Equilibrio

Equilibrio

 

Con una consciencia meditativa sabemos cómo abordar cada experiencia y, por consiguiente, no caemos atrapados por expectativas, frustraciones ni decepciones.

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Desde una perspectiva concluyente, sólo existe la consciencia o atención pura. La consciencia admite todas las pautas, toda la experiencia. En cuanto las “experiencias” se filtran por los sentidos y empiezan a acumularse pautas de percepción,  todas las imágenes, recuerdos y representaciones forman lo que llamamos “consciencia”. Esto no significa que aparece una consciencia substancial, original o específica. Creemos que hay una consciencia, pero ésta es tan sólo una colección de pautas que se han acumulado como el polvo: esta acumulación es lo que llamamos “yo”. Si pudiéramos barrer todas estas pautas como si de vaciar la mente se tratara, no encontraríamos absolutamente consciencia alguna. Sólo queda la consciencia, la consciencia presente, que siempre se halla disponible en el interior de nuestro cuerpo, el interior de nuestra energía.

Alumno: ¿Cómo sé que me encuentro en un estado de atención consciente? ¿Me lo dirán mis sensaciones?

Rimpoche: No. Las sensaciones están en la consciencia. Cuando somos conscientes de algo, esto tiene lugar dentro de la consciencia –percibimos conscientemente la existencia de árboles y montañas, y así sucesivamente-. Organizamos en abstracto nuestra experiencia según determinadas pautas por medio de palabras y conceptos, imágenes e ideas, pero el elevado estado meditativo de consciencia no existe dentro de la consciencia misma. Va más allá del conocimiento sensorial, más allá de los símbolos, conceptos, ideas. Sin esta más profunda consciencia, y aunque puede que en la meditación experimentemos sensaciones positivas, de mucho júbilo, seguimos estando bajo el dominio de nuestras acciones habituales.

Alumno: Estoy algo desconcertado, entonces, con respecto a la meditación que se concentra en algo en particular, como en el caso de la visualización o las instrucciones de un maestro de meditar de cierta manera.

Rimpoche: La visualización es una manera de meditar, y muy útil al principio. Sin embargo,  los meditadores avanzados se dan cuenta de que nadie hace nada. Esto es lo que señalan las instrucciones, y cuando nos damos cuenta de ello, ya no hay necesidad de instrucciones porque ya estamos “ahí”.

Alumno: ¿Cuál es la relación entre “concentración”, “consciencia” y “atención consciente”?

Rimpoche: Puede que cuando nos concentramos estamos en una cierta consciencia pero no estemos en el estado de atención consciente. La consciencia sin este estado es como la leche sin nata o una naranja sin jugo.

Alumno: ¿Puede uno estar en el estado de atención consciente sin concentración?

Rimpoche: Sí. Es lo que estamos tratando de poner en práctica. Primero nos concentramos; después, percibimos conscientemente, y después de eso, nuestra atención consciente aumenta y se prolonga hasta que, por último, es ilimitada. Es muy importante derribar nuestros bloques conceptuales porque, en cierto modo, la concentración forma un caparazón alrededor de la meditación… algo tangible o substancial con lo cual podemos tratar. La consciencia directa trata de penetrar el caparazón.

Alumno: ¿Cómo podemos renunciar a la consciencia y, no obstante, seguir siendo conscientes?

Rimpoche: Debemos desprendernos de cualquier idea, cualquier posición, cualquier logro al que estemos aferrándonos. Escondiéndonos en los pensamientos limitamos la atención consciente. Existe el peligro de que todas las imágenes y los pensamientos que aparecen en la meditación se vuelvan tan fascinantes que no queramos renunciar a ellos, permaneciendo en su ámbito, creemos ser muy poderosos y tenerlo todo bajo control –la mente, los pensamientos, la meditación-. Ciertas visualizaciones y algunos mantras tienden un puente entre la consciencia y la atención consciente: ayudan a dejar ese tipo de meditación consciente. También podemos purificar el cuerpo, el habla y el corazón actuando de manera positiva.

Alumno: ¿Puede ser la concentración una manera de aumentar la atención consciente?

Rimpoche: Gradualmente sí, pero lleva mucho tiempo establecer firmemente la concentración, y dar lugar a una intensa concentración no significa necesariamente que también estemos dando lugar a una atención consciente.

Alumno: ¿Cómo podemos saber cuando estamos meditando correctamente?

Rimpoche: El nivel inferior de meditación tiene una base dualista, con un “yo” que es consciente de algo; el nivel superior de meditación va más allá de la consciencia. Aún estando meditando percibimos pensamientos, imágenes y objetos, todavía estamos aferrándonos a las percepciones sensoriales. Y mientras estemos en el ámbito de la consciencia, experimentaremos distintas sensaciones físicas, emociones e interpretaciones: arriba, abajo; alegre, triste; equilibrado, desequilibrado.

Es posible que cuando meditemos, a menudo nos parezca tener menos trastornos emocionales, perturbaciones o distracciones. Pero esto no significa que estemos trascendiendo el nivel ordinario, pues aún quedan pautas negativas. Observar nuestros pensamientos, y concentrarnos en refinar nuestras percepciones son herramientas transitorias que pueden ponernos alegres y contentos. Pero si queremos llegar al estado de consciencia meditativa debemos trascender la percepción sensorial o intelectual, que se centra en los objetos. En otras palabras, debemos ir más allá de la consciencia.

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Alumno: ¿Cómo se va más allá de la consciencia?

Rimpoche: ¡Con la consciencia directa! Sin embargo, parece que al meditar siempre queremos estar haciendo algo –entrar en contacto con algo sustancial-. Siempre queremos resultados…. De otra manera nos parece que nuestra experiencia no vale la pena. Podemos meditar durante cuatro o cinco años sin encontrar nada tangible, y la meditación puede parecernos obscura, soñolienta y aburrida. Es posible que nos desilusionemos y dejemos de meditar. De modo que nos encontramos en una difícil situación: ¡lo que estamos buscando es lo que estamos dejando!

Alumno: ¿Quiere decir que lo que aprendemos con la meditación podría inducirnos a dejar la práctica?

Rimpoche: Lo que dejamos son las expectativas. Esto puede desconcertarnos, ya que habitualmente creemos que si no poseemos algo, ese algo no tiene nada que ver con nosotros.

Alumno: ¿Cuáles son entonces los beneficios de la meditación, si esta no tiene nada que ver conmigo?

Rimpoche: Los beneficios no son tangibles. Se encuentran al no adoptar posturas y al trascender el ego al máximo posible. La atención consciente no es nada tangible, y este “nada” no puede sostenerse ni señalarse. La atención consciente no es un ente. Si hablamos de él, no es más que ruido. Si nos damos cuenta de esto, puede que pensemos: “¿qué estoy haciendo? Estar aquí no tiene ningún valor claro”. Pero tal actitud sería negativa.

Alumno: ¿Le parece así a usted?

Rimpoche: Menciono esto porque a menudo la gente pregunta “¿ha tenido alguna ‘experiencia’?”. Creemos que es muy importante tener una ‘experiencia’, y continuamente juzgamos nuestra meditación, insistiendo en tener una ‘experiencia’. Puede convertirse en un deseo que nos agobie. Queremos estar alegres y tranquilos. Algunas personas creen que es importante ver visiones, llegar a otros dominios o comunicarnos con espíritus invisibles.

Alumno: Es mucho más agradable, digamos, que estar deprimidos.

Rimpoche: Es cierto. Pero cuando profundizamos en la meditación y más experimentamos los niveles superiores, estas sensaciones ya no están presentes y nos convertimos en atención consciente –la experiencia no nos distrae-. No la atraemos hacia nosotros, ni la apartamos.

Alumno: Pareciera que usted está diciendo que si una persona se iluminara, se desilusionaría.

Rimpoche: Exactamente. Eso creo. Nos desilusionamos porque no se cumplen nuestras expectativas. Hemos creado increíbles fantasías –todo lo que pudiéramos imaginar o esperar-, pero cuanto más desarrollamos una atención consciente, más nos damos cuenta de que estas suposiciones, sueños y fantasías, no existen.

¿No es peligroso descartar nuestras más apreciadas ilusiones? Puede que hayamos estado meditando una o dos horas diarias durante seis o siete años, y hayamos creído que estábamos consiguiendo algo, pero ahora nos damos cuenta de que no hay nada que conseguir.

Podrías preguntar “¿por qué debo molestarme en meditar? Si la meditación no es provechosa para mis sentimientos, mis percepciones, mi estado físico o mental, ¿de qué sirve?”.

Alumno: ¿No sirve para algo?

Rimpoche: Nos puede ayudar a estar contentos y relajados. Pero al ir experimentándola más a fondo, comprendemos que este tipo superior de meditación simplemente “es”; no tiene ninguna finalidad en sí misma.

Alumno: ¿Por qué enseña usted meditación, entonces?

Rimpoche: La finalidad de enseñar es decepcionar a la gente. ¡La gente necesita decepción! Siempre hay decepción si esperamos algo.

Alumno: Yo espero una decepción -¡pero no la deseo!-.

Rimpoche: Es la única manera de que despiertes. En cuanto hay más decepción, puedes despertar.

Alumno: Yo debiera estar muy despierto. Me parece que una vida llena de aventuras amorosas sería más fácil que la meditación. La vida nos proporciona ya bastante decepción.

Rimpoche: Es cierto. Un buen meditador siempre aprende y trabaja con la decepción. Sabe cómo enfrentarse con el mundo y con todas las experiencias con que se topa en la vida; ése es el verdadero proceso de aprendizaje. La manera inteligente de meditar es realmente dirigir nuestra atención a nuestra vida, pues de otra manera simplemente vivimos sin aprovechar nuestro conocimiento espiritual.

Estoy diciendo, entonces, que la meditación nos devuelve a la vida. Puede que tengamos que luchar, pero si estamos resueltos a atravesar obstáculos en lugar de tratar de escapar de ellos o eludirlos, podremos experimentar todo –ver, oír, oler- y participar ágilmente en cada situación en lugar de tener que escondernos o protegernos. Cuando gozamos de una consciencia meditativa sabemos abordar cada experiencia directamente y, por consiguiente, no somos atraídos y atrapados por expectativas, decepciones o desilusiones. Cuando vivimos de esta manera, comprobamos que la vida tiene mucho sentido y valor.

Sin embargo, generalmente nos parece que la tristeza y la intranquilidad son negativas, mientras que la dicha y la jovialidad son positivas. Siempre asumimos posturas. No obstante, la atención consciente no es alegre ni triste, no es positiva ni negativa. La atención consciente no adopta ninguna postura más que el equilibrio. Por ejemplo, podemos aprender a pasar muy rápido de un estado emocional a otro. Podemos estar enojados durante dos minutos y jubilosos durante otros dos, cambiando muchas veces de negativo a positivo, de positivo a negativo. Gradualmente llegamos a tener tal adaptabilidad que podemos estar en cualquiera de los dos estados sin dificultad. Podemos cambiar. Antes no teníamos la libertad de elegir cómo ser. Ahora tenemos una opción.

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Alumno: ¿Quién tiene una opción?

Rimpoche: La mente tiene una opción. Si estamos enojados, deprimidos, o en algún otro estado emocional, y podemos cambiarlo de inmediato, de pronto empezamos a tener adaptabilidad y equilibrio. Por lo general simplemente expresamos las emociones y nos encerramos en una determinada o en una serie específica de acontecimientos. Luego nos lleva mucho tiempo calmarnos, analizar o digerir la situación, y transformar la experiencia en algo más aceptable. Pero la atención consciente es rápida. Es como una carga eléctrica. Podemos cambiar al instante cualquier situación.

Alumno: ¿Está usted diciendo, entonces, que cuando se presenta una situación, en lugar de sólo reaccionar ante ella debiéramos hacer experimentos con ella? ¿Qué cuando alguien dice algo podemos enojarnos o estar contentos? ¿Qué podemos hacer experimentos?

Rimpoche: Exactamente. Haz experimentos con tus pensamientos y reacciones. A veces esto te alegrará y otras veces te desconcertará. Es posible que estés aferrándote a cierta imagen que tienes de ti mismo, o que no quieras reconocer honestamente una verdad acerca de ti. Puedes descubrir que cuando pasas rápidamente de un estado a otro te intranquilizas. Tal vez te cuesta tranquilizarte y luego cuando lo haces puede resultarte muy difícil enojarte y muy difícil volver a tranquilizarte. De modo que a veces debes ser firme para horadar tu resistencia. Observa atentamente quién es el que se refrena y cuál es el origen del bloqueo. Practica cambiar muy rápidamente de un estado a otro, y explora el lado opuesto.

Alumno: ¿Pero qué sucede con el proceso de toma de decisiones? ¿Qué haré de mi vida? ¿Cuál es la mejor acción en una situación?

Rimpoche: Confía en tu estado de atención consciente, y tu cuerpo y tu mente se ocuparán de sí mismos.

Alumno: ¿Quiere decir que no importa qué hace uno, ni en qué tipo de trabajo participa?

Rimpoche: No puedes extraviarte ni ser perjudicado, porque la atención consciente es como el sol, que siempre da la luz… nunca oscuridad. ¿Por qué es tan importante poner el énfasis en la atención consciente? Porque no recoge emociones ni ofuscaciones, no acumula pautas de carácter, no crea sufrimiento. La atención consciente es como el loto: tiene sus raíces en el cieno, pero la flor es siempre pura. Por lo tanto, prolonga todos los días el estado de atención consciente tanto como puedas.

Búsqueda de la Visión Interior

Búsqueda de la Visión Interior

La persona estudia la naturaleza de la materia y descubre que es una manifestación de la Mente. No tiene dicotomías. A través de la reflexión sobre la mente sabe que las explicaciones de la evolución universal son ciertas sólo desde el punto de vista relativo. Que todo son manifestaciones mentales, procesos, energías, principios, substancias. Así alcanza la comprensión de la unidad suprema de todas las cosas, impidiendo que cualquiera apariencia contraria lo aparte de esa concepción. Está convencido del hecho de que en cada aliento y cada pensamiento él está participando en la construcción de este universo en una tarea común con la Mente Universal.

Después que el vacío se llena con la presencia del Puro Pensamiento, el hombre vuelve a los contenidos de la consciencia normal sin sentir que cruza un abismo de diferencias, con el resultado de que tiene menos dificultades para establecer un vínculo de continuidad y armonía con relación a sus experiencias previas. Su atención reflexiva se dirige a su vida activa cotidiana, tanto en relación con su pensamiento cuanto a cualquier acto que realice su cuerpo. Disciplina su consciencia, para mantener la idea corporal sin identificarse con ella, para funcionar por medio de los cinco sentidos sin dejar de funcionar en la Mente Infinita.

A medida que continúa uniendo la reflexión metafísica con la contemplación mística, surge dentro de él una nueva facultad que no tiene las limitaciones del intelecto razonador ni la parcialidad emotiva del rapto místico. Es superior a ambos. En sánscrito se llama a este estado de consciencia “aquello que está lleno de todo”.

Esto provoca una iluminación que va más allá del yoga común. Se produce una elevación de toda la naturaleza del aspirante. Pero a pesar de la repentina aparición de esta visión interior hace falta tiempo para que alcance su madurez. Hasta no llegar a una etapa continua, natural, alcanzada sin esfuerzo, no ha llegado al grado final.

Este estado carente de esfuerzo sólo se produce después de un largo noviciado. La consciencia Trascendental sólo se manifiesta manteniendo constantemente enfocada la Realidad a lo largo de todo el día. Se debe mantener el estado de alerta como proceso ininterrumpido de armonización de la Mente no manifestada, con sus ideas siempre presentes.

Al estabilizarse en forma permanente de día y de noche, el hombre habita en su unidad inquebrantable. Acerca su conocimiento de la Realidad a su vida terrenal cotidiana. Con este logro se completa su entrenamiento ultra místico. El pensar ahora es una actividad iluminada, no podrá dejar de ser un sabio. Ya sea despierto o dormido, ese hombre está sostenido por su enigmática trascendencia.

El concepto de esta visión interior, trascendental, hace comprender que la existencia cotidiana del hombre es en sí misma importante y milagrosa, como en cualquier partícula en donde no está ausente la existencia Unica. Esta visión del carácter fundamental de toda existencia no es nada más que la natural inteligencia del ser humano desarrollada hasta sus máximos límites.

Conocimiento, meditación y trabajo altruísta, constituyen la sagrada trinidad que proporciona al hombre su iluminación. La forma correcta de realizarlas es con armonía consciente, al mismo tiempo y con el mismo fin. Así, la sabiduría surge de la totalidad de la experiencia vital. Estas cualidades al fusionarse producen la visión interior. No se debe ni puede eludir la integración armoniosa de estas tres etapas. Deben concretarse con amor e inteligencia, con fe y voluntad, a través de la práctica sistemática de la meditación.

La Gracia se puede manifestar de innumerables maneras las que son afectadas por la concepción espiritual de quien la ha experimentado. La visión interior que se busca puede sobrevenir como un rayo de súbita iluminación. La meditación no provoca la visión interior, sólo plasma las condiciones necesarias para atraerla. No se deben tomar los medios por el fin, si fuera así nunca se encontrarían los objetivos.

Todas las técnicas se crearon con el propósito de abrir la puerta a la visión interior. El estudiante debe conservar un criterio flexible, puro, no dogmático. No se debe practicar una técnica o rendir culto a una doctrina por sí misma. Debe comprender que la nueva consciencia que surge gracias a esa técnica sirve para darle mayor vida y libertad, y esto sucede cuando nos desapegamos de nuestras posesiones y concepciones y no cuando nos atamos.

Cualquier método yoga inicialmente requiere aquietar la mente y éste no escapa a ese requerimiento. Por lo tanto, habiendo aprendido a aquietar la mente, la persona puede continuar con los ejercicios que detallamos a continuación. No debe practicarlos todos, sino alternadamente, durante semanas o meses, media hora o una hora en la mañana y en la tarde. Deben realizarse regularmente. Esta meditación puede “aparecer” en momentos insospechados de la vida activa de la persona. En tal caso, debe abandonarse lo que se está haciendo, concentrando la atención hacia dentro, para aprovechar la dulce serenidad y reflexionar inteligentemente sobre ella. No se debe adoptar una actitud mecánica ni pedante. Es algo muy misterioso que se refiere a la existencia interior, sin embargo, no está apartado de la existencia exterior. Cualquiera puede lograr este fin si realiza la tarea con inteligencia y comprensión, de manera correcta, y si aparece el influjo de la Gracia.

Meditación sobre el sol

Ayuda a purificar las actitudes centradas en sí mismo y a provocar un descenso de la Gracia desde el Yo Superior. Es una práctica simple, pero su valor es incalculable. Es una invocación humilde y un saludo a aquel poder supremo que se ha manifestado en la forma de este universo, es un reconocimiento de la unidad del hombre con la Naturaleza. La luz es el primer estado de la materia, es la primera energía emanada de Dios.

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Este ejercicio se relaciona con la aparición y desaparición del sol en el cielo. En el atardecer y en el amanecer, se producen determinadas fuerzas místicas que ayudan al hombre a la comunión con la Naturaleza. Debe realizarse todos los días del año, la primera práctica es dentro o fuera de la casa, en un sitio aislado, con el rostro vuelto hacia el este en la mañana y al oeste en la tarde. Si lo practica dentro de la casa, debe estar frente a una ventana que le permita ver el sol o sus rayos. La persona debe sentarse con los pies bien apoyados en el suelo y las piernas ligeramente separadas, no cruzadas.

El estudiante debe contemplar la salida o desaparición del sol en el cielo, alejar sus pensamientos y concentrar su atención en lo que está contemplando. Los rayos de luz deben penetrar en el cuerpo a través de los ojos. Absorbidos de esta forma ayudan a la salud física, al restablecimiento de la energía perdida, a la purificación de un nocivo carácter emocional, al apaciguamiento de un corazón preocupado y, además, posee la virtud de desinfectar los sitios insanos.

En la segunda etapa, debe sumergirse en una profunda pausa interior, igual que el sistema solar lo hace por unos instantes, para sentir lo que realmente está ocurriendo dentro de la gran existencia de la cual él es un fragmento. Así como el sol del amanecer ilumina el mundo físico, así también el Sol que está detrás del sol, la luz mística de la Mente Universal, ilumina el mundo mental del hombre, siempre que esté presente y en estado de consciencia pasiva para recibir ese poder.

En la tercera etapa, el estudiante procurará moverse al compás de la luz del amanecer o del atardecer, hasta abarcar todo el planeta, igual como lo hace ella. Para realizarlo debe imaginarse como un ser desencarnado y sólo mental, e identificarse empáticamente con la vida de todos los seres de todos los reinos de la Naturaleza. Debe sentirlo vívidamente con fe y convicción. Así ejercita su creencia de que es mente y no materia, refuerza su relación con el resto de la vida cósmica y comprende que su propia vida tiene una sublime significación.

Reconoce la meta de esta etapa, cuando el entorno se desvanece, cuando su atención se vuelve totalmente hacia dentro absorbido por el maravilloso estado de espíritu así invocado y cuando se siente integrante de ese ser universal. Cuando “sienta” amor como respuesta a esa relación, debe dejar de absorber ayuda del Todo para trasladarla compasivamente a los demás. En su imaginación deberá ver a sus semejantes bañados por la luz y sublime paz que lo embarga a él.

Primero, sus esfuerzos se deben dirigir a sus seres más queridos y a todos los seres a quienes desea ayudar y hacia toda la humanidad. Además, deberá pensar en quienes sean hostiles a él, los que se presentan a él como maestros, porque el papel que cumplen es el de poner de manifiesto sus propias faltas. Si los que lo atacan exageran injustamente los hechos o los falsifican deshonestamente, el Karma entrará en juego, produciendo el sufrimiento y purificación necesarios. El estudiante puede desearles su desarrollo moral interno, no es necesario que les dedique su amor.

El ejercicio se concluye con una plegaria personal, en silencio, dirigida al Yo Superior. El ejercicio del amanecer es mejor que se utilice para pedir fuerza, luz, verdad, comprensión, inspiración y ayuda material. El del atardecer, para pedir paz, calma, libertad, altruismo y oportunidad para realizar servicio. Esta meditación se relaciona con el acto de la plegaria y con la difusión de la gracia.

Meditación sobre el pasado

Debe practicarse por la noche antes de dormir, permaneciendo en la cama con las piernas estiradas, sin cruzarlas. Debe rememorar los principales acontecimientos del día, comenzando desde ese mismo momento, e ir retrocediendo en el tiempo con todas o las principales experiencias, sentimientos e ideas. Debe tratar de revivir también los sueños que tuvo la noche anterior. Termina este ejercicio, cuando logra verse acostado, a punto de dormirse la noche anterior.

Es recomendable pensar en imágenes intensamente vívidas para favorecer la concentración. Lo esencial es ver el propio cuerpo en actividad como si se tratase de otra persona. Todos sus actos, pensamientos, actividades, debe verlos con imparcialidad, debe adoptar una actitud de desapego que le permita poner en evidencia sus complejos inconscientes y sus motivos ocultos, ver críticamente sus propios sueños, actos, etc., de acuerdo con las exigencias éticas e intelectuales más elevadas. Es una práctica muy importante en la enseñanza ocultista.

Este ejercicio requiere imaginación creativa, tanto para permitirle recordar su pasado, cuanto para permitirle esta bifurcación de la consciencia, así se crea un medio efectivo para el auto mejoramiento. Al purificar sus motivaciones, educará sus emociones, fortalecerá el poder de la voluntad y mejorará su capacidad mental.

El estudiante va comprendiendo entre meditación y meditación que el día pasado ahora sólo es un recuerdo y, por lo tanto, una forma mental. Cada cosa que ve, incluso él mismo, todo es una serie de formas mentales. Comprende que la mente constituye todas las cosas, porque ahora contempla en esa mente todo lo que antes consideraba que estaba afuera. No se trata de que las formas particulares objetivas del ser se desvanezcan, sino que el ser mismo de esas cosas entra en una extraña relación íntima con el ser del estudiante, en un misterioso punto central en su interior.

El propósito final de este ejercicio, es el de despertar en el estudiante la consciencia del observador oculto. Sentirá intermitentemente que hay dentro de él algo que es diferente de los sucesos pasajeros mismos, que es el Testigo imperturbable de dichos acontecimientos y sentirá una y otra vez el indescriptible desapego que le advierte que algo supra terrenal habita en su interior.

Una meditación sobre el futuro

Los momentos previos al dormir son importantes, porque tienen el poder latente de transformar la existencia mental, moral y física del hombre. Para quien esté empeñado en la búsqueda del Yo Superior, son aún más importantes, porque además tienen el poder latente de transformar su consciencia.

Acostado, debe reflejar lo que su mejor yo desea que él piense y haga; debe visualizarse con cualidades específicas morales y mentales, poniéndolas en práctica. Imaginar cómo reaccionará correctamente en sus contactos con las personas. Debe hacerlo como si fuera un espectador indiferente que observa impertérrito su personalidad. Los resultados obtenidos se medirán por la intensidad con que se presenten en su consciencia estas imágenes, junto con la calma absoluta de los sentidos.

Importancia de la Meditación frente a la Ciencia Moderna

Importancia de la Meditación frente a la Ciencia Moderna

Condúceme de lo irreal a lo Real,
de la oscuridad a la Luz,
de la muerte a la inmortalidad.

Es frecuente en estos días que los maestros espirituales y los religiosos miren en menos a la ciencia, pero yo no estoy de acuerdo con ellos. Si no tenemos electricidad para iluminar esta sala, no creo que alguien viniera a escucharnos. No podemos viajar de un lugar a otro sin automóvil, tren o avión. La ciencia tiene un lugar en nuestras vidas y, condenándola, no enseñamos religión. Las ciencias físicas son necesarias para
el hombre moderno y este no puede llevar a cabo sus tareas sin la ayuda de ellas. Así como las verdades religiosas, filosóficas y místicas son importantes para el desenvolvimiento de la vida humana, también los logros científicos son medios necesarios para nuestra vida externa.

Existen dos ciencias diversas. Una es llamada ciencia física y la otra es llamada la ciencia de la consciencia. La ciencia física descubre las grandes leyes de los aspectos del universo, mientras que la ciencia de la meditación descubre los estados internos de la vida humana.

El hombre es ciudadano de dos mundos: el mundo interno y el externo. Debe conocer las leyes generales
de la ciencia para manejar sus quehaceres en el mundo externo y al mismo tiempo es importante para él conocer los medios para desarrollar su ser interno. El mundo interno y el externo están mezclados. De hecho son inseparables. Aquel que ha conocido los caminos y métodos para entender sus estados interiores refleja su sabiduría interior a través de su pensamiento, acción y lenguaje, y maneja sus actividades eficientemente en el mundo externo.

Cuando yo vivía en las cuevas de los Himalayas había confusión en mi mente al observar el modo científico moderno de vivir. Acostumbraba a separarlo de la forma religiosa de pensar. Llegó el día en que descubrí que las verdades religiosas necesitaban una sistematización científica, y la ciencia, una filosofía religiosa. Todas las grandes Escrituras hablan acerca de la misma verdad, sin embargo sus seguidores permanecen insatisfechos e ignorantes, Creer en las grandes Escrituras y tener fe en ellas no da experiencia directa ni satisfacción. Sin experiencia directa, el estudio de las Escrituras no es satisfactorio.

Siempre digo a mis alumnos: Ustedes se preocupan demasiado acerca de la iluminación. Comiencen a andar por el camino de la luz interior. Cuando ustedes transiten por el camino interior no necesitarán un instrumento de tipo científico, como un telescopio. No les serviría para ver interiormente. Este ver es un arte completamente diferente y no necesita instrumentos externos. Por supuesto, nos demoraremos en llegar a estar adentro, porque nuestra vida diaria nos enseña a estar afuera todo el tiempo.

En nuestra sociedad actual se considera próspero a un hombre que tiene éxito material y que acumula posesiones. Pero si no tiene paz mental y satisfacción, todas sus posesiones son inútiles. Necesitamos tener tranquilidad interior y equilibrio para vivir pacíficamente en el mundo. He conocido muchos gobernantes y hombres ricos, pero no he encontrado paz en ellos ni felicidad en sus vidas. La felicidad es
un síntoma de paz interior, y la paz llega a través de la tranquilidad mental.

Todas las técnicas de meditación descritas por diferentes Escrituras y enseñadas por diferentes maestros son técnicas muy resumidas. Solamente conociendo las técnicas no se puede comprender la filosofía completa que yace detrás. La meditación consiste en una correcta técnica, una profunda filosofía, un fuerte deseo de experimentar la realidad y una práctica constante. Los Padres del desierto y los sabios de los Himalayas creyeron en la meditación. Ella es necesaria para todos los seres humanos.

Los niños hindúes aprenden meditación siguiendo a sus padres. Una mujer hindú medita en sus acciones todo el día. En las afueras de cada pueblo, en la India hay un pozo donde la mujer va a sacar agua. Cada mujer coloca un cántaro con agua sobre su cabeza, se mueve, conversa, baila, pero el cántaro no cae porque ella permanece consciente de él sin importar lo que haga. Si nosotros aprendemos a hacer las cosas permaneciendo atentos al centro de realidad dentro de nosotros, a eso se le llama meditación en acción.

La gran tradición meditativa Budista enseña a meditar sistemáticamente. La Biblia judía dice: Manténte quieto y sabe que soy Dios. La técnica que nos ayuda a estar quietos se llama meditación, y la revelación allí contenida es llamada comunión con Dios. No hay conflicto en la práctica de la meditación. La escuela
de la meditación es libre de fanatismos religiosos, símbolos, ideas, caprichos y fantasías. Cualquiera y todos pueden meditar.

La meditación debería ser aceptada como una ciencia esencial para terapias individuales y de grupo. Ayuda para llegar a ser un genio creativo en el mundo y para tener tranquilidad mental todo el tiempo. Los terapeutas empiezan y terminan con la relajación, mientras que la ciencia de la meditación profundiza mucho más que eso. Cuando se experimentan los métodos profundos de relajación, se llega a saber que todos ellos nos guiarán gradualmente al auto control, aun cuando el practicante no sea consciente de este hecho. Demasiada relajación sin auto control puede llegar a ser dañina. Si se permite a los músculos permanecer relajados por un largo tiempo, estos pueden perder su tonicidad natural. Además, la relajación basada en sugestiones no es parte de la meditación. Durante la meditación, la fisiología del músculo, el sistema nervioso y varias funciones de la mente son llevados a un estado de equilibrio y tranquilidad. Esa relajación que proporciona control consciente sobre tensión y relajación es el método correcto. La relajación es necesaria para la meditación, pero no aquella basada en la sugestión.

La meditación es un viaje interior en el cual se exploran los estados internos, alcanzando finalmente ese centro de consciencia desde donde la consciencia fluye en varios grados y niveles. Si el método es practicado regular y sistemáticamente, no es difícil. Cuando una dueña de casa practica meditación, llega
a ser una dueña de casa perfecta. Todos los logros científicos en el mundo externo, todas las comodidades, pueden llegar a ser medios si sabemos que son medios solamente. El hombre moderno sufre de varias enfermedades auto creadas, tales como hipertensión, úlceras, migrañas, jaquecas y depresión. La causa yace dentro de la mente. Y cuando la mente es entrenada mediante las prácticas meditativas, la meditación llega a ser una terapia esencial a la vida diaria. Previene muchas enfermedades. Cuando la mente y sus modificaciones son controladas mediante la meditación, se puede disfrutar de serenidad interior y cumplir los propios deberes en forma adecuada. Solamente a través de la meditación se puede tomar conscientemente contacto con nuestras potencialidades ocultas. Para llegar a ser creativo y dinámico, la meditación es muy importante.

Un hombre que medita nunca se horroriza de los problemas de la vida. Nunca es tironeado por los encantos, tentaciones y atracciones. Permanece sin ser afectado en todas las circunstancias de la vida, buenas o malas. A través de la meditación, cada ser humano puede hacer un tremendo bien a la humanidad. Los más grandes obstáculos en el camino de la meditación son creados por el ego, y alguien que sabe cómo someter al ego recibe el mayor conocimiento.

Les contaré una historia que ilustra el problema del ego. En un tren había un joven compañero de viaje sentado a mi lado. Había también un swami muy anciano viajando en el mismo coche.

El joven le preguntó: Señor, ha controlado usted su ira?

El anciano dijo: Sí, es fácil. Nunca pierdo mi ecuanimidad. No tengo ego. Tengo perfecto control sobre mi ira.

Pero el joven persistió en su pregunta una y otra vez. Continuó preguntando: Realmente no tiene ira ni ego? Realmente ha controlado su mente, acción y palabra?.

El viejo swami perdió la paciencia y se puso muy enojado, diciendo:
Cállate de una vez ! Si no lo haces te romperé la cabeza !

La personalidad oculta de cada uno emerge en situaciones imprevistas. Realmente, esto es una oportunidad de auto examen. Se pueden sobrellevar todas las situaciones inesperadas estando alerta al centro de consciencia. Mantener este centro conscientemente, es meditación. La fuerza interior es superior a la fuerza exterior. Aquellos que tienen fuerza interior permanecen imperturbables todo el tiempo.

Conocí a un swami que era un ser realizado. El estaba hablando de meditación y uno de los alumnos de la audiencia se levantó y dijo:

Señor, si yo digo que usted es un tonto usted se perturbaría?.

El swami dijo que no.

El alumno entonces preguntó: Por qué?.

El swami respondió: Yo no acepto fácilmente sugestiones de los demás, he aprendido a permanecer calmado y cómodo.

Un hombre que medita comprende los gestos, emociones, pensamientos y deseos de los demás. Está alerta a toda hora en todos los niveles. Hay una vasta diferencia entre hipnosis y meditación. Hay diferencia entre oración y meditación también. La hipnosis ayuda en un nivel superficial, la meditación es diferente, ayuda a enfrentar la realidad. Nos conduce de la dualidad a la unidad. Adler, James, Freud, e incluso Jung, sabían que aunque la hipnosis es útil en un cierto nivel, no puede conducirnos a un estado de consciencia más profundo. La meditación es unidad en diversidad. Desde el momento en que vemos formas y nombres, estamos bajo la influencia de la hipnosis. Toda la humanidad está hipnotizada por las condiciones externas. No necesitamos más hipnosis. Hipnosis y meditación son dos conceptos diferentes.

En uno se necesita la sugestión y en la otra se experimenta directamente la realidad. Ningún método de hipnosis puede iluminarnos. Sí puede ponernos en un profundo sueño. Pero el sueño no puede iluminar a nadie. Cuando un tonto va a dormir, despierta como el tonto que era. Pero cuando un tonto se sumerge en una profunda meditación, regresa como un Iluminado.

A menudo los estudiantes preguntan: Cuánto me demoraré en aprender a meditar?. Mi respuesta es: Cuánto tiempo te tomaría iluminar una habitación a oscuras?. Si tenemos luz podemos disipar la oscuridad. Y cuánto nos demoraremos en alumbrarla? Un segundo. Si estamos totalmente preparados, si aprendemos a no desperdiciar nuestro tiempo sino a utilizarlo para prepararnos, podemos conocer los niveles más profundos de nuestro ser. Todos los problemas se terminarían si voluntaria y conscientemente gastamos algún tiempo en la meditación. Unos pocos minutos cada día nos ayudarán a formar el hábito. Cuando el hábito está fortalecido, la mente empieza a fluir hacia los surcos creados por los hábitos. Para aquellos que han estado haciendo meditación, esa hora es la mejor hora del día. Todos los seres humanos, en su ignorancia, cometen errores. La meditación los vuelve alertas a sus errores y los libera de los complejos de culpa. Los métodos de la meditación nos ayudan a estar atentos a las buenas y malas cualidades en nosotros.

Otra pregunta frecuente de los alumnos es acerca de un guía o un gurú. Los alumnos modernos tienen una idea del gurú como de un ser humano sobrenatural: imagen que refleja sus propias ideas. Un gurú es aquel que piensa, habla y actúa de acuerdo a los dictados de su propia consciencia. El más grande de todos los gurúes en forma humana es aquel que practica, que se ha experimentado a sí mismo, y que nos guía desinteresadamente en el camino de la lluminación.

Las Escrituras dicen: Despertad del profundo sueño de la ignorancia, preparáos, aprended a escuchar vuestra propia consciencia, y no sigáis los trucos que os juega vuestra mente. No desperdiciemos tiempo en conocer los diferentes caminos, sino que sigamos uno con toda sinceridad y fidelidad.

Swami Rama

Traducido y extractado por Eduardo Cucurella de
Swami Rama y otros.- Faces of Meditation.- Himalayan International Institute.

Hablemos de meditación

Hablemos de meditación

“El hombre debe ante todo recuperar un estado donde se exprese totalmente esta verdadera transparencia que le ofrece la magnífica función de ser un instrumento lúcido y consciente de la obra universal”

El notable interés que el hemisferio occidental ha mantenido en la meditación, en los últimos cincuenta a sesenta años, hace prever que nuestro nivel de Ser pueda ascender lo indispensable para que nuestro nivel de “tener” deje de ser tan prioritario en nuestra cultura, esto podría coadyuvar, en un no tan lejano plazo, a hacer de la meditación un pilar fundamental de nuestra educación.

Las personas más intuitivas e iluminadas del mundo, saben que el sufrimiento de la humanidad se debe a que nuestra percepción es errónea porque está basada en interpretaciones aparentes y superficiales de los hechos y circunstancias. Sólo el aquí y ahora nos puede dar una percepción total.

La meditación da una limpia transparencia a la percepción que se agudiza diáfanamente al volver hacia el interior. El espíritu despliega sus facultades y se intensifica en el presente acausal e intemporal. Estos requisitos permiten al meditante conocer la realidad y “darse cuenta”. Liberado de los condicionamientos, de las memorias temporales y habiendo desanquilosado al ego, obtiene el estado necesario para recibir la Plenitud que es su condición natural. La compasión lo inunda, porque ha comprendido que su naturaleza es la naturaleza de todas las cosas. Al haber sido cerrada la brecha entre lo humano y lo divino puede dar testimonio del Ser Trascendente: Plenitud – Amor – Consciencia.

Las enseñanzas esotéricas reconocen que el universo es una escala de procesos energéticos, cuya fuente de origen es la Consciencia. Todo estaría subordinado al Absoluto y todo emanaría de Él.

El hombre despierto e iluminado, no identificado con su cuerpo permite que esa energía se manifieste suscitándole la transparencia de la trascendencia, logrando un destello especial y emanando una singular irradiación, porque goza de la comprensión final de toda experiencia y es capaz de integrar los dos mundos: la consciencia del yo ligado al espacio tiempo y su pertenencia a ese SER sobrenatural presente en su Ser esencial.

Este tipo de nivel de consciencia despierto es el ideal de un estado de consciencia alterado. La mayoría de los sistemas lo reconocen como la culminación de la meditación.

Ken Wilber asevera que todos los estados superiores de la existencia se encuentran condensados en el inconsciente del recién nacido. La evolución sólo es el despliegue de los distintos sistemas y es holística porque es el “recuerdo natural de Dios”. Al practicar esta técnica con asiduidad, conocemos la realidad, nos reconciliamos con nuestro origen y obtenemos el propósito y significado de la existencia .

Los seres vivos reciben energía de los alimentos, el aire y las impresiones, y, con sabiduría, cada organismo la transforma en su beneficio. El ser humano por el hecho de ser tal, está predispuesto a recibir la experiencia del Ser, lo que logra sólo si sutiliza en forma voluntaria esa energía..

El conocimiento de que la materia es energía es de todos conocido. El físico cuántico David Bohm, matemáticamente demostró que existen energías de tan alto poder vibratorio, tan infinitas, que parecen inmóviles. A partir de éstas resuenan otras. A las de menor poder, las más lentas, las catalogó como categoría expuesta de la energía y dando origen a todo lo material que existe en el universo. A la energía de poder infinito, Bohm la llamó Holomovimiento que al resonar en un movimiento global, acausal, intemporal y sin fricciones, da origen a otras que tambien están sustentadas por el Holomovimiento. Como éste no tiene peculiaridades identificables con todo lo conocido, se le considera como un vacío. Paradojalmente es la plenitud .

Este descubrimiento de Bohm, es coincidente con el conocimiento milenario de los místicos orientales, ellos saben que el todo está dentro de sí mismo. Eso significa que el movimiento entero está dentro de nosotros. Por eso los hindúes dicen “Tú eres eso”.

Cuando nos disponemos a meditar, con asombro descubrimos que nuestra mente “se manda sola” y ni tan siquiera es así, porque nuestros pensamientos y acciones evidenciados en decisiones, se fundamentan en principios aprendidos o copiados durante nuestra socialización: prejuicios, convencionalismos, intereses egoístas, etc. En consecuencia, nos equivocamos un sinnúmero de veces y no sólo sufrimos nosotros sino que, directa o indirectamente, hacemos sufrir a otros seres. Si realizamos una introspección sincera y honesta, no podemos dejar de reconocerlo. La génesis de esta situación se debe a que estamos “dormidos”. La meditación nos “despierta” y nos hace vivir gratamente la Verdad y la Libertad.

Si durante la meditación la atención se concentra, logramos que se agudice la percepción de tal forma que llegado un momento, variable en el tiempo dependiendo del meditante, se desprende de la consciencia común. Ha llegado a lo que se llama estado alterado de consciencia.

Cada escuela o sistema designa con términos diferentes a estos procesos. Todos tienen características comunes: atención concentrada en un sólo objeto con exclusión de todos los demás pensamientos, pérdida de la consciencia sensorial, concentración en el momento presente, lucidez mental y pérdida de la noción del tiempo.

Esta técnica requiere disciplina en la atención, voluntad y fundamentalmente perseverancia. Su efecto conlleva el conocimiento de la relación del individuo con la totalidad, la aptitud de trascender los aspectos dolorosos de la vida y por lo tanto comprehender una nueva forma de percibir la realidad

El resultado final de este proceso tiene el efecto de establecer un alineamiento de las sinápsis del cerebro, los compartimentos que antes funcionaban sin coordinación se integran. Ellos son: el neocórtex (pensamiento intelectivo), el sistema límbico y el tálamo (sentimental emocional) y la médula oblonga (instintivo inconsciente). La causa de esta armonía se debe a que se originan cambios electroquímicos y crecimiento de las terminaciones nerviosas. Esta integración se exterioriza en un nuevo estado de consciencia.

Psicológicamente, el meditante obtiene paz interior, buenas relaciones con el entorno, eficacia, alegría y entusiasmo en la vida cotidiana, comprende la realidad sin sufrimiento. Su percepción se debe a que superó la dualidad, las impulsiones, los condicionamientos y subyugó al ego.

Fisiológicamente ocurre una baja en el metabolismo, en los niveles de lactato en la sangre, en la frecuencia cardíaca y respiratoria y en la presión arterial, y un aumento de las ondas cerebrales alfa, de ocho a nueve por segundo.

Estos benéficos resultados se logran si durante el desarrollo de esta técnica el meditante le da a la atención el poder de un buen espejo, que no deforma, no juzga, todo lo refleja. Con esta exigencia, la concentra en el motivo de la meditación y aleja suave y firmemente y sin ansiedad cualquier hecho que irrumpa en su mente, sentimiento, pensamiento o percepción.

Al practicar esta técnica con asiduidad, conocemos la realidad, nos reconciliamos con nuestro origen y obtenemos el propósito y significado de la existencia.

Lawrence Le Shan divide estas técnicas en cuatro tipos básicos: Camino de las Emociones, Camino del Intelecto, Camino del Cuerpo y Camino de la Acción.

Camino de las emociones:
Libera la consciencia y expande la capacidad de relacionarse con los demás. Supone que cuanto más se ha vencido el efecto del crecimiento por el aprendizaje cultural y experiencias de la edad temprana, más fáciles y armónicas serán las relaciones personales. Algunos centran su objetivo en el amor a Dios, al prójimo o al Yo. Para los místicos que prefieren esta técnica, es igual la dedicación a cualquiera de ellos, porque saben que no existe la separatividad.

Camino del intelecto:
Aquí se busca una manera intelectual de comprender las dos formas de relacionarse con el mundo. Con ejercicios se profundiza en esta comprensión y se completa con una meditación que fuerce a la mente a hacer lo que resulta imposible de realizar desde la habitual forma de percibir y pensar.

Le Shan tambien considera las meditaciones “mentales”. Las llama así porque el cuerpo se mantiene en reposo y en una posición cómoda, y las clasifica en estructuradas y no estructuradas.

Las meditaciones estructuradas son aquellas que definen con precisión absoluta y rigurosa el trabajo interno a realizar, exigen atención y disciplina constantes, no debe haber comparaciones ni referencias. Con perseverancia se acrecienta la percepción y capacidad de relacionarse.

Las meditaciones no estructuradas tienen como finalidad integrar alguna área que el adepto considere deficitaria en su personalidad y que el superarla constituya una necesidad.

Consiste en enfocar con la atención el tema elegido, su naturaleza, estructura, significado y sentimientos que le despierte. No es soñar despierto ni es asociación libre, las asociaciones van a aparecer pero no deben ocupar el máximo tiempo Esta meditación es útil para liberar vocaciones, esperanzas, miedos. El tema elegido puede ser una imagen, frase, concepto, problema o palabra.

Esta técnica tiene dos puntos centrales: El tema en conflicto y cómo se experimenta. Resulta muy efectiva si se aplica la voluntad y el deseo sincero de una mayor integración de la personalidad.

Un ejemplo: Cómo amo? Cómo me gustaría amar? Qué me lo impide? Porqué tengo miedo a amar? Qué implicaciones tiene todo ello en las distintas facetas de mi vida?

Otro tema de este tipo de meditación es una sentencia de Meister Eckhart:
“el ojo por el que Dios me ve es el mismo ojo por el que yo veo a Dios.”

Camino del cuerpo:
Armoniza los movimientos corporales con la personalidad a la que integra y fortalece. Es representada por el Hatha-yoga, Tai-chi, danzas derviches, Tiro con arco, Aikido, Kárate, en oriente. En occidente los métodos de Elsa Gindler con su percepción sensorial, Eutonía de Gerda Alexander, el método de Moshe Feldenkrais y otros.

Camino de la acción:
Consiste en aprender a relacionarse y a percibir el mundo mediante una actividad determinada.

Las divide en: Camino exterior o de las formas, Camino medio o de la vacuidad y Camino interior o de la entrega o de la autoexpresión.

Camino exterior o de las formas. Se realiza con algún elemento que proceda del exterior, hecho, palabra u objeto. Tambien se llama Fijación.

Estriba en mirar algo en forma dinámica y atenta. Debe palparse con la mirada, sentirse con la vista. Puede tomarse y rotarse hacia cualquier lado, sin pronunciar palabra alguna, se puede furtivamente mirar en otra dirección, pero ése no es el objetivo. Uno debe permanecer absorto y concentrado. Cualquier sensación extraña al objetivo es alejarse del trabajo.

Conviene usar un objeto simple, una rama, una concha marina, etc. En todas las sesiones es preferible usar el mismo elemento.

Otro ejemplo de éste camino es contar las exhalaciones, evitando pensamientos, percepciones, impresiones y sentimientos . Hay que “retraer los sentidos”. Se cuenta de uno a cuatro y se vuelve a uno. Es conveniente separar cada número por la conjunción “y”. Es una meditación muy difícil, como siempre se requiere voluntad , atención y concentración. Se puede realizar con los ojos abiertos o cerrados.

Camino medio o de la vacuidad. Se persigue alcanzar un vacío mental y una mente equilibrada y alerta, sin pensamientos. No es trance ni ensoñación. Este es un camino muy largo y con riesgos por lo que es siempre recomendable la guía de un maestro experto.

Camino interior o de la entrega o de la autoexpresión. Toma como punto de partida los procesos de la vida interior y hay que responder a ellos de una forma determinada y específica. Consiste en meditar sobre el flujo de la conciencia. Aumenta el conocimiento y aceptación de la vida emocional.

Un ejemplo es Quién soy yo?. Ramana Maharshi la llama autoindagación y dice que es un camino directo. Es difícil y rigurosa. La respuesta siempre debe ser rebatida y en primera persona. Por ejemplo, si se responde un nombre la respuesta debe ser: no, ese es el nombre que me he dado a mi mismo, pero Quién es ese yo a quien he dado ese nombre? Si la respuesta es : yo soy la persona que en este momento se siente cansada. La adecuada contestación sería: no, esa es una sensación que yo siento, pero quién es ese yo que tiene esa sensación? Todas las preguntas deben ser rebatidas en forma similar.

La Meditación: Teoría y Práctica

La Meditación: Teoría y Práctica

Una expresión del propósito de la práctica espiritual y al mismo tiempo un punto de vista que es producto de ella, es llegar a entender que no existimos. No existimos de la manera que habitualmente creemos existir, como una entidad sólida e inalterable, que de alguna manera es diferente del mundo y del fluir cambiante del universo que nos rodea. Somos presa de una ilusión fundamental, la de que hay un ser o ego aparte, sólido e inalterable, al cual tenemos que proteger y defender y del cual, en cierto modo, pensamos que no morirá jamás. Esta ilusión es la causa principal que está en la base de los problemas de tensión, sufrimiento e infelicidad en la vida. Disolver este punto de vista, llegar a cierta desilusión del ego que no sea solamente intelectual ni una estructura de creencias religiosas (Todo es uno, etc.), sino una experiencia profunda e integrada del hecho de que no somos, puede arrancar de raíz las dificultades que pretende resolver la psicoterapia. Tal es también la esencia de la religión. Decir que no existimos como entidad aparte, también se puede decir de otra manera: que somos todo, que no hay manera de establecer un límite entre lo que somos y lo que los otros no son.

Hay varias categorías principales de meditación. Las dos distinciones más importantes de la meditación son la concentración y la visión interior. La meditación de concentración es toda una gama o clase de meditaciones en que se pone el acento en el adiestramiento de la mente, enfocándola fijamente en un objeto determinado. La concentración puede enfocarse en la respiración, en un mantra, en la llama de una vela o
en otros objetos, de manera que excluya otras distracciones, pensamientos y aportes. La mente, en tanto que energía, puede concentrarse de la misma manera que un láser puede concentrar la energía lumínica. El poder de concentración puede servir para trascender o para alcanzar toda una gama de estados mentales alterados o de percepciones diferentes de las normales. Frecuentemente son vivencias arrobadoras en tanto que no están sujetas a perturbaciones y son pacíficas y tranquilas. Además de ofrecer acceso a muchos estados alterados, el poder de concentración se puede aplicar también al análisis de nosotros mismos, de nuestras experiencias, y a la comprensión de aquello que configura el mundo de nuestra consciencia y nuestra vivencia.

El adiestramiento de la percepción, que constituye la otra clase importante de meditación, no intenta apartar la mente del transcurso de la experiencia para enfocarla sobre un solo objeto y crear estados diferentes. Trabaja más bien con la vivencia presente, cultivando la atención y la percepción del fluir que momento a momento va configurando nuestra vida: la vista, el sonido, el gusto, el olor, los pensamientos y sentimientos, valiéndose de todo ello como objeto de la meditación, como una manera de ver quiénes somos. En el proceso de entrenamiento de la percepción, los meditadores empiezan también a responder las cuestiones referentes a cómo surgen los estados negativos y cómo manejarlos mental y vivencialmente. Más adelante, cuando la percepción está bien desarrollada, pueden tener acceso a otros niveles de la experiencia que trascienden nuestra consciencia cotidiana normal.

También la meditación que pone en juego la devoción o la entrega puede ser incluida en esta segunda clase, porque prestar atención cuidadosamente es en sí una práctica devocional. Es una entrega a lo que de hecho está sucediendo en cada momento, sin intento alguno de alterarlo, cambiarlo o encerrarlo en un marco conceptual. En esa meditación atenta que constituye la segunda clase, se trabaja con un ámbito del vivenciar que se encuentra entre la supresión de los sentimientos, impulsos e ideas – no se trata en modo alguno de hacerlos de lado – y el otro extremo, el de actuar necesariamente sobre ellos. Se cultiva así un estado mental que nos permite estar abiertos, observar y vivenciar plenamente y en toda su amplitud la realidad mental y física, sin suprimirla ni activarla. Mediante el procedimiento de prestar atención se puede alcanzar gradualmente mayor percepción y concentración y un entendimiento nuevo.

Quisiera presentar un modelo proveniente de la psicología budista. Es el modelo llamado de los factores de iluminación y puede ser útil para comprender de qué manera funciona la meditación. Los factores de iluminación son siete cualidades de la mente cuya descripción se halla en la bibliografía tradicional (Buddhaghosa, 1976) y que son la definición de una mente sana o iluminada. Se cultivan para que estén presentes de manera tal que determinen las relaciones que uno tiene con cada momento de la experiencia.

La atención, la más importante de las siete cualidades, va seguida por dos grupos de factores que deben estar en equilibrio. En el primer grupo se cuentan la energía, la investigación y el arrebato; en la segunda serie de factores están la concentración, tranquilidad y ecuanimidad.

Los tres primeros condicionan una cualidad mental muy activa. Aquí energía significa el esfuerzo por mantenerse consciente; investigación significa considerar muy profundamente la experiencia
o vivencia al explorar el propio proceso, y arrebato significa júbilo e interés en la mente.

Estos tres elementos deben estar equilibrados por la concentración, la tranquilidad y la ecuanimidad. La concentración es unidireccionalidad, quietud, capacidad de enfocar poderosamente la mente; la tranquilidad es una especie de silencio interior, una investigación más silenciosa que plena de pensamientos; la ecuanimidad es un calmo equilibrio en relación con las circunstancias cambiantes de la experiencia. La atención, cuando se cultiva, llega a ser la causa de la aparición de las siete cualidades. Es el factor clave de la meditación, el que fomenta a los demás y los equilibra.

En la psicología occidental se insiste mucho en los factores activos, que incluyen la investigación y la energía consagradas a la comprensión del propio ser. Pero en Occidente ha faltado, lamentablemente, la comprensión de la importancia de los factores complementarios de concentración y tranquilidad. Sin cultivar la concentración y la tranquilidad, el poder de la mente es limitado y el alcance del entendimiento que es posible lograr, bastante reducido. A la inversa, en las tradiciones orientales es frecuente que la dificultad resida en la acentuación excesiva de la concentración y la tranquilidad. Estos factores pueden condicionar maravillosas experiencias de arrebato, silencio mental y estados de trance o jhana. Pero sin el factor equilibrante de la investigación y de una enérgica observación de cómo son realmente las cosas, una práctica así no conducirá a una comprensión más profunda del sí mismo ni a la libertad de la iluminación.

En la práctica, entendernos a nosotros mismos es emplear la concentración de la mente como instrumento y aplicarla con consciencia e investigación. Lo interesante de este modelo es que no toma una forma específica, sea sufi, budista, hindú o psicoterapéutica. Tal como se dice en el Manual de Iluminación para Holgazanes(Golas, 1972), a la iluminación no le importa cómo se llegue a ella. Cualquier método que cultive estas cualidades mentales y las equilibre es bueno. Cualquier técnica que pueda llevar al lector a
un lugar de quietud, claridad y apertura le conducirá a una comprensión directa de las verdades espirituales básicas. La verdadera naturaleza de nuestro ser siempre es accesible a la vista, si cultivamos nuestra capacidad de ver.

Cuando entendemos la práctica espiritual como el simple cultivo de ciertas cualidades mentales, podemos entender una amplia variedad de tradiciones aparentemente diversas.

Al parecer hay varios niveles de desarrollo por los cuales pasa la gente y muchas maneras de describir estos niveles. En el primero, la gente simplemente se da cuenta de hasta qué punto está dormida, lo cual
es una de las visiones interiores más importantes. Al intentar prestarse atención a sí mismas y estar tan presentes como les sea posible durante todo el día, casi todas las personas se quedan atónitas al comprobar la cantidad de tiempo que pasan funcionando con el piloto automático; es una visión interior que comienza a cambiar a las personas cuando ven los beneficios de una auténtica vigilia. Les da mayor motivación para la práctica y genera una apertura que les permite mirar con más realismo la forma en que se ven a sí mismos en su mundo.

El segundo nivel de intuiciones es lo que yo llamaría revelaciones psicodinámicas o de personalidad. La gente empieza a ver con más claridad las pautas de sus motivaciones y de su comportamiento. Alguien puede decir, por ejemplo: Vaya, ahora que me fijo, advierto que me relaciono de cierta manera con la gente porque estoy siempre buscando aprobación, o siempre intento impresionar bien, o siempre me da miedo tal o cual cosa, etc. En el proceso de la meditación de percepción hay una especie de iluminación que se parece mucho a hacer terapia solo, simplemente escuchando y prestando atención. Estas intuiciones, unidas a la aceptación que proviene de una percepción no valorativa de nuestras pautas de comportamiento, promueven el equilibrio mental y la comprensión de manera que pueden reducir nuestra identificación y sufrimiento neuróticos.

En la práctica, más allá de la visión interior psicológica hay niveles de los que se habla con frecuencia en los libros clásicos orientales. Algunos son niveles de los diferentes estados de trance o jhana en que la absorción o la concentración son altísimas. Estos estados de concentración tienen la desventaja de que conducen principalmente a estados alterados de consciencia, pero no necesariamente a cambios de carácter a largo plazo. Un segundo conjunto de experiencias que trascienden los niveles psicodinámicos y de percepción de la personalidad constituye una progresión de visiones interiores.

Este nivel de percepción aporta cierto esclarecimiento sobre cómo está construida la mente. Uno empieza
a ver de qué manera opera en la mente el proceso de deseo y de motivación en cuanto tal, totalmente aparte del contenido de ningún deseo en particular. La intensificación de la visión interior del proceso mental nos hace ver más profundamente que todo lo que somos se encuentra en cambio constante. Es posible que se dé una clara visión de la disolución del propio ser momento a momento, cosa que frecuentemente lleva a una dimensión de terror y miedo, a una especie de muerte interior. Más adelante,
en esta percepción se origina un proceso espontáneo de abandono de las motivaciones personales, con lo cual se intensifica la percepción de una consciencia de amor o consciencia de Bodhisattva. A medida que se desintegra la solidez del sí mismo se da la visión de la verdadera conexión entre todos nosotros, de la cual surge una forma espontánea de ternura y compasión. La mayor comprensión conduce
a toda clase de estados altruistas y, finalmente, a las formas supremas de iluminación, en las cuales podemos ver nuestra existencia como un juego en el campo energético que es el mundo en su totalidad.

Con el fin de entender el amplio alcance de la experiencia meditativa, nuestra investigación debe pasar revista a las diferentes tradiciones y técnicas desde el punto de vista de que no son sino medios de llevar
a cabo cambios en el conjunto de nuestros factores mentales. Cada técnica altera la forma en que nos relacionamos con nuestras experiencias o vivencias, y, si nos fijamos, veremos que es frecuente que prácticas y tradiciones muy diferentes se orienten al cultivo interior de las mismas cualidades, como la concentración, la tranquilidad o una percepción y un equilibrio intensificados. Así pues, concretamente los siete factores de la iluminación pueden ser considerados simplemente como otro modelo o descripción de cómo la mente llega a equilibrarse para poder ver con mayor claridad la naturaleza de nuestra experiencia.

Jack Kornfield

Extractado por Tatiana Reyes de
R, Walsh y F. Vaughan.- Más Allá del Ego.- Kairós

El Sueño Lúcido (parte 2)

El Sueño Lúcido (parte 2)

Los Beneficios del Sueño Lúcido

Cuando el soñador se torna consciente de las implicaciones que conlleva el hecho de tomar consciencia de que está soñando, puede ser capaz de crear sueños menos ansiosos y más gratificantes e incluso puede aprovechar el sueño para tratar de crecer interiormente mientras está soñando. Por otro lado, los informes que nos proporcionan diversos investigadores indican que las personas que son capaces de inducir cierto grado de lucidez consiguen liberarse de los sueños desagradables y de las pesadillas recurrentes. Además, el sueño lúcido también nos permite programar las experiencias placenteras y satisfacer plenamente deseos que en la vida cotidiana estarían prohibidos o serían imposibles de satisfacer.

En los niveles superiores, el sueño lúcido conlleva una serie de estados cognitivos auto reflexivos y una consciencia de libertad, seguridad y distanciamiento de las obligaciones de la vida cotidiana, que se entremezcla con una vívida experiencia perceptual, la posibilidad de acceder a los procesos autónomos y un poderoso impacto emocional. Es por ello que el sueño lúcido puede convertirse en un instrumento idóneo para propiciar experiencias emocionales correctivas que transformen la personalidad. El sueño lúcido también puede ser muy adecuado para la desensibilización de las fobias y para el ensayo de conductas más apropiadas. Garfield, por ejemplo, relata cómo los asistentes a un seminario sobre sueño creativo aprendieron a aplicar el principio de afrontar y superar las situaciones peligrosas que pudieran aparecer en sus sueños y que la mayor parte de ellos llegaron a experimentar la repercusión de este trabajo en su vida vigílica en forma de una conducta más asertiva y un aumento de la confianza en ellos mismos. La lucidez incrementa nuestra consciencia de los aspectos auto reflexivos del entorno onírico y, en este sentido, el sueño lúcido puede conducirnos a entablar un diálogo con nuestras propias proyecciones bajo la forma de los diferentes personajes soñados. Él sugirió que los pacientes podían buscar en sus sueños lúcidos una especie de ayudante. La investigación debe confirmar todavía si los sueños lúcidos pueden provocar cambios realmente constructivos en nuestra personalidad. Sin embargo, teniendo en cuenta los recientes progresos en la inducción de la lucidez onírica, el desarrollo de este tipo de investigación parece ahora mucho más factible.

La lucidez, en suma, nos permite acceder conscientemente a la creatividad onírica y llevar a cabo experimentos para verificar el poder de nuestra imaginación, emprender aventuras oníricas o descubrir imágenes que luego pueden ser utilizadas y reproducidas mediante la actividad literaria o la producción artística.

La investigación que se ha llevado a cabo hasta el momento parece sugerir que el cerebro y, en menor medida, el cuerpo, responden a ciertas actividades oníricas de la misma manera en que lo hacen en vigilia. En este sentido, por ejemplo, me pregunto por las posibles aplicaciones médicas del sueño lúcido combinado con las técnicas de visualización que suelen utilizarse para combatir determinadas enfermedades.

Asimismo, la experiencia vigílica puede verse fortalecida mediante la toma de consciencia de las implicaciones que se derivan del hecho de soñar, es decir, mediante la comprensión de que somos los co-creadores de un mundo de experiencia que nos refleja a nosotros mismos y que, debido a su subjetividad, no es sino una entre muchas realidades posibles. De este modo, la toma de consciencia de que somos una fuente creativa nos obliga a asumir la responsabilidad que nos corresponde no sólo en lo que respecta a nuestras experiencias pasadas y presentes sino también en lo que tiene que ver con nuestra capacidad para crear la experiencia futura. La simple comprensión intelectual de esta responsabilidad puede ayudarnos a hacernos cargo definitivamente de nuestra vida y contribuir a mantener una actitud abierta e investigadora ante nuestras motivaciones inconscientes y nuestra conducta cotidiana.

Judith Malamud

Más Allá de la Lucidez:
el Viaje hacia la Consciencia Pura

Si es correcta la teoría de que el sueño lúcido no es más que un simple peldaño en el continuo de la consciencia humana, deberíamos entonces plantearnos al menos dos preguntas: Qué es lo que viene después del sueño lúcido?, y por qué debemos esforzamos en tratar de conseguirlo?

La evolución de la consciencia de uno mismo no concluye en la lucidez sino que prosigue hasta un estado de consciencia más sosegado y ecuánime que parece carecer de límites y que ha recibido el nombre de testigo.

Para explorar exhaustivamente este continuo – que abarca de la lucidez hasta el testigo – Gackenbach, Robert Cranson y Charles Alexander se ocuparon de registrar las respectivas experiencias oníricas de cinco grupos de practicantes de meditación trascendental y cuatro grupos de control. Su objetivo era el de tratar de determinar las características distintivas del sueño lúcido y del hecho de ser testigo durante el sueño y durante el sueño sin ensueños. Sus conclusiones fueron las siguientes:

Un sueño lúcido es aquél en el que podemos pensar activamente en el hecho de que estamos soñando.

Un sueño del que somos testigos es aquél en el que experimentamos un estado de consciencia interior tranquilo y relajado que se halla completamente desvinculado del contenido y del desarrollo de la experiencia onírica.

El estado de ser testigo de un sueño sin ensueños se caracteriza por el hecho de experimentar un estado de consciencia, o de alerta, relajado y sereno.

Veamos ahora algunos ejemplos relativos a cada uno de los tres casos proporcionados por practicantes de MT.

Sueño lúcido: Durante un sueño, me di cuenta súbitamente de que podía mantenerme separado del sueño. Entonces comencé a manipular el argumento y los personajes para crear el tipo de situación que deseaba.

Consciencia-testigo en el sueño con sueños: En ocasiones, independientemente de los contenidos de mi sueño, mi consciencia se halla tan sosegada que termina distanciándose progresivamente de ellos. A veces, sin embargo, sigo incluso atrapado en ellos pero la sensación de paz interior permanece.

Consciencia-testigo en el sueño profundo: Es una sensación pura de gozo y de expansión infinita. En ese momento, soy consciente de que existo pero también de que carezco de una individualidad separada. Luego, gradualmente, voy tomando consciencia de mi personalidad pero ignoro todo lo relativo a quién, qué, dónde, cuándo, etcétera. Poco a poco, todos estos detalles comienzan a perfilarse con claridad y finalmente termino despertando.

Los investigadores descubrieron que este tipo de fenómenos se presentaban con mayor frecuencia entre los meditadores que entre quienes formaban parte de los grupos de control (que no estaban comprometidos en ningún tipo de práctica meditativa). No obstante, ambos grupos aportaron más testimonios relativos a sueños lúcidos que al estado de consciencia-testigo (tanto en el sueño como en el sueño profundo). Este descubrimiento apoya la hipótesis de que el sueño lúcido resulta de más fácil acceso independientemente del entrenamiento o de las habilidades personales y, por consiguiente, puede ser considerado como un trampolín para acceder a otras experiencias.

Para poder someter a examen los tres estados de conciencia onírica, Gackenbach, Cranson y Alexander estudiaron a un grupo de meditadores avanzados. Hay que decir, en primer lugar, que la sensación de separación era mucho más frecuente en los sueños en los que se manifestaba la consciencia-testigo que en los sueños lúcidos, como si el hecho de ser testigo impusiera una distancia con respecto al sueño o, como dijo un meditador: El sueño y yo somos dos realidades diferentes.

Otra diferencia importante tenía que ver con las emociones positivas. Aunque los sueños lúcidos presentaban aspectos muy positivos, lo cierto es que aquellos otros en los que el sujeto era testigo del sueño eran todavía más positivos. El sentimiento que acompaña a estos dos últimos estados nos recuerda la noción de beatitud – un término, por otra parte, muy utilizado por los sujetos que habían experimentado la consciencia-testigo y que, por el contrario, jamás fue utilizado por quienes habían experimentado sueños lúcidos – de la que nos hablan las religiones orientales. Por otra parte, el posible control sobre los sueños es mucho más frecuente en los sueños lúcidos que en aquellos otros en los que se manifestaba la consciencia-testigo. Es como si, durante la lucidez, la voluntad – la capacidad volitiva de nuestro ego individual – pareciera controlar los pensamientos y los deseos mientras que, en el estado de la consciencia-testigo, por el contrario, nos sintiéramos completamente plenos y no tuviéramos el menor deseo de involucrarnos en el sueño.

Gackenbach y Alexander han diseñado (al mismo tiempo que otros investigadores) un experimento para comprobar si existe alguna diferencia fisiológica entre los sueños lúcidos estudiados por LaBerge, por ejemplo, y una persona, practicante avanzado de meditación trascendental, que afirmaba permanecer en el estado de la consciencia-testigo en todo momento, incluido el período de sueño profundo.

Tal como se esperaba, esta persona era capaz de indicar que estaba soñando y, al igual que ocurre con otros soñadores lúcidos, su latido cardíaco y su ritmo respiratorio aumentaron en el mismo momento en que comenzaba a emitir señales a través de ciertos movimientos oculares . Sin embargo, a diferencia de otros soñadores lúcidos, estos signos de actividad física desaparecían súbitamente una vez que la señal ocular se había producido. Los investigadores llegaron a la conclusión de que el estado de alerta relajada de la consciencia trascendental se interrumpía momentáneamente mientras el sujeto estaba ocupado en la tarea de señalización y que, finalizada ésta, el sujeto retornaba rápidamente a un estado de silencio, alerta y baja actividad fisiológica. No obstante, éste fue un estudio realizado sobre un solo sujeto y sería necesario replicar el experimento con un grupo más nutrido de meditadores avanzados.

Todos estos descubrimientos parecen confirmar la hipótesis de que realmente existe algún tipo de continuidad en nuestra consciencia durante la noche y que dicha continuidad se inicia con la lucidez, prosigue con la consciencia-testigo durante el sueño y concluye en el estado de consciencia-testigo del sueño profundo. Por otra parte, esta teoría de la continuidad de la consciencia concuerda perfectamente con la noción vedántica de que la consciencia pura constituye el fundamento del trabajo para el desarrollo de los estados superiores de consciencia y de la iluminación. Según el Maharishi – explica Alexander – la “consciencia cósmica” no es sino la capacidad para mantener la conciencia pura durante las veinticuatro horas del día a través de la vigilia, el sueño y el sueño profundo.

Jayne Gackenbach y Jane Bosveld

Extractado por Tatiana Reyes de
R. Walsh y F. Vaughan.- Trascender el Ego.- Kairós