El Yoga de la Energía

El Yoga de la Energía

Los antiguos textos que tratan el tema del Yoga de la Energía, o Kundalini, están plagados de pasajes crípticos con detalles fantásticos y alusiones ritualistas a innumerables deidades, ejercicios mentales y físicos extremadamente difíciles y a menudo peligrosos, conjuros y fórmulas conocidas técnicamente como mantras, posturas corporales llamadas asanas, e instrucciones detalladas para el control y regulación de
la respiración, llamada pranayama. Todo esto expresado en un lenguaje difícil de entender, con gran cantidad de expresiones místicas, las que en lugar de atraer es posible que repelan al alumno moderno. Hablando sinceramente, no hay ningún material ilustrativo posible, ni comentarios antiguos ni modernos, que expresen lúcidamente cuál es la realidad objetiva de los métodos recomendados y cuáles son los cambios mentales y orgánicos que uno puede esperar al final.

El resultado es que, en lugar de volverse instructiva y pragmática , esta ciencia estrictamente empírica está cayendo en el abuso y en el desprestigio. Algunas de las prácticas, que forman parte de un conjunto integrado y sirven como medios para conseguir un propósito definido como los asanas y ejercicios de respiración ahora se consideran en sí mismas resultados ulteriores y apetecidos, haciendo abandono del objetivo fundamental para el que fueron concebidas. Este objetivo es desarrollar un tipo de consciencia que cruza los límites que confinan la mente, llevando la consciencia desde su ámbito concreto de la vida cotidiana a regiones suprasensibles. Influenciados por las exigencias condicionantes de la civilización moderna y desalentados por la actitud generalmente incrédula que predomina en nuestra sociedad hacia la posible evolución de la consciencia en el hombre, los aspirantes actuales a menudo se contentan con algunas pocas posturas y ejercicios de respiración, convencidos de que están practicando un Yoga que los lleva a un desarrollo espiritual.

La descripción de los Chakras o Lotos, de los signos y experiencias sobrenaturales que acompañan al éxito en la práctica, de los milagrosos poderes alcanzables con ella, del origen del sistema y de los diversos métodos, son tan exageradas que nos parece que la idea expresada en la literatura antigua sobre el tema resulta increíble e, incluso, absurda. Es muy difícil para el investigador moderno discernir a través de ese material un conocimiento clarificado, separando la tradición sobrenatural y mitológica que lo acompaña. Si se considera desde el punto de vista de los relatos fantásticos encontrados no sólo en los textos antiguos originales sino también en libros modernos, la energía Kundalini no puede ser más que un mito, una quimera nacida del deseo innato del hombre de escapar a los rigores impuestos por un mundo de causa y efecto rígidamente estructurado, una piedra filosofal inventada para satisfacer ese anhelo, proporcionando una forma viable para la adquisición de la riqueza, de la juventud o de la inmortalidad.

En la India, ningún otro tema está tan sumergido en tanta cantidad de literatura como lo está el Yoga dirigido a lo sobrenatural. En ningún libro sobre el tema se proyecta una luz penetrante sobre la energía Kundalini, ni ningún experto ha proporcionado más información que la que se manifiesta en las obras de la antigüedad. El resultado es que, salvo algunos maestros casi inaccesibles , tan escasos como los alquimistas de antaño, no hay nadie en toda la India, la cuna de esta ciencia, a quien uno pueda dirigirse para lograr un conocimiento autorizado del tema.

El sistema de complicados ejercicios mentales y físicos relacionados directamente con la energía Kundalini se conoce técnicamente como Hatha Yoga, apartado de otras formas de Yoga conocidas en la India desde tiempos remotos. Hatha en sánscrito es una palabra compuesta de dos sílabas Ha – tha , las que significan sol y luna respectivamente. Indica, por lo tanto, que este Yoga es el resultado de la confluencia de estos dos cuerpos celestes. Como explicación simple, las denominaciones de sol y luna que se utilizan aquí designan las dos corrientes nerviosas que corren a lo largo de la médula espinal a su izquierda y derecha. Ellas son llamadas Nadis, o nervios. El de la izquierda recibe el nombre de Ida y se dice que es frío y que se parece al brillo pálido de la luna; el segundo se llama Pingala, es caliente y se compara con el resplandor del sol. El sistema está basado en la suposición de que todo organismo viviente recibe su existencia gracias a la mediación de una sustancia inmaterial extremadamente sutil, la que se extiende por todo el universo, y que se denomina prana. Ella es la causa de todo fenómeno orgánico al que controla por medio del sistema nervioso, manifestándose como energía vital.

Esta energía adopta varios aspectos para desempeñar distintas funciones en el cuerpo y circula por el organismo en esas dos corrientes descritas: una que se percibe como caliente y otra como fría, lo que es claramente detectable para los yoguis como sensaciones caloríficas o refrescantes. Ellas existen a un lado y otro del sistema, en cada tejido y en cada célula, fluyendo ambas a través de los nervios superiores. Las pequeñas ramificaciones de las dos corrientes durante su paso por el organismos nunca se sienten en el estado normal de consciencia de vigilia, puesto que los nervios están acostumbrados a su flujo desde el comienzo de la vida.

Debido a su naturaleza sumamente sutil, la energía vital ha sido comparada con el aliento por las antiguas autoridades del Yoga. Ellos sostienen que el aire que respiramos está impregnado de Prana y que las corriente Ida y Pingala fluyen alternativamente a través de ambas fosas nasales, junto con el aire, en el momento de la inhalación. Como bien sabemos, el aire que respiramos está compuesto principalmente por dos gases, oxígeno y nitrógeno. El oxígeno es el agente principal de la combustión, quemando las impurezas de la sangre en su movimiento a través de los pulmones, mientras que el nitrógeno ejerce un efecto moderador sobre su calor. Considerando que los escritores antiguos se referían a veces a Prana con el mismo término que usaban para aire Vayu existe la posibilidad que se haya producido la idea equivocada de que Prana y aire son idénticos. Esto no es así. La vida en la tierra, tal como se presenta, no es posible sin oxígeno y este elemento es un ingrediente tanto del aire como del agua, los dos componentes esenciales de la vida en nuestro planeta; lo que fundamenta el hecho de que en la tierra la energía vital cósmica usa al oxígeno como vehículo principal para su actividad. Es posible que la bioquímica en el futuro se vea obligada a aceptar el papel del oxígeno en todo fenómeno orgánico como el representante de Prana.

Nuestro planeta tiene su propia provisión de Prana, el que impregna a cada átomo y a cada molécula de todo los elementos que constituyen su núcleo ígneo esas ardientes regiones fundidas en llamas debajo de su corteza y el duro estrato superficial con sus océanos y montañas, más la atmósfera con sus diversas divisiones hasta la franja más extrema. El Sol, una vasta fuente de energía vital, irradia constantemente un enorme suministro de esa energía pránica sobre todo su sistema, como parte de su expansión. Esto hace que las creencias sobre el influjo negativo de los eclipses solares puedan tener una explicación lógica, ya que en tales eventos se ven parcialmente detenidas las irradiaciones pránicas durante el tiempo que dura
la interferencia de la Luna. Los cambios en el volumen del vapor y del polvo en la atmósfera que provocan alteraciones en ciertos temperamentos muy sensibles puede ser que también afecten el flujo de las corrientes pránicas.

Nuestro satélite es otro gran centro de suministro de Prana recibido del Sol sobre la Tierra. Los planetas y estrellas, próximos o lejanos, son todos ellos reservas inagotables de Prana, vitalizando la Tierra con corrientes de energía transmitidas por su luz. Estas emanaciones pránicas de los distintos cuerpos celestes no son idénticas, cada cual tiene su característica propia. Esto se puede comprobar con el análisis que se ha hecho de su espectro luminoso, el que muestra variaciones peculiares de cada uno de ellos. Resulta imposible para la mente humana imaginar siquiera en forma vaga las interacciones de innumerables corrientes de luz emitidas por billones y billones de estrellas, influencias que se cruzan y vuelven a cruzarse en incontables puntos, llenando la enormidad del espacio en toda su extensión. De la misma manera, es totalmente imposible describir o imaginar el mundo inmenso de Prana o energía vital tal como lo han descrito los videntes extendiéndose por todo ese espacio cósmico hasta su último límite si es que lo hay dando origen a toda calidad de vida, tal como surge la espuma sobre las olas de las corrientes oceánicas en perenne movimiento.

Para explicar la manifestación de la vida en la Tierra, la única alternativa es aceptar la existencia de un medio vital inteligente que utilizando los elementos del mundo material construye las estructuras orgánicas con tal increíble destreza, en tal profusión y con tantas formas diversas, que refutan cualquier idea de generación espontánea o azar, al mostrar una inteligencia y una seguridad de propósito extraordinaria. El ingenio y la destreza humanos buscan con empeño poder alcanzar logros parecidos, los que aún están muy distantes.

La estructura completa del Yoga se basa en la validez de Prana como materia suprafísica cognoscible, lo que es el campo actual de investigación de la física cuántica. Durante miles de años, generaciones completas de yoguis han ido verificando las afirmaciones de sus antecesores. La realidad de Prana como el agente principal que conduce al estado supraconciente denominado Samadhi nunca ha sido puesto en duda por ninguna escuela de Yoga. Quienes creen en el Yoga, deben primero creer en la existencia de Prana. Considerando que para llegar a ser un Rishi sabio a través del Yoga, no sólo se deben tener dotes mentales y físicas por sobre el promedio, sino además atributos como la honradez y la rectitud, mostraría una mente obstinada quien pusiera en duda los testimonios de numerosos videntes célebres que han atestiguado, por su propia experiencia, los estados supraconscientes conseguidos a través de Prana, tal como ellos lo aprendieron de sus instructores.

Según las creencias religiosas de la India, las que se remontan a tiempos prehistóricos, se ha considerado la existencia de Prana como un medio para la actividad del pensamiento y la transmisión de sensaciones e impulsos en los organismos vivos. Se la reconoce como una substancia cósmica imperceptible a los sentidos ordinarios, que está presente en toda formación de la materia y que puede ser verificable por la práctica del Yoga, cuando lo realiza de la manera correcta el tipo de hombre adecuado. Según estas creencias, Prana no es la materia, ni es la mente, ni la inteligencia, ni la consciencia, sino una parte inseparable de la energía cósmica o Shakti que reside en todas ellas y que es la fuerza conductora que hay detrás de todo fenómeno cósmico, mostrándose como la fuerza de la materia en todo organismo vivo.

En resumen, es el medio a través del cual la inteligencia cósmica conduce la inmensa actividad inimaginable del cosmos. Crea, mantiene y destruye las gigantescas formaciones globulares que arden continuamente en el espacio, tanto como a los ínfimos microbios benignos y malignos que pululan en la tierra. Dicho de otra manera, Shakti, cuando actúa sobre la materia inorgánica, es fuerza, cuando actúa sobre la materia orgánica, es vida. El nombre genérico Shakti se aplica a toda forma de energía cósmica, animada o inanimada, como aspecto creador activo de la Realidad. En cambio, Prana es aplicado a aquel tipo de energía que actúa en el campo orgánico, como impulso nervioso y vitalizador.

La ciencia actual está llegando irremediablemente a la conclusión de que la energía es la substancia fundamental del mundo físico. La duda sobre la existencia de la vida, como una esencia vital inmortal aparte de los vehículos corporales, es tan antigua como la civilización. Es provocada principalmente por la naturaleza inexorable de las leyes físicas que actúan sobre el cuerpo, por la inevitabilidad del debilitamiento de la vejez y la muerte, por la naturaleza evasiva del principio vital, y por la imposibilidad de percibirlo
con los sentidos ordinarios fuera del campo orgánico. Sobre todo, se debe a la completa ausencia de alguna prueba demostrable e incontrovertible de supervivencia después de la muerte corporal. Según los yoguis, sin embargo, la existencia de la energía vital como entidad inmortal se hace subjetivamente manifiesta en el estado supraconsciente de Samadhi. Su fluir a través de los nervios se experimenta incluso antes de llegar al Samadhi, al conseguirse ciertos niveles de estados de consciencia en la meditación. Cuando ello ocurre, el Prana se concentra en el cerebro al punto que los órganos vitales lentifican su funcionamiento, el pulso y la respiración se vuelven casi imperceptibles, y el cuerpo entero parece frío y sin vida. Gracias a este flujo incrementado de energía vital, el cerebro intensifica su vitalidad; la consciencia habitual se eleva por encima de las sensaciones corporales y su facultad de percepción se incrementa en grado sumo, haciendo percibir al sujeto las existencias suprafísicas. En este estado, lo primero que se detecta es Prana, experimentada como una sustancia brillante e inmaterial, sintiéndola como una rápida vibración tanto dentro como fuera del cuerpo, extendiéndose sin límites en todas direcciones.

Camino hacia la Yoga

Camino hacia la Yoga

La Gimnasia Psicofísica.

En torno al Centenario de los juegos Olímpicos realizados en Atlanta, la humanidad nuevamente plasma su máxima expresión en el deporte -su práctica y su férrea disciplina por alcanzar las mejores metas- y en la cultura física en general.

Ello no requiere mayores prolegómenos para su presentación. Sin embargo, como señalaba el Sat-Gurú Serge Raynaud de la Ferrière (*), a veces un punto queda por abordar, la razón por la cual el interesado se aplica a tales disciplinas. En todas partes los jóvenes que practican los ejercicios con espíritu deportivo, con el objeto de preparar el organismo a su desarrollo normal, hasta los adultos que están obligados a sujetarse a una disciplina de cultura física para compensar su falta de ejercicio, todo ese tropel de personas que practican la cultura física, jamás la asocian a lo espiritual.

El Dr. Serge Raynaud de la Ferrière concibió la Gimnasia Psicofísica en 1948, y la presentó públicamente en los diversos continentes que recorría, uniendo en la vanguardia las más remotas tradiciones y propiciando así el desarrollo integral del ser humano. Sobre la Yoga se ha escrito una gran cantidad de libros, tanto por orientales como por occidentales, lo mismo que ha sido más o menos traducida una buena cantidad de obras y artículos de los yoghis de renombre. He pensado que podría ser interesante ofrecer un texto sobre la Yoga, vista por un occidental que la ha estudiado y practicado.

Él no ha pretendido crear un método radicalmente nuevo, pues los ejercicios de Gimnasia Psicofísica son, en su mayoría simples y de uso corriente en otros métodos. Es principalmente el enfoque dado a la Gimnasia que lo distingue de los demás, destacándose por el hecho de dirigirse hacia la salud integral del individuo que la practica, a través del desarrollo del equilibrio físico y psíquico.

La Gimnasia Psicofísica está basada, en su mayor parte, en las flexibilizaciones y automasajes de la Hatha Yoga. Todos los movimientos rítmicos que en ella se realizan son expresiones dinámicas de posiciones estáticas del cuerpo, llamadas asanas en la Hatha Yoga. La coordinación entre el movimiento corporal y la respiración exige una concentración de la atención que permite una vivencia del equilibro psicofísico y del autodominio.

Existen actos físicos que repercuten sobre el psiquismo y viceversa, porque el hombre es un ser inseparablemente psicosomático. A través de la Gimnasia Psicofísica, con un énfasis dado a la respiración, con un trabajo usando la elasticidad muscular inherente a la alternancia de tensión y relajación, propia de los ejercicios, el cuerpo entero se purifica y fortalece, reflejándose tal proceso sobre la voluntad y la mente: de ahí la razón de su nombre. Ella prepara para la Hatha Yoga porque es también un precioso auxiliar en la espiritualización del individuo.

La Gimnasia Psicofísica se compone de tres series de ejercicios, 44 en total. Dos series se realizan de pie y una en posición acostada, Debe ser practicada diariamente, de preferencia en la mañana, al salir el sol.

Su práctica produce un bienestar que se extiende durante todo el día, porque genera efectos a nivel físico y psíquico.

A nivel físico:

– Mejora la condición de los músculos, aumenta su elasticidad, resistencia y tonicidad.
– Aumenta la capacidad pulmonar.
– Beneficia las funciones digestivas y de asimilación.
– Intensifica la circulación sanguínea.
– Propicia un equilibrio glandular.
– Da flexibilidad a la columna vertebral.

A nivel psíquico:

– Permite el desarrollo de las facultades mentales, como la atención, la concentración y el equilibrio emocional.

La Gimnasia Psicofísica puede ser practicada por toda persona, sea o no deportista, desde el niño hasta el anciano, por la mujer de toda edad, por el intelectual, el empleado, el obrero de recios oficios, y el hombre de aspiraciones espirituales. Viene a ser así uno de los métodos básicos para la salud y el mejoramiento permanente emocional y mental. Su práctica durante veinte o treinta minutos, al aire libre, sobre todo después de una ducha fría, constituye una inmejorable disciplina, pues su efecto endocrino y respiratorio se extiende también sin peligro a todo el organismo y a la mente, así como a los resortes de la conducta. Sin embargo, en ningún momento se prohibe hacerla por un mayor tiempo, aun cuando al comienzo de las prácticas debe repetirse siempre en menor cantidad cada movimiento, sin forzar músculos ni tendones, actuando siempre prudentemente.

Su práctica debe hacerse con actitud feliz, como lo ejemplifica el Sublime Maestre, para impregnarse de paz y serenidad combinada con la armonía física y espiritual. En los Ashrams (colonias de perfeccionamiento) y en los Centros de Estudio de la Gran Fraternidad Universal, constituye dicha gimnasia una disciplina básica, practicada indistintamente por los yoghis más avanzados o por personas que no habían practicado nunca en su vida la menor cultura física. También los alumnos universitarios la practican para mejorar su coeficiente mental, y numerosas dueñas de casa asisten a los Institutos de Yoga y Cultura Psicofísica de la G. F. U. con el principal propósito de mejorar su salud y su aspecto estético.

Los beneficios obtenidos, tanto en lo físico, emocional y mental, como en lo espiritual, se hacen sentir en muy poco tiempo. Como dice el Sublime Maestre en sus obras Los Grandes mensajes, y Yug, Yoga, Yoghismo: … No se trata solamente de un entrenamiento con miras a suavizar los músculos, aunque este objetivo es muy loable y muy bueno en sí, ya que nuestro cuerpo es el vehículo de nuestro espíritu, nuestro instrumento de trabajo, y la primera condición de una salud interior es mantenerlo sano y vigoroso. Durante los treinta minutos que dura esta cultura física, el espíritu no queda en el letargo y es el momento para cada cual de impregnarse de paz y serenidad para el día que se inicia, al contacto de estas fuerzas cósmicas representadas por el primer rayo del sol naciente. Se da uno cuenta fácilmente del papel cósmico del hombre, de la necesidad que tiene para su propio bien de identificarse, lo más posible, con la Creación, muy personalmente, desde lo más profundo de sí. He aquí el equilibrio de cada cual, encontrada su “densidad” necesaria para el cumplimiento de la tarea diaria.

Después de un mes con esta disciplina, el aprendiz de yoghi puede pasar a la práctica de otros ejercicios que llevan a la perfección. Continuando esta cultura física, el estudiante se sentirá un poco desilusionado de la vida materialista y será capaz de formarse una idea de la práctica Yoga.

La Gimnasia Psicofisica expuesta por el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière es un legado de la Gran Fraternidad Universal a toda la humanidad. Llegará el día en que todos tendrán más salud, fuerza y belleza gracias a la disciplina Psicofísica como práctica cotidiana. Será una bendición matutina de energía y vida, pues en un cuerpo purificado deberá florecer una mayor conciencia espiritual.

NOTA

* El Sublime Maestre Dr. Serge Raynaud de la Ferrière, fundador de la Gran Fratemidad Universal, graduado en varias disciplinas científicas, ha sintetizado en sus obras la sabiduría oriental y occidental. En uno de sus tantos libros, Yug, Yoga, Yoghismo, adapta al occidente la sabiduría milenaria del Yoghismo, con plena autoridad de Sat-Gurú.

 

Carmen Pizarro S. y Federico Kutz S.

 

A Través de las Crisis, Nuevos Comienzos.

A Través de las Crisis, Nuevos Comienzos.

Uno de los aspectos de la relación entre un verdadero gurú y su discípulo menos comprendido y explicitado es el hecho de que, a través de esta relación, el discípulo es conducido a enfrentarse a una profunda crisis. Su futuro entero depende de cómo afronta la crisis, de la calidad de la actitud emocional, de la profundidad de la comprensión y del carácter de la voluntad que él aporta.

Una crisis es casi inevitable porque cuando el discípulo encuentra a su guía espiritual, trae a este encuentro no solamente un deseo ardiente de crecimiento interior – o quizá sólo una devoción intensa y fascinada por el gurú – sino también el residuo kármico de su pasado, y no solamente del pasado de su vida actual. En su aspiración a una vida y a una consciencia más espirituales, el discípulo ha olvidado este pasado. De hecho, probablemente jamás se ha dado cuenta del peso de este pasado kármico e, inconscientemente, desea vivamente no enfrentarlo en ese momento en el que todo a lo que él aspira es luz y divinidad. El ego de todo individuo o bien no ha tomado consciencia de este pasado antiguo, o bien encuentra de forma semi-inconsciente los medios para tergiversarlo y evitar la dura confrontación con sus antiguos pecados de comisión y, lo que es más, de omisión. Es como un hombre de ley que trata de darle la vuelta a la ley, pero que se sentiría estupefacto si se le dijera que lo hace deliberadamente.

Con mayor fuerza aún de lo que puede efectivamente hacer, decir o sugerir, la presencia del gurú focaliza sobre el discípulo la cosecha kármica del pasado de este último. De manera impersonal, y quizá con una profunda tristeza y compasión, el gurú provoca situaciones que fuerzan al discípulo, probablemente a la espera ávida de revelación y de iluminación, a encarar decididamente las tinieblas de un pasado de indolencia, de egoísmo o de fracaso espiritual, quizá olvidado desde hace tiempo. El discípulo llega a verse cara a cara con lo que, en los casos más extremos, ha sido descrito bajo la forma del Monstruoso Guardián del Umbral (en la conocida novela de Bulwer Lytton: Zanoni). En todos los casos se enfrenta a una crisis; y la palabra crisis viene de una raíz griega que significa decidir. Uno puede llegar hasta el origen de esta raíz más universal Kri que encontramos en el nombre del Gran Avatar de la tradición india, Krishna, y en el de nuestra manifestación divina occidental, Cristo. En Java se llama kris a una corta espada o daga de forma particular.

El Cristo ha traído a los hombres no la paz, como él mismo ha dicho, sino la espada de la separación. En su origen, Krishna fue conocido en la India como un gran hombre de estado que, por su diplomacia consumada, condujo cara a cara y con fuerzas iguales a los dos grandes clanes de la casta de los Guerreros que habían reducido al país a un constante campo de batalla. En la llanura del Kurukshetra, los dos clanes se enfrentaron y se aniquilaron recíprocamente. Fue el fin del poder de la casta de los Guerreros y el alba de la Gran Era de la Filosofía dominada por el poder de la casta de los Brahmanes.

Y haya sido esto un mito o un hecho, debería hacernos caer en la cuenta de que, cualquiera que sea su forma y cualesquiera que sean las circunstancias, el gurú divino aporta en un momento dado al pueblo donde ha nacido una crisis espantosa que fuerza a los hombres a decidir.  En el Bhagavad Gita, en las vísperas de la gran batalla de Kurukshetra, Krishna se enfrenta con su discípulo Arjuna quien, viendo a sus amigos y a sus parientes en los dos campos,  se prepara a escapar del problema y a rechazar el combate. Krishna lo enfrenta con su dharma de  guerrero;   Arjuna toma su gran decisión y la batalla es ganada. Pero quién ha ganado? No el ejército victorioso, tampoco el ego victorioso de Arjuna el guerrero. Sólo el espíritu gana, en el alma y en la consciencia de Arjuna y en  una  India relativamente  liberada, por un tiempo  al  menos,  de los conflictos y pasiones de la casta de los Guerreros.

El Espíritu divino Cristos – también ganó por el coraje y el sufrimiento de Jesús, el Hijo del Hombre. Pero esta victoria no existía más que en el dominio de los Arquetipos; la Gran Guerra se desató después, en la consciencia planetaria de la humanidad y en lo más profundo del corazón de todos los hombres que juran en el nombre de Cristo, pero que permanecen dormidos y traicionan al Espíritu de Cristo, del mismo modo que el apóstol Pedro y la Iglesia fundada en su nombre simbólico han traicionado al Maestro que pretendían adorar. La Gran Guerra espera aún su Kurukshetra. La decisión radical aún no ha sido tomada, excepto por algunos individuos por aquí y por allá.

Es verdad que algunas pequeñas decisiones válidas son tomadas por individuos y grupos en un momento o en otro; pero, mientras el problema no sea verdaderamente central, la decisión no será suficientemente radical; no alcanza a la raíz misma del individuo y no exige aún la crucifixión irreversible del individuo como ego y señor de todo lo que cae bajo el imperio de su poder autocrático. El individuo fuerte cuyo espíritu es abierto y sabio puede no tener necesidad de un gurú para forzarlo a enfrentarse con su karma. Al que es fuerte, la vida misma le responde mediante circunstancias constrictivas e ineluctables. El discípulo que se fía de su centro interior y de su divinidad potencial puede precipitar él mismo las confrontaciones engendradas por una crisis tras otra. Pero siempre hay peligro: bajo la presión y la tensión, el discípulo puede tomar una decisión por puro agotamiento interior, puede deslizarse en la enfermedad o en una muerte prematura. Pero quizás no haya malas decisiones si son sinceras y abiertas a lo que pueda suceder y si los resultados son colocados sobre el altar interior de su propia dedicación a lo divino, para que Dios las acepte o las rechace.

El gurú, sin embargo, está siempre presente detrás de la escena, incluso si no se percibe su presencia ni se oye su voz en los abismos terroríficos de la profunda noche del Alma de la que han hablado numerosos místicos. El discípulo no dispone más que de un arma: la espada de su voluntad pura. Sólo él puede manipular esta espada, no para cortar ningún nudo gordiano mítico como lo hizo el joven Alejandro el Conquistador, sino para cortar la cuerda que ha tejido su propio ego para amarrar el bajel de su consciencia a un muelle seguro y confortable. Si el bajel es soltado a las corrientes y tempestades del inmenso mar del dominio astral que no puede ser alcanzado más que a través y más allá de la materialidad sólida de nuestro mundo cotidiano, la vida del individuo auto consagrado experimenta crisis radicales.

Las crisis son umbrales que hay que atravesar; lo que cuenta es la cualidad del movimiento a través, es decir, del movimiento que conduce al otro lado. Que podamos tropezar, caer o ser duramente magullados o cometer trágicos errores y herir a los demás, es inevitable en la mayor parte de los casos. La principal diferencia entre la victoria y la derrota, al menos temporal, reside en nuestra cualidad de ser. Esta cualidad de ser es más profunda que la simple motivación consciente ya que no se ha dicho acaso: El infierno está pavimentado de buenas intenciones? Por cualidad de ser yo entiendo lo que no podemos impedirnos hacer, sentir o pensar porque somos eso. La victoria llega a fin de cuentas porque todo en nosotros y más allá de nosotros el equilibrio total de poder en el campo de actualización del Alma, en el que participa nuestro sí mismo personal – todo se focaliza en el hecho de decir un sí o un no esencial.

El precio de las victorias espirituales es casi inevitablemente el sufrimiento; pero, ahí también, todo depende de la calidad del sufrimiento o, se podría decir, de aquello a lo que está vinculado el sufrimiento. Puede estar vinculado a una voluntad de victoria sobre la dominación del ego o a una decisión obstinada, tomada por el ego, de guardar el control sobre todo lo que desafía su poder, o a un sentimiento de fracaso o de impotencia que puede, en algunos casos, convertirse en voluntad semi-consciente de auto aniquilamiento.

Hay que establecer una diferencia entre sufrimiento y dolor. Todo organismo vivo tiene la experiencia del dolor cuando algunas de sus funciones vitales o la integridad del cuerpo son puestas en peligro. La Naturaleza inflige el dolor a todos los organismos vivos cuando éstos son sometidos a sus procesos más o menos violentos, sus tormentas, sus sequías o inundaciones. La implacable ley de la biosfera, comer o ser comido, produce el dolor en todas partes. Dolor que, en ciertas condiciones, e incluso en el reino vegetal, puede ser compartido por otros organismos que vibren en simpatía.

Los seres humanos tienen también la experiencia del dolor físico, en circunstancias naturales que afectan al sistema nervioso. Pero, con el sufrimiento, alcanzamos otro nivel de sentimiento, porque el sufrimiento implica una consciencia más o menos individualizada del dolor, no solamente del dolor físico, sino también del vinculado con los deseos, objetivos y expectativas personales de la potencialidad de desarrollo y crecimiento espiritual del individuo. Cuando un individuo rompe su esclavitud respecto a los demás y al ritmo instintivo de su participación en la naturaleza, cuando pone prioridad en el desarrollo de la mente y del poder social, del prestigio, del renombre y de la riqueza en una sociedad competitiva, sin tener en cuenta cómo esto afectará a la armonía natural y al buen funcionamiento de sus funciones biológicas y de sus funciones emocionales, él mismo está invocando de ese modo al sufrimiento.

El que sigue la vía transpersonal y está firmemente decidido a entrar en el sendero de la transformación total, puede esperar tener el sufrimiento como compañero de ruta. Ha entrado deliberadamente en un proceso de transición. Se ha colocado en posición neutra, de forma que pueda ser capaz de cambiar a una velocidad superior; y el cambio raramente se hace con suavidad porque, al contrario de lo que ocurre en un coche que funciona bien, cada posición del engranaje se resiste al cambio; en lugar de un tipo de lubricante que facilitaría el desplazamiento, cada diente del engranaje se rodea de una masa de partículas que se oponen al movimiento. De ello resultan frecuentemente duros y potencialmente destructores chirridos, en particular si no hay un conductor experimentado para enseñar al novicio.

De toda transición entre dos estados resulta el sufrimiento; y el sufrimiento es mayor cuando el miedo, un apego al pasado o una avidez exuberante de desbocarse hacia delante, introducen en el proceso tensiones, conflictos interiores o falsas expectativas, lo cual es corriente en nuestro mundo. En nuestra sociedad occidental, el individuo se ve atrapado en un proceso colectivo de transición, la transición histórica entre el estado tribal arcaico de la vida natural puesta al unísono con los ritmos de la biosfera – estado en el que la tribu entera tiene una psiquis y una voluntad comunes cuando afronta cuestiones fundamentales – y el estado de individualización al menos relativo de cada persona, teóricamente independiente y responsable de su crecimiento hacia una forma ideal trascendente. La individualización conduce a conflictos entre los individuos supuestamente autónomos, orgullosos de su diferencia, ávidos de expansión y de franquear todos los obstáculos; y los conflictos engendran el género de sufrimiento que está basado en el miedo, las privaciones y un sentimiento humillante de fracaso. O la decepción y el vacío que frecuentemente siguen después del éxito y del renombre.

El individuo que avanza por la vía transpersonal puede no tener que experimentar todo el sufrimiento que sus sentimientos no cesan de causar, en un momento o en otro, en los niveles psíquico y psicosomático, pero ha salido, al menos parcialmente, de la rueda éxito-fracaso social, para entrar en otra forma de transición que es igualmente radical. En las profundidades de su consciencia, ha dejado los niveles biológico y social hacia los cuales su voluntad no puede ya funcionar de manera exclusiva y natural; pero opera siempre como organismo biológico e, incluso aunque se defienda, todavía está condicionado por la cultura que le ha provisto de un lenguaje específico, de esquemas de pensamiento, sentimiento y comportamiento. Tres niveles de consciencia, de actividad y de voluntad hablan cada uno su propio lenguaje en el discípulo que se encuentra en el Sendero. Cómo no va a haber discordias interiores y sufrimientos mientras no se haya, como dicen los budistas, alcanzado la otra orilla?

Dura travesía! Es prácticamente imposible efectuar esta travesía si el aspirante no ha sido preparado para ello, por aquellos que han pasado ya al otro lado de la orilla y que, después de haber dejado las instrucciones al novicio, lo vigilan y están prestos a guiarlo y quizá a asistirlo, incluso aunque el viajero no lo note y no lo sepa. Sin embargo, por muy apoyado que se encuentre, él es el único que debe efectuar la travesía, es el único que debe batirse contra la potente corriente de la entropía material, contra la lasitud apabullante, la soledad y un sentimiento insidioso de futilidad. Debe aceptar el dolor y sobreponerse a los golpes que hieren los nervios tensos y prestos a estallar.

Todo individuo puede seguir la vía ancha de la evolución planetaria presa en las lentas oscilaciones de las masas del género humano. Este movimiento presenta un carácter cíclico pero eminentemente repetitivo. Debe haber una repetición porque la persona que avanza o que, quizá retrocede – en este camino es con frecuencia bamboleada por las altas y las bajas de la marea evolutiva. En el mejor de los casos, utiliza su voluntad para intentar permanecer en la cresta de las olas, si es que hay crestas. Los ciclos van y vienen, una persona sucede a otra; y, aunque el Alma a la cual están ligadas por hilos magnéticos vele y trate de crear una mayor intimidad, estas personalidades sucesivas no responden más que débilmente. El fuego de la voluntad divina quema poco a poco en sus tibias emociones, siempre tan normales; o bien causa estragos durante un momento y luego se apaga sumergido por las presiones de la mediocridad circundante incapaz de llevar a cabo un compromiso tímido y pasajero.

Entonces, desafortunadamente hay que volver a comenzarlo todo; a repetir, con frecuencia, el pasado que ha dejado tantos asuntos pendientes. Es tan difícil para los círculos convertirse en espirales en el momento necesario ! Solamente es posible cuando una fuerza centrífuga actúa firmemente para vencer la inercia del movimiento circular. Esta fuerza es la voluntad prometéica de que todo volver a empezar sea un nuevo comienzo, una liberación fresca, original, espontánea de nueva potencialidad. No hay peor derrota que la derrota por lo idéntico y lo repetitivo; no hay concepto más monstruoso que el del eterno retorno imaginado por la trágica mente de Nietzsche. El Océano de Potencialidad del cual he hablado es infinito: cuando el cristiano dice: Con Dios todo es posible, no hace más que personalizar este infinito Océano del espíritu, ya que el Espíritu es la posibilidad de enfrentarse a toda necesidad con una voluntad fresca y siempre renaciente, a través de la cual una nueva potencialidad de respuestas es movilizada y focalizada. Su mano sostiene efectivamente la espada, pero el Espíritu pondrá en acción la mano si la consciencia del hombre está preparada para permitirle actuar. Entonces el objetivo será alcanzado.

Siempre debemos estar listos para aceptar lo totalmente inesperado, lo milagroso. Jamás debemos sentirnos completamente vencidos. Siempre puede haber una nueva aurora, totalmente diferente de todas las auroras precedentes; pero tenemos que tener la fe. La fe es el sentimiento intuitivo, incontestable, aunque sea intelectualmente inexplicable, en que el Océano de Infinita Potencialidad nos rodea; vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en él, pero la mayor parte de nosotros rechaza sentir y ver, pues estamos fuertemente amarrados en nuestra agitación frenética, en nuestro miedo, en nuestra concentración masoquista y en nuestra dosis de sufrimiento. Este sufrimiento es una pura pérdida e incita a una repetición sin fin. Tenemos que aquietarnos y sentir el silencioso sonido de las vastas mareas del Espíritu que merodean en las costas de nuestra consciencia o que baten quizá las recortadas rocas de nuestro orgullo y de nuestra avidez. Debemos volver nuestra consciencia hacia este mar interior y tratar de sentir el fin de un ciclo de experiencias, avanzando apaciblemente hacia el comienzo, aún impreciso y no centrado, de un nuevo ciclo. Debemos osar evocar la potencialidad de un comienzo esencialmente nuevo y, para nosotros, sin precedentes. Tenemos que convertirnos en el altar y en el sacrificio; y el perfume y la ofrenda incandescente de nuestro pasado, e incluso los recuerdos más delicados, se elevarán hasta los dioses; y los dioses responderán, ya que ellos son las formas radiantes de las nuevas potencialidades, cuando se nos ofrecen a nuestros ojos abiertos. Son nuestro mañana luminoso, si aceptan descender y nacer en nuestro fuero más interno.

Estas palabras pueden parecer hiper simbólicas, místicas y lejanas para el lector cuya consciencia sea presa de los engranajes aparentemente desesperados de la vida ciudadana; sin embargo, cada cual debería poder traducirlas en la lengua particular de su vida personal. No debería ser difícil encontrar, en nuestras relaciones, gentes que, durante su juventud, en su madurez o el alba de su vejez, estén o se hayan enfrentado con una crisis que haya modificado radicalmente el esquema de su vida: la muerte repentina o dolorosa del cónyuge, un divorcio, una enfermedad, un trágico accidente, la pérdida del hogar, los hijos que se van para casarse o, simplemente, el retiro después de una vida de intensa actividad Crisis, las hay sin fin; en cada caso llegan en circunstancias diferentes. Pero todas tienen un punto en común: representan un reto a nuestros deseos, a nuestro poder de imaginación y a la voluntad de volver a comenzar.

Podemos rechazar el reto y, con el sentimiento agudo de que la vida se ha quedado vacía y desprovista de sentido, arreglárnoslas para morir más o menos cómodamente, quizá a cuenta de la felicidad o del dinero de alguien, quizá vengándonos inconscientemente de los demás por el fracaso de nuestra propia fe. O bien podemos partir hacia una Riviera y gozar del sol o jugar al bridge mientras nos dedicamos a chismorrear en un hotel de moda. Si hacemos eso, qué sucede con nuestro talento, con nuestra energía o con la riqueza y la influencia que tenemos? Dejaremos de actualizar nuestras potencialidades inherentes de consciencia y de desarrollo de la personalidad porque hemos sido vencidos por las circunstancias? Pero estas circunstancias han llamado a nuestra puerta simple y únicamente para ofrecernos un nuevo renacimiento!

El que no renace con una nueva fe y un nuevo sentido de potencialidad después de una crisis fundamental, ha aceptado la derrota. Regresar al statu quo, a las fronteras de antes de la guerra, o a los buenos viejos tiempos es una derrota, incluso si se celebra como una victoria. El hijo pródigo ha regresado a su casa pero con qué?, por qué? No hago alusión a bienes sino al cómo se haya transformado se habrá transformado de manera permanente y radical cuando regresó ? .

Derrota es el único calificativo que debe aplicarse a este despertar de fantasmas, a estos viejos hombres sin imaginación, los atemorizados detentores de privilegios. Cuántas de estas derrotas no habremos visto después de las crisis trágicas de nuestras guerras mundiales? Es el mismo tipo de derrota que ha sido perpetrado por algunos psiquiatras, por la vía de la lobotomía, o de manera menos irrevocable pero esencialmente recubierta de la misma actitud, cuando rechazan las energías de un espíritu en explosión, disfrazado bajo el sutil traje del conformismo. Así una crisis más habrá tenido lugar en vano; una batalla más habrá sido librada sin finalidad o habrá servido acaso para pavimentar la vía hacia un conflicto más total entre fuerzas más exactamente apareadas, como se produjo en el campo de batalla de Kurukshetra hace cinco mil años! Por qué es tan difícil hacer un llamamiento a las nuevas potencialidades de la existencia para recomenzar, para ser una vez más virginal ante el alba que invoca la novedad expansiva?

No sabemos cómo ofrecer ritualmente, en sacrificio – a lo nuevo los frutos de nuestro pasado al cual permanecemos tan apegados; o bien no nos atrevemos, porque los fantasmas del ciclo que termina nos asaltan, nos oprimen y nos bloquean la puerta hacia la nueva posibilidad. Cuánto queremos a estos viejos fantasmas! Nunca hubiéramos podido decir nada agradable sobre nuestro marido, pero ahora que ese pobre John se ha ido estamos perdidas: Era tan maravilloso!. Lloramos, y John reaparece bajo la forma de Paul en el que el fantasma se instala cómodamente. Y la rueda sigue girando: nacimiento, decrepitud, muerte, siempre y para siempre los mismos. Oh conformismo, religión y fantasmas!… con el más grande de todos los fantasmas, el Dios Todopoderoso de nuestras iglesias.

Si, lo repito, Cristo ha venido para traernos la espada de la separación ! Los cielos en nosotros sobre los que ha hablado son el campo de la infinita potencialidad y de la abundancia creadora. Vino para bautizar con el fuego. Nos ha pedido que dejemos tras nosotros y que odiemos todo lo que el conformismo de su tiempo y de su raza aprendió a adorar, nos ha pedido que tomemos nuestra cruz y lo sigamos Su vía conducía a la crisis más total, por lo tanto, potencialmente, a la victoria más completa.

Lo que es necesario es el coraje: el coraje de tener fe en el derecho inalienable y la responsabilidad que tiene el hombre de comenzar de nuevo y sin precedentes; el coraje de despedirse de los fantasmas y de olvidarse de ellos; el coraje de enfrentarse a las aterradoras tinieblas de la noche del Alma, en la certidumbre de que habrá una aurora; el coraje de permitir que su consciencia y su ego sean limados, pulimentados, como una lente perfectamente formada y que permitirá a la luz creadora de la nueva potencialidad focalizarse, de manera precisa, efectiva y justa, en nuestra ipseidad más íntima y, a partir de ahí, liberarse hacia todos. Coraje, fe, y, a lo largo de todo el camino, amor y claridad de espíritu: tales son las exigencias esenciales para el que osa entrar en el Sendero, el sendero de la transformación siempre renovada.

Dane Rudhyar

Extractado por Mario Fernandez de
Preparaciones Espirituales para una Nueva Era.-
Editorial. Heptada.

 

 

 

Yoga Integral

Yoga Integral

El Yoga integral postula la integración completa y dinámica de la personalidad, para lo cual es necesario actualizar la esencia más profunda de nuestra individualidad, el centro único de expresión creativa del Ser. Esta integración, sin embargo, tiene lugar a tres niveles diferentes: la integración psicológica, la integración cósmica y la integración existencial.

La integración psicológica.

Esta supone la armonización de todos los conflictos de nuestra personalidad, en particular de aquellos impulsos, fuerzas y necesidades instintivas inconscientes que se contraponen a la voluntad racional de nuestra mente consciente modelada por las fuerzas sociales y culturales propias de la comunidad a la que pertenecemos.

Nuestro psiquismo puede compararse a una especie de central eléctrica, capaz de generar una enorme cantidad de energía, donde descansa el instinto sexual, el tropismo hacia el crecimiento y el desarrollo, el impulso que nos incita a la expansión ininterrumpida y completa de nuestro ser y a la afirmación de nuestra voluntad de poder. El inconsciente es la morada de los anhelos, los deseos reprimidos y las tendencias verdaderamente creativas; es una región donde coexisten lo vulgar y lo sublime, un dominio en el que el ángel y el demonio se dan la mano, un reino en el que la luz permanece oculta en la oscuridad y en el que la oscuridad puede convertirse en luz.

En los estratos más profundos del psiquismo inconsciente, habita la memoria evolutiva de la raza humana. Allí se hallan almacenadas, en forma de imágenes arquetípicas, las experiencias cruciales de la historia evolutiva de la humanidad. En este nivel, propio de nuestra herencia inconsciente, esperan dinámicamente los símbolos e imágenes de Dios como Padre o como Madre cósmica, del “puer eternus”, del eterno femenino, del anciano sabio, de la bruja malévola, de la serpiente como personificación de los impulsos irracionales y del pájaro como emblema de las elevadas aspiraciones intelectuales del ser humano.

La consciencia racional, en cambio, es el fruto de las fuerzas socioculturales. Por tanto, nuestra concepción del bien y del mal, de Dios y del demonio, del cielo y del infierno, dependen del entorno cultural al que pertenecemos. Nuestra conducta se orienta hacia el logro de aquellos objetivos que concuerdan con los estándares aprobados socialmente, aunque ello suponga la represión de determinados contenidos inconscientes. De esta manera, en el corazón de todo ser humano se libra una incesante contienda entre lo consciente y lo inconsciente, entre el impulso y la ley, una batalla que, cuando supera la capacidad del individuo, genera todo tipo de perturbaciones emocionales.

Con mucha frecuencia el ser humano acomete intentos desesperados para sofocar esta tensión psíquica. Hay quienes prefieren la espontaneidad de los impulsos pasajeros al freno de la razón y, en consecuencia, ceden a los arrebatos de sus instintos y se dejan llevar por el principio del placer o por el concepto hedonista de “comer, beber y ser feliz”. Lamentablemente, sin embargo, el hedonismo encierra paradójicamente la semilla de la frustración y no tarda en revelarse como un burdo engaño ya que el placer tan afanosamente buscado escapa de nuestras manos como el agua. En realidad, los placeres más intensos son aquellos que sobrevienen inesperadamente o que son consecuencia de nuestro interés genuino por un objetivo verdaderamente valioso. Además, si nos entregamos al principio del placer no habrá modo de conciliar nuestras contradicciones y llevaremos una existencia conflictiva y absurda sometida a todo tipo de placeres momentáneos.

Otros, por el contrario, anteponiendo la perfección al placer, adoptan una actitud absolutamente opuesta al hedonismo y emprenden el arduo camino de la austeridad y la abnegación. De este modo, empujados por una devoción inquebrantable hacia algún modelo aceptado socialmente, tratan de extirpar en forma drástica los impulsos de su mente inconsciente. Esta actitud, sin embargo, termina generando un super-ego opresivo y tiránico que consume su alma con el fantasma del pecado mientras las llamas del puritanismo agostan su fluído vital como los rayos de un sol abrasador. El precio es una conducta excéntrica que puede también desembocar fácilmente en graves perturbaciones psicológicas.

Hay otras personas que, rechazando la superficialidad y convencionalidad de la vida social, deciden entregarse a la búsqueda independiente del espíritu sin seguir modelo alguno. Eligen el camino ascético de la devoción exclusiva a la Trascendencia, recorren completamente a solas el sendero que conduce hacia el Unico y llegan incluso, en ocasiones, a asumir una actitud hostil e indiferente hacia la sociedad. Sin embargo, psiquismo y sociedad son, en última instancia, inseparables y, en consecuencia, la represión de los aspectos sociales conduce necesariamente a la represión de determinados impulsos fundamentales de nuestro psiquismo. A pesar de todo, la búsqueda incondicional del espíritu que hace caso omiso de los requerimientos de la sociedad y de los impulsos del psiquismo puede aportarnos ciertos logros espirituales. La intensificación de la consciencia interna provoca percepciones estéticas o visiones místicas extraordinarias que aportan, indudablemente, cierta satisfacción. Sin embargo, estos logros no dejan de ser limitados porque la negación de la vertiente social e instintiva de la vida constituye una verdadera mutilación. De esta manera escalamos las alturas del espíritu pero perdemos el contacto con las profundidades del psiquismo, conquistamos la lucidez pero perdemos la totalidad, subimos a los cielos pero nos alejamos de la tierra, ascendemos meteóricamente a una posición sobresaliente pero perdemos, en fin, la oportunidad de crecer armónicamente y alcanzar la realización integral.

La integración psicológica supone el crecimiento armónico de la personalidad e implica una atención ecuánime a todas las necesidades instintivas fundamentales de nuestra naturaleza y a las disposiciones concretas de nuestro psiquismo. Pero, para que se produzca la reconciliación entre el impulso y la razón, entre el “ello” inconsciente y el “ego” consciente, tenemos que descubrir el Yo Superior, el principio unificador profundo de nuestra existencia. De otro modo, corremos el peligro de fomentar el desarrollo de la mente a expensas del cuerpo, de la fuerza muscular en detrimento del cerebro, del intelecto a costa de la emoción, del sentimentalismo en aras de la objetividad, del crecimiento tiránico de la consciencia social a costa del sacrificio de nuestras necesidades psicológicas o del desarrollo de una conducta rebelde, caprichosa y arbitraria en perjuicio del orden social.

Psiquismo y sociedad son esencialmente inseparables, por esto, no debemos olvidar que nuestro crecimiento psicológico individual exige tener en cuenta las demandas de la sociedad. Por imperfectas que puedan parecernos las normas morales no podemos rechazar nuestra relación con la sociedad sin mutilarnos. La sociedad forma parte inseparable de nuestra alma y aunque nos retiráramos a la más remota de las soledades seguiríamos llevando a la sociedad con nosotros. El alma tiene la necesidad vital de relacionarse con sus semejantes, de amar y de ser amada. Podemos criticar la sociedad y tratar de cambiarla, pero no podemos ignorarla porque cuando nos aislamos de las relaciones y de las actividades sociales cercenamos la vertiente social de nuestra alma. Renunciar a la sociedad debido a sus imperfecciones sería como repudiar a nuestra esposa porque está enferma. Del mismo modo, reprimir a la mente inconsciente por causa de sus impulsos oscuros sería como arrojar al niño por el desagüe junto con el agua de la bañera. La luz se esconde en el núcleo mismo de la oscuridad.

La integración cósmica.

Toda la discusión precedente sobre la necesidad de la integración psicológica nos sirve como introducción al concepto de integración cósmica. Jamás podremos alcanzar la integración plena del psiquismo si ignoramos la relación existente entre éste y la naturaleza, entre la sociedad y el cosmos. El psiquismo y el cosmos representan aspectos inseparables de la misma realidad que no es psiquismo ni cosmos, que no es un yo aislado ni un universo independiente sino un continuo psicocósmico, un yo-en-el-universo o un universo-para-el-yo, Atman-Brahman, (tú-eso o yo-eso).

A decir verdad, en el universo no existe ninguna entidad completamente aislada y cerrada en sí misma. Un átomo existe en la medida en que se relaciona con un campo energético, una planta crece cuando está en un entorno físico compuesto de aire, luz, agua y suelo, un animal vive y se mueve porque interactúa con su propia especie y con animales de otras especies y, finalmente, el hombre se desarrolla en la medida en que puede interactuar con la naturaleza, la sociedad y la profunda llamada de lo eterno. En definitiva, existir es relacionarse y, en ese sentido, la relación es absolutamente vital para la existencia.

Para que nuestro desarrollo psicológico sea sano, feliz y pleno, es necesario que mantengamos una relación integral con nuestro entorno, tanto natural como social. El aire limpio, el agua fresca, el espacio abierto y la comunión silenciosa con la naturaleza son esenciales para el desarrollo del psiquismo humano. La contemplación del esplendor y magnificencia de la naturaleza constituye una profunda fuente de inspiración para nuestra alma. Por ello, el estilo de vida artificial propio de la sociedad moderna perjudica gravemente la salud y la vitalidad.

Además, la armonía con la naturaleza despierta un sentimiento de afecto hacia el reino animal. El cruel sacrificio de animales adormece nuestro espíritu y la indiferencia ante su mudo sufrimiento embota nuestra sensibilidad. Al enfrentarnos violentamente con el resto de la creación provocamos todo tipo de discordias y tensiones internas que terminan debilitando y desfigurando nuestra personalidad. Mientras sigamos infligiendo heridas a la vida no podemos alcanzar la plenitud psicológica. Para el crecimiento equilibrado y armónico de nuestra personalidad es vital experimentar un sentimiento de unidad con la naturaleza y de reverencia y respeto hacia toda forma de vida.

La presencia de la sociedad es indispensable para la maduración de nuestra mente. Por ello, el método fundamental para romper la cáscara del egocentrismo consiste en interesarnos activamente por nuestros semejantes. Cuanto mayor sea nuestra entrega al amor y la amistad, más rápido será nuestro crecimiento, y cuanto más nos comprometamos con el bienestar de nuestros semejantes, más se expandirá nuestro ser.

El primer paso para trascender el egocentrismo consiste en aprender a subordinar el placer y la comodidad personales en beneficio de nuestra familia. Profundizando en esta dirección, llegaremos a percibir la indivisibilidad del bienestar de la humanidad y a comprometernos con la felicidad de toda la familia humana. Los distintos grupos humanos dependen mutuamente unos de otros, todos somos miembros inseparables del entorno cósmico en que vivimos, todos participamos de la misma totalidad cósmica indivisible. Esta es la verdad que puede conducirnos finalmente a la integración cósmica.

La integración existencial

Para alcanzar la plenitud total no basta con lograr la integración psicológica y la integración cósmica, sino que también es necesario llegar a descubrir el espíritu de lo eterno del cual derivan tanto el psiquismo
como el cosmos.

Por más que intentemos convencernos racionalmente de la necesidad de alcanzar la armonía psiológica, la contradicción entre las diferentes facetas de nuestra personalidad – pasión y razón, instinto e intelecto, emoción y entendimiento, por ejemplo – parece irreconciliable. La razón puede proporcionarnos cierto grado de equilibrio, pero la resolución definitiva de nuestros conflictos mentales es imposible de alcanzar en el plano psicológico. El secreto de la armonía psicológica completa descansa en la actualización de la dimensión atemporal de la existencia. La integración total del psiquismo sólo es posible a la luz de la experiencia existencial, es decir, la percepción directa e inmediata del sustrato atemporal. Para el logro de la integración psicológica global necesitamos conectar existencialmente con el trasfondo atemporal del Ser.

Lo mismo podríamos decir con respecto a la integración cósmica. Por más que intentemos convencernos racionalmente de la necesidad de alcanzar la armonía cósmica y social, la razón parece ser incapaz de resolver las irreconciliables discrepancias existentes entre el yo y la sociedad, entre el psiquismo y el cosmos. Lo máximo que podemos esperar es cierto grado de compromiso entre el crecimiento personal y el bienestar colectivo. El secreto de la armonía cósmica completa reside en la actualización del fundamento atemporal del proceso cósmico, la presencia dinámica de lo eterno en la evolución y en la historia. La unidad fundamental entre el psiquismo y el cosmos se oculta en la profundidad atemporal del Ser. Sólo la profundización existencial en el abismo del Ser puede revelarnos el principio de la armonía social, sólo podemos alcanzar la integración total entre el psiquismo y el cosmos a la luz de la realización supracósmica.

El Juego de las Polaridades en el Abrazo Tántrico

El Juego de las Polaridades en el Abrazo Tántrico

“El Camino del Éxtasis” indica ciertas vías para llegar a alcanzar una sexualidad en la cual los egos queden sobrepasados y se unan al final al cosmos.

Se podría decir que esta experiencia tiende a establecer un mundo sin fronteras donde la plenitud y el vacío se oponen, según el esquema de toda dialéctica. La plenitud del hombre es activa y, por lo tanto, se disuelve hasta llegar a ser pasiva, en tanto que, inversamente, el vacío de la mujer es pasivo, pero es también atractivo e incita a la actividad. El paso del uno al otro se produce justamente en su equilibrio inmóvil, pero animado subconscientemente por este doble intercambio bipolar, por el cual el activo satura
al pasivo que se transforma en activo, y el pasivo es saturado por el activo que pasa a ser pasivo.

La dinámica de estos intercambios se establece en relación inversa a los polos sexo-cerebro del hombre y de la mujer. En el concepto habitual, la polaridades sexuales de la díada se establecen así: el hombre es activo-pasivo, la mujer es pasiva-activa. El hombre es una plenitud que tiende a vaciarse, la mujer es una vacuidad que tiende a llenarse. El hombre actúa expulsivamente para penetrar, la mujer se somete atractivamente para absorber.

La visión transcendental presenta una relación diferente a nivel de las polaridades cerebrales. Aquí es la mujer quien es activa-pasiva y el hombre pasivo-activo. Siendo que precisamente era el hombre que infundía a la mujer, aquí es ella que se infunde en el hombre. Ella posee la intuición actuante y directa de la sophia, la sabiduría, en tanto que el hombre no posee más que la razón que analiza y recibe. El es una consciencia vacía que quiere llenarse; ella es un conocimiento pleno que quiere comunicarse.

A la luz de este análisis, es entonces posible simbolizar las relaciones: sexo de la mujer (SM), cerebro de la mujer (CM), y, por otra parte: sexo del hombre (SH), cerebro del hombre (CH) de la manera siguiente:

 

Mujer
CM + Cerebro Mujer activo
Intuición activa o lucidez de la conciencia separada
CM – Cerebro Mujer receptivo
Vacío mental
SM – Sexo Mujer receptivoSM + Sexo Mujer actuante

 

 

Hombre
CH – Cerebro Hombre
pasivo-receptivo
CH + Cerebro Hombre activo
consciencia lúcida o desdoblada
SH + Sexo Hombre
emisor activo
SH – Sexo Hombre
receptor pasivo (inmovilidad)

 

Al interior de cada uno de los participantes, los dos polos sexo-cerebro asumirán alternativamente los
roles pasivo-receptivo y activo-emisor, esto en una dinámica antagonista (inversa) en relación a los roles asumidos por estos dos polos en el otro participante en un momento dado.

Así, por ejemplo, cuando el sexo de la mujer (SM) sea receptivo-pasivo (durante los lapsos en el curso de los cuales ella absorbe la energía o simiente sutil del hombre), su cerebro (CM) asumirá el rol activo que mantendrá el desapego necesario a la orquestación consciente (control-relajación) de los pasajes sucesivos de la energía hacia los planos sutiles. Así la mujer coopera al proceso de fijación y de elevación del placer, evitando en el momento justo el abandonarse a una crisis paroxísmica, pues su claudicación (pérdida de consciencia, explosión orgásmica, movimiento brusco) podría interrumpir la fase de transmutación y precipitar la eyaculación en su compañero.

Se produce esta relación antagonista de los dos polos en la mujer, ya se trate del ejemplo citado ( SM – y CM + ) o de su inverso ( SM + y CM – ). En el segundo caso, ella se concentrará toda entera hacia el orgasmo, hasta alcanzarlo en el abandono de la consciencia. Esto permite el despertar de la Kundalini y su elevación, pero también el despertar del andrógino en la coincidencia activamente realizada del hombre y
de la mujer en ella.

Ocurre lo mismo en lo que concierne al hombre. Su sexo será a su turno pasivo-receptivo (en particular cuando él absorbe la simiente sutil de la mujer justo después del orgasmo de ella), en la inmovilidad de la postura, del aliento, de la mente, que facilita la activación de la lucidez de la que depende el control de sus reflejos (eyaculación); es decir, la interiorización de la consciencia y la inversión de la energía simiente. La relación sería entonces:(SH – CH +). Luego vendría la inversión cíclica: (SH + CH -) en el momento en que el hombre estimula a su compañera hacia un nuevo orgasmo, mientras su cerebro receptivo subordina la consciencia a las sensaciones de su cuerpo (identificación), y a la percepción de las de ella, hasta abandonarse juntos a la ola final del éxtasis. Así se produce el círculo por el juego de la dualidad asimétrica de las dos parejas del activo-pasivo y del pasivo-activo en estado eterno de permutación circular.

Entonces se produce una doble inversión cruzada, cuando la carga energética (la función) de los polos respectivos se invierte en cada uno en relación al polo correspondiente en la pareja.

Por ejemplo, en el caso de una unión ordinaria:
l.- El sexo del hombre toma posesión del sexo de la mujer.
2.- La consciencia femenina es activada.
3.- Ella recarga el cerebro del hombre que está receptivo (unificado).
4.- Activación más penetrante del sexo del hombre hasta la explosión orgásmica (implosión en la mujer).

Y en el caso del comienzo del abrazo inverso:
l.- El sexo de la mujer toma posesión del sexo del hombre. Ella es activa y móvil, él permanece inmóvil.
2.- Activación de la mente del hombre (visualización de la absorción de energías, control, lucidez).
3.- Sumergimiento de la consciencia femenina (unificada).
4.- Activación de su sexo (vibraciones uterinas).

Esta misma relación de antagonismo de polaridades se analiza a título de ejemplo:

SEXO DEL HOMBRE +

l.- Estimula activamente a la mujer (movimientos físicos)
2.- Ella recibe la energía y se abandona al deseo.
3.- Ella induce conscientemente las contracciones reflejas que llevan al orgasmo.
4.- Intensificación de la simiente sutil masculina (virya).

CEREBRO DEL HOMBRE –
Consciencia neutra, vitalizada.

———

Inversión de los roles:

SEXO DE LA MUJER +

l.- Estimula y emite energía.

SEXO DEL HOMBRE –

2.- Inmóvil absorbe.

CEREBRO DEL HOMBRE +

3.- Controla y retiene.

SEXO DE LA MUJER +

4.- Activación de las vibraciones sexuales.

——————–

CLIMAX DEL ORGASMO:

SM +

l.- Se abandona a la ola y se une al éxtasis del compañero.

2.- Absorbe y es recargada. Inducción de la simiente sutil (virya)..

3.- Ambos son un solo ser.

4.- Ella emite su energía sutil.

CM –

La importancia de esta visión reside en el hecho que el orgasmo es suscitado por la doble inversión cruzada de las polaridades, la sola capaz de exacerbar, por una parte, la presión casi insoportable de la energía en
el sentido de una explosión íntimamente deseada y atizada por la agitación de procesos psicológicos, y por otra parte, la contra-tensión psíquica que unifica los estados vibrantes de la energía en el sentido de una implosión, haciéndolos penetrar en la consciencia e interiorizándolos por una tensión unificada de toda la persona. Este retorno sobre sí, este “éntasis” (opuesto a éxtasis) es la experiencia cero que lleva al centro de un mandala.

PolaridadesAbrazoTantrico01
 

 

El juego antagónico y complementario de los cuatro polos de la cruz produce una circulación de energía en espiral que gira en ambos sentidos. Se puede imaginar los cuatro brazos de la cruz girando sobre sí mismos como los ejes de una rueda (lo que ocurre exactamente con los chakras), a fin de producir la espiral energética que conducirá a la explosión o implosión orgásmica (punto cero). Esta “transfusión” final estabiliza el movimiento y produce este salto en el vacío del cero central donde los polos se fusionan y las polaridades se anulan.

El juego tántrico propone entonces pasar de una lectura horizontal (orgasmo eyaculatorio percibido en el cuerpo y de corta duración) a una lectura vertical (dinamización vertical de las relaciones sexo-cerebro, orgasmo no eyaculatorio, fuera del tiempo y del cuerpo, éxtasis sentido más al nivel del cerebro que de las zonas genitales).

Se trata, entonces, para cada uno de los participantes:
l.- Asumir fácilmente la alternancia receptiva/emisora hombre/mujer. La mujer inicia el rito sexual siendo activa al comienzo.
2.- Saber controlar la eyaculación en el hombre y el orgasmo de tipo explosivo en la mujer. Este control debe ser adquirido por ciertas prácticas para permitir el abandono más allá del esfuerzo voluntario, siempre continuando la retención, hacia un orgasmo de tipo implosivo.

El “punto cero” es el justo equilibrio de donde puede brotar la consciencia andrógina. Siendo ella en su realización a la vez hombre y mujer, no es ni el uno y la otra sino que los transciende a ambos. Se podría entonces simbolizar su manifestación progresiva por el juego de relaciones del hombre exterior con su mujer interior, y de la mujer exterior con su hombre interior. Esto permite clarificar las relaciones en la pareja. Cuál es, por ejemplo, la relación del hombre interior de la mujer con el hombre exterior?

Si estos dos polos están activos, las energías se contraponen. Hay una pugna por quién dominará al otro… Lo que quiere decir que, en la visión transcendente, los semejantes se rechazan, en tanto que los contrarios se atraen. Entonces estas cuatro polaridades se funden en una imanencia común.

El orgasmo puede ser, por lo tanto, simbolizado por ese “punto cero” en el centro de una cruz en la cual se equilibran la horizontal y la vertical. Es el paso de la consciencia espacio-temporal del yo a la supra-consciencia (fuera del tiempo y del espacio) del Ser. Ultima y paradojal alquimia donde el otro (la puerta y el camino) desaparece, donde el ser (cuerpo-consciencia) se aniquila en el éxtasis de su desintegración. Llegando a ser Nada, él deviene el Todo. Esta “muerte de la muerte” es la resurrección de aquel que se concibe siendo concebido.

Margot Naslednikov

Traducido y extractado por Farid Azael de
Question de, N 42
Editions Retz
París

Tantra, Espiritualidad y Sexo

Tantra, Espiritualidad y Sexo

Osho Arcano Books

El Tantra es un concepto muy revolucionario: el más antiguo y a la vez el más nuevo. Es una de las tradiciones más antiguas y, sin embargo, no es tradicional; incluso es anti tradicional, porque dice: A menos que seas un todo, que seas Uno, no entenderás la vida en su conjunto. No debes permanecer fragmentado; tienes que volverte Uno.

El Tantra es una profunda aceptación, una aceptación total de la vida. Es una visión única, en todo el mundo, en todo tiempo. El Tantra es único. Dice: No desperdicies nada, no estés en contra de nada, no crees ningún conflicto, porque si estás en conflicto serás destructivo contigo mismo.

El Tantra utiliza el acto sexual para integrarte, pero tendrás que adentrarte en él muy meditativamente, olvidando todo lo que has oído sobre el sexo, lo que has estudiado acerca de él, lo que la sociedad te ha dicho, lo que la Iglesia, la religión y tus profesores te han dicho Olvida todo eso e implícate totalmente,

Osho