La Personalidad Maná

La Personalidad Maná

La personalidad-Maná es una dominante del inconsciente colectivo, es el conocido arquetipo del hombre poderoso en forma de héroe, de cacique, de mago, de curandero y santo, dueño de hombres y espíritus, amigo de Dios.

He aquí una figura colectiva masculina, que surge del fondo oscuro y toma posesión de la personalidad consciente. Este peligro anímico es de sutil naturaleza; por medio de una inflación de la consciencia puede aniquilar todo lo que acaso se ganó mediante una conversación con el anima. Por lo tanto, prácticamente, no es de poca importancia saber que, en la jerarquía del inconsciente,
el anima no representa más que el grado ínfimo, que no es más que una de las figuras posibles, y que su vencimiento hace entrar en la constelación a otra figura colectiva, la cual ahora se hará cargo de su Maná. Porque, en realidad, es la figura del mago la llamo así para abreviar – la que se apodera del maná, es decir, del valor autónomo del anima. Sólo si inconscientemente soy idéntico con esa figura, podré creer que soy yo mismo el poseedor del Maná del anima. Pero sintiéndome identificado lo creeré infaliblemente.

En las mujeres, la figura del mago tiene un equivalente no menos peligroso: es una figura de superioridad maternal, la gran madre, misericordiosa en grado sumo, que lo comprende y lo perdona todo, que siempre ha querido el bien, que siempre ha vivido para los demás y que nunca ha buscado su propia utilidad; la descubridora del gran amor, así como él es el que predica la verdad máxima y última. Y tal como el gran amor nunca se agradece ni se aprecia, así tampoco la gran sabiduría nunca se ve comprendida. Y los dos, mutuamente, son aún más difíciles de conciliar.

Aquí debe de haber un equívoco grave, pues se trata indudablemente de una inflación. El yo se ha apropiado de una cosa que no le pertenece. Pero cómo se ha apropiado de este Maná?

Si fue realmente el yo quien venció al anima, el Maná le pertenece de derecho y entonces será acertada la deducción final de que uno ha adquirido importancia. Pero, entonces: por qué esa importancia, es decir, el Maná, no obra sobre los demás? Porque esto sería un criterio esencial. Pero no obra, porque no es cierto que uno haya adquirido importancia; sólo ha experimentado una mezcla con un arquetipo, con otra figura inconsciente. Por lo tanto hemos de deducirlo así – tampoco es cierto que el yo haya vencido al anima y, por ende, no ha conquistado el Maná. Solamente ha sobrevenido una nueva mezcla con una figura del mismo sexo, figura que corresponde a la imagen paterna y que tiene, si cabe, un poder mayor aún.

Del poder que encadena a todos los seres se libra el hombre que se vence a sí mismo , como dice el poeta. Así se convierte en superhombre, superior a todos los poderes; se convierte en semidiós, quizá en más todavía Yo y el Padre somos uno. Esta formidable afirmación, con toda su terrible ambigüedad, procede precisamente de este momento psicológico.

Frente a esto, nuestro mísero y limitado yo, si posee tan siquiera una chispa de conocimiento de sí mismo, sólo puede retirarse, abandonando presurosamente toda ilusión de poder e importancia. Ha sido un engaño: el yo no ha vencido al anima y, por lo tanto, no ha conquistado su Maná. El consciente no se ha hecho dueño del inconsciente, sino que el anima perdió su arrogancia imperialista en la misma medida en que el yo supo explicarse con el inconsciente. Pero esta explicación no fue una victoria del consciente sobre el inconsciente, sino el establecimiento de un equilibrio entre los dos mundos.

El mago pudo tomar posesión del yo porque éste estaba soñando con una victoria sobre el anima. Fue esto un abuso, y todo abuso del yo tiene por consecuencia un abuso del inconsciente: Cambiando de figura, sigo ejerciendo mi furioso poder.

Hasta hora sabemos solamente que el Maná no lo tienen ni el consciente ni el inconsciente; pues es seguro que si el yo no pretende el poder, no sobreviene el estado del poseído, es decir, que también el inconsciente habrá perdido su preponderancia. En este estado, pues, el Maná tiene que haber ido a parar a manos de un algo que sea consciente e inconsciente o que no sea ni lo uno ni lo otro.

Este algo es el buscado punto central de la personalidad, aquel indescriptible algo entre los contrastes, o el elemento unificador de éstos, o el resultado del conflicto, o el rendimiento de la tensión energética, la formación de la personalidad, un individualísimo paso hacia delante, hacia el próximo grado superior.

El punto de partida para nuestro problema es el estado que sobreviene cuando hayan pasado en medida suficiente al consciente los contenidos inconscientes que producen el fenómeno de anima y animus. Conviene representarse esto del modo siguiente: por lo pronto, los contenidos inconscientes son elementos de la atmósfera personal. Después se desarrollan fantasías del inconsciente personal, que contienen esencialmente un simbolismo colectivo. Ahora bien, estas fantasías no son libres ni irregulares, como acaso se podría creer ingenuamente, sino que se guían por determinadas normas inconscientes que convergen y se dirigen a un fin definido. Así es que estas posteriores series de fantasías se podrían describir mejor como procesos de iniciación, ya que estos nos ofrecen la analogía más próxima. Todos los grupos y tribus primitivos medianamente organizados tienen sus iniciaciones a menudo extraordinariamente desarrolladas, que desempeñan un papel de suma importancia en su vida social y religiosa. Mediante ellas los niños se convierten en hombres, las niñas en mujeres.

Las iniciaciones primitivas son evidentemente misterios de transformación de máxima importancia espiritual. Muchas veces, los iniciandos quedan sometidos a dolorosísimos métodos de tratamiento, y al mismo tiempo se les comunican los misterios, las leyes y la jerarquía de la tribu por un lado y, por otro, teorías cosmogónicas y míticas.

Las iniciaciones han sido conservadas por todos los pueblos civilizados. En Grecia, los antiquísimos misterios eleusinos parecen haberse conservado hasta el siglo VII de la Era Cristiana. Roma estaba materialmente inundada de religiones de misterios. Una de éstas es el Cristianismo que, incluso en su forma actual, conserva, aunque pálidas y degeneradas, las antiguas ceremonias de iniciación, como bautismo, confirmación y comunión. Por lo tanto, nadie puede negar la enorme importancia histórica de las iniciaciones.

La Edad Moderna no posee nada equiparable a la importancia histórica de las iniciaciones (compárense los testimonios de los antiguos, en cuanto a los misterios eleusinos). La masonería, la Iglesia gnóstica de Francia, los legendarios caballeros de Rosa Cruz, la teosofía, etc., sólo son productos mezquinos de substitución de un algo que, en la lista histórica de las pérdidas, debería remarcarse con letra roja.

Es un hecho concreto que, en los contenidos inconscientes, todo el simbolismo de la iniciación se presenta con una claridad que no deja lugar a dudas. La objeción de que esto no es más que una antigua superstición y que carece de todo valor científico, es tan inteligente como si alguien, ante una epidemia de cólera, observara que ésta no es más que una enfermedad infecciosa y, además, antihigiénica. No me cansaré de repetir que aquí no se trata de la cuestión de si los símbolos de iniciación son o no verdades objetivas, sino que sólo se trata de saber si estos contenidos inconscientes son o no equivalentes a las prácticas de iniciación y si tienen o no una influencia sobre la psique humana. Tampoco nos importa la cuestión de si son o no deseables. Basta saber que existen y que ejercen un efecto.

La próxima meta del enfrentamiento con el inconsciente es la consecución de un estado en el que los contenidos inconscientes ya no se queden en el inconsciente ni se expresen indirectamente como fenómenos del anima o del animus, sino un estado en que anima o animus se convierten en función de relación con el inconsciente. Mientras no lo sean, serían complejos autónomos, es decir, factores de trastornos que se burlan del control de la consciencia, portándose así como verdaderos obstáculos. Puesto que esto es un hecho tan generalmente conocido, mi expresión de complejo en este sentido ha tomado carta de naturaleza en el lenguaje general.

Cuantos más complejos tenga uno, tanto más poseído estará; y si intentamos hacernos una idea de aquella personalidad que se expresa por los complejos, tal vez llegaremos a la conclusión de que tiene que ser una mujer histérica: por eso decimos anima. Pero si uno convierte en conscientes sus contenidos inconscientes, primero como contenidos de hechos de su subconsciente personal, luego como fantasías del inconsciente colectivo, llegará entonces a las raíces de sus complejos y así conseguirá acabar con su estado de poseído. A la vez cesa el fenómeno del anima.

Pero aquel algo todopoderoso que produjo el estado de poseído (aquello de que no puedo desprenderme, tiene que ser de algún modo superior a mí) debería lógicamente desaparecer junto con el anima. Y así habría de quedar el individuo libre de complejos, es decir, psicológicamente limpio. Ya no debería suceder nada que no fuese permitido por el yo, y si el yo quisiera algo, nada habría de tener la suficiente fuerza para interponerse como obstáculo. Con ello se aseguraría para el yo una posición inexpugnable: la decisión de un superhombre o la superioridad de un sabio perfecto. Ambas figuras son imágenes ideales, un Napoleón por una parte, un Lao-Tsé por otra. Ambas figuras corresponden al concepto de lo extraordinariamente eficaz, expresión explicativa que Lehmann usa como substituto de Maná. Corresponde a una dominante del inconsciente, a un arquetipo que se ha formado en la psique humana desde tiempos inmemoriales, mediante la experiencia correspondiente.

El primitivo no analiza y no se da cuenta de por qué otro le es superior. Si es más listo y más fuerte que él, entonces tiene Maná, es decir, tiene una energía más fuerte; esta energía podrá volver a perderla, quizá porque alguien haya pasado por encima de él, mientras estaba durmiendo, o porque alguien haya pisado su sombra.

La personalidad-Maná se desarrolla históricamente para la figura de héroe y para el hombre-dios , cuya figura terrenal es el sacerdote. Los analíticos podrán decirnos hasta qué punto el médico es Maná. Ahora bien, en tanto que el yo se apropia aparentemente el poder pertinente al anima, el yo se convierte directamente en personalidad-Maná. Este proceso es un fenómeno casi regular y corriente. Todavía no he visto ni un solo proceso de semejante desarrollo más o menos avanzado, en el que no hubiese tenido lugar siquiera pasajeramente una identificación con el arquetipo de la personalidad-Maná. Y es lo más natural del mundo que así suceda, pues no sólo uno mismo lo espera, sino que todos los demás lo esperan también. Difícilmente se puede impedir el admirarse un poco a sí mismo, por saber mucho más que otros; y los demás experimentan tal necesidad de hallar en alguna parte un héroe palpable o un sabio superior, un Führer (jefe) y padre, una autoridad indiscutible, y con la mayor solicitud edifican templos y encienden incienso aún a los dioses en miniatura. Esto no sólo es la lamentable estulticia de los hombres-papagayos sin juicio, sino que se trata de una ley psicológica natural, según la cual siempre ha de volver a suceder lo que ya antes sucedió. Y esto siempre volverá a ser así, mientras la consciencia no interrumpa la ingenuidad de concretizar a las protoimágenes.

No sé si es deseable que la consciencia altere las leyes eternas; sólo sé que a veces las altera y que esta medida es para ciertos hombres una necesidad vital, aunque a menudo esto no les impide sentarse ellos mismos en el trono del padre, para volver a confirmar la vieja regla de antes. En fin ! No se ve la forma como se podría escapar del poder superior de las protoimágenes.

Tampoco creo de ningún modo que sea posible escapar de este poder superior. Sólo se puede variar la orientación para con él, evitando así el riesgo de ir a parar ingenuamente a un arquetipo y verse luego obligado a desempeñar un papel a expensas de su humanidad. El estar poseído por un arquetipo le convierte al hombre en una figura meramente colectiva; le convierte en una especie de máscara, detrás de la cual lo humano, lejos de poder desarrollarse en modo alguno, ha de atrofiarse progresivamente. Por lo tanto, conviene no perder de vista el peligro de incurrir en la dominante de la personalidad-Maná. Porque este peligro no sólo consiste en que uno mismo se convierta en máscara paterna, sino también en que quede entregado a dicha máscara si la lleva otro. En este sentido, maestro y alumno son idénticos.

Conversando sobre Jung

Conversando sobre Jung

ConversandosobreJungEl público lector de Jung conoce a María Luisa von Franz por la colaboración esencial que prestó en la composición de “el Hombre y sus Símbolos”, esa gran obra de la vulgarización de la psicología de las profundidades, además de sus propios libros sobre interpretación de la mitología en los cuentos de hadas, y otros temas.

R. B.-Cómo se sitúa usted en relación a Jung?

MLvF.- Yo empecé a los dieciocho años por un análisis con él y lo ayudé a traducir los textos latinos y griegos de la alquimia. Llegué a ser su alumna. Es así que he asistido al nacimiento de sus obras después de sus sesenta años. Le debo todo.

R. B.-De donde viene su interés por los cuentos de hadas? Qué importancia tienen para usted?

MLvF.- Una escritora me pidió que le ayudara a escribir un libro sobre los cuentos de hadas. Cuando ya llevaba mil páginas, resultó que no quería una interpretación junguiana, entonces continué sola y me he especializado en la interpretación psicológica. Así he descubierto que los cuentos de hadas son representaciones arquetípicas del inconsciente colectivo, las más fecundas, las más variadas y las más fundamentales de todos los mitos. Ellas nos entregan una “anatomía comparada” del alma humana colectiva. Y además son bellas, y hablan directamente a todo el mundo.

R. B.- Usted ha colaborado en todas las grandes obras alquímicas de Jung. Qué lugar considera que ocupa la alquimia en la totalidad de su obra?

MLvF.- Cuando Jung descendió a las profundidades de su inconsciente (después de su separación de Freud), produjo un enorme material simbólico que no parecía tener analogías con los mitos conocidos. Por sus sueños fue conducido a la alquimia y allí descubrió todos los paralelos a sus experiencias. Estas últimas no eran entonces imágenes subjetivas, ellas constituían un largo sueño colectivo humano, un sueño que compensa y completa lo que falta en nuestro mito oficial cristiano y que explica el desarrollo de las ciencias naturales. Para él (y para mí) el mito de la alquimia es el mito del occidente, el de la era de Acuario, el mito que podría sanar nuestros problemas actuales.

R. B.-Qué significa la alquimia para el hombre contemporáneo?

MLvF.- Nuestro mundo consciente oficial sufre de un conflicto entre la religión cristiana y las ciencias naturales (a menudo materialistas y racionales). Los símbolos de la alquimia reúnen estos dos mundos. Aparecen espontáneamente en muchos sueños modernos. El paciente de Psicología y Alquimia” era un físico. En el simbolismo de la alquimia se encuentra anticipada una reunión del mundo del alma y de la materia.

R. B.-Qué piensa usted del paralelo entre la psicología de Jung y la física nuclear?

MLvF.- Las hipótesis fundamentales de la física son imágenes arquetípicas, es decir, energía, partículas, etc. Son entonces en último análisis imágenes psíquicas (mentales). Al contrario, si se desciende hasta las capas más profundas del inconsciente, se llega a una capa que no es puramente psíquica, sino que parece reflejar hechos fisiológicos, o más bien atómicos. Es como si uno se aproximara a una realidad única por dos costados diferentes, que no es psíquica ni tampoco material, el “misterio del ser o de la vida” que trasciende nuestra comprensión. Porque los modelos que el hombre se hace se reencuentran, ya sea que se aproximen desde el costado material o el psíquico.

R. B.-Cuál es, a este respecto, el sentido del gran libro “Números y Tiempo, que Jung le confió antes de morir, para que usted lo escribiera en su lugar?

MLvF.- Jung solamente me dio algunas notas que él había tomado sobre las cualidades individuales de los primeros cinco números, pero ha dejado alusiones indicando que había allí una continuación de la idea de la sincronicidad. El resto, lo he ensamblado y clarificado tanto como he podido. Lo que me ha ayudado, sobre todo, es el descubrimiento que en la China antigua los números estaban ligados naturalmente a la idea de la sincronicidad. Son probablemente los Naturkonstanten del unus mundus, del ser psíquico y de la materia.

R. B.- Si se quisiera renovar la enseñanza práctica de la psicología de Jung para el hombre de la calle qué diría usted?

MLvF.- En el pasado, era natural para todo hombre tomar en consideración sus sueños, vea la Biblia, por ejemplo. Ciertos sueños han decidido el destino de la humanidad. El sueño es la voz del instinto humano, que puede darnos un consejo en situaciones donde la pura razón no es suficiente; por ejemplo, puede indicar el futuro. En nuestro mundo moderno, la naturaleza ya no es el más grande de los peligros para el hombre, ahora lo es el hombre mismo por el estado de su alma. Por ejemplo, la bomba atómica, el terrorismo, las locuras políticas (como el nazismo), etc. Jung muestra un camino que nos permite evitar estos peligros.

R. B.-Cómo ve usted el porvenir de la escuela junguiana?

MLvF.- Como la psicología de Jung comienza a ser muy conocida, ella atrae oportunistas, ambiciosos, oficiosos, que quieren representarla sin aplicarla a ellos mismos. Hay ahí un gran peligro. Jung preveía que serían más bien los que sufren, los que buscan, los que ensayan de vivir con su sabiduría, los que la mantendrían con vida. Puede ser que debamos pasar por una catástrofe general antes de que Jung sea descubierto por los sobrevivientes, si es que los hay…

R. B.-Qué mensaje dirigiría usted a los jóvenes, aquí y ahora?

MLvF.- El mensaje de los hippies: “Do your own thing”, pero en un nuevo sentido. Que se apliquen a su alma personal, que se dejen conducir por sus sueños hacia una creatividad nueva que podría hacer revivir nuestra cultura occidental en una forma nueva, donde el hombre libre esté colocado al centro, viviendo en armonía con la naturaleza, en lugar de explotarla y destruirla. La actitud fundamental es una actitud de amor, no de poder.

R. Bies

Traducido y extractado por Farid Ázael de
Question de
Editions Ritz
París

Más Información:
C, G, Jung Psicología y Alquimia – Santiago Rueda.
C, G, Jung Energética Psíquica y Esencia del Sueño – Paidós.
C, G, Jung Recuerdos, Sueños, Pensamientos – Seix Barral.
C, G, Jung La Interpretación de la Naturaleza y de la Psiquis – Paidós.
M. L von Franz – Símbolos de Redención en los Cuentos de Hadas. Paidós

El Yo, arquetipo de la Individuación.

El Yo, arquetipo de la Individuación.

El Yo imprime su globalidad sobre nuestra vida psicológica a medida que nos
desarrollamos. Se nos muestra como la imagen psicológica de lo divino. Y como tal, tiene algo de las cualidades de una finalidad trascendente, como un blanco móvil hacia el cual viajamos.

Nuestros primeros atisbos del Yo nos llegan envueltos en despliegues generales de energía psicológica más que como acontecimientos o imágenes que podamos identificar concretamente con el Yo. Los primeros atisbos que Carl Jung tuvo del Yo le hicieron reducir los signos de su presencia a libido. Más tarde, la experiencia clínica y la necesidad teórica le forzaron a proponer un arquetipo del Yo distinto de los despliegues generales de energía psicológica. A través de las décadas sus escritos parecen atravesar un proceso de individuación, a medida que él describe el Yo cada vez más como el organizador de los otros arquetipos y de las vidas personales en los casos que estudiaba. Como nosotros, al principio no pudo distinguir entre la inmersión inconsciente del niño en la unidad del Yo y el encuentro consciente del adulto maduro con los símbolos del Yo.

El Yo no puede ser reducido a la consciencia infantil. En realidad debería ser entendido como lo que nos contenía en nuestros orígenes. Como círculo o esfera, aguas primordiales o jardín del Eden, el Yo nos rodeaba e inspiraba. Cuando somos uno con nuestro inconsciente, con nuestro cuerpo, nuestros padres y madres y el universo, nuestro sentido temporal nos da un conocimiento íntimo del tipo de tiempo en el que habita el Yo. A este tiempo lo denomino tiempo eónico para distinguirlo de la noción religiosa de la eternidad de Dios y del tiempo secular de los relojes. El tiempo eónico se parece al tiempo de la visión mística, de la inspiración artística, los sueños, los cuentos de hadas y los mitos que empiezan con Érase una vez. Se parece al sentido temporal que rodea las coincidencias significativas y las experiencias del sistema nervioso parasimpático tales como una elevada sexualidad. Cuando recordamos la unidad inconsciente del mundo y nuestras psiques en el tiempo eónico de los orígenes, recordamos una experiencia de la presencia del Yo sin diferenciación consciente. Nuestra primera unidad es inconsciente. No se ha movido desde el Uno al Dos y a los Muchos, no ha atravesado lo que los chinos llaman las diez mil cosas.

En ocasiones Jung señala la relación recíproca del Yo y la consciencia, pero a menudo subraya el papel subordinado de la consciencia personal que él denominó ego:

El término Yo me pareció adecuado para este sustrato inconsciente, cuyo exponente en la consciencia es el ego. El ego es respecto al Yo como lo movido al motor, o como el objeto al sujeto, pues los factores determinantes que irradian del Yo rodean al ego en todas partes, subordinándolo…. No soy el creador de mí mismo, más bien me ocurro a mí mismo.

Tanto si el Yo se relaciona con la personalidad como un igual recíproco o como un contenedor superior, ocurre una sucesión de paradojas de lo más difícil: el Yo a la vez contiene y es el contenido de la persona completa; el Yo es a la vez aquello de lo que venimos y aquello que anhelamos; el Yo incluye el ego, pero el Yo el y el ego pueden dialogar como representantes del conjunto de la persona y de la más limitada personalidad consciente; el Yo está oculto pero ama ser descubierto; el Yo tiene un valor supremo, como una valiosa perla psicológica, pero se halla en medio de la vida ordinaria, en la paja y el estiércol, como decían los alquimistas. Todos los arquetipos tienen esta doble naturaleza, y para este arquetipo que afecta a todos los demás, esta doble naturaleza llega a extremos paradójicos. En realidad, el Yo contiene polaridades personales y transpersonales como bien y mal, femenino y masculino, punto y círculo, armonía y disonancia, orden y caos, complejidad y simplicidad.

Sin embargo sería erróneo derivar de aquí una especie de filosofía pseudo-oriental. El término alemán Selbstverwirklung, que Jung emplea en el sentido de autorrealización sugiere la presencia de una trayectoria de movimiento activo, creativo y urgente, no un diluirse en una conciencia difusa. En contraste con las descripciones orientales del desarrollo psicológico, la descripción junguiana del movimiento de la personalidad hacia el Yo no acaba en la disolución o desaparición del ego.

La crítica que hace la literatura espiritual del ego cargado de deseos contrasta con la valoración del ego psicológico que hace la psicología moderna. Jung emplea el ego (das Ich) para sugerir un receptor de experiencia consciente contrapuesto y compensado por el inconsciente. Sin el ego psicológico no hay nadie pensado por el inconsciente. Sin el ego psicológico no hay nadie que pueda vivir la vida o experimentar el Yo. El ego de Jung es uno entre muchos complejos a los que acontecen sentimientos y pensamientos. Se hace la ilusión de originar sentimientos y pensamientos, y la ilusión de estar en el centro, hasta que el Yo lo destrona durante el proceso de individuación.

La individuación, como el nombre sugiere, significa ponernos de acuerdo con nuestra verdadera naturaleza. La individuación desafía al ego a entrar en una condición desconocida en vez de permanecer cautivo de lo habitual y familiar. Una vida personal en la que no se introduce el Yo como factor transpersonal corre el riesgo de estancarse. Si el Yo desafía nuestra vida personal con la individuación, generalmente tenemos al principio una sensación de incomodidad y de pérdida. Este proceso requiere una considerable ampliación de nuestra personalidad. Nuestra vida personal empieza a ser cada vez más regida por un centro de gravedad y una organización que incluye realidades transpersonales e inconscientes. Incluso cuando queda establecida la regencia del Yo, sus formas de regir nuestra vida personal cambian a medida que seguimos el proceso de individuación.

Podemos ver cómo la regencia del Yo empieza en nuestras vidas examinando desde el trono del ego las formas que tiene el Yo de ejercer poder, relacionarse y afirmar su importancia.

Nuestro poder sobre la gente, la naturaleza y las cosas nos acostumbra a una ilusión de control. Cuando este control aparente falla cuando nuestros hijos se hacen más independientes y nos desafían, cuando un jardín que habíamos plantado se congela, cuando se estropea nuestro coche o cuando muere alguien con quién contábamos – nuestro inadecuado sentido de identidad orientada al control falla también. En casos extremos nos sentimos como si estuviéramos muriendo, impotentes o carentes de importancia. El Yo puede incluso empujar al fracaso identidades de control particularmente grandiosas o engreídas, como ocurrió con Edipo y el rey Lear, como si el Yo quisiera ponernos en un estado adecuadamente rendido y receptivo. A veces el Yo hace su aparición sólo cuando hemos sido llevados a la desesperación.

Cuando consideramos que las relaciones pueden brindar el valor y significado último de nuestras vidas, estamos practicando una forma de idolatría. El Yo tiende a romper esta idolatría por varios caminos, incluyendo el hacer que nos demos cuenta de que la otra persona no encaja en nuestra imagen del alma más íntima y última. Jung utilizó los nombres de ánima y animus arquetipos de los opuestos inconscientes más prominentes aprovechando términos latinos para alma. En personas heterosexuales y algunas de las que prefieren el mismo sexo, estas imágenes anímicas del sexo opuesto en el interior del inconsciente son proyectadas sobre otra persona. Estas proyecciones contienen parte de la fuerza psicológica que posteriormente fluye hacia el Yo.

Además, el Yo apoya una unión de opuestos interiormente reconciliados. Mientras buscamos por el mundo este opuesto de nuestro interior, podemos obtener de lo que vive en nosotros sanación y conocimiento, pero no conseguiremos virar nuestra búsqueda hacia el interior. Estas imágenes, cuando se proyectan sobre otra persona en una relación, aportan posibilidades instintivas, sexuales, eróticas, afiliativas y espirituales. Algunas personas parecen descubrir su opuesto interior a través de la relación, mientras que otras deben abandonar niveles idolátricos de relación y girar directamente hacia el interior. A la larga el Yo exige nuevas formas de estar en relación basadas en un mayor contacto interior con el opuesto.

Cuando permitimos que el Yo fluya sobre nuestras antiguas formas de relacionarnos, estamos modificando las proyecciones a fin de madurar. Podemos escalar lo que Platón denomina la escalera del amor siguiendo nuestro anhelo del Yo, originalmente mal situado en una relación personal. Primero nos introducimos en la atracción física, luego en el amor por otra alma, y finalmente, a través de la educación en el amor, regresamos al hogar, a la realidad de nuestra propia alma. En contraste con el madurar a través de la relación, también podemos retirar nuestra proyección con un esfuerzo que incremente nuestra consciencia. Las imágenes cargadas que hemos proyectado no encajan con el ser humano en ningún caso, y la fase de luna de miel se acaba, en relaciones románticas e incluso en la amistad. Como una versión adulta del movimiento del niño hacia un aumento de la dependencia o bien un aumento de la autonomía, nos rendimos o crecemos.

La regencia del Yo, hacia la cual la individuación hace girar gradualmente nuestra consciencia, busca desarrollar nuestra maduración minando las viejas formas de usar el poder y de relacionarnos. El Yo actúa detrás de nuestro poder; nos aporta modelos, armonizándonos adecuadamente con la naturaleza del cosmos y buscando encarnar una verdad paradójica de opuestos reconciliados. Y el Yo actúa tras nuestro anhelo de relaciones, pues contiene potencialmente el matrimonio interior.

Pero la tercera rendición a la regencia del Yo tiene que ver con el sacrificio de todo lo que habíamos pensando que éramos. El Yo se mueve desde la periferia de nuestra vida psicológica hacia el centro. Un gurú me dijo que cuando se cierran los huesos del cráneo de un bebé, Dios no puede entrar, y por eso el ego cree ser Dios. En la mayoría de los casos el Yo empieza a centrarnos y a individuarnos, tanto en el ámbito consciente como en el inconsciente, hacia la mitad de la vida. La formación de nuestra personalidad y el empleo de nuestra energía psicológica para desarrollar nuestras vidas a través de aptitudes, trabajo y relaciones, limita nuestro acceso al inconsciente y a su influencia creativa y espiritual. El Yo se convierte en centro de la psique consciente e inconsciente, y los demás arquetipos, como el animus y el ánima, se subordinan al él. Pero el Yo desempeña también otros papeles. Como testigo, el Yo observa cómo nuestra personalidad atraviesa e integra experiencias, como los dos pájaros en este pasaje de la Manduka Upanishad: Dos pájaros, compañeros siempre unidos, se posan en el árbol de la mismidad. De los dos, uno come el dulce fruto y el otro observa sin comer. El Yo es el árbol y es a la vez el pájaro que observa las experiencias de nuestra personalidad.

Nuestras personalidades a veces inician el proceso de individuación sin que estemos suficientemente conectados con el cuerpo y con la tierra ni suficientemente comprometidos con nuestras vidas. Jung relata el caso de una mujer que experimenta pasivamente la individuación como quien contempla paisajes campestres desde un tren expreso. De esta mujer dice:

La individuación sólo puede tener lugar si primero regresas al cuerpo, a tu tierra; sólo entonces puede hacerse real… Ella debe volver a la tierra, a su cuerpo, a su individualidad y separación; de otro modo estará en el río de la vida, será todo el río, y nada habrá sucedido porque nadie se habrá dado cuenta….. La individuación sólo puede ocurrir cuando nos damos cuenta de ella, cuando hay alguien ahí que le presta atención; de otro modo es la eterna melodía del viento en el desierto.

A veces el Yo parece un destructor de nuestras identidades acostumbradas. Pero visto a través de la lente de sus propósitos, actúa para que nuestro compromiso sea más completo. Los alquimistas decían que su trabajo transformador requería el conjunto de la persona, y el Yo exige lo mismo. Generalmente esta exigencia recae sobre todo en nuestros aspectos menos desarrollados, nuestras conexiones más débiles, que habíamos ignorado durante la primera mitad de nuestras vidas.

Estamos despiertos?

Estamos despiertos?

Cómo nos podríamos probar a nosotros mismos, en un momento cualquiera, que no estamos dormidos y soñando? Las circunstancias de la vida son a veces tan fantásticas como las de los sueños, y cambian con la misma rapidez. Qué pasaría si nos despertáramos y encontrásemos que nuestra vida despiertos es un sueño, y que nuestro dormir y soñar son sólo sueños dentro de ese sueño?

Hay una doctrina tradicional, generalmente asociada a la religión, pero que antes y ahora ha sido tema recurrente en la literatura, que dice que nuestro estar despierto habitual no es realmente estar despierto. No es el sueño nocturno, ciertamente, y tampoco es sonambulismo o caminar dormido, pero es, según la tradición, una manera especial de dormir comparable a un trance hipnótico en el cual, sin embargo, no hay hipnotismo sino solamente sugestión o autosugestión. Primero nos dice que, desde el momento del nacimiento y antes, estamos bajo la sugestión de que no estamos totalmente despiertos, y a nivel universal es sugerido a nuestra consciencia que debemos soñar el sueño de este mundo, tal como lo sueñan nuestros padres y amigos. Los niños pequeños, es notorio, encuentran difícil distinguir a primera vista entre esta fantasía, o sea sus sueños de día, y el sueño en el que viven sus padres y que ellos llaman realidad. Más tarde, en la niñez, cuando la sugestión original ha sido incorporada, la autosugestión nos mantiene en este estado más o menos continuamente. Nuestros amigos y vecinos, y todos los objetos que percibimos, actúan como soporíficos y sugestiones de sueño. Nunca más, como ocurrió en nuestra niñez, ponemos en duda lo que nuestros ojos nos muestran como la realidad de este mundo. Estamos totalmente convencidos de que es no sólo real, sino que no hay otra realidad. Soñamos sin poner en duda que estamos despiertos.

La religión, obviamente, presupone que la vida terrestre es un modo de dormir desde el cual es posible despertar a la vida eterna. El Nuevo Testamento, por ejemplo, constantemente usa las imágenes de dormir y despertar. De acuerdo a los Evangelios y a las Epístolas, nos dormimos con Adán y despertamos con Cristo, y la Doctrina nos dice en forma repetitiva que deberíamos esforzamos por despertar desde nuestro estado de vigilia presente y nacer de nuevo. En la literatura han explotado esta idea lbsen y H. G. Wells entre otros escritores. La obra de teatro de Ibsen “Cuando los Muertos Despertamos”, y la novela de Wells “El Durmiente Despierta”, suponen en sus propios títulos que los seres humanos estamos dormidos; pero que podemos despertar.

Es naturalmente difícil, por supuesto, convencernos de que estamos dormidos. Una persona dormida, en la mitad de un sueño, no puede despertarse por sí misma. El sueño puede ser tan desagradable que lo despierta naturalmente o se le debe remecer para que despierte. Muy rara vez nos podemos despertar voluntariamente. Es aún más difícil hacerlo desde un sueño hipnótico. Y si es difícil despertar a voluntad de estos estados de sueño leve, podemos imaginar la dificultad de despertar voluntariamente del profundo dormir y soñar de nuestra vigilia normal.

Pero, cómo convencernos a nosotros mismos de que realmente estamos en un sueño cuando nos parece que estamos en verdad despiertos? Comparando los dos estados de consciencia principales que conocemos y observando sus similitudes, cuáles son las características más destacadas de nuestro dormir ordinario, tal como las conocemos a través de los sueños que recordamos? El sueño ocurre, es decir, nunca lo iniciamos deliberadamente ni creamos sus figuras y eventos. En esto se parece a la vida en vigilia, por cuanto no predeterminamos nuestras experiencias, ni creamos o inventamos las personas ni los eventos con que nos encontramos día a día.

Otro elemento común de nuestro dormir y nuestra vigilia es la variabilidad de nuestra conducta. A veces nos horrorizamos o nos sentimos complacidos recordando cómo nos comportamos en determinado sueño. Es verdad que cualquiera que haya sido nuestra conducta, humillando o halagando nuestro orgullo, no lo habríamos podido hacer de otra manera. Nuestro disgusto o satisfacción es solamente un resultado de la presunta revelación de nuestro ser inconsciente. Pero cómo, fundamentalmente, estos hechos difieren de lo que ocurre en nuestro sueño del estado de vigilia? En el soñar despierto también alternamos entre una lamentable o una buena imagen de nosotros mismos, no por una decisión predeterminada sino porque así sucede, y nuestro desagrado o satisfacción es igualmente contingente en el efecto que el episodio tiene sobre nuestro orgullo. Pero, podemos decir verdaderamente y a priori que, sea lo que sea que pase, deberíamos comportamos así y asá y no de otra forma? No estamos sujetos a la sugestión del momento, siendo proclives a dejarnos alejar de nuestra resolución por la ira, envidia o entusiasmo? Exactamente como en un sueño nocturno, nuestra vida en vigilia siempre nos toma por sorpresa, y nos comportamos constantemente como ni siquiera imaginamos que podríamos hacerlo. Tampoco, mirando en retrospectiva, podemos realmente decir que lo habríamos hecho mejor o peor en una situación pasada. Si se repitiera, no tendríamos duda alguna de poder hacerlo mejor. Pero tomándola tal como fue, con nosotros tal como éramos en ese momento, no habría sido diferente de lo experimentado en un sueño nocturno.

El examen serio de los paralelismos existentes entre los estados de sueño y vigilia revela muchas más similitudes. Sólo se necesita mencionar una más: la manera en que nuestra memoria recuerda los dos estados es muy semejante. Es cierto que de nuestro estado de vigilia conservamos los recuerdos de manera más o menos continua, mientras que nuestra vida de sueños es una serie de recuerdos discontinuos. Aparte de esta diferencia específica, nuestra facultad de memoria parece comportarse de la misma manera en ambos tipos de experiencia. Todos sabemos lo difícil que es evocar a voluntad un sueño de la noche anterior, por vívido que haya sido y aunque todos sus detalles hayan estado en nuestra mente al despertar. En un instante desaparece por completo, sin dejar rastros. La memoria de lo vivido en nuestro estado de vigilia no es tan engañosa ni caprichosa en cuanto a sus características principales, pero es tan vivido hoy día un recuerdo de ayer? Vimos claramente miles de objetos, probablemente incluso les prestamos atención. Escuchamos conversaciones, hablamos, vimos hombres y cosas en las calles, leímos libros o periódicos, escribimos cartas, comimos y bebimos, e hicimos o percibimos una cantidad, que nadie puede enumerar, de objetos y actos. Esto ocurrió apenas ayer, fue el vívido sueño despierto de ayer. Cuántos de estos detalles permanecen en nuestra memoria hoy día? Cuántos podríamos recordar si nos esforzáramos? Tan completamente como los sueños nocturnos, la masa de sueños despiertos cae en el olvido de nuestro inconsciente.

Puede temerse que haya algo mórbido en las especulaciones anteriores, y que realizar un esfuerzo por ver nuestra vida despiertos como si fuera sólo una forma especial de dormir, debería disminuir la importancia que ella tiene para nosotros, y viceversa. Pero esta actitud hacia un posible y probable hecho es en sí misma mórbidamente tímida. La verdad es que así como en los sueños nocturnos el primer síntoma del despertar es la sospecha de que estamos soñando, el primer síntoma del despertar del estado de vigilia -el segundo despertar de la religión- es la sospecha de que nuestro estado de vigilia presente es como estar soñando. Darnos cuenta de que estamos dormidos es estar a punto de despertar, y estar enterados de que estamos sólo parcialmente despiertos es la primera condición para que logremos estar más plenamente despiertos.

A. R. Orage.

Traducido y extractado por Italo Godoy de
“Psychological Exercises & Essays”
Samuel Weiser Inc.

Transformación.

Transformación.

La transformación depende de cuatro factores:

A.  CONOCIMIENTO.

Capacidad de aprender, receptividad para ser enseñado, discernimiento para ubicar lo que necesitamos en un momento dado.

Reglas:

1.- Procura verificar lo que escuchas o lees antes de aceptarlo.

2.- Si no tienes medios para verificarlo, no lo rechaces sin preguntarte si realmente te importa que sea verdadero o falso.

3.- Si realmente te importa, examina la fuente de donde proviene el conocimiento, y pregúntate si estás preparado para confiar en él mientras se te presenta algún medio de verificación.

4.- Nunca tomes nada que aprendas como definitivo. Debes estar siempre dispuesto a reconsiderarlo.

5.- El chequeo cruzado es útil. Nos da confianza comprobar que dos trozos de conocimiento se complementan y confirman el uno al otro.

6.- El chequeo cruzado debe hacerse con asuntos expresados en el mismo lenguaje. Tenemos que estar seguros primero de haber entendido lo que cada cual expresa.

7.- Practica la imparcialidad. No dejes que los gustos y disgustos influencien tu juicio.

8.- Sin embargo, toma muy en cuenta tus reacciones instintivas. Son a menudo más penetrantes que tus pensamientos.

9.- Aprender qué y aprender cómo no es lo mismo y esto nunca debe ser separado. Realmente, no conocemos algo si no sabemos hacer uso de ese conocimiento. Saber cómo – aprender un procedimiento- no nos llevará lejos a menos que sepamos qué estamos haciendo. La teoría y la práctica deben ir juntas si queremos resultados.

10.- Recuerda que todo conocimiento parcial es precario. Siempre trata de ver el total al cual pertenece determinado item de conocimiento. Si no logras ver el todo, es mejor hacer el intento que quedarse con un fragmento aislado.

11 – Abre tu mente más y más.

12.- El conocimiento que es compartido se comprende mejor que el que es cuidadosamente atesorado. Aprendemos mejor enseñando, así nunca olvidamos nuestra propia ignorancia, y recordemos que el aprender-enseñar es un proceso de doble vía en el que el profesor recibe tanto como el alumno.

El conocimiento da orden y un sentido de dirección a nuestra vida, pero, por sí mismo, no nos transforma.

B.  LUCHA.

Uno debe organizar una lucha de deseos o impulsos, la lucha del sí y el no. La lucha con uno mismo puede llamarse auto disciplina o trabajo sobre sí. Sólo podemos hacerlo si estamos conscientes de no ser uno sino varios.

Si estamos identificados, no luchamos, Necesitamos un shock. Si es físico, lo llamamos darse cuenta; si es mental: despertar de la atención; si es moral: remordimiento de conciencia

Reglas:

1.-  Recuerda siempre que sólo puedes luchar en el momento presente.

2.-  Organiza tu lucha. Elige contra qué lucharás y repite el acto tan a menudo como estés consciente del impulso contra el que quieres luchar.

3.-  Usa tu discriminación. No seas demasiado ambicioso. Aprende a medir tu propia capacidad.

4.-  La persistencia hará lo que no consigue la fuerza. La gota de agua horada la piedra.

5.-  No temas luchar. No te hará ningún daño.

6.-  Recuerda que la lucha presente es la llave de la futura felicidad.

7.-  No te lo lleves cambiando. Un modesto plan de acción llevado hasta su fin produce asombrosos resultados.

8.-  Formula decisiones sólo cuando estés seguro de tener la intención y la habilidad de llevarlas a cabo.

9.-  Cuando dudes de tu habilidad, formúlate el propósito de que harás lo posible.  Entonces tu posible deberá ser tu decisión.

10.-  Nunca te detengas a lamentar fracasos ni trates de excusarlos. Ellos ya están fuera de tu momento presente y no hay nada que puedas hacer acerca de ellos.

11.- Tu cuerpo es ignorante, sé justo con él. Tus sentimientos cambian, no cuentes con ellos. Tu mente es volátil, no esperes que permanezca estable dentro de tu momento presente. En resumen, sé realista respecto a ti mismo.

12.-  Nunca olvides que nadie puede luchar por ti.

La lucha es la organización del deseo. A no ser que algo en uno quiera hacer el esfuerzo, no podremos hacerlo.

C.  SACRIFICIO.

Renunciar a algo a lo que estamos atado, es desapego. El hacerlo nos da libertad interior A veces, es aceptar que algo valioso nos sea quitado.

La esencia del sacrificio es la decisión (patriarca Abraham).

Reglas:

1.- Cualquier deseo de ser recompensado por un sacrificio, destruye su valor.

2.- Sé inteligente en tu decisión de objetos a sacrificar.

3.- No sacrifiques a expensas de otros, salvo que lo puedas restituir.

4.- Un sacrificio a medias no es un sacrificio.

5.- Sacrifica lo que es precioso para ti en el momento presente.

6.- Nunca aceptes retribución por un sacrificio,

7.- No seas falto de criterio e intentes sacrificios que después lamentarás.

8.- Mide lo que puedes soportar. Esa es la medida de lo que tú eres.

9.- Investiga en ti tus apegos y pregúntate si eres capaz de sacrificar alguno de ellos.

10.- El sacrificio correcto es hecho por una razón correcta; pero no por un buen resultado.

11.- Guarda tu sacrificio oculto de los otros, y si no es posible, procura aparentar que lo hiciste por gusto.

12.- Un sacrificio no debe ser el resultado de una lucha, sino de una decisión. Es un acto decisivo hecho en un momento, sin hesitación y sin segundos pensamientos.

D.  AYUDA. 

Si sacrificio es alejar algo valioso del momento presente, ayuda es permitir entrar algo valioso.

La ayuda se parece al conocimiento en que entra en nosotros desde fuera; pero es diferente de éste porque no entra a través de nuestra mente (intelecto, inteligencia). No viene del mismo plano en que vivimos.

Quienes la dan, han encontrado la manera de conectarse con una fuente que está fuera del momento presente, y pueden trasmitirla a quienes están con ellos cuando la reciben.

La ayuda actúa como un catalizador. No es propiedad de nadie, todos podemos recibirla directamente o a través de otros que actúan como canales de distribución: hombres santos, lugares santos, maestros de sabiduría, rituales, ceremonias iniciáticas.

La ayuda espiritual o sobrenatural es llamada gracia .  Al caer sobre una persona, produce una conversión; sobre una comunidad, dones carismáticos.

A veces ocurre espontáneamente, porque sí, que todo parece facilitarse y las puertas se abren solas. Otras veces, aparece ayuda en la más profunda desesperación, cuando todo parecía perdido. La naturaleza aborrece el vacío, cuando tú te vacías, la ayuda puede entrar.

Todas las sagradas figuras: Cristo, Buda, Mahoma, Ramana Maharshi, son fuentes de ayuda de las que fluyen corrientes de energía disponibles para sus seguidores.

J. G. Bennett

 

Traducido y extractado por Farid Azael de
J. G. Bennett.- Transformation.
Claymont Communications
West Virginia.- USA