Equilibrio

Equilibrio

 

Con una consciencia meditativa sabemos cómo abordar cada experiencia y, por consiguiente, no caemos atrapados por expectativas, frustraciones ni decepciones.

ZenGarden

Desde una perspectiva concluyente, sólo existe la consciencia o atención pura. La consciencia admite todas las pautas, toda la experiencia. En cuanto las “experiencias” se filtran por los sentidos y empiezan a acumularse pautas de percepción,  todas las imágenes, recuerdos y representaciones forman lo que llamamos “consciencia”. Esto no significa que aparece una consciencia substancial, original o específica. Creemos que hay una consciencia, pero ésta es tan sólo una colección de pautas que se han acumulado como el polvo: esta acumulación es lo que llamamos “yo”. Si pudiéramos barrer todas estas pautas como si de vaciar la mente se tratara, no encontraríamos absolutamente consciencia alguna. Sólo queda la consciencia, la consciencia presente, que siempre se halla disponible en el interior de nuestro cuerpo, el interior de nuestra energía.

Alumno: ¿Cómo sé que me encuentro en un estado de atención consciente? ¿Me lo dirán mis sensaciones?

Rimpoche: No. Las sensaciones están en la consciencia. Cuando somos conscientes de algo, esto tiene lugar dentro de la consciencia –percibimos conscientemente la existencia de árboles y montañas, y así sucesivamente-. Organizamos en abstracto nuestra experiencia según determinadas pautas por medio de palabras y conceptos, imágenes e ideas, pero el elevado estado meditativo de consciencia no existe dentro de la consciencia misma. Va más allá del conocimiento sensorial, más allá de los símbolos, conceptos, ideas. Sin esta más profunda consciencia, y aunque puede que en la meditación experimentemos sensaciones positivas, de mucho júbilo, seguimos estando bajo el dominio de nuestras acciones habituales.

Alumno: Estoy algo desconcertado, entonces, con respecto a la meditación que se concentra en algo en particular, como en el caso de la visualización o las instrucciones de un maestro de meditar de cierta manera.

Rimpoche: La visualización es una manera de meditar, y muy útil al principio. Sin embargo,  los meditadores avanzados se dan cuenta de que nadie hace nada. Esto es lo que señalan las instrucciones, y cuando nos damos cuenta de ello, ya no hay necesidad de instrucciones porque ya estamos “ahí”.

Alumno: ¿Cuál es la relación entre “concentración”, “consciencia” y “atención consciente”?

Rimpoche: Puede que cuando nos concentramos estamos en una cierta consciencia pero no estemos en el estado de atención consciente. La consciencia sin este estado es como la leche sin nata o una naranja sin jugo.

Alumno: ¿Puede uno estar en el estado de atención consciente sin concentración?

Rimpoche: Sí. Es lo que estamos tratando de poner en práctica. Primero nos concentramos; después, percibimos conscientemente, y después de eso, nuestra atención consciente aumenta y se prolonga hasta que, por último, es ilimitada. Es muy importante derribar nuestros bloques conceptuales porque, en cierto modo, la concentración forma un caparazón alrededor de la meditación… algo tangible o substancial con lo cual podemos tratar. La consciencia directa trata de penetrar el caparazón.

Alumno: ¿Cómo podemos renunciar a la consciencia y, no obstante, seguir siendo conscientes?

Rimpoche: Debemos desprendernos de cualquier idea, cualquier posición, cualquier logro al que estemos aferrándonos. Escondiéndonos en los pensamientos limitamos la atención consciente. Existe el peligro de que todas las imágenes y los pensamientos que aparecen en la meditación se vuelvan tan fascinantes que no queramos renunciar a ellos, permaneciendo en su ámbito, creemos ser muy poderosos y tenerlo todo bajo control –la mente, los pensamientos, la meditación-. Ciertas visualizaciones y algunos mantras tienden un puente entre la consciencia y la atención consciente: ayudan a dejar ese tipo de meditación consciente. También podemos purificar el cuerpo, el habla y el corazón actuando de manera positiva.

Alumno: ¿Puede ser la concentración una manera de aumentar la atención consciente?

Rimpoche: Gradualmente sí, pero lleva mucho tiempo establecer firmemente la concentración, y dar lugar a una intensa concentración no significa necesariamente que también estemos dando lugar a una atención consciente.

Alumno: ¿Cómo podemos saber cuando estamos meditando correctamente?

Rimpoche: El nivel inferior de meditación tiene una base dualista, con un “yo” que es consciente de algo; el nivel superior de meditación va más allá de la consciencia. Aún estando meditando percibimos pensamientos, imágenes y objetos, todavía estamos aferrándonos a las percepciones sensoriales. Y mientras estemos en el ámbito de la consciencia, experimentaremos distintas sensaciones físicas, emociones e interpretaciones: arriba, abajo; alegre, triste; equilibrado, desequilibrado.

Es posible que cuando meditemos, a menudo nos parezca tener menos trastornos emocionales, perturbaciones o distracciones. Pero esto no significa que estemos trascendiendo el nivel ordinario, pues aún quedan pautas negativas. Observar nuestros pensamientos, y concentrarnos en refinar nuestras percepciones son herramientas transitorias que pueden ponernos alegres y contentos. Pero si queremos llegar al estado de consciencia meditativa debemos trascender la percepción sensorial o intelectual, que se centra en los objetos. En otras palabras, debemos ir más allá de la consciencia.

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Alumno: ¿Cómo se va más allá de la consciencia?

Rimpoche: ¡Con la consciencia directa! Sin embargo, parece que al meditar siempre queremos estar haciendo algo –entrar en contacto con algo sustancial-. Siempre queremos resultados…. De otra manera nos parece que nuestra experiencia no vale la pena. Podemos meditar durante cuatro o cinco años sin encontrar nada tangible, y la meditación puede parecernos obscura, soñolienta y aburrida. Es posible que nos desilusionemos y dejemos de meditar. De modo que nos encontramos en una difícil situación: ¡lo que estamos buscando es lo que estamos dejando!

Alumno: ¿Quiere decir que lo que aprendemos con la meditación podría inducirnos a dejar la práctica?

Rimpoche: Lo que dejamos son las expectativas. Esto puede desconcertarnos, ya que habitualmente creemos que si no poseemos algo, ese algo no tiene nada que ver con nosotros.

Alumno: ¿Cuáles son entonces los beneficios de la meditación, si esta no tiene nada que ver conmigo?

Rimpoche: Los beneficios no son tangibles. Se encuentran al no adoptar posturas y al trascender el ego al máximo posible. La atención consciente no es nada tangible, y este “nada” no puede sostenerse ni señalarse. La atención consciente no es un ente. Si hablamos de él, no es más que ruido. Si nos damos cuenta de esto, puede que pensemos: “¿qué estoy haciendo? Estar aquí no tiene ningún valor claro”. Pero tal actitud sería negativa.

Alumno: ¿Le parece así a usted?

Rimpoche: Menciono esto porque a menudo la gente pregunta “¿ha tenido alguna ‘experiencia’?”. Creemos que es muy importante tener una ‘experiencia’, y continuamente juzgamos nuestra meditación, insistiendo en tener una ‘experiencia’. Puede convertirse en un deseo que nos agobie. Queremos estar alegres y tranquilos. Algunas personas creen que es importante ver visiones, llegar a otros dominios o comunicarnos con espíritus invisibles.

Alumno: Es mucho más agradable, digamos, que estar deprimidos.

Rimpoche: Es cierto. Pero cuando profundizamos en la meditación y más experimentamos los niveles superiores, estas sensaciones ya no están presentes y nos convertimos en atención consciente –la experiencia no nos distrae-. No la atraemos hacia nosotros, ni la apartamos.

Alumno: Pareciera que usted está diciendo que si una persona se iluminara, se desilusionaría.

Rimpoche: Exactamente. Eso creo. Nos desilusionamos porque no se cumplen nuestras expectativas. Hemos creado increíbles fantasías –todo lo que pudiéramos imaginar o esperar-, pero cuanto más desarrollamos una atención consciente, más nos damos cuenta de que estas suposiciones, sueños y fantasías, no existen.

¿No es peligroso descartar nuestras más apreciadas ilusiones? Puede que hayamos estado meditando una o dos horas diarias durante seis o siete años, y hayamos creído que estábamos consiguiendo algo, pero ahora nos damos cuenta de que no hay nada que conseguir.

Podrías preguntar “¿por qué debo molestarme en meditar? Si la meditación no es provechosa para mis sentimientos, mis percepciones, mi estado físico o mental, ¿de qué sirve?”.

Alumno: ¿No sirve para algo?

Rimpoche: Nos puede ayudar a estar contentos y relajados. Pero al ir experimentándola más a fondo, comprendemos que este tipo superior de meditación simplemente “es”; no tiene ninguna finalidad en sí misma.

Alumno: ¿Por qué enseña usted meditación, entonces?

Rimpoche: La finalidad de enseñar es decepcionar a la gente. ¡La gente necesita decepción! Siempre hay decepción si esperamos algo.

Alumno: Yo espero una decepción -¡pero no la deseo!-.

Rimpoche: Es la única manera de que despiertes. En cuanto hay más decepción, puedes despertar.

Alumno: Yo debiera estar muy despierto. Me parece que una vida llena de aventuras amorosas sería más fácil que la meditación. La vida nos proporciona ya bastante decepción.

Rimpoche: Es cierto. Un buen meditador siempre aprende y trabaja con la decepción. Sabe cómo enfrentarse con el mundo y con todas las experiencias con que se topa en la vida; ése es el verdadero proceso de aprendizaje. La manera inteligente de meditar es realmente dirigir nuestra atención a nuestra vida, pues de otra manera simplemente vivimos sin aprovechar nuestro conocimiento espiritual.

Estoy diciendo, entonces, que la meditación nos devuelve a la vida. Puede que tengamos que luchar, pero si estamos resueltos a atravesar obstáculos en lugar de tratar de escapar de ellos o eludirlos, podremos experimentar todo –ver, oír, oler- y participar ágilmente en cada situación en lugar de tener que escondernos o protegernos. Cuando gozamos de una consciencia meditativa sabemos abordar cada experiencia directamente y, por consiguiente, no somos atraídos y atrapados por expectativas, decepciones o desilusiones. Cuando vivimos de esta manera, comprobamos que la vida tiene mucho sentido y valor.

Sin embargo, generalmente nos parece que la tristeza y la intranquilidad son negativas, mientras que la dicha y la jovialidad son positivas. Siempre asumimos posturas. No obstante, la atención consciente no es alegre ni triste, no es positiva ni negativa. La atención consciente no adopta ninguna postura más que el equilibrio. Por ejemplo, podemos aprender a pasar muy rápido de un estado emocional a otro. Podemos estar enojados durante dos minutos y jubilosos durante otros dos, cambiando muchas veces de negativo a positivo, de positivo a negativo. Gradualmente llegamos a tener tal adaptabilidad que podemos estar en cualquiera de los dos estados sin dificultad. Podemos cambiar. Antes no teníamos la libertad de elegir cómo ser. Ahora tenemos una opción.

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Alumno: ¿Quién tiene una opción?

Rimpoche: La mente tiene una opción. Si estamos enojados, deprimidos, o en algún otro estado emocional, y podemos cambiarlo de inmediato, de pronto empezamos a tener adaptabilidad y equilibrio. Por lo general simplemente expresamos las emociones y nos encerramos en una determinada o en una serie específica de acontecimientos. Luego nos lleva mucho tiempo calmarnos, analizar o digerir la situación, y transformar la experiencia en algo más aceptable. Pero la atención consciente es rápida. Es como una carga eléctrica. Podemos cambiar al instante cualquier situación.

Alumno: ¿Está usted diciendo, entonces, que cuando se presenta una situación, en lugar de sólo reaccionar ante ella debiéramos hacer experimentos con ella? ¿Qué cuando alguien dice algo podemos enojarnos o estar contentos? ¿Qué podemos hacer experimentos?

Rimpoche: Exactamente. Haz experimentos con tus pensamientos y reacciones. A veces esto te alegrará y otras veces te desconcertará. Es posible que estés aferrándote a cierta imagen que tienes de ti mismo, o que no quieras reconocer honestamente una verdad acerca de ti. Puedes descubrir que cuando pasas rápidamente de un estado a otro te intranquilizas. Tal vez te cuesta tranquilizarte y luego cuando lo haces puede resultarte muy difícil enojarte y muy difícil volver a tranquilizarte. De modo que a veces debes ser firme para horadar tu resistencia. Observa atentamente quién es el que se refrena y cuál es el origen del bloqueo. Practica cambiar muy rápidamente de un estado a otro, y explora el lado opuesto.

Alumno: ¿Pero qué sucede con el proceso de toma de decisiones? ¿Qué haré de mi vida? ¿Cuál es la mejor acción en una situación?

Rimpoche: Confía en tu estado de atención consciente, y tu cuerpo y tu mente se ocuparán de sí mismos.

Alumno: ¿Quiere decir que no importa qué hace uno, ni en qué tipo de trabajo participa?

Rimpoche: No puedes extraviarte ni ser perjudicado, porque la atención consciente es como el sol, que siempre da la luz… nunca oscuridad. ¿Por qué es tan importante poner el énfasis en la atención consciente? Porque no recoge emociones ni ofuscaciones, no acumula pautas de carácter, no crea sufrimiento. La atención consciente es como el loto: tiene sus raíces en el cieno, pero la flor es siempre pura. Por lo tanto, prolonga todos los días el estado de atención consciente tanto como puedas.

Transcendiendo las Emociones Negativas a través de la Meditación

Transcendiendo las Emociones Negativas a través de la Meditación

Para transformar nuestras negatividades necesitamos sólo contactar con ellas, en forma astuta y gentil. Verdaderas o falsas, no tienen solidez. Cuando nuestros pensamientos y conceptos cambian, nuestras actitudes también cambian, dejando disponible una energía flotante y libre. Es la energía que había sido bloqueada por la rigidez de nuestras negatividades. Mientras más soltamos sus ataduras, más energía fluye.

Cuando estás haciendo esfuerzos por controlar tus pensamientos es precisamente cuando llegan a ser más perturbadores. La mente se vuelve muy sensible cuando tratamos de trabajar con ella. Nuestra consciencia es entonces tridimensional. Cuando estás en cierta longitud de onda ocurren cosas no usuales frente a las cuales necesitamos estar alertas. La frustración siempre está en acecho, tentándonos y jugando con nosotros. Mientras más
rápido abramos los ojos, más pronto podremos contraatacar las negatividades que aparezcan.

Fascinación y ansiedad:
Constantemente codiciosos, somos atraídos por lo que tienen los otros, quedando atrapados en una continua búsqueda y aferramiento. Nuestra mente, cansada y distraída, deja pasar las oportunidades de realización. Nos apegamos a los mensajes que nos envían las percepciones de nuestros sentidos y nos falta la calidez nutriente del flujo natural de nuestros propios sentimientos y sensaciones. Más que enfocarnos en ellos, lo hacemos en nuestros pensamientos acerca de las sensaciones que experimentamos, lo que no nos da mucha satisfacción. Cuando nos damos cuenta de esta situación, podemos ver que es causada por una sutil progresión psicológica: el querer alcanzar aquello que nos fascina conduce a la ansiedad, esta a la insatisfacción, y la insatisfacción nos lleva a un nuevo intento por alcanzar aquello que codiciamos. Estamos atrapados en esta progresión porque nuestros pensamientos sobre lo que nos fascina no pueden satisfacernos, ellos no tienen una sustancia real. No podemos cogerlos, es como ir hacia el final del arco iris. Mientras más los perseguimos, más ansiosos y frustrados estaremos.

Enfocamos nuestra mente en el gozo y la satisfacción, pero el camino que tomamos al tratar de alcanzar estas metas produce justo el efecto contrario. Nuestra mente salta de pensamiento en pensamiento, de los recuerdos del pasado a las expectativas del futuro, si es que no queda fijada en la imagen de algo que nos atrae obsesivamente. La mente casi nunca se centra en la inmediatez de la experiencia, que es donde yace la satisfacción.

Como el flujo de imágenes persiste, nuestra mente continúa produciendo una serie interminable de pensamientos acerca de esas imágenes. Este es el principal factor para establecer nuestra sensación de un ego que necesita “tener” y que necesita “hacer”. Aun en nuestra meditación, cuando tratamos de “no hacer”, sigue ocurriendo el mismo proceso.

En la meditación, sin embargo, este proceso es tan sutil que a menudo no nos damos cuenta de que ocurra. Podemos tratar de no tener ninguna expectativa ni pensamientos acerca de nuestra meditación, pero ellos pueden esconderse en el trasfondo de nuestra mente, manifestándose como un tipo de impaciencia, una espera por algo que tendría que ocurrir. Estos pensamientos no precisan ser muy fuertes para que el inconsciente estímulo de la expectativa y de la fascinación fluya como una ola dentro de nuestra consciencia. Mientras más fuerte sea este sentimiento, más poderosa, tensa y precipitada será la ola. Esto conduce rápidamente a la sensación de frustración y de ansiedad.

Al principio, nuestra meditación empieza disolviendo la sensación del ego que necesita “hacer”. Pero luego la mente persigue imágenes para compensarlo. La ansiedad aumenta, agravando el flujo de pensamientos e imágenes. Y tan pronto como nos quedamos envueltos en esta trampa del hacer”, sentimos una necesidad de contactar con imágenes, palabras, conceptos, objetos. Esta necesidad se hace más fuerte y ayuda a engranar de nuevo los condicionamientos. Todo esto ocurre tan rápido que no tenemos tiempo de pensar acerca de ello, debido al poder de la energía subyacente en nuestras expectativas y ansiedad.

La relajación puede lentificar esta tensa precipitación, Podemos relajar la mente disminuyendo la cantidad de pensamientos, creando un “tono” diferente que rebaje el grado de nuestra expectativa. Al conseguirlo y volvernos calmos y relajados, las ansiosas olas se transforman en pequeñas ondas.

Así, en tu meditación, vigila estrechamente tus pensamientos. La fascinación es una ola que se levanta. Observa cómo aparece. Tiene muchos rutilantes colores y es atractiva por naturaleza. Los buenos meditadores vigilan la ola como crece cada vez más alta hasta que comprenden cómo la fascinación nos estropea el momento. Ellos aprenden por qué las luminosas imágenes y las interesantes ideas nos distraen tan fácilmente. Podemos aprender a alterar el ciclo de fascinación y ansiedad dándonos cuenta del ir y venir de los pensamientos e imágenes. Expandiendo cada pensamiento y llevando su sensación a un nivel más profundo, podemos evitar sucumbir a la ansiedad, a aquella parte de nuestra consciencia que quiere moverse y hacer algo.

Podemos cuidarnos de ser absorbidos en el “hacer” que nos aparta de nuestra meditación, relajándonos y manteniendo nuestra actitud alerta. Cuando conseguimos mantener nuestro equilibrio y estar verdaderamente tranquilos en nuestra meditación, no importa qué pensamientos individuales aparezcan: la ansiedad y la fascinación pierden su poder sobre nosotros dejando que nuestra energía fluya suavemente.

El miedo y el dolor:
Mucho de nuestro sufrimiento es psicológico, nutrido por el miedo y por nuestra identificación con el dolor. Es importante romper la idea de que este es nuestro sufrimiento, nuestro miedo. Concéntrate en la sensación, no en el pensamiento acerca de ella. Concéntrate en el centro de la sensación, penetra en ese espacio. Hay una gran densidad de energía en él, la que resulta claramente distinguible. Esa energía tiene gran poder y puede trasmitir una valiosa claridad. Tu consciencia puede ir dentro de la emoción contactando esa pura energía, y así tu tensión se quiebra. Con gentileza y autocomprensión, controla esa energía; la fuerza no sirve. Prepárate lentamente, teniendo cuidado en no saltar de súbito en medio de la negatividad. Sé calmo y sensitivo, y observa cautelosamente la situación. De esta manera, toda emoción negativa puede ser transformada, porque la emoción es esa energía, y puedes emplearla de diferentes maneras.

Otras emociones negativas:
Por ejemplo, la ira. El antídoto es amor, compasión y paciencia; pero, hasta que seamos capaces de aplicarlo, debemos sentarnos a meditar nuestra ira, enfocando nuestra concentración en ella – no en su objeto – de modo de no hacer discriminaciones y no suscitar reacciones.

Procederemos igual cuando se trate de cualquier otra emoción perturbadora: concentrarse en ella, no soltarla; pero sin pensar acerca de ella o tratar de actuar en relación a ella. Sólo sentir la energía y nada más. Nosotros somos capaces de sobrepasar nuestros problemas cuando no reaccionamos a ellos, entonces pierden su sustancia y se transforman en obstáculos posibles de superar. En cambio, cuando somos atrapados por ellos, ya no tenemos libertad de escoger cómo enfrentarlos. Si estamos desvinculados y alertas, podemos manejar cada acontecimiento.

Mientras mejor comprendamos nuestras emociones, más aguda, profunda y clara llegará a ser nuestra lucidez mental. Finalmente, ya no necesitaremos usar nuestra mente consciente para liberarnos de nuestras dificultades. En un nivel de ser más alto, no necesitaremos razonar, sino utilizar nuestra intuición evolucionada. Para ello necesitamos un camino, un mapa, una instrucción. Todo eso lo encontramos a través del silencio y de la profunda relajación de nuestra meditación.

Las emociones tienen un valor, pero sólo cuando sabemos cómo usarlas para un crecimiento espiritual. Al conocer cómo tratar aun una sola emoción, es posible trascender todas las emociones. Esto es parte de la técnica por la cual podemos ayudarnos a nosotros mismos y a otros. Cuando hayamos comprendido que la energía aparece de diferentes maneras, podremos extraerla de las emociones por negativas que sean. Aprenderemos a relajar esas energías cuando ya no dividamos nuestras experiencias en positivas y negativas; todas ellas serán útiles si las consideramos como energía por capitalizar. Todas nuestras experiencias contienen dinamismo y poder, pero debemos desarrollar nuestra atención lúcida antes que podamos usarlas bien.

Tarthang Tulku

Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Tarthang Tulku.- Openness Mind.- Dharma Publishing

Las Etapas de la Meditación

Las Etapas de la Meditación

En la meditación distinguimos nueve etapas:
1.- Correcta conducta (Yama y Niyama)
2.- Postura (Asana)
3.- Respiración (Pranayama)
4.- Alineamiento
5.- Fijación en un punto (Pratyahara)
6.- Concentración (Dharana)
7.- Meditación (Dhyana)
8.- Contemplación (Samadhi)
9.- Iluminación

1.- Correcta Conducta.- Es la disciplina del triple hombre inferior, la lucha con los elementales físico, astral y mental. Es abstenerse de los siguientes actos erróneos:
a) Ofensividad
b) Falsedad
c) Robo
d) Descontrol a nivel instintivo (gula, sexo, pereza)
e) Avaricia y codicia

Cultivar, en cambio, las virtudes opuestas:
a) Inofensividad
b) Veracidad
c) No codiciar bienes ajenos
d) Autocontrol de los instintos
e) Contentarse con lo que se tiene

Esto se entiende que abarca los tres planos: físico, astral y mental. Además, debe cultivarse:
1.- Ardiente inspiración
2.- Lecturas espirituales
3.- Devoción al Ser

2.- Postura.- La postura adoptada debe ser estable y cómoda. Para el occidental, no tiene sentido atormentar el cuerpo tratando de dominar alguna de las posturas del Hatha Yoga, que son tan cómodas para los orientales. Basta con sentarse en una silla confortable, de preferencia baja, con la columna recta, los pies naturalmente cruzados, izquierdo sobre derecho, la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo, los ojos cerrados y la barbilla retraída.

3.- Respiración.- Es la regulación de las fuerzas sutiles del cuerpo. Prana no es el aliento, sino la energía vital (E 7) que circula por el cuerpo etérico. Lo que importa es establecer un ritmo entre la inhalación y la exhalación. Puede hacerse al estilo yoga o al estilo budista (concentrándose en el Hara).

La respiración tiene que ser inaudible y, cuando el ritmo está bien establecido, el meditante tiene la sensación de no estar respirando. Es que el acto de respirar se ha profundizado y está funcionando a nivel etérico. Esto significa que hay una sincronización perfectamente balanceada.

La punta de la lengua va apoyada detrás de los incisivos superiores para conectar los dos canales principales del cuerpo (nadis) y permitir que la saliva fluya naturalmente hacia la faringe, de modo que su abundancia no sea motivo de distracción.

4.- Alineamiento.- En el alineamiento de los tres vehículos o cuerpos: físico, astral, mental, y su estabilización mediante un esfuerzo de voluntad, empieza el verdadero trabajo del yo inferior por acercarse a su Yo Superior.

Es el cuerpo mental quien mantiene a los otros dos alineados. Recordemos que el yo permanente (hombre cuatro), quien representa a la voluntad, habita en las partes intelectuales de los centros. Cuando ambos cuerpos inferiores (físico y astral) están alineados, el cuerpo mental (o mente) puede establecer una comunicación directa con el cerebro físico, libre de obstrucciones e interferencias.

Cuando el alineamiento logra que los tres cuerpos inferiores se encuentren alineados con el cuerpo causal, y mantenidos firmemente en el radio de su influencia, puede verse actuando a los grandes dirigentes de la raza, aquellos que arrastran tras de sí a la Humanidad, los que reciben el nombre de “Discípulos Mundiales”.

Al comienzo se procura lograr la coordinación física, luego la estabilidad emocional, hasta que estos dos cuerpos funcionen como uno. Al extender la coordinación al cuerpo mental, el triple hombre inferior consigue desconectarse de la mayor parte de los estímulos de los tres mundos.

En el discípulo a prueba, este alineamiento se puede producir a grandes intervalos, en momentos de intensa aspiración. Antes de que el Ego se aperciba de su sombra (el yo inferior), éste debe de haber alcanzado la capacidad de trascender los tres mundos en mayor o menor medida. Cuando esta condición involucra las emociones, está basada en la mente y hace contacto con el cerebro físico, entonces empieza el alineamiento.

El logro de esta etapa depende de la purificación y disciplina del cuerpo físico y de la subyugación del cuerpo emocional. Esto hace que la materia elemental que los constituye se vaya sutilizando y haciendo más apta para recibir las vibraciones de los niveles abstractos, las que llegan por conducto del cuerpo causal situado en el tercer sub-plano del plano mental.

En cada vida vamos adquiriendo mayor estabilidad, eso es lo que se llama personalidad integrada (hombre cuatro), pero muy rara vez conseguimos alinear la triple naturaleza inferior con el cuerpo causal. Por lo general, es el cuerpo emocional sacudido por fuertes emociones, inquietudes y desasosiegos, quien se sale de la línea. Cuando llega a estar momentáneamente apaciguado, es el cuerpo mental con su rigidez producida por actitudes, prejuicios, etc., que no deja pasar la comunicación desde el plano superior hasta el cerebro físico. Son necesarias varias vidas de paciente esfuerzo en la práctica de la meditación para llegar a aquietar el cuerpo emocional y conseguir que el cuerpo mental sea permeable. Aún conseguido esto, se necesita gran disciplina para que ambos logros ocurran al mismo tiempo. Luego se debe trabajar en controlar el cerebro físico para que actúe como receptor fidedigno de la comunicación recibida.

Cada encarnación es representada a su término por una figura geométrica parecida a la de un cubo en perspectiva. Las formas de vidas primitivas son intrincadas, burdas y de contornos torpemente definidos, como un dibujo trazado por un niño pequeño. Las formas construidas por el hombre medianamente evolucionado son de contornos bien definidos y precisos, porque los cuerpos han estado mejor coordinados. Pero en el camino hacia el discipulado aceptado, la meta consiste en fusionar todas las líneas en una sola, lo que se realiza gradualmente. Esta única línea es el antahkarana.

Al final del alineamiento, antes de pasar a la etapa siguiente, se pronuncia el OM, haciéndolo resonar en voz alta en el triángulo del pecho y, por último, mentalmente, en el triángulo de la cabeza. La O se pronuncia larga y redonda y la M se hace vibrar. Se repite tres veces en cada triángulo, imaginando el sonido como una fuerza purificadora que limpia el aura de cada uno de los cuerpos, dejándolos libres de acumulaciones obstructivas.

5.- Fijación en un punto.- Es el recogimiento de la consciencia en un punto ubicado en el centro de la cabeza (hipotálamo). La atención debe ser tan intensa que se dejen de percibir los estímulos que afecten a los sentidos. Una vez conseguido esto:

a) enfocar la consciencia en el átomo etérico permanente, una pulgada por encima del cráneo, en el lugar que ocupa el chakra coronario.

b) llevar la consciencia al átomo astral permanente, liberándola del plano físico.

c) subir aún más la consciencia hasta la unidad mental, fuera de las auras etérica y astral. Así la mente podrá actuar con toda libertad. El resultado es una lucidez mental nunca lograda antes, porque la actividad habitual de la mente siempre está asociada a un deseo o impulso y es afectada por él. Entonces recién podrá actuar como el sexto sentido que es, llegando a constituir un receptor sensible a los pensamientos y directivas del Yo Superior al llegar a la séptima etapa, la meditación.

6.- Concentración.- Es la fijación de la mente en un pensamiento determinado (soporte). Puede ser un mantra, un koan, un símbolo, una cualidad (virtud que se desea adquirir) o una imagen sagrada. Depende del Rayo de la personalidad y lo determina el instructor.

La concentración supone mantener la mente firmemente enfocada en el soporte asignado sin desviación ni distracción. Esto, que para el principiante es sumamente difícil, se hace más fácil cuando se ejercita durante el día poniendo cuidadosa atención en todo lo que se haga (samú) y aplicando el discernimiento y la reflexión cada vez que corresponda. La atención dirigida es una actitud mental y debe ser cultivada. Es obvio que a una mente a la que se le ha consentido vagabundear durante las 16 horas de vigilia, no se le puede pedir que esté obedientemente quieta media hora diaria. La práctica constante de la concentración en las actividades cotidianas supera las dificultades de ejercer control sobre la mente y produce los siguientes resultados:

a) Reorganización de la mente
b) Polarización en el vehículo mental en vez del emocional
c) Apartar la atención del plexo solar al recibir las sensaciones aprendiendo a centrarse
en el cerebro. La mayoría de las personas, al igual que los animales, perciben a través
del plexo solar.

La mente debe ser nuestro servidor y no nuestro amo, y pasa a serlo cuando la podemos enfocar sin desviación alguna sobre cualquier pensamiento simiente (soporte) elegido.

7.- Meditación.- La concentración sostenida es meditación. La mente sólo es consciente de sí misma y del soporte que sustenta su concentración. Esto es meditación con simiente. La actitud del meditante llega a ser pura atención dirigida. Desaparecen para él su cuerpo físico, sus emociones, lo que lo rodea, todos los sonidos y percepciones sensoriales que pudieran llegarle de sus cuerpos o de su entorno. Valiéndose de la mente como de un dócil instrumento, el Ser puede influir en el campo de consciencia del meditante, quien puede dejarse dirigir conscientemente por él y esforzarse en alcanzar los resultados que su Ser espera. La mente ha pasado a ser el sexto sentido que realmente es y el cerebro actúa como una placa fotográfica receptora a la impresión interna. En ningún caso esto es un proceso fácil. Se tiene que haber alcanzado cierta etapa en el desarrollo evolutivo y haber cultivado la voluntad en cierta medida para perseverar en el intento a pesar de las dificultades.

8.- Contemplación.- El meditante ya no es consciente ni siquiera de su mente. El soporte se ha esfumado. No obstante, él está intensamente despierto y alerta, centrado en el plano mental abstracto donde no existe nada perceptible a los sentidos. Esto sólo es posible cuando el yo inferior, vibrando al unísono con la consciencia de su Ser (cuerpo causal), consigue formar un canal libre de interferencias aunque sea por un momento. A intervalos muy distantes al comienzo, pero después más frecuentes, empezarán a filtrarse ideas abstractas que irán seguidas, a su debido tiempo, de destellos de verdadera intuición, provenientes de la Tríada Espiritual (Ego o Ser)). No existe en esos momentos ni el tiempo ni el espacio. El meditante realiza su unidad con todo lo que es; la expresión “consciencia de grupo” encierra algo de esa vivencia. Esta etapa se llama también: meditación sin simiente.

9.- Iluminación.- La naturaleza del Ser es luz, y gracias al proceso de la meditación su luz empieza a fluir hacia el meditante a través del sutratma. Su cerebro físico toma consciencia del hecho. A medida que esto se vaya haciendo más frecuente y constante, se va produciendo un cambio en el sujeto. Llega a estar más y más sincronizado con su Ser, la luz en la cabeza, entre la hipófisis y la pineal, se intensifica y el chakra ajna se desarrolla y funciona.

El hombre se percibe lúcido y con un intelecto claro. Es consciente de un poder en sí mismo que le permite comprender lo que existe en el plano del Ser, imprimiendo en su cerebro físico aquellos conocimientos sólo accesibles a ese nivel. Su percepción interior le da la capacidad de penetrar los misterios de la materia (física quántica) trascendiendo las formas y llegando a lo que éstas encubren, porque esa Realidad es idéntica a la que representa su Ser.

Este proceso gradual culmina en una luz enceguecedora: aquel fenómeno que todas las religiones dan en llamar “Iluminación”, o Satori en el Budismo Zen, y que sucede en la tercera iniciación, El antahkarana está terminado y allí, con palabras de Ramana Maharshi: “Sólo existe el Ser y nada más que el Ser.”

Alice A. Bailey

Extractado por Farid Ázael de
Apuntes de Clases por Correspondencia
de la Escuela Arcana de Buenos Aires.

El cuerpo en la Meditación

El cuerpo en la Meditación

Cualquiera que esté interesado en la meditación debe pensar en el cuerpo, porque el Hermano Asno no permitirá que lo ignoren. Pocas son las áreas de la experiencia humana donde la interacción de mente y cuerpo sea tan importante y tan delicada como aquí.

Al acercarnos a las religiones orientales, la atención que se pone en el cuerpo llama mucho la atención. Es con el cuerpo que todas las cosas comienzan, y la meditación es un arte que enseña el uso de los ojos, pulmones, abdomen, espina dorsal, etc. Además es importante el lugar de la meditación, que esté impecable, que sea una habitación tenuemente iluminada o un espacio ampliamente abierto. Y por supuesto, la meditación es buena para la salud física y mental. Puede ser que en un templo Zen les digan que el sazen los hará más resistentes al resfrío y la gripe, y que, mediante una práctica constante, tendrán una mayor oportunidad de supervivencia frente a la amenaza de la contaminación ambiental.

Una vez asistí a una convención sobre meditación en un templo Zen cerca de Kyoto. Unos expertos hablaron de Yoga, de Budismo Esotérico y de Zen. Nos sentamos silenciosamente en el gran salón de meditación y también hicimos ejercicios de yoga, esmerándonos según nuestras habilidades. Estos fueron una preparación para una posterior entrada en samadhi, y realmente creo que pueden ser sólo eso. Oímos charlas acerca de la técnica de la meditación, como tensar y relajar, como sentarse y todo eso. Uno de los expositores hizo un gran diagrama del cuerpo humano en el que explicaba los chakras, – esos centros de energía psíquica de que habla el yoga – la circulación de la respiración a través del cuerpo, y todo lo demás. Al final de cada meditación cantábamos al unísono: Om, shantih, shantih !

Lo más sorprendente del encuentro fue la carencia de una fe común. Nadie parecía siquiera levemente interesado en lo que cualquier otro creyera o no creyera, y nadie, hasta donde yo recuerdo, mencionó tampoco el nombre de Dios. Era sólo meditación, y sólo fueron tratados los aspectos físicos. Sin embargo, éstos se discutieron con gran detalle, incluyendo hasta el impacto de la meditación en la vida sexual.

Yo era el único conferencista cristiano, y, francamente, estaba un poco perplejo. Sentía que cualquier cosa que pudiera decir sería irrelevante. No podía decirle a nadie cómo pararse sobre la cabeza o cómo tensar sus bíceps, y era difícil hablar de Dios en esa reunión. Porque puede uno hablar de meditación cristiana sin referirse a Dios ? Finalmente me conecté con uno de los conferencistas que insistía en que la meditación, lejos de detenerse en el cuerpo, debía irradiarse hacia el mundo del espíritu y hacia las dimensiones cósmicas de la realidad. Este fue el mayor acercamiento a Dios en toda la reunión.

En conjunto aprendí un montón de cosas en este encuentro. Fue un agradable y provechoso fin de semana, estropeado sólo por el hecho de que un compañero roncó toda la noche en nuestro dormitorio comunitario, no dejándome pegar un ojo. A los otros no parecía importarle mucho. No hay duda que eran mejores yoguis que yo. O quizás tenían mejores nervios.

Los cristianos deberían pensar más acerca del rol del cuerpo en la oración. Después de todo, hay mucho que decir en los comienzos de la meditación, que es donde ustedes están. Esta es una verdad dirigida a la gente moderna. Muchos pondrán en duda la existencia de Dios y la existencia de la vida después de la muerte, pero sólo los extremistas cuestionarían la existencia de sus propios cuerpos. Entonces por qué no empezamos con algo en lo que ellos crean, y a través del cuerpo salimos hacia el Cosmos y hacia Dios ? De esta manera la meditación puede ser enseñada a gente que tenga poca fe, a aquellos que están perturbados por su conciencia o por el temor de que Dios esté muerto. Este tipo de gente siempre puede sentarse y respirar. Para ellos la meditación se convierte en una búsqueda, y yo he encontrado, en mi escasa experiencia en nuestra sede en Tokio, que la gente que comienza a explorar de esta manera eventualmente encuentra a Dios. No el Dios antropomórfico que ellos han rechazado, sino el gran Ser en quien vivimos, nos movemos y somos. Pero el cuerpo es lo primero, Dios viene al final.

Es un hecho que la oración occidental no es suficientemente visceral, que está más preocupada con el cerebro que con las capas más profundas del cuerpo, que es donde se general el poder para acercarse a lo espiritual. Pero ahora podemos estudiar los aspectos físicos de la meditación incluso científicamente, gracias a los experimentos realizados en lugares como la Universidad Budista Komazawa. Ahí tienen instrumentos para detectar las condiciones físicas de las personas dedicadas al Zen. Los estudiantes miden la respiración, el ritmo cardíaco, los movimientos oculares, el metabolismo, el equilibrio, las ondas cerebrales, y todos los demás aspectos. En los Estados Unidos están siendo llevados a cabo experimentos similares, y eventualmente estos estudios pueden generar algunas sugerencias acerca de las condiciones ideales para la meditación en relación con la dieta, postura corporal, entorno físico, etc. Sobra decir que estos estudios se vuelven un poco ridículos cuando uno se encuentra con personas con pequeños artefactos para medir la onda alfa. Pero los absurdos se encuentran en todas partes y no pueden ser impedidos. Además, estos estudios científicos no deben conducir al burdo materialismo. Una vez, mientras visitaba la Universidad Komazawa, pregunté al profesor encargado si él podía apreciar la profundidad del Zen de la gente. No, no podemos medir el Zen -respondió porque la mente es un misterio. Todo lo que podemos medir son sus repercusiones físicas. Me interesó oírle hacer esa distinción.

Aquí yo podría agregar entre paréntesis que el Zen no pretende ese minucioso control del cuerpo que ha hecho tan famoso al Yoga. En general, el Zen rechaza de plano cualquier cosa que huela a mágico o extraordinario. Desprecian estos fenómenos y los miran como distracciones peligrosas en la senda de la experiencia sin imágenes que es el satori. Los fenómenos extraños se engloban en el nombre genérico de makyo, que literalmente significa el mundo del demonio, pero que se aplica a todas las formas de ilusión en el Zen. A este respecto, es bastante saludable y está liberado de los abusos encontrados en otras formas de misticismo. La doctrina de rechazo a los fenómenos extraños es muy similar a la de San Juan de la Cruz. Nuevamente es la nada, nada, nada. Uno no debe ser distraído de la meta por fenómenos físicos o espirituales de cualquier tipo.

Volviendo al cristianismo, encontramos que la tradición en occidente dice más acerca del cuerpo de lo que es generalmente reconocido hoy en día. Solía ser axiomático – y en mi opinión aún lo es – que si ustedes querían llevar una vida de meditación debían controlar sus ojos, oídos, lengua, manos y manera de caminar. A todo esto se le solía dar el nombre general de modestia, una virtud de la cual no se oye hablar mucho hoy. Se le da mucha importancia en el Zen, aunque se describe en forma diferente. Se puede agregar, sin embargo, que la tradición cristiana dice que la meditación transforma el cuerpo haciéndolo hermoso. Esto se debe a que la gloria interna proveniente de la oración contemplativa no puede sino traspasar y penetrar el cuerpo.

Uno se acuerda de Moisés descendiendo de la montaña. Tan luminoso y glorioso era el regocijo que inundaba su semblante, que quienes lo esperaban no pudieron mirarlo y le rogaron que usara un velo, porque la real gloria de Dios irradiaba de la faz del gran israelita.

Probablemente la mayoría de nosotros, una que otra vez, hemos encontrado personas que participaban de esa belleza corporal transfigurada. Para las exigencias televisivas pueden ser más bien feos – ningún auspiciador soñaría con usar sus caras para vender pasta de dientes o jabón – pero la gloria de la oración penetra sus cuerpos como penetró el cuerpo de Moisés. También supongo que este es el tipo de belleza a la que curas y monjas deberían aspirar, ahora que la cambiante cultura los hace modificar su forma exterior de vida y vestuario. Podría ser una buena idea el que, en vez de mirar hacia París y Londres, miráramos hacia Moisés y el Exodo en busca de un ideal de belleza que podría ayudar al hombre moderno en su búsqueda de la verdad.

Como sea, mientras la tradición cristiana ha confirmado la belleza conferida al cuerpo a través de la meditación, ha sido más bien lenta en el uso del cuerpo como forma de lograr el samadhi. De nuevo podemos aquí aprender del oriente; y para ilustrar el rol del cuerpo me gustaría referirme a un pasaje del Bhagavad Gita. Este clásico texto no es, por supuesto, ni Zen ni Budista, aunque parece tener una considerable influencia Budista. Pero me atrae mucho. Estoy muy estimulado a usarlo luego de la lectura de un libro del Profesor R.C. Zaehner, quien insiste en que cualquiera que intente establecer un puente sobre la brecha entre Zen y Cristianismo no puede permitirse ignorar el Gita, que es uno de los grandes eslabones entre el oriente y el occidente.

En la sexta parte del Gita, se dice al yogui que debe integrarse, permaneciendo aparte, solo y en completa renunciación, exento de esperanza terrenal, de posesión alguna. Después viene una descripción de la meditación.

Me gustaría referirme brevemente a tres puntos. Primero, el énfasis en el lugar. Este debería ser limpio y ordenado, ni muy alto ni muy bajo. También en el Zen el lugar es de la mayor importancia. Cuán maravillosamente eligió Dogen el lugar de su monasterio, alejado en una región campestre y sumergido en un profundo silencio. El templo Zen otorga gran importancia a la proximidad de la naturaleza, al sonido del río o la cascada, a los jardines japoneses y todo eso. La meditación, después de todo, no es realizada por un espíritu inmaterial sino por un hombre con un cuerpo humano.

Hoy en día, no obstante las interminables conversaciones acerca de ecología y medio ambiente, el cristianismo occidental ha dado una escasa muestra de ecología en recintos religiosos. Quiero decir que nuestras iglesias cristianas, y especialmente aquellas recientemente construidas, son verdaderamente malos lugares para la meditación. Las antiguas iglesias católicas tenían más que decir al respecto porque al menos tenían un centro – un tabernáculo ante el cual pendía una lámpara roja – y éste proveía un foco de atención para los ojos, y había atmósfera y calidez. Cualquiera que sepa algo de meditación reconoce que se necesita un lugar para enfocar los ojos; si sus ojos empiezan a vagar están perdidos. El viejo tabernáculo era útil a este propósito y nada ha tomado su lugar. Creo que mucha de esa gente analfabeta que se arrodillaba por horas ante el tabernáculo, caía rápidamente en samadhi. Aquellos eran místicos, tan iluminados como cualquier roshi, y ha habido miles de ellos en el mundo. Pero me pregunto si serán capaces de meditar así de bien en las iglesias actualmente disponibles para ellos. Me pregunto si la gente que construyó estas nuevas iglesias pensó alguna vez en la meditación o si tuvo alguna experiencia de ella. Y lo mismo es verdad para los monasterios y conventos. Me gustaría saber cuánta preocupación es dedicada actualmente a la ecología de este asunto: la relación entre edificios y oración, entre galerías, capillas y oración.

El segundo asunto que me gustaría destacar de esta cita del Gita es la magnífica postura. La espalda está derecha, los ojos están fijos en la punta de la nariz o entre las cejas; no hay miradas en torno. Más adelante en el Gita, el sosiego de la mente es comparado con una llama en un sitio sin viento. Este es un delicado símil, porque esta meditación tiene todo el poder y toda la quietud de la llama que se yergue en un lugar donde no hay brisa. Y todo esto conduce al regocijo y a la total ausencia de temor. Es sostenido por el voto de castidad, el voto del brahmachari que es celibato y castidad.

El Silencio

El Silencio

El silencio es un objetivo, un método, un estado de consciencia, una metáfora y un camino. Mientras el silencio es muchas cosas en muchos tiempos, es por lo menos una metáfora y como todas las metáforas puede eventualmente ser subestimada. El término silencio, como muchas otras palabras o conceptos, permite conocer la geografía de la atención siendo un indicador para este tema en particular. Pero como la balsa de la que Buda habla, que es útil para atravesar el río, pero la que debe más tarde ser abandonada al llegar a la otra orilla; es así como el silencio puede ser utilizado mientras sea necesario, pero inevitablemente debe ser abandonado.

Al alcanzar niveles superiores de consciencia, uno va encontrando distintos tipos de silencio. Hay un silencio interior y uno exterior, y uno que trasciende el interior y el exterior, un silencio de la respiración, un silencio del cuerpo, un silencio sin palabras y un silencio cuando el mundo está quieto, un silencio donde no hay sonido y un silencio que puede ser escuchado, un silencio que es un pasaje al vacío y un silencio de la mente en que no hay pensamiento. Hay un silencio que es una respuesta, un silencio que es más verdadero que las palabras. Esto hace recordar el pasaje de Lao Tsé: El que sabe no habla: el que habla no sabe. Hay que tener precaución de no darle a las palabras un significado que no tienen. Es difícil no ver la doble ironía al hablar del silencio. Parte de la enseñanza del Vajrayana Tibetano es que la verdad es lo que se experimenta y se adquiere por el que ha logrado el estado de iluminación. El resto de nosotros sólo puede destacar, hacer algunos gestos y tratar de compartir algunas reflexiones acerca del silencio.

Qué es lo que hacemos cuando buscamos el silencio durante la meditación? Desde un punto de vista práctico, la primera impresión es que se requiere de la calma para lograr el silencio. Suponemos que el silencio no se encuentra en medio de los sonidos distractores. Es al mismo tiempo muy claro de que el silencio no se encuentra sólo por la virtud de encontrarse en un lugar calmo.

Sin embargo, a pesar de que no existe un lugar sin sonido alguno, los sonidos pueden estar presentes y al mismo tiempo no ser escuchados. El sonido que produce nuestro organismo, por ejemplo, puede ser eliminado una vez que se ha incorporado como un sonido basal. Estímulos perceptivos, ordenados y organizados de cualquier tipo pueden fácilmente convertirse en este trasfondo. El factor interés o la necesidad de obtener información de estímulos perceptivos están relacionados con su irregularidad, y de cuanto se alejen del medio ambiente. Uno puede, por ejemplo dormir con el ruido de la calle, del viento, de su propia respiración, etc., y a ninguno de los cuales le presta atención ni los escucha. Pero unos pasos al otro lado de la puerta, o el llanto de un lactante – fuera de lo común – capta inmediatamente nuestra atención.

En una etapa muy temprana de la meditación, logramos que el silencio del medio ambiente tenga mucho menos importancia, pues el que nos interesa lograr es el silencio de nuestra mente. El silencio externo no nos brinda automáticamente un silencio interno. Sin embargo, es muy común que, hasta que dejemos de identificarnos con las distracciones que vienen del medio externo, no estaremos dispuestos a luchar con las distracciones que se producen en nuestro interior. Es así como iremos descubriendo las incesantes escenas internas que cambian, los diálogos, el chicharreo mental, el ruido, etc. Es difícil describir esta actividad con un término en particular, pero términos tales como imaginación mental y diálogo interno nos pueden servir siempre que se usen con la precaución de su real significado. Como imaginación mental primero la entenderemos como una actividad que carece de contenidos verbales y que aparecen en forma de sentidos, por ej. visuales, auditivos, olfatorios, gustatorios, táctiles, imágenes kinestésicas, sensaciones, impresiones, recuerdos, etc. Como diálogo interno se sugiere la constante actividad verbal de nuestra consciencia, ej. el hablarnos internamente a nosotros mismos, el repetir una y otra vez las conversaciones que ya se produjeron o anticipar las que tendremos en el futuro, el darnos instrucciones, consejos, sugerencias, etc.

La noción platónica de que el pensamiento es un diálogo silencioso con uno mismo y que, a pesar que esto, puede conducir a más equivocaciones que ayudas, tiene algo de verdad. Mucha de nuestra actividad mental es a primera vista de naturaleza verbal. Esto se vuelve especialmente claro cuando uno comienza con la práctica de la meditación. Cuando nuestra concentración se vuelve difusa, o la atención divaga durante la meditación, significa que nuestra mente está ocupada con el diálogo. Cuando la atención vuelve, uno toma consciencia que ha estado teniendo conversaciones con uno mismo. Hay un flujo continuo de palabras, conversaciones, reales o imaginarias acerca de eventos o cosas que nos han ocurrido, también reales o imaginarias. Estos aspectos se repiten, revisan, investigan, una y otra vez hasta que nos cansemos o finalmente las pongamos de lado al darles una forma que preserve nuestra integridad o nos proporcione una situación personal aceptable. Nuestro diálogo interno reafirma o destruye nuestra confianza, nos señala qué hacer, o lo que no queremos escuchar, convierte cosas desagradables en placenteras y viceversa; en general arregla nuestro mundo en nuestra mente para transformarlo en nuestra imagen de él, aunque esta imagen sea bonita o fea, positiva o negativa. Al parecer, la mente no puede estar en silencio. Continuamente combina una y otra vez pedazos o trozos de diálogo, y salta de objeto en objeto con una curiosidad continua. Incluso si esta actividad está acompañada de abundante imaginación, no hay un descenso del diálogo interno, el que continúa trabajando proporcionando comentarios verbales y evaluaciones adicionales.

La continua actividad de la mente, a veces sorprende en cuanto a su intensidad, y no es particularmente problemática, a no ser de que uno trate de suspender este diálogo. En ese momento, nos damos cuenta que él es de naturaleza involuntaria. A medida que tratamos de relajarnos y dejar descansar a nuestra mente de este diálogo, vuelven a aparecer las palabras desordenadamente, como si estuviéramos involuntariamente deslizándonos hacia atrás, hacia una consciencia somnolienta. Detrás o debajo de cada diálogo pareciera que nos espera otro nivel de diálogo. Si nuestra intención es suspender la verbalización interna, la sola intención de no verbalizar, ya está siendo verbalizada. Relájese. Deje que el diálogo interno se detenga. No se necesita verbalizar, omita las palabras. Más diálogo, esto no es el final, si uno simplemente resuelve no verbalizar las instrucciones, o compulsivamente verbaliza que esto ha sido resuelto. El proceso de verbalización y metaverbalización puede, en principio, suceder indefinidamente nivel por nivel, cada nivel permaneciendo lógicamente diferente del nivel precedente. Subjetivamente estos saltos pronto se mezclarán unos con otros. En este punto, el silencio parecerá más lejano que nunca.

La noción de que existen niveles de verbalización son, en principio, concordantes con nuestra experiencia. El procedimiento es de aquí en adelante obvio, se irán deshaciendo en capas hasta que el silencio aparezca. Nos vendrán a la mente variados métodos para ayudarnos a ello. Por ejemplo, yo recuerdo que una vez tratando de hacer esto mediante el desvío de mis energías, lo que sucedía era que éstas mantenían el diálogo interior pero de otra situación. En mi situación personal, los mantras han producido el efecto de brindarme calma. Si yo me concentro en un mantra, entonces la capacidad de entrar en un diálogo interior va a estar limitada en energía o, por lo menos, las energías se van a focalizar alrededor del mantra. Sin embargo, mientras yo me concentraba en el mantra, me lo decía en voz alta o me daba cuenta que el diálogo interno se estaba produciendo en forma muy vívida, a pesar de que estaba siendo modificado para acomodarse al mantra. Más aún, en este momento se producía un flujo continuo de instrucciones que decían hazte uno con el mantra para evitar la verbalización y relajarte. En otros momentos, el dialogo interno estaba relacionado con las conversaciones y observaciones sin tener nada que ver con el mantra o el intento de eliminar la verbalización. Fue bastante desconcertante descubrir que la voz interna, con sus comentarios e instrucciones, no suelen verse afectadas por el mantra. En este punto se me ocurrió la idea de verbalizar la voz interior y el mantra. Con un poco de práctica, fui exitoso en escuchar el mantra cantado en forma armónica por dos voces distintas, la interior y la exterior. Para mi sorpresa, encontré que, en adición al canto interior, había otro nivel de diálogo que muchas veces se unía en proporcionar instrucciones, regaños, avisos, etc., y que en otras ocasiones estaba totalmente ocupado de otros temas no relacionados. Mientras con dificultad trataba de escuchar esta nueva voz, con reticencia me daba cuenta de que esta aproximación era inútil. No solamente estas varias capas se empañaban y se confundían sino que, además, tendían a aparecer, sin que yo me diera cuenta. con una voz nítida y clara que comentaba sobre las dificultades y las confusiones de las otras voces.

Fuera de ser inútil esta aproximación, se basa en un débil modelo. La idea de que se pueden ir arrancando las capas de verbalización de la misma forma como se pelan las capas de una cebolla, resulta ser equivocada. A diferencia de las capas de la cebolla, las cuales se pueden contar, las capas que existen en el dialogo interno son infinitas. Como lo mencionamos anteriormente, a pesar de que las diferentes capas se homogenizan, psicológicamente hablando, desde un punto de vista lógico cada una mantiene su propia identidad. Entonces, mi falla para penetrar en la capa final del diálogo, más atrás del cual está el silencio, es más fácilmente examinable desde una perspectiva lógica más que desde una psicológica. La razón de nuestra falta de capacidad para penetrar exitosamente los niveles de diálogo no está en que uno no tenga las habilidades, o no haya desarrollado suficientemente determinadas facultades, sino que el proyecto en sí tiene fallas. Si, por ejemplo, uno no puede visualizar a través de la vista interna, en forma precisa, una pintura compleja y detallada es porque nuestras capacidades de visualización no se han desarrollado suficientemente. Pero si uno no puede visualizar un circulo cuadrado, el problema no es de habilidades, sino que de la imposibilidad de llevar a cabo una tarea cuya descripción es inconsistente o incluye una contradicción. Para embarcarse en un proyecto de ese tipo hay que ser ciego al hecho que el objetivo es inconsistente de acuerdo con el método descrito para obtenerlo, o es completamente contradictorio.

Yo he procedido como si el silencio, o la mente en su estado natural manifestada a través del silencio, fueran algo separados de mi mismo. Yo como sujeto he encontrado el objeto de mis esfuerzos, mediante haber completado la remoción de las diferentes capas de diálogo. He estado buscando, tratando de ubicar, alcanzar, o descubrir algo. No me di cuenta que mientras haya alguien que esté desojando las capas y algo que sea deshojado, y mientras haya alguien que está trabajando y algo sobre lo que se esté trabajando, siempre habrá un otro más allá del último algo que alcanzamos. Esto es simplemente otra forma de decir que las categorías del sujeto y sus objetos son ilimitadas. El problema puede ser presentado de tal forma que sus contradicciones inherentes sean obvias. Obtener el silencio pasando más allá del último miembro del conjunto que llamamos el sujeto y sus objetos, es imposible porque se trata de un conjunto que no tiene un último miembro. Una vez que se ha tomado consciencia que el silencio no se descubrirá más atrás del último componente de una serie infinita, se puede ver que no se puede proceder a través de la relación sujeto-objeto. Sujeto y objeto per se deben ser trascendidos. Uno no puede alcanzar, encontrar, lograr, ubicar, o aproximarse al silencio excepto transformándose en él. Uno debe ser el silencio.

Búsqueda de la Visión Interior

Búsqueda de la Visión Interior

La persona estudia la naturaleza de la materia y descubre que es una manifestación de la Mente. No tiene dicotomías. A través de la reflexión sobre la mente sabe que las explicaciones de la evolución universal son ciertas sólo desde el punto de vista relativo. Que todo son manifestaciones mentales, procesos, energías, principios, substancias. Así alcanza la comprensión de la unidad suprema de todas las cosas, impidiendo que cualquiera apariencia contraria lo aparte de esa concepción. Está convencido del hecho de que en cada aliento y cada pensamiento él está participando en la construcción de este universo en una tarea común con la Mente Universal.

Después que el vacío se llena con la presencia del Puro Pensamiento, el hombre vuelve a los contenidos de la consciencia normal sin sentir que cruza un abismo de diferencias, con el resultado de que tiene menos dificultades para establecer un vínculo de continuidad y armonía con relación a sus experiencias previas. Su atención reflexiva se dirige a su vida activa cotidiana, tanto en relación con su pensamiento cuanto a cualquier acto que realice su cuerpo. Disciplina su consciencia, para mantener la idea corporal sin identificarse con ella, para funcionar por medio de los cinco sentidos sin dejar de funcionar en la Mente Infinita.

A medida que continúa uniendo la reflexión metafísica con la contemplación mística, surge dentro de él una nueva facultad que no tiene las limitaciones del intelecto razonador ni la parcialidad emotiva del rapto místico. Es superior a ambos. En sánscrito se llama a este estado de consciencia “aquello que está lleno de todo”.

Esto provoca una iluminación que va más allá del yoga común. Se produce una elevación de toda la naturaleza del aspirante. Pero a pesar de la repentina aparición de esta visión interior hace falta tiempo para que alcance su madurez. Hasta no llegar a una etapa continua, natural, alcanzada sin esfuerzo, no ha llegado al grado final.

Este estado carente de esfuerzo sólo se produce después de un largo noviciado. La consciencia Trascendental sólo se manifiesta manteniendo constantemente enfocada la Realidad a lo largo de todo el día. Se debe mantener el estado de alerta como proceso ininterrumpido de armonización de la Mente no manifestada, con sus ideas siempre presentes.

Al estabilizarse en forma permanente de día y de noche, el hombre habita en su unidad inquebrantable. Acerca su conocimiento de la Realidad a su vida terrenal cotidiana. Con este logro se completa su entrenamiento ultra místico. El pensar ahora es una actividad iluminada, no podrá dejar de ser un sabio. Ya sea despierto o dormido, ese hombre está sostenido por su enigmática trascendencia.

El concepto de esta visión interior, trascendental, hace comprender que la existencia cotidiana del hombre es en sí misma importante y milagrosa, como en cualquier partícula en donde no está ausente la existencia Unica. Esta visión del carácter fundamental de toda existencia no es nada más que la natural inteligencia del ser humano desarrollada hasta sus máximos límites.

Conocimiento, meditación y trabajo altruísta, constituyen la sagrada trinidad que proporciona al hombre su iluminación. La forma correcta de realizarlas es con armonía consciente, al mismo tiempo y con el mismo fin. Así, la sabiduría surge de la totalidad de la experiencia vital. Estas cualidades al fusionarse producen la visión interior. No se debe ni puede eludir la integración armoniosa de estas tres etapas. Deben concretarse con amor e inteligencia, con fe y voluntad, a través de la práctica sistemática de la meditación.

La Gracia se puede manifestar de innumerables maneras las que son afectadas por la concepción espiritual de quien la ha experimentado. La visión interior que se busca puede sobrevenir como un rayo de súbita iluminación. La meditación no provoca la visión interior, sólo plasma las condiciones necesarias para atraerla. No se deben tomar los medios por el fin, si fuera así nunca se encontrarían los objetivos.

Todas las técnicas se crearon con el propósito de abrir la puerta a la visión interior. El estudiante debe conservar un criterio flexible, puro, no dogmático. No se debe practicar una técnica o rendir culto a una doctrina por sí misma. Debe comprender que la nueva consciencia que surge gracias a esa técnica sirve para darle mayor vida y libertad, y esto sucede cuando nos desapegamos de nuestras posesiones y concepciones y no cuando nos atamos.

Cualquier método yoga inicialmente requiere aquietar la mente y éste no escapa a ese requerimiento. Por lo tanto, habiendo aprendido a aquietar la mente, la persona puede continuar con los ejercicios que detallamos a continuación. No debe practicarlos todos, sino alternadamente, durante semanas o meses, media hora o una hora en la mañana y en la tarde. Deben realizarse regularmente. Esta meditación puede “aparecer” en momentos insospechados de la vida activa de la persona. En tal caso, debe abandonarse lo que se está haciendo, concentrando la atención hacia dentro, para aprovechar la dulce serenidad y reflexionar inteligentemente sobre ella. No se debe adoptar una actitud mecánica ni pedante. Es algo muy misterioso que se refiere a la existencia interior, sin embargo, no está apartado de la existencia exterior. Cualquiera puede lograr este fin si realiza la tarea con inteligencia y comprensión, de manera correcta, y si aparece el influjo de la Gracia.

Meditación sobre el sol

Ayuda a purificar las actitudes centradas en sí mismo y a provocar un descenso de la Gracia desde el Yo Superior. Es una práctica simple, pero su valor es incalculable. Es una invocación humilde y un saludo a aquel poder supremo que se ha manifestado en la forma de este universo, es un reconocimiento de la unidad del hombre con la Naturaleza. La luz es el primer estado de la materia, es la primera energía emanada de Dios.

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Este ejercicio se relaciona con la aparición y desaparición del sol en el cielo. En el atardecer y en el amanecer, se producen determinadas fuerzas místicas que ayudan al hombre a la comunión con la Naturaleza. Debe realizarse todos los días del año, la primera práctica es dentro o fuera de la casa, en un sitio aislado, con el rostro vuelto hacia el este en la mañana y al oeste en la tarde. Si lo practica dentro de la casa, debe estar frente a una ventana que le permita ver el sol o sus rayos. La persona debe sentarse con los pies bien apoyados en el suelo y las piernas ligeramente separadas, no cruzadas.

El estudiante debe contemplar la salida o desaparición del sol en el cielo, alejar sus pensamientos y concentrar su atención en lo que está contemplando. Los rayos de luz deben penetrar en el cuerpo a través de los ojos. Absorbidos de esta forma ayudan a la salud física, al restablecimiento de la energía perdida, a la purificación de un nocivo carácter emocional, al apaciguamiento de un corazón preocupado y, además, posee la virtud de desinfectar los sitios insanos.

En la segunda etapa, debe sumergirse en una profunda pausa interior, igual que el sistema solar lo hace por unos instantes, para sentir lo que realmente está ocurriendo dentro de la gran existencia de la cual él es un fragmento. Así como el sol del amanecer ilumina el mundo físico, así también el Sol que está detrás del sol, la luz mística de la Mente Universal, ilumina el mundo mental del hombre, siempre que esté presente y en estado de consciencia pasiva para recibir ese poder.

En la tercera etapa, el estudiante procurará moverse al compás de la luz del amanecer o del atardecer, hasta abarcar todo el planeta, igual como lo hace ella. Para realizarlo debe imaginarse como un ser desencarnado y sólo mental, e identificarse empáticamente con la vida de todos los seres de todos los reinos de la Naturaleza. Debe sentirlo vívidamente con fe y convicción. Así ejercita su creencia de que es mente y no materia, refuerza su relación con el resto de la vida cósmica y comprende que su propia vida tiene una sublime significación.

Reconoce la meta de esta etapa, cuando el entorno se desvanece, cuando su atención se vuelve totalmente hacia dentro absorbido por el maravilloso estado de espíritu así invocado y cuando se siente integrante de ese ser universal. Cuando “sienta” amor como respuesta a esa relación, debe dejar de absorber ayuda del Todo para trasladarla compasivamente a los demás. En su imaginación deberá ver a sus semejantes bañados por la luz y sublime paz que lo embarga a él.

Primero, sus esfuerzos se deben dirigir a sus seres más queridos y a todos los seres a quienes desea ayudar y hacia toda la humanidad. Además, deberá pensar en quienes sean hostiles a él, los que se presentan a él como maestros, porque el papel que cumplen es el de poner de manifiesto sus propias faltas. Si los que lo atacan exageran injustamente los hechos o los falsifican deshonestamente, el Karma entrará en juego, produciendo el sufrimiento y purificación necesarios. El estudiante puede desearles su desarrollo moral interno, no es necesario que les dedique su amor.

El ejercicio se concluye con una plegaria personal, en silencio, dirigida al Yo Superior. El ejercicio del amanecer es mejor que se utilice para pedir fuerza, luz, verdad, comprensión, inspiración y ayuda material. El del atardecer, para pedir paz, calma, libertad, altruismo y oportunidad para realizar servicio. Esta meditación se relaciona con el acto de la plegaria y con la difusión de la gracia.

Meditación sobre el pasado

Debe practicarse por la noche antes de dormir, permaneciendo en la cama con las piernas estiradas, sin cruzarlas. Debe rememorar los principales acontecimientos del día, comenzando desde ese mismo momento, e ir retrocediendo en el tiempo con todas o las principales experiencias, sentimientos e ideas. Debe tratar de revivir también los sueños que tuvo la noche anterior. Termina este ejercicio, cuando logra verse acostado, a punto de dormirse la noche anterior.

Es recomendable pensar en imágenes intensamente vívidas para favorecer la concentración. Lo esencial es ver el propio cuerpo en actividad como si se tratase de otra persona. Todos sus actos, pensamientos, actividades, debe verlos con imparcialidad, debe adoptar una actitud de desapego que le permita poner en evidencia sus complejos inconscientes y sus motivos ocultos, ver críticamente sus propios sueños, actos, etc., de acuerdo con las exigencias éticas e intelectuales más elevadas. Es una práctica muy importante en la enseñanza ocultista.

Este ejercicio requiere imaginación creativa, tanto para permitirle recordar su pasado, cuanto para permitirle esta bifurcación de la consciencia, así se crea un medio efectivo para el auto mejoramiento. Al purificar sus motivaciones, educará sus emociones, fortalecerá el poder de la voluntad y mejorará su capacidad mental.

El estudiante va comprendiendo entre meditación y meditación que el día pasado ahora sólo es un recuerdo y, por lo tanto, una forma mental. Cada cosa que ve, incluso él mismo, todo es una serie de formas mentales. Comprende que la mente constituye todas las cosas, porque ahora contempla en esa mente todo lo que antes consideraba que estaba afuera. No se trata de que las formas particulares objetivas del ser se desvanezcan, sino que el ser mismo de esas cosas entra en una extraña relación íntima con el ser del estudiante, en un misterioso punto central en su interior.

El propósito final de este ejercicio, es el de despertar en el estudiante la consciencia del observador oculto. Sentirá intermitentemente que hay dentro de él algo que es diferente de los sucesos pasajeros mismos, que es el Testigo imperturbable de dichos acontecimientos y sentirá una y otra vez el indescriptible desapego que le advierte que algo supra terrenal habita en su interior.

Una meditación sobre el futuro

Los momentos previos al dormir son importantes, porque tienen el poder latente de transformar la existencia mental, moral y física del hombre. Para quien esté empeñado en la búsqueda del Yo Superior, son aún más importantes, porque además tienen el poder latente de transformar su consciencia.

Acostado, debe reflejar lo que su mejor yo desea que él piense y haga; debe visualizarse con cualidades específicas morales y mentales, poniéndolas en práctica. Imaginar cómo reaccionará correctamente en sus contactos con las personas. Debe hacerlo como si fuera un espectador indiferente que observa impertérrito su personalidad. Los resultados obtenidos se medirán por la intensidad con que se presenten en su consciencia estas imágenes, junto con la calma absoluta de los sentidos.