnicas autoritarias o inspiradas, pues el verdadero trabajo alcanza tales niveles de comprensión que toda encarnación en modelos diferentes se muestra posible hasta el infinito, pero no necesaria, y aun, redundante, restrictiva.

Cómo trabajar con el tarot
El tarot se mira, se contempla, se vive, se experimenta. Al comienzo, al nivel del ojo. Percíbelo como es, no como tú crees que es, no como se te dice que es, no como quisieras que fuera. Para esto observa y anota todos los detalles en un cuaderno a medida que los ves. Quince años después descubrirás todavía cosas nuevas. Es preciso integrarlo memorizándolo completamente. No digas jamás: Oh, aquí hay un error de concepto!. Es la excusa de los vanidosos y de los perezosos. Tienes que ver cada cosa en el lugar en que ella está. Si esto contradice tus ideas preconcebidas, cambia tus ideas, pues es el tarot quien tiene la razón.

Físicamente, cada carta muestra la actitud de uno o varios personajes. Tómala, asúmela lo más exactamente posible. Observa lo que te llega como imágenes interiores en ese momento, percibe si se produce una sensación cenestésica o una reacción fisiológica, como un escalofrío o nausea.

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Cuando en la carta esté indicado un movimiento, evalúalo en tus músculos, tu esqueleto. Cópialo, imítalo, siente dónde se encuentran las energías del cuerpo y cómo se desplazan. Ejemplo, los brazos de la Temperancia, la cabeza del Loco, la mano derecha de la Justicia.

Presta un interés especial a la manera en que los personajes son sexuados, es decir, a su polaridad exteriormente manifestada. Astuta, como el Diablo, o aproximativa como los dos individuos que sonríen de manera imbécil – o beata – debajo de él. 0 imprecisa, como la Temperancia, o extraña como la Fuerza.

Siente dónde se sitúa el centro del cuerpo. Siéntate como la Emperatriz o como el Emperador, como la Papisa o la Justicia, y nota la diferencia.

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No dejes pasar ningún detalle. Consagra una sesión de trabajo a comparar los ojos de los personajes: tamaño, dirección de la mirada, expresión. Otra a comparar los pies: color del calzado, ubicación en relación al cuerpo, en relación al suelo, forma, etc. Igual con las manos: la mano derecha del Loco, la mano derecha del Ermitaño, la de la Emperatriz… Otra sesión destinada a los objetos: el cetro del Emperador y de la Emperatriz, la trompeta del juicio, la cuerda que ata al Colgado, la mesa del Mago, las coronas de los reyes y reinas de los arcanos menores.

Busca qué arcanos mayores, puestos en un cierto orden, forman un panorama continuo y qué sentido tiene ese panorama. Cuáles son los detalles comunes a la Torre y al Sol?, etc

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Sobre todo no omitas los arcanos menores, que ciertos atolondrados consideran postizos e inútiles: la reina de Oros puede ser que te ayude a captar el verdadero significado del arcano VI. Aprovecha para contemplar de cerca el arco sin cuerda del personaje en lo alto de la carta. Esto y las cabalgaduras – con armadura o no – de los caballeros, las insignias de los reyes, las faldas y las cabelleras de las reinas, sus tronos, la fisonomía de los pajes, todos tienen una razón para ser como son. A ti te toca encontrarla: se encuentra memorizando cada detalle. Por qué las láminas pares de la serie Espadas no llevan espadas sino flores? Observa el color de los tallos, están cortados o no? De dónde se originan? Sigue la transformación de estas plantas: qué elemento crece, cuál decrece? Cuáles son los colores? Dónde están las hojas (respiración) y las flores (producción)?

El simbolismo del tarot tiene la simplicidad de la naturaleza: rojo como la sangre, amarillo como el sol o el oro alquímico, azul como las profundidades del agua, verde como los brotes en la primavera, blanco como
la pureza o la ausencia de color, negro como la tierra fértil o como la oscuridad de los lugares donde no penetra la mirada, claro como lo que constituye el aspecto exterior del hombre.

Un marco para la experiencia interior:
Presta atención al lugar de la escena, a la disposición de las sombras y a los relieves. A menudo la aparente confusión es significativa. La aparente contradicción traduce una realidad de otra manera inexpresable: el caballete, la rueda, la manivela, los rayos, todos imposibles de la Rueda de la Fortuna…

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La experiencia interior tiene necesidad de ser preservada y de tener un marco – arcano XVIII, La Luna – es decir, guardarla secreta, insospechada, invisible, velada – la bestia del mismo color que el agua – pero presente en la casa cerrada. El nombre que figura en cada arcano mayor se encuentra a veces allí para enredarte o para caracterizar en exceso una situación, Desconfía. El tarot está lleno de paradojas, de trampas y de humor. Para las almas moralizantes, es una paliza de golpes dolorosos.

Ningún arcano es bueno ni malo, no más que cualquier aspecto de la evolución interior o del mundo, sino ambivalente y, sobre todo, rico de dos tipos de vitalidad: una para avanzar, otra para cuidarse; una para disolver, otra para coagular.

Ultima recomendación: Observa el grafismo de las letras y de los números. Cada nombre debe ser examinado largamente en su grafismo de origen. Las letras cumplen un rol determinado y constituyen un índice precioso. Los rasgos de las cifras son algunos más delgados, otros más gruesos, atrayendo la atención hacia cómo debe ser comprendida esa cifra.

Por qué el tarot de Marsella?
Como lo habrás notado, las bases de este trabajo se apoyan sobre ejemplos tomados exclusivamente del tarot de Marsella. por qué?

Se podría discutir hasta el cansancio… pero no, si verdaderamente se ha trabajado con el tarot en lugar de nutrir el ego, No hay más tarot que el tarot de Marsella. Esta afirmación aparentemente dictatorial puede parecer insoportable a quienes han diseñado hermosos tarots. Que ellos me perdonen, Se puede fundamentar esta afirmación sobre decenas de pruebas, y especialmente sobre argumentos numerológicos que causarían estupor. Pero me basta una sola prueba objetiva, clara y neta: el tarot de Marsella es el más rico, más pleno, más simple, punto.

Alinea todos los otros tarots al costado de él. Aun aquellos en los que se ha creído conveniente agregar una letra hebraica, un planeta, o no importa qué, son lejos inferiores en sentido y en contenido, parecen míseros y a menudo farfullantes.

Muchas personas, a menudo demasiado sabias, han querido mejorar el tarot de Marsella, completarlo, o simplificarlo. Pero… cuando se ha cambiado la forma de la carta, su colorido o aun su nombre, se ha cambiado también completamente el contenido vibratorio de la carta. Los otros tarots son a veces muy interesantes o armoniosos o decorativos, o cargados de experiencias (notoriamente psicodélicas), pero allí se ve el retrato de la gente que los han hecho y no el retrato de universo. Llegan a ser catálogos de ideas recogidas y no un camino viviente de iniciación.

Idiota congénito o iniciado muy avanzado:
Cómo apareció el tarot de Marsella? Nadie ha encontrado todavía un dato ni un nombre, precisos, y tanto las disertaciones como las divagaciones se estrellan contra un muro. Puede ser que el misterio no tenga el espesor que se cree, cuando se le contempla desde un punto de vista desapasionado, que ensaya sentir las cosas en lugar de querer justificarlas.

Cuando uno consulta los juegos anteriores al tarot pareciera ser que el inconsciente colectivo giraba en torno a grandes verdades, prendiendo una aquí, otra allá, en un cuento, un juego de rayuela, una danza en grupo. De esta percepción elementaria o imperfecta de los arquetipos salieron unas cartas para jugar, de las cuales las nuestras son herederas directas. Y sucedió que un día (?) un ser más desarrollado, capaz de percepciones y de síntesis inéditas, haya captado lo incompleto de esta percepción intermitente. El habría dado entonces su forma al tarot, su forma absoluta. Fue un idiota congénito, habitado por el Espíritu en el momento de concebir el tarot? Se trataba de un grupo de iniciados muy avanzados, al punto de borrarse completamente tras el modelo del universo que ellos podían captar en lo que la ciencia denomina hoy día sus estructuras sutiles?

Este interrogante atormenta largamente a todo servidor del tarot. La respuesta exacta sólo satisfacería la curiosidad, La atención no gana nada en concentrarse sobre los servidores que se fundieron con el modelo para darle sus contornos perfectos, Lo interesante es el modelo, tan poco disfrazado, que el niño que jugara con él lo descubrirá y lo integrará completamente, sin darse cuenta de ello,

La picota y la palanca:
El tarot, modelo del universo, es completo en sí mismo, no tiene ninguna necesidad de apoyarse sobre alguna otra de las grandes vías de conocimiento y de adivinación.

Es cierto que se pueden hacer comparaciones globales. Es un trabajo de investigación que permite identificar la verdad bajo sus diferentes aspectos. Pero no es preciso empezar por ahí. Estas vías deben considerarse cada una en su totalidad, el comparar fragmentos entre ellas equivaldría a comparar una picota con una palanca. Estos dos instrumentos son útiles para elevarse en altura, pero el primero pertenece al equipo de la cordada de alpinistas y el segundo al sistema de dirección de un avión. Aisladamente, no pueden compararse, ni aun cuando ambos tengan una forma parecida. No se irá muy lejos en este ámbito de la forma. Por otra parte, la poca solidez de correspondencias del género de Arcano X – tal trigrama del I Ching – tal letra hebraica – tal color – tal sonido … se hace notar en los desacuerdos que se manifiestan entre los autores de las comparaciones.

El trabajo ideal con el tarot es un trabajo con el tarot solo. No tienes más que observar, memorizar las cartas sin necesidad de ningún comentario, dejándote simplemente estructurar, completar, enseñar, transformar de esta manera. Un tal trabajo tropieza con una imposibilidad: tu reacción personal, tu interés, serán muy diferentes según los arcanos. Es esto lo que permite utilizar el tarot como diagnóstico y terapia en todos los casos de desequilibrio psicosomático.

El tarot de Marsella es entonces desde el comienzo una escuela de contemplación y de pensamiento objetivo para un camino iniciático, y también un útil precioso de diagnóstico y de terapia. El diagnóstico, que no tiene nada que ver con la adivinación, debe, sin embargo, llegar a los mismos resultados, La terapia está todavía en sus comienzos.

Es posible sanar con el tarot?
La hipótesis de base, muy simple, se deduce de las premisas expuestas anteriormente. Los arcanos del tarot representan una imagen exacta de arquetipos que son los modelos según los cuales, se lo quiera o no, se forman, se combinan, se determinan todas las situaciones posibles de este mundo. La totalidad de los arcanos recorre la totalidad de la experiencia humana. Aquellos que te atraen son los que tú reconoces, que te dan seguridad porque ellos corresponden a un modelo que tú has vivido, que has integrado. Aquellos que rechazas son los modelos de situaciones que tú aún no has vivido. La violencia de tu reacción manifiesta simplemente la proximidad de esta situación en tu futuro. Allí también tú reconoces un modelo, pero se trata de un modelo que no has integrado todavía, o que está en camino de ser experimentado – dentro de unas horas o de unos años – o bien uno que tú has rechazado sistemáticamente cada vez que se presentaba. Esto último, debido a una sensibilización particular ligada, ya sea a una herencia genética, sea por causa de un acontecimiento desdichado de antaño, o un bloqueo, o, simplemente, porque se trata de un modelo que todavía no has encontrado.

Por lo tanto, los arcanos que tú prefieres indican lo que conoces de ti mismo; los que rechazas indican lo que no quieres aceptar todavía. Las situaciones que tú desconoces, y que están aún muy alejadas, no despiertan una defensa de tu subconsciente, ninguna reacción violenta, sino una vaga y moderada falta de afinidad con esa carta.

El diagnóstico podrá ser extremadamente fino y preciso, sin conflicto para el consultante, porque en ningún momento éste será crudamente confrontado con su problema fundamental en forma verbalizada. Todo pasa en un nivel simbólico; así el curso de la terapia nunca será muy doloroso. El proceso de maduración en el que el inconsciente entrena al ser – a veces de manera caótica, siempre sometiéndolo a diversas pruebas – será efectuado en las mejores condiciones, pues el trabajo con el tarot permite no suprimir el nudo energético del conflicto, lo que significaría suprimir también la afluencia de la energía, error cometido por la mayoría de los psiquiatras.

No digo que en este diagnóstico la intuición esté de más. Un solo arcano engloba un número infinito de niveles de encarnación del arquetipo, y es preciso elegir el nivel exacto correspondiente a la realidad vivida por el consultante. La terapia le permitirá asimilar el modelo antes o después de la crisis, o fuera de la crisis, y, por consiguiente, ubicar las otras experiencias arquetípicas ya vividas en la estructura general de la que el tarot es el reflejo.

El papel del taroterapeuta deberá entonces limitarse a hacer que el consultante describa la carta lo más exactamente posible – según él la ve – registrar sus reacciones y permitir la objetivación. A menudo, el efecto sobre el consultante es sorprendente. El tarot produce una tal toma de consciencia, una tal comprensión, que el consultante recibe desde el comienzo una sobrecarga de vitalidad y una regulación de la energía espectaculares.

Además, ciertas cartas producen efectos inmediatos de compensación y equilibrio, después de una concentración de algunos minutos de atención al contemplarlas.

Esta terapia origina relaciones extremadamente apacibles y estimulantes entre terapeuta y consultante sin que intervenga dominación, transferencia, etc.

Detener la manipulación:
Naturalmente, numerosas verificaciones de todo orden no harán más que confirmar estos lazos
estrechos y precisos entre el tarot, el universo y el sistema nervioso.

Se puede – se debe – utilizar legítimamente la percepción de estos lazos con una finalidad adivinatoria. Entonces el conjunto de las cartas parece manifestar una conducta, una autonomía que le es propia, que se manifiesta a través de los seres humanos pero sin dependencia, vis-a-vis de ellos o de sus métodos, a los que sobrepasa.

Cierto, se puede superficialmente manipular el tarot. Es decir, dar por supuesto que se ha
comprendido el tarot, atribuir tal o cual significado a tal arcano o conjunto, prescribir que es necesario consultarlo así o asá, colocando las cartas en redondo, en línea o en cuadrado, El tarot se burla de todo eso, lo que no es bueno para el manipulador.

Detener la manipulación es abrirse. Esto implica el abandono de toda ambición personal, de todo deseo de dominación por lo que se ha descubierto. Es difícil – sobre todo cuando las líneas de fuerza del universo comienzan a diseñarse delante de ti – renunciar a informar al resto del mundo. Es por eso que en los comienzos, el trabajo con una de las grandes vías – a menudo solitaria – de la tradición, refuerza el ego de manera exagerada. Muchos se quedan allí, se parecen entre ellos, aun físicamente. Porque, llegado a este punto de los comienzos, se corre el riego de pensar que ya no hay necesidad de continuar el trabajo. Es preciso hacer caso omiso de ello y continuar. Entonces, lentamente, en dosis homeopáticas, el esplendor rechazado es reemplazado por una gratificación menos palpable, pero de mucho mejor calidad, y de una extraordinaria liviandad del ego.

Jamás nadie ha podido explotar impunemente para su solo provecho las riquezas del inconsciente colectivo, la herencia de la humanidad, y los secretos cautivos en el sistema nervioso. Esta es una de las grandes enseñanzas del tarot. Utilizar el tarot únicamente con fines adivinatorios – como soporte de videncia – siendo que él contiene el modelo del universo, implica degradarlo. Una vez más el tarot se burla de ello, y
es suficientemente poderoso para manipular a los manipuladores sin que ellos se enteren. Toda subordinación del todo a la parte lleva consigo, para los atolondrados, trastornos graves en los planos sutiles, y cierra la puerta a los verdaderos secretos.

Est rota magister.

Tchalaï Dermitzel

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Question de N 30
Editions Retz
París

 

Existir en la Mirada de los Demás

Existir en la Mirada de los Demás

 

Cuando sentimos que no tenemos nada que el otro pueda apreciar, estamos cerca de odiarlo

                                Vauvenargues

Mi mayor temor: la indiferencia. Que me olviden o no se interesen por mí. Todas las ocasiones en que tengo la impresión de ser invisible, transparente para los demás, me siento muerta antes de tiempo. Inexistente. Cuando me siento triste y camino entre la multitud al anochecer, y por supuesto nadie me mira, me siento completamente sola, sobre todo en invierno, cuando todo el mundo se apresura de regreso. Imagino que todos vuelven a casa y alguien les espera, entran en calor, los reciben, los quieren y son importantes para los demás. A quién le importo yo? Vuelvo a casa sola. Sólo los vagabundos son tan desgraciados y están tan solos como yo. A veces me invaden extrañas visiones: me veo como un átomo, una partícula aislada alrededor de la cual giran miles de millones de partículas, vinculadas entre sí por fuerzas invisibles que no me acogen ni me alcanzan jamás.

Además del rechazo, existe un miedo anterior, más discreto, pero también perjudicial para nuestro bienestar y nuestro comportamiento: el miedo a la indiferencia. Qué ocurre en nosotros cuando tenemos la impresión de no contar para los demás?

El deseo de reconocimiento
Sentirse ignorado es doloroso, de modo que todos desarrollamos un gran deseo de reconocimiento. Es ésta una maniobra de prevención de eventuales rechazos? Sentir que ocupamos un lugar reconocido y constantemente confirmado junto a otras muchas personas, nos permitiría temer menos el rechazo y, si se presenta, experimentar un sufrimiento menor?

Así pues, ser o sentirse reconocido(a). Pero, qué es el reconocimiento? Es una necesidad diferente a la de aprobación o amor, y que las precede. Es el hecho de que los demás nos consideren seres humanos en el sentido completo del término: por ejemplo, que nos saluden y reciban cuando llegamos a algún lugar, o que nos llamen por nuestro nombre o apellido en función de la familiaridad que nos testimonien nuestros interlocutores. Todas estas manifestaciones son perfectamente sutiles: su presencia no procura necesariamente la felicidad; su ausencia no se percibe de manera ostensible, pero es dolorosamente perjudicial. Es normal que nos tranquilice el hecho de que nos conozcan. Un ejemplo interesante en los ancianos es la relación que mantienen con los comerciantes: ser recibidos y saludados por su nombre en el mercado, saber que conocen sus costumbres, preferencias y ciertos elementos de su existencia. Todos estos detalles son importantes para ellos porque con frecuencia sus vínculos sociales son tenues, vulnerables y cada vez más escasos (sus amigos mueren poco a poco). Quizá de ahí procede el temor de muchos ancianos a morir solos en casa, sin que nadie se de cuenta. Todas esas historias espantosas de vecinos alertados por el olor.

Todo ello proviene del sentimiento de reconocimiento y recuerda la absoluta necesidad que el ser humano tiene de disponer de un capital social a su alrededor. Este hecho explicaría el sentimiento oscuro y primitivo de que las grandes ciudades son contra natura. En todo caso, contra la naturaleza humana. Otro ejemplo de reconocimiento: ser requerido sin pedirlo, es decir, recibir invitaciones, atenciones, tarjetas portales, visitas, un pequeño regalo que indique que han pensado en nosotros sin que hayamos tenido que manifestarnos. Esta es una de las quejas que más a menudo profieren ciertos pacientes depresivos a los que se llama, con razón o equivocadamente, abandonados: Nadie me llama ni piensa en mí. Siempre soy yo quien debo hacerlo todo. Si me dirijo a los demás, me aceptan y reciben, ése no es el problema. Pero si desaparezco, como suele decirse, entonces muero realmente en sus consciencias: se olvidan de mí.

Recuerdo haber encontrado esa necesidad de reconocimiento en un estudio sobre el estrés en los conductores de autobús parisinos de la RAPT: partimos de la idea de que su estrés estaría relacionado con problemas de conducción y circulación, sin embargo la mayoría nos contaron que lo que más les afectaba eran las situaciones de indiferencia social. El hecho de que los viajeros subieran sin saludarlos ni mirarlos (Como si fuésemos robots), les dolía, les hundía, humillaba y entristecía (Cuando me tratan así tengo la impresión de no ser más que una pieza de mi autobús, anónima e intercambiable. Poca cosa).

Sentirse reconocido confiere simplemente un sentimiento de existencia social y de existencia a secas. Por otro lado, el reconocimiento no tiene por qué ser necesariamente positivo. Así, a veces los niños atraen la atención con sus caprichos o tonterías, cuando no se les hace caso en determinado momento, o de manera habitual si su familia no se preocupa por ellos. Algunos de nuestros pacientes, que han cometido delitos menores, nos dicen retrospectivamente: Ahora me doy cuenta de que lo hice para que me hicieran caso. En ciertos narcisistas también se la satisfacción de ser detestados: suscitar la aversión alimenta la necesidad del reconocimiento a su existencia y también de su importancia, que miden en función de la intensidad de la aversión que despiertan y del número de personas que los odian. Tenemos pocas ocasiones de recibir en consulta a estos sujetos (más bien son sus allegados, a quienes hacen sufrir, quienes se someten a terapia). Con frecuencia son poco aptos para entablar relaciones amistosas de igualdad, y sólo actúan en el conflicto y las relaciones de dominio. Se han dado cuenta de que la aversión es una relación y una forma de reconocimiento, al contrario que la indiferencia. En este sentido, el rechazo les importa poco: siempre y cuando se acompañe de emociones fuertes en quienes los rechazan, se trata de un reconocimiento, y por tanto una victoria a sus ojos. De ahí su necesidad de provocar constantemente: el rechazo sosegado y la indiferencia les atemorizan y hacen dudar, como a todo el mundo. Sin duda, una persona con este perfil inventó esta expresión: Amamos u odiamos, pero no permanecemos indiferentes.

 

Reconocimiento de conformidad o de distinción? Dos modos de aumentar la autoestima a partir del reconocimiento de los demás.
Existen dos modos de obtener el reconocimiento (y por tanto, la autoestima): ser como los demás es el reconocimiento por conformidad; diferenciarse es el reconocimiento por distinción.

La búsqueda de un reconocimiento por conformidad se da con mayor fuerza en los extremos de la existencia, en el niño y el anciano. Ser como los demás en su apariencia, gustos y discurso representa un pasaporte, una garantía de aceptación social. Este reconocimiento de conformidad a menudo se relaciona con un sentimiento de relativa vulnerabilidad.

La búsqueda de reconocimiento por distinción es más frecuente en jóvenes y adolescentes porque les sirve para afirmarse y construir su identidad. De ahí la importancia del look, pero también el cuidado de presentar ese look como una elección vital global, y no sólo como una decisión fútil o una sumisión a la moda. Puede divertirnos el hecho de que el reconocimiento por distinción no sea en el fondo sino un reconocimiento por conformidad que funciona sólo en el seno de un reducido grupo al que se ha elegido (o se trata de) pertenecer. En realidad se trata siempre de una necesidad de afiliación: el verdadero reconocimiento por distinción es, de hecho, rarísimo. Existe en verdad?

Por otro lado la existencia de signos de reconocimiento aumenta cuando el grupo se siente minoritario o amenazado. Por ejemplo, el saludo que se cruzan los motoristas y que les procura un sentimiento agradable. Tiende a desaparecer como signo de reconocimiento espontáneo debido sobre todo a la proliferación de vehículos de dos ruedas (es menos necesario en cuanto la comunidad deja de ser minoritaria). En cambio, otro pequeño ritual, específico de los motoristas parisinos (tal vez extensible a otras grandes ciudades, no he indagado): levantar el pie en signo de agradecimiento en la ronda de circunvalación, si uno de ellos deja pasar a otro entre la hilera de coches. Se trata de un signo de reconocimiento a la vez que de agradecimiento, por la atención brindada (vigilar el retrovisor, apartarse para deslizarse entre la fila de coches).

Ser o no ser como los demás es un reto para la autoestima: conformarse con los códigos de la mayoría es, frecuentemente, la elección de las autoestimas débiles. Distinguirse o conformarse con los de una minoría suele ser la elección de autoestimas fuertes y vulnerables. Las autoestimas sólidas optan por no afiliarse a grupo alguno.

Los riesgos y errores de la búsqueda de reconocimiento
Para las bajas autoestimas, el primer riesgo de esta búsqueda consistirá en la hiperconformidad, con el riesgo de alienación. Se ocultará todo lo que destaque para tratar de conformarse con la imagen social que creemos nos garantizará la mayor aceptación. Se seguirá la moda a una distancia respetuosa: ni con demasiada antelación para no atraer (o creer que atraemos) las miradas, ni demasiado tarde para no caer en la hortelana. Tan sólo emitiremos nuestras opiniones cuando hayamos comprobado las de los líderes a fin de no correr el riesgo de la contradicción o la burla.

Las autoestimas elevadas y vulnerables que intentan compensar sus dudas mediante la aceptación optarán por una ruptura con la masa, en cuyo anonimato se sienten desaparecer y no se ven reconocidas. De ahí el riesgo de provocaciones gratuitas e inútiles. En loas adolescentes es bastante frecuente encontrar jóvenes que dudan de sí mismos e intentan ser aceptados por otros más violentos que ellos lanzándose a comportamientos delictivos que les franquean la entrada al grupo.

Todos nos enfrentamos a las mismas posibilidades de error:

Error de no sentirnos reconocidos cuando en realidad lo somos y emprender así una búsqueda de reconocimiento suplementaria y aleatoria, cuando habría bastado con abrir los ojos.
Error de no conceder importancia a las señales de reconocimiento recibidas, no sentirnos valorados por el grupo y las personas que nos reconocen. Dirigiéndose a los poderosos de su época, Sieyes (político que en 1789 se hizo famoso con su panfleto Qué es el Tercer Estado?) escribió durante la Revolución Francesa: Pretendes distinguirte de tus conciudadanos y no que éstos te distingan No aspiras al amor o el aprecio de tus conciudadanos; por el contrario, obedeces a una vanidad hostil contra los hombres, cuya igualdad te molesta.
Error de confundir el deseo de reconocimiento con el deseo de amor y esperar que el primero satisfaga el segundo: hay relaciones sociales que sólo podrán aportarnos reconocimiento, nada más. No hay que denigrarlas por ello, ni pedirles más. Todo el mundo me quiere, pero estoy sola, me contaba una joven paciente. Sin embargo, la proliferación de relaciones normalmente facilita el encuentro con el amor mejorando el bienestar psicológico (y por tanto la apertura a los demás) y desarrollando las aptitudes relacionales. Lo facilita, pero evidentemente no garantiza nada.

Soledad y sentimiento de soledad
Lo más doloroso durante mi depresión no era la tristeza o la dificultad para actuar; era esa especie de angustia que me embargaba como un vértigo de soledad. Me sentía completamente sola incluso rodeada de seres queridos. Los miraba y me daba cuenta, estúpidamente, de que no eran yo, que se trataba de personas autónomas de las que apenas conocía lo que me dejaban entrever. Esto despertaba en mí el miedo a la vida. Esa soledad me angustiaba porque no me sentía capaz de sobrevivir sola. De hecho, no se trataba de soledad, sino de la angustia por la soledad, a veces sorda, como un leve rumor, a veces violenta como la amenaza del fin del mundo. Este sentimiento irrumpía y desgarraba el velo de las ilusiones (la ilusión de que somos uno con nuestros seres queridos, a quienes conocemos perfectamente). Siempre he tenido este problema. Me perturbó el momento en que mis hijos crecieron y se convirtieron en seres autónomos, en personas mayores que no me confiaban todos sus secretos. Más tarde comprendí que este sentimiento de soledad era inevitable y que si me daba miedo era porque me sentía incapaz de cuidar de mí misma. En realidad era peor que esto: es como si durante toda mi vida hubiera evitado ocuparme de mí misma. Había vivido en la ilusión de que formaba parte de un todo: familia, grupo.

Hay muchos estudios consagrados al sentimiento de soledad. Sabemos que en psiquiatría la soledad y el aislamiento social son factores de riesgo en materia de depresión, dependencia de las drogas y el alcohol y, más generalmente, vulnerabilidad ante los acontecimientos vitales estresantes. Sin embargo, un punto a tener en cuenta es que no sólo la soledad real afecta a nuestra salud, sino también la percepción de la soledad: el hecho de sentirse solo o sola es una fuente de perturbaciones no sólo psíquicas, sino también corporales, con un especial impacto en la función cardíaca y la tensión arterial. También advertimos que la cantidad de contactos sociales de las personas que se sienten solas con frecuencia es aproximadamente la misma que en aquellas que no se quejan. Con toda probabilidad se trata más de una cuestión cualitativa relacionada con la satisfacción que obtenemos de esos contactos, la actitud social (aprovechamos o no esos contactos sociales, por ejemplo: estamos solos entre los demás?) y la actitud mental (sentirse diferente e incomprendido cierra la puerta a las relaciones o a su capacidad para reconfortarnos).

La única soledad válida es la que elegimos, no la que padecemos. Es perfectamente posible definirse como un solitario sociable: nos gusta estar solos pero también la compañía de los demás. Preferimos ligeramente el primer estado al segundo. Si elegimos y disfrutamos esta soledad es posible celebrarla, como hacía Malraux: Si existe una soledad en la que un solitario es un abandonado, existe otra en la que sólo es solitario porque los demás hombres no se han unido a él. Pero no todos los solitarios tienen sueños de grandeza. Muchos aprecian simplemente la distancia que les confiere la retirada del mundo y consideran la soledad un ejercicio saludable, como escribía Vauvenargues: La soledad es al alma lo que la dieta al cuerpo. Sin embargo, la dieta sólo alcanza sentido si no estamos a punto de morir de hambre. Los que no han elegido, los marginados, los abandonados, los aislados, sólo obtienen sufrimiento y ven en ella una noche interminable de espera y necesidad insatisfecha como animal social.

Porque a fin de cuentas, para la mayoría de nosotros, la soledad no puede ser sino un paréntesis entre dos períodos de intercambio y relaciones. La soledad como pasaje. Muchas veces útil, a veces forzoso. Pasaje y no destino, ya que también podemos perdernos en la soledad, y algunas existencias se parecen a esa imagen de Flaubert, gran solitario pero no siempre por elección: Me parece que atravieso una soledad sin fin para ir no sé adónde, y yo mismo soy a un tiempo el desierto, el viajero y el camello.

La búsqueda de amor, afecto, amistad y simpatía: la búsqueda del aprecio de los demás.
Hemos hablado de la necesidad de que reconozcan nuestra existencia. Pero también existen formas cálidas, positivas, de reconocimiento: simpatía, amistad, afecto e incluso amor. Sabemos que esos alimentos afectivos son indispensables para el ser humano: para desarrollarse y sentirse feliz y digno de existir. Por qué meterlas todas en el mismo saco? Acaso no hay diferencia entre la mera simpatía y la relación amorosa? Sí y no. En un sentido amplio, todos estos vínculos afectivos remiten a nuestra necesidad de apego y seguridad, por supuesto heredada de nuestro pasado personal pero también de nuestra biología: las características de la especie humana hacen que vengamos al mundo en estado larval y que sin el amor y el cuidado de los demás madre, padre, miembros de una comunidad- no sobrevivamos. Nuestra memoria emocional lo recuerda y se muestra muy exigente respecto a las pruebas de amor. En cambio, es la cultura la que modela los objetos en los que se vierte el amor: los vínculos con la pareja, con los hijos, no siempre se han ensalzado como modelos de amor perfecto. El hombre siempre ha sentido la necesidad de suscitar simpatía, afecto y amor, así como la pregunta fundamental, oculta tras esa inagotable necesidad de ser amado: cómo existir en el corazón de los demás?

Hasta dónde vamos en la necesidad de ser amados?
Pueden darse dependencias extremas a las señales de reconocimiento y apego de los demás. Así, por ejemplo, las personas demasiado amables pueden ahogar al otro con sus ofrecimientos y regalos excesivos: Estoy demasiado preocupada por agradar y me centro mucho en los demás. Siempre tengo la impresión de deberles algo. Me es imposible llegar a algún sitio sin un regalo y, como norma general, el regalo es tanto más grande cuanto más dudo del aprecio que me tienen. Siento una obligación permanente hacia los demás. Nunca se me ocurre la idea de que puedan sentirse obligados conmigo o deberme reconocimiento. Siempre soy yo quien se siente en deuda. Qué decir de la sorpresa de descubrir que me aman y me aprecian, que hace presa de mí desde la infancia? Es una alegría y un alivio. Sin duda, una liberación. Como si en mi fuero interno se ocultara siempre la idea de que no es lícito que me amen sin haber comprado previamente ese amor mediante un regalo u ofreciendo un servicio. Mi marido me llamó la atención sobre esto y me enseñó que no tenía que comprar la atención o el afecto con amabilidad o regalos.

Un paso más y entramos en los perfiles de la personalidad vulnerable, en el registro de lo que los psiquiatras llaman síndrome de abandono o hiperapetencia afectiva.

En el caso de síndrome de abandono, los sujetos reaccionan de forma muy violenta (interiormente, mediante el sufrimiento, exteriormente, con lágrimas y reproches) a todo lo que les parezca una forma de distanciamiento, para gran sorpresa de los miembros no advertidos de su entorno (en general, los amigos, porque la familia lo sabe desde hace tiempo), menos sensibles a la distancia y para los que pasar seis meses sin contacto no disminuye un ápice la amistad o el afecto que sienten. Sin embargo, si su amigo padece el síndrome de abandono, no verá las cosas así.

En el caso de la hiperapetencia afectiva, las personas tratarán de templar la relación haciéndola pasar a un modo afectivo: intimar rápidamente con un nuevo conocido, trabar una relación profunda con un compañero de trabajo recién llegado Como si creyeran que de ese modo acceden a lo esencial: Una relación no tiene sentido sin afecto.

Estos dos tipos de personalidad parecen presentar una necesidad ilimitada de signos de afecto y reconocimiento, como si su propia existencia dependiera de ellos, según el adagio sin amor no somos nada de las canciones populares. Como si hubieran asumido la fórmula de Gide: No quiero que me elijan, deseo que me prefieran, pero sin confesarlo claramente. No reivindican la exclusividad (no hay la autoestima suficiente para ello); esperan que los demás actúen como si sólo ellos existieran.

Cómo se activa la búsqueda de afecto en caso de rechazo social
Diversos trabajos, tanto estudios experimentales como llevados a cabo en un medio natural, han estudiado lo que ocurre cuando somos objeto de un fracaso o un rechazo, en resumen, de algo que amenaza el lugar que ocupamos en los demás. Lo más frecuente es que se trate de una cuestión de autoestima: las personas con una autoestima frágil y baja generalmente tienden a mostrarse más amables y agradables tras un rechazo, mientras que los individuos con una autoestima elevada a menudo tienden a mostrarse menos agradables si son cuestionados. Parecen menos dependientes de la necesidad de aprobación social como reparación y consolación. No obstante, existe un riesgo importante para las personas con baja autoestima: como creen vivir un fracaso (real, temido o imaginario) de manera crónica, les tentará comprar a los demás con su amabilidad, como hemos visto. Pero se trata de una estrategia de supervivencia y prevención, y no de una elección libre.

Amor y autoestima
Hay tantas preguntas sobre el amor y la autoestima El amor es bueno para la autoestima? La fortalece o la debilita? Y sobre todo, es razonable esperarlo todo de él?

Sorprendentemente, existe un frecuente derroche afectivo en los sujetos con baja autoestima, que presentan una irresistible tendencia a subestimar la mirada positiva que sobre ellos tienen sus compañeros sentimentales. Me ha llevado muchos años bajar la guardia con mi pareja. No es que recelara o no tuviera confianza, sino que me atrapaba un reflejo inconsciente de prudencia, de no creerme demasiado amado para no depender de esa persona. Esto ha provocado muchas crisis porque mi esposa lo percibía. Ella lo tomaba como falta de amor, cuando era más bien un miedo excesivo e incluso, en realidad, una falta de confianza en mí mismo. Qué me ha curado? El tiempo transcurrido. Pero también fortalecer mi confianza: tener éxito en mi trabajo y ganarme la admiración de mis dos hijos. De pronto empecé a ser más sensible y receptivo al amor conyugal y a comprender que mi mujer me quería a mí y no a una imagen de mí o a uno de sus sueños adolescentes.

Los sujetos con baja autoestima tienden asimismo a no recurrir demasiado a su pareja para recuperarse de sus sentimientos de inadaptación e incompetencia, a no confiarse mucho o pedir consejos y atención en los momentos en que lo necesitan.

Las personalidades dependientes experimentan la necesidad de fusión en el amor, como vimos anteriormente: este deseo también se relaciona con problemas de autoestima. La fusión nos fortalece porque nos hace menos visibles, nos expone menos y afianza nuestra posición; con el riesgo de alienación en la pareja y la tentación de desaparecer tras nuestro compañero, de existir socialmente sólo gracias a él, y sentirnos por completo aliviados y anestesiados de la propia identidad. Para un día levantarse con la consciencia de haber ignorado construir la propia personalidad si no es como mujer o marido de, pariente de; y asistir a la pérdida de la autoestima.

Quizá por esto hay tanto sufrimiento y mal de amores y el ámbito de la vida amorosa es uno de los que abordamos con más frecuencia en psicoterapia: entre los miedos de la relación (exigir demasiado, o demasiado poco, o ambas cosas) y los ideales excesivos, no falta el sufrimiento ni el afán por superarlos.

Un Medicamante para la autoestima
Recuerdo a una paciente llamémosla Armelle- que acudía a verme intermitentemente para tratar sus complejos y su autoestima. Abandonaba la terapia cada vez que se enamoraba. En esos momentos no le necesito a usted ni a la terapia. En cuanto me siento amada dejo de plantearme preguntas sobre mí misma. Desgraciadamente, sus amores no ejercían un efecto terapéutico perdurable y las dudas volvían poco a poco. Además, extrañamente, volvían a propósito de sus amantes: Al cabo de un tiempo dejo de idealizarlos y veo sus defectos, que hasta entonces ignoraba o minimizaba. Entonces, rápidamente, mis ojos vuelven a contemplar mis propios lastres y vuelvo a dudar de mí misma y acomplejarme. En ese momento corto la relación. Y vuelvo a encontrarme como siempre, con mis inquietudes y mis perpetuas insatisfacciones.

Una de las propiedades que el amor ejerce sobre las heridas de la autoestima es que nos lleva a descentrarnos, cuando es recíproco, evidentemente: dejamos de pensar en nosotros mismos para pensar en el otro. Pasamos de pensar en nuestra persona a pensar en la pareja de enamorados que formamos. El olvido de uno mismo gracias a la obsesión por el otro.

Un día Armelle encontró al hombre de su vida. O más bien conoció a un hombre que poco a poco se convirtió en el hombre de su vida. A pesar de sus defectos Indudablemente realizó un trabajo sobre sí misma para que sus dudas y exigencias de perfección no constituyeran un obstáculo a su felicidad. O quizá tan sólo su compañero demostró ser el buen medicamante.

Christophe André

Ref: Prácticas de Autoestima, Ed. Kier, Barcelona, 2007.
Ilustración: La Indiferencia de la Mayoría, de Moisés Hergueta

El sendero del Misticismo.

El Misticismo Cristiano:

De acuerdo con el pasado, este es un sendero de desprendimiento, de vida ascética, de profunda contemplación u oración; pero ante todo y sobre todas las cosas es un sendero de amor. Tenemos que ver en qué forma estos principios fueron llevados a la práctica por los que aseguran haber tenido dichas experiencias, y podremos comprenderlos y aceptarlos.

Es muy conocido el refrán que dice muchos caminos conducen al centro, y si agrego que esos caminos son directos, sería simplemente una derivación del simbolismo, que actúa desde la circunferencia hacia el centro.

Una de las lecciones prácticas que nos dan la vida y el simbolismo consiste en que no debemos decir que sólo hay un solo camino. Esto debe ser así porque en cierto sentido es verdad. Siempre existe cierta especie de dedicación, una vida santificada, un esfuerzo de la voluntad, una actuación fervorosa, un amor transmutador. De aquí que si todo esto es el sendero como verdadera y seguramente lo es entonces podemos afirmar que el sendero es sólo uno, y que todos los que lo han hollado han adquirido verdadero conocimiento. Pero si se afirma que la vía dolorosa de la vida ascética es el sendero que todos debemos seguir, sostengo que quien lo afirma yerra; mientras que si otros sostienen, por error o entusiasmo, que él está lejos de ser el único, también yerran al condenar un método que ha hecho progresar a muchas personas a través de las épocas y las naciones.

Pasando a un aspecto diferente en el reino de las imágenes, no es correcto hablar en sentido estricto sobre el verdadero sendero, diciendo que es el de la crucifixión, aunque en ello hay un simbolismo viviente, porque el progreso del místico puede ser descrito con gran variedad de emblemas. A pesar de los testimonios gloriosos, nos atrevemos a decir que tal forma de describirlo no es la mejor, porque se presta a una mala interpretación. Es como si dijéramos que el sufrimiento fuera la esencia del progreso, cuando a veces es sólo un accidente. La verdad es que la vida es individual, y que a cada uno se le dará el sendero que merece.

En el catolicismo será uno el sendero, pero en lo particular sus variaciones pueden ser infinitas. El que es lisiado y camina, lo hace distinto de aquel que no lo es o que va a caballo, aunque los tres puedan tomar el mismo camino. Cada hombre admitirá, si está bien orientado, que el sufrimiento se resuelve en gloria, y que la voluntad a cierta altura no conoce la cruz. No obstante, si nos apegamos al simbolismo y hablamos del camino de la cruz, necesariamente llega el momento de la crucifixión y allí comienza el camino. Hay otra fase que es el descendimiento de la cruz y donde la crucifixión termina. Finalmente, si aquello que muere en nosotros al término de la vida crucificada no nos pertenece, hay que comprender que vivir indebidamente en la pasión o en la cruz, es atribuirle demasiada importancia a lo que no nos pertenece, pero que está en nosotros, como si fuera nuestro y muere al liberarnos. Por lo tanto, aplicamos mal nuestra compasión con respecto a los dolores y penas. También es verdad que no existe más cruz que la de la purificación y que la muerte es la depuración final. Algunos se dan cuenta que la cruz la crean ellos mismos, y entonces dejan de cargarla.

Respecto a su naturaleza esencial, el sentido correcto del sendero indica que este es un camino interno. Como tal, es un camino en la consciencia, aceptando la palabra sendero como un proceso que nos conduce a una experiencia. Ella es universal para todas las épocas y pueblos; no está encerrada dentro de los límites de una fe o de un grupo de elegidos. Los desarrollos difieren, pero la naturaleza esencial es la misma en todas partes, aunque no ha llevado a todos a las mismas conclusiones. El campo de la consciencia no se halla limitado en sus experiencias, sino que permanece tal cual es. Ningún hombre se sale de su consciencia en las experiencias místicas, como ninguno vuelve a ella. Es el yo adquiriendo conocimiento de Dios. Cuando la consciencia se pierde por algún accidente físico, se debe a que el cerebro ha sido dañado. La facultad de la consciencia es diferente que el vehículo a través del cual actúa para relacionarse con el mundo externo.

Consideremos en primer lugar el consejo principal que se nos da en el sendero. La preparación del alma para llegar al misticismo se efectúa a través del amor. Respecto al empleo de esta palabra no hay calificativo ni simbolismo, aunque mucho puede decirse sobre el verdadero significado en las elevadas regiones del pensamiento. El Sendero de la Sabiduría Eterna es el de las emociones. Aunque he dicho en otra parte que el verdadero amor no tiene cuerpo de deseos, sin embargo, hay deseo del mismo en el alma. Más allá del sendero existe un estado de paz, un estado de fuego viviente en rescoldo, como si fuera fuego centralizado. Una de las recompensas menores es un estado que se llama un nuevo sabor y dulzura en todas las criaturas, y la manifestación de Dios en todo. Entonces se convierte en un amor nuevo declarado en el cielo y en la tierra. Esto nos hace comprender que el proceso es de lento desarrollo, y que así como el amor en su expresión externa no procede a saltos, así también el amor divino es progresivo.

Se puede definir la meta del místico como la unión que se alcanza por medio del amor. He hablado de muchos senderos, pero todos comienzan en el amor o han de conducir a él. En las tinieblas místicas de Dionisios, es por medio del amor que nos unimos a Dios.

Otras condiciones para esa adquisición, respecto de la cual no hay privilegio posible, se hallan resumidas en la palabra santidad, siendo ésta la corona de aquella. Debemos comprender que la santidad no es cuestión de una hora, de un día, de una novena, como si estuviéramos preparándonos para una fiesta. Es una palabra que representa la vida, con lo que quiero significar que es la dedicación de toda la vida. Así como existen grados, hay también diferencias en sus cualidades. Tenemos, pues, que establecer un canon de crítica a este respecto. El sendero de realización mística se denomina universalmente sendero de contemplación pero es necesario comprenderlo en cierta forma particular.

Tenemos la tendencia, en nuestro lenguaje corriente, de emplear las palabras meditación y contemplación como si fueran sinónimos aplicados a un mismo trabajo mental. Esto es distinto en la vida espiritual. La meditación se considera siempre como un estado inicial. Razona, reflexiona y compara y, como tal, es puramente intelectual. Hipotéticamente se puede alcanzar en forma racional el conocimiento intelectual de Dios practicando la meditación, por lo tanto es comparable a la teología común. La contemplación, en cambio, es una ascensión en el sendero interno que trasciende la razón. Por lo tanto, es comparable a la teología revelada, siendo la anterior la sombra de ella. La meditación es el agua, la contemplación, el vino. El motivo santificado del amor es necesario para la primera, pero la vida de contemplación es la vida del amor mismo. Se advertirá que el sentido general aplicado a la palabra, tiene poca o ninguna analogía con el significado particular. Desgraciadamente, no hay luz en los escritos de Dionisios respecto a su intención al usarla. Lo que él describe es simple y pura contemplación, condición a la que se entrega el aspirante internamente. Pero no da detalles, salvo que es un ejercicio progresivo, mientras que por la definición se deduce que la teología mística realiza la investigación experimental en un mundo fuera del pensamiento. Esto tiene sus límites, pues no puede haber comunicación con lo que no tiene restricciones. Además, la contemplación que tiene a Dios por objetivo, produce necesariamente una imagen que es una forma mental, y lo imaginamos a nuestra semejanza. Por otra parte, hay un postulado que expresa que en estados profundos de contemplación no debe haber forma. Es posible que la práctica, dentro de los límites aceptables, pueda conducir a un punto dado, como si fuera un portal, pero más allá la experiencia es demasiado profunda para seguir adelante. Hay una suspensión de facultades en el proceso, un cierre de los caminos por los que transita la mente, de modo que la inteligencia se repliega en sí misma, tratando de actuar directamente y no como reflejo. No hay búsqueda de objetivos, porque de acuerdo con la antigua máxima: Dios se halla internamente y se revela a Sí Mismo.

El Misticismo Oriental:

Estas son ideas generales sobre la doctrina mística de Oriente, que contribuyen a presentar una diferencia bastante clara con respecto a la enseñanza de la teología occidental. Trataremos de considerar la naturaleza de las hipótesis, los anales y las experiencias de las escuelas orientales. La liberación, según los Vedas, consiste en librarse de las ataduras de la existencia y se alcanza en el sendero del conocimiento. Por existencia debemos entender el estado de separación de lo manifestado, no el hecho por el cual el alma o parte real del hombre cesa de ser o puede dejar de ser, la que al liberarse comprende que es Brahman. En un simple cambio de términos por los aplicados en el misticismo cristiano, como por ejemplo sustituir el de unión por el de identidad, quedaría invariable la condición final, tal como una transposición similar sería posible en el caso contrario. El fin es uno, lo que varía es la definición. La experiencia permanece tal cual es, y no es afectada por explicaciones o doctrinas en relación a ella. Se desprende, pues, que hay un camino oriental hacia Dios, y que con él se alcanza un fin.

La buenaventura de la salvación se logra realizando la unión con Dios, siendo el sendero la meditación continua realizada con todos los poderes del alma. En otros términos, cuando el alma se halla limpia de pecados, ella mora en Dios y Dios mora en ella. Después sigue una afirmación similar a las de Dionisios: no se percibe ninguna distinción entre ella y Dios u otros seres. Tal percepción sería imposible en un estado de meditación y dentro de un límite intelectual. Me parece que esta fecunda frase tiene la virtud salvadora de manifestar una Forma Divina de Ser e inteligentemente da lugar a otros interrogantes.

Añadiré solamente que así como Cristo es el Camino y la Vida para esa gran rama del misticismo que lleva su glorioso nombre, así también en el Oriente es a Él a quien muchos santos adeptos llaman Krishna Eterno, afirmando por experiencia que todos podemos darle cabida en nuestro corazón.

En el curso de mis investigaciones he hallado dos etapas de logros de acuerdo al testimonio oriental. Una es la adquisición directa del autoconocimiento por el espíritu o alma del hombre, previo al conocimiento de Dios. Tal distinción sería ilusoria si ella descansa en la doctrina de la identidad, porque en ese caso la experiencia del uno es la experiencia del otro. Hay una tesis ulterior que dice que al aquietamiento de los sentidos y sosiego de la mente suponiendo que es una mente razonadora sobreviene un estado o condición en el cual el espíritu se conoce a sí mismo y se sabe uno con Dios. Esto significa que la concentración sagrada tiene lugar en la Divina Presencia interna. Comienza con un acto del pensamiento y se convierte luego en un acto de la vida. Debemos recordar, sin embargo, el axioma católico de que si Dios está en nosotros, Él está en la consciencia; que lo que se llama sendero interno es una aventura de la consciencia, realizándose el misterio del Ser Divino en el aspecto autoconsciente. Aunque sujetos a la hipótesis de identidad, la misma noción está expresada en el método Oriental, siendo el autoconocimiento la realización de la unión.

Libres de dudas y con un sentido profundo del lenguaje, las raíces védicas parecen a veces ser reductibles a términos que armonizarían el Oriente con el Occidente. Hay mucho de verdad en la afirmación de que el ser contiene aquello que él concibe y la percepción de Dios aumenta en la proporción en que la idea de Dios nos absorbe hasta convertirse en una preocupación constante en nuestra vida. Lo Absoluto está en nuestra consciencia porque el Eterno existe allí. Somos capaces de concebirlo todo y tenemos el derecho de explorarlo todo para llegar a una mayor comprensión. Mientras imaginamos a Dios como algo externo y fuera de nosotros, aquellos que aún no han despertado no pueden comprender cómo realizar a Dios internamente. Además, el verdadero conocimiento de nuestro Yo es el de Dios. Si Él está dentro del Yo, esto no es identidad sino inmanencia, comprendida tan profunda y vitalmente que parece abrir un camino hacia la Trascendencia Divina, porque no hay entre ellos una línea divisora ni barreras. La Divina Trascendencia es Dios, mientras no lo hemos realizado en nosotros, la Divina Inmanencia es el único y mismo Dios en cuanto hemos despertado en Él. Se ha dicho en la enseñanza oriental que el acto de Dios transforma a su propia semejanza a la mente que lo recibe. Por lo tanto, llego a la conclusión de que ya sea en Oriente o en Occidente los comentarios de los grandes maestros respecto a las grandes realidades de la experiencia son expresadas en términos que dejan mucho librado a la comprensión individual, pero su verdadera interpretación y la armonía en la paz de la santa luz no faltarán si la comprensión está presente.

Por consiguiente, cabe preguntarse si en Oriente o en Occidente algún místico ha dado otro testimonio que el de cierta clase de experiencia, pero todos aseguran que debe haber una preparación para ese estado de abstracción de la vida externa e interna.

De acuerdo con los testimonios existentes dejando de lado puntos discutibles de la doctrina llego a la conclusión que la distinción entre Dios y el alma en el misticismo occidental tiene relación con lo que Dios ha señalado como la finalidad más elevada del ser individual; mientras que la unidad de Dios y el espíritu, de acuerdo al misticismo oriental, se refiere a la reunión final con Dios. Lo estrecha que pueda llegar a ser la unión en esta vida y en el mundo que llamamos eterno nadie puede expresarlo en palabras, aun cuando el lenguaje sagrado de la mente lógica esté unido con las intuiciones que debemos considerar como dones de Dios. Hay un mundo desconocido de experiencia más allá del mundo visible, reconocido pero no expuesto por la teología mística. Tenemos vislumbres de ello en la literatura; encontramos indicios en lo más profundo de nuestros corazones, cuando el sentido del Eterno Ahora se postula a sí mismo dentro de nosotros en un momento de quietud de los procesos mentales. Afirmar que la experiencia mística se alcanza en un estado de amor, que es el fruto del amor en una emoción experimentada en un grado superior, no hay razón para discutirlo. El amor se aquieta en el centro, dice Dionisios. Entonces se puede comparar con el plomo fundido cuando tiene una temperatura que no quema la mano.

Con respecto al Occidente, el camino es el nuestro y el de ellos, también el fin es uno. Pero siempre pensaré que la fórmula del camino según Cristo es la perfección en todo, y que este Maestro es verdaderamente nuestro. El Misticismo Oriental nos demuestra que hay más de una forma velada para realizarlo. Una cosa, no obstante, parece cierta: ni Oriente ni Occidente son de importancia para lograr realizar el sendero, si no llegamos a comprender el verdadero significado que tiene la palabra desapego, distinguiéndola de su significado convencional y ascético. El desapego es la cesación de todo aferramiento a las cosas externas, condición indispensable para alcanzar la meta, tanto según el misticismo occidental como el oriental.

A. E. Waite

Traducido y extractado por Farid Azael de
The Life of the Mystic.- A. E. Waite

Ante el Vacío Existencial

Ante el Vacío Existencial

 

Este breve volumen ofrece al lector un contenido de denso y, a la vez, resplandeciente humanismo, copiosamente documentado, con juicios críticos tan considerados que merece una lectura atenta. Los puntos de vista expuestos por el profesor Frankl en esta obra constituyen en el campo de la psicoterapia la aportación científica más importante después de Freud, Adler y Jung y, estilísticamente, son de más fácil lectura. En ciertos ambientes científicos está todavía vigente la idea de que el psicoanálisis freudiano continúa siendo la palabra definitiva en cuestiones de psicología profunda, de tal manera que se ignora la evolución de algunos discipulos de Freud y la existencia de escuelas como la de Frankl, quien, reconociendo el mérito extraordinario de Freud, se opone fundamentalmente a muchas de sus ideas. Conoce a fondo los sistemas de Freud y de Adler y pretende superarlos.

Viktor E. Frankl es catedrático de neurología y psiquiatría en la Universidad de Viena, así como profesor de Logoterapia en la Universidad Internacional de San Diego (California). Es el fundador de la Logoterapia o, como diversos autores la denominan, la tercera escuela vienesa de psicoterapia.

Grafología.

Grafología.

Es un hecho conocido por todos que la firma al pie de un documento legal estampada por el autor de un texto basta para certificar su autenticidad. Esto nos indica que unas pocas letras de un autógrafo cualquiera son suficientemente representativas no sólo del nombre, sino aún de la persona que lo escribió.

Si consideramos que el manuscrito es producido por el encadenamiento de movimientos de falanges, muñeca y antebrazo, llamado en su totalidad movimiento escritural, es evidente que este movimiento debe participar también de las características personales atribuidas a la escritura. En consecuencia, la escritura es el resultado concreto y permanente del movimiento gráfico personal.

En la vida cotidiana podemos reconocer a una persona por su escritura, ya que la impresión causada por ésta puede compararse a la de su rostro. Bastará una mirada a un sobre para reconocer al remitente.

Aunque a través del tiempo han aparecido diferentes modelos de caligrafía en relación a las épocas y a la cultura, podemos estar seguros de que siempre tendremos acceso al conocimiento de la personalidad del que escribe por las características personales que deja en cada línea de sus escritos.

Es cierto que la escritura cambia en el curso de largos períodos de tiempo. Nadie escribe igual a los cincuenta que a los veinte años, y a veces es posible que haya un cambio en pocos años. Al investigar estos cambios encontraremos que hay una alta frecuencia que corresponde a ciertas modificaciones de la constitución del carácter que se producen paulatinamente durante toda nuestra existencia, pero que a veces se producen abruptamente en ciertos momentos críticos de la vida interior.

La comunicación escrita u oral es una acción definida por seis aspectos. Escribir es una de las acciones humanas que muestra la propia interioridad. Hay una relación entre las acciones – incluída la de escribir –
y el desarrollo personal. Podríamos decir entonces que escribir es expresión del desarrollo de cada cual.

Aspecto psicológico:

Cada acción es expresión de la idea que puede ser llevada a cabo en forma de comunicación verbal o escrita. Cada acción personal representa la respuesta a la vivencia o experiencia de una situación provocada por motivaciones interiores o exteriores.

En la escritura los ajustes iniciales sencillos o complicados nos permiten entender el comportamiento en
la comunicación. Variados aspectos de este comportamiento humano pueden apreciarse en las características de la escritura:

l.- La rapidez de ella indica rapidez de actuar y comunicarse.
2.- La presión efectuada al escribir es reflejo de la energía que la persona pone en la comunicación.
3.- La constancia para la efectividad, pero también la coordinación mental, será visible en la escritura ligada, separada o yuxtapuesta.
4.- La forma en la que la persona quiere experimentar su comunicación quedará impresa en las uniones entre rasgos y letras.
5.- La forma de expresión firme se indica en escritura angulosa.
6.- La escritura en guirnalda nos indica una persona conciliadora, así como la reserva en las relaciones con los otros corresponde a uniones en arcos.
7.- La escritura filiforme o de dobles arcos indica facilidad para adaptarse a las situaciones.
8.- Escrituras blandas con excesivos movimientos descubren a personas cuya conducta es de escasa energía, con deficiencia en el freno adecuado y muy habladoras.

Otras escrituras demostrarán firmeza, la que se indica en un grado de mayor rigidez; cuando ésta es extrema, las formas son muy duras, hasta quebradizas. La comunicación con estas personas será obstaculizada por el comportamiento exuberante pero al mismo tiempo desconfiado. La causa será el exceso de cargas restrictivas interiores.

Es claro que los sentimientos de los estados de ánimo duraderos y actuales acompañan a la persona en cada etapa de la vivencia. Si la persona dispone de una vitalidad firme, podría vencer las cargas anímicas de cada situación. Así tendrá la posibilidad de conseguir el desahogo necesario y obtener el equilibrio interior afectivo. Este logro se verá reflejado en el ritmo de la escritura y en la integridad de los rasgos y rayas. Sin embargo, si la depresión se apodera de la persona ésta se verá dominada por el juego de los sentimientos, lo que se manifestará en las oscilaciones continuas de la escritura.

Los sentimientos cognoscitivos transmitirán a la persona la importancia de la situación y la obligarán a decidirse por un enfoque preciso. La firmeza de dicho enfoque se advertirá en la regularidad de la escritura; la irregularidad por el contrario, indicará las fluctuaciones emocionales. La constancia formal en la escritura indicará de algún modo las formas definidas del enfoque elegido y la persistencia de las ideas mismas.

En la escritura, los indicios de exaltación se verán en la altura de la letra, y los de extensión, en el ancho. También existen ciertas características en el contacto, como la tendencia a buscar al otro o a rechazarlo,
lo que se observará en los rasgos centrífugos o centrípetos, inclinación hacia la derecha o hacia la izquierda, respectivamente.

La vivencia transmite a la persona una valoración de la situación y la obligación de efectuar la decisión escogida. Para cumplir con estas exigencias, la persona hará uso de sus posibilidades para la organización y de su aprovechamiento de los medios con los que cuenta. En muchos casos las personas desean impresionar a quienes les rodean con formas que no corresponden a su ser real. Se hablará entonces de lo “llamativo”, que en la escritura se revelará por la espaciosidad, que es la distancia entre las líneas, como asimismo por la distancia interior que separa las letras. También se manifiesta en las relaciones espaciales de la altura de las letras en sus tres zonas: superior, media e inferior.

El último sentimiento de la vivencia se refiere a la persona misma; según su desarrollo y su madurez se formará una imagen de sí misma, justificada o falsa. La consciencia personal de sí mismo incluirá el equilibrio interior, el sentimiento del deber, la consciencia del esfuerzo propio, la responsabilidad y sinceridad en la comunicación y en la vida en general. En la escritura se indicará esta madurez y formalidad en el equilibrio del conjunto, en las formas insignificantes pero esenciales, en la monovalía de cada letra,
en el paralelismo mantenido y en el ritmo básico.

Una observación especial y muy importante necesitarán las rúbricas y firmas. Podemos concluir entonces que las conductas de las personas en sus comunicaciones nos permiten realmente estudiar la personalidad. La escritura es muy práctica para este objetivo ya que escribir es una acción compleja, de ejecución gradualmente automatizada, según sea el nivel que haya alcanzado la persona en su educación y su quehacer.

Las tres características básicas de la escritura son: movimiento, repartición y formación. En el estado de madurez estos tres elementos constituyen una estructura gráfica, es decir, existe una unión gestáltica de los tres elementos.

Indicaciones básicas para el análisis:

El análisis se basa en tres elementos básicos: ver, interpretar y valorar. Como regla fundamental hay que recordar que “todo es importante. Lo llamativo, muy importante; lo insignificante, esencial.”

En el análisis gráfico, lo llamativo corresponde a aquellos signos que por su formación acaparan la atención del observador. Generalmente se trata de mayúsculas u otras letras con rasgos o adornos excesivos o de tamaño desproporcionado con respecto a las demás. A menudo corresponden a formas imitadas, apropiadas, las que, por su tendencia demostrativa, son menos reveladoras que otros elementos aparentemente nimios pero muy significativos que se producen en forma automatizada o mecanizada.

Dichos elementos son los signos sobrepuestos o acentos, los puntos de las íes, la barra de la te, las uniones en el centro de las palabras, las fluctuaciones en el paralelismo y especialmente las irregularidades. Sin embargo, es necesario indicar que lo llamativo puede corresponder a lo afectivo de la persona, al deseo de producir ciertas impresiones sobre sí mismo en los demás.

Indicaciones para aprender a ver:

Se empieza por examinar lo escrito sin leerlo, sin pensar en su contenido, como un maestro de caligrafía. Algunos autores recomiendan examinarlo al revés para apreciar mejor si el escrito es ordenado y claro o descuidado.

Se observará la alineación (dirección de las líneas), los espacios verticales (distancia entre las líneas) y los espacios horizontales (distancia entre las palabras y letras). Es fundamental examinar las palabras y las letras, imitando con un lápiz la formación de las mismas para reconocer así los impulsos o inhibiciones del movimiento expresivo.

Para reconocer el ángulo de la inclinación, conviene prolongar con un lápiz los gruesos o rayas descendentes, y los perfiles o rayas ascendentes. Para observar la raya o rasgo en sí mismo, se emplea un lente de aumento de hasta seis veces. Las formas redondas y curvas se producen sin interrupción del movimiento, a diferencia de los ángulos y puntos, que significan interrupción. Debe tomarse en cuenta que las formas angulosas retardan la rapidez del movimiento.

Ahora nos referiremos a algunos aspectos de la valoración cualitativa, con el objetivo de precisar un poco más la relación entre esta acción llamada escritura y aspectos de la psicología del autor de ella.

El grado de expresión indica de alguna forma el rango de disciplina. La escritura de apariencia natural corresponde a personas de cierta modestia o autodisciplina. La estilizada o excesivamente adornada manifiesta tendencias artísticas o exhibicionistas.

El grado de legibilidad demuestra tendencia a la consideración personal para con los otros. La ilegibilidad indica impulsos excesivos y adaptación deficiente.

A menudo se observa el predominio de algún movimiento básico. Si predomina el movimiento expresivo, encontraremos una tendencia a la actuación. El movimiento de repartición muestra una tendencia hacia la organización y cierto contacto. Si predomina la formación, nos encontramos frente a alguien que se inclina
a actuar según normas definidas y personales.

Una escritura con equilibrio de masas, coherencia y cohesión corresponde a una persona con equilibrio interior. En el caso contrario, hay una deficiente compensación y, por tanto, inestabilidad psicológica.

La regularidad en la escritura corresponde a la expresión de la volición disciplinada. La rigidez escritural manifiesta las actitudes dogmáticas e intransigentes. La irregularidad es muestra de tensiones interiores muy acentuadas y deficiencia en el equilibrio anímico.

La monovalía y forma exclusiva de cada letra es expresión de la actitud personal correcta y de la responsabilidad afectiva. La deficiencia de la monovalía en general nos muestra ambivalencia, tendencia a engañar y rechazo de la responsabilidad personal.

Patricia Zárraga

Más Información:
Brünner, Walter.- La Psicología de la Comunicación de la Escritura.- Editorial Universitaria.
Gullan-Whur, M.- Manual Práctico de Grafología.- Edaf.
Klages, Ludwig.- Escritura y Carácter.- Paidós.