El Sultán que se convirtió en un Desterrado

El Sultán que se convirtió en un Desterrado

Se cuenta que un Sultán de Egipto convocó a un consejo de eruditos, y muy pronto – como suele suceder – surgió una disputa. El tema fue la Travesía Nocturna del Profeta Mahoma. Se dice que en esa ocasión el Profeta fue llevado de su lecho hasta las esferas celestes. Durante ese período vio el Paraíso y el Infierno, conferenció con Dios noventa mil veces, tuvo muchas otras experiencias, y fue devuelto a su habitación mientras su lecho estaba aún tibio. Una vasija de agua, que había sido volcada y derramada a causa del vuelo, aún no había terminado de vaciarse cuando el Profeta retornó.

Algunos sostenían que esto era posible gracias a una manera diferente de medir el tiempo. El Sultán sostenía que eso era imposible.

Los sabios dijeron que todas las cosas eran posibles para el poder divino, pero esto no satisfizo al rey.

Las noticias de este conflicto llegaron finalmente al sheikh Sufi Shahabudin, quien inmediatamente se presentó ante la Corte. El Sultán mostró la debida humildad hacia el maestro, quien dijo: Propongo proceder en seguida a mi demostración, pues sepan ya que ambas interpretaciones del problema son incorrectas, y que hay elementos verificables que pueden explicar las tradiciones, sin necesidad de recurrir a crudas especulaciones o a insípidas y desaprensivas racionalizaciones.

Había cuatro ventanas en el salón de audiencias. El sheikh ordenó que se abriera una de ellas. El Sultán miró hacia afuera. En una montaña a lo lejos vio un interminable ejército invasor, marchando hacia el castillo. Quedó terriblemente asustado.

Ruego que lo olvidéis, pues no es nada, dijo el sheikh.

Cerró la ventana y la abrió nuevamente. Esta vez no se veía un alma a través de ella.

Cuando abrió otra de las ventanas, la ciudad estaba siendo consumida por las llamas. El Sultán gritó alarmado.

No os alarméis, Sultán, pues no es nada, dijo el sheikh.

Cuando hubo cerrado y abierto nuevamente la ventana, no se veía fuego alguno.

La apertura de la tercera ventana reveló una inundación que se aproximaba al palacio.

Luego, nuevamente, no se veía tal inundación.

Cuando la cuarta ventana fue abierta, en lugar del acostumbrado desierto, surgió un jardín del paraíso, y después, al cerrar la ventana, la escena se esfumó como anteriormente.

Luego el sheikh ordenó que se trajese una vasija de agua y que el Sultán pusiera su cabeza dentro de ella por un momento. Tan pronto como hubo hecho esto, el Sultán se encontró solo en una playa desierta, un lugar desconocido para él.

En un arrebato de ira, ante este hechizo mágico, juró vengarse del alevoso sheikh.

Pronto encontró unos leñadores que le preguntaron quién era. Imposibilitado de explicar su verdadera condición, les dijo que era un náufrago. Le dieron algunas ropas, y se encaminó hacia una ciudad, donde un herrero, viéndolo vagar a la ventura, le preguntó quién era. Un mercader náufrago, ahora sin recursos, pendiente de la caridad de leñadores, contestó el Sultán.

El hombre le contó algo acerca de una costumbre de ese país. Todos los forasteros podían pedir en matrimonio a la primera mujer que abandonara la casa de baños y ella tendría que aceptar. Fue a los baños y vió salir a una hermosa dama, Le preguntó si estaba ya casada, y como lo estaba, tuvo que preguntarle a la siguiente, que era fea, y luego a la siguiente, también casada. La cuarta era realmente bella. Ella dijo que no estaba casada, pero lo apartó, ofendida por su miserable aspecto.

Repentinamente un hombre estuvo frente a él y dijo: He sido enviado aquí para buscar a un hombre harapiento. Por favor, sígueme.

El Sultán siguió al sirviente y fue llevado a una magnífica casa, en una de cuyas suntuosas habitaciones estuvo sentado durante horas. Al fin cuatro damas hermosas y magníficamente ataviadas aparecieron precediendo a una quinta que era aun más hermosa. El Sultán reconoció en ella a la última mujer a la cual se había aproximado en la casa de baños.

Ella le dio la bienvenida y le explicó que la prisa por regresar a su casa se debía a los preparativos para su llegada, y que su arrogancia era sólo una de las costumbres del país, practicada por todas las mujeres en la calle.

Luego siguió una magnífica comida. Trajeron espléndidas vestimentas que fueron obsequiadas al Sultán, mientras se ejecutaba una delicada música.

El Sultán vivió siete años con su nueva mujer, hasta que despilfarraron todo el patrimonio de ella. Entonces la mujer le dijo que ahora él debía proveer para ella y sus siete hijos.

Recordando a su primer amigo en la ciudad, el Sultán volvió al herrero en busca de consejo. Puesto que el Sultán no tenía oficio ni negocio, le aconsejó ir a la plaza del mercado y ofrecerse como mozo de carga.

En un día ganó, transportando una enorme carga, sólo una décima parte del dinero necesario para el alimento diario de su familia.

Al día siguiente el Sultán se dirigió nuevamente hacia la playa, donde encontró el lugar exacto del que había emergido hacía siete años. Dispuesto a decir sus oraciones, comenzó a lavarse en el agua, cuando repentina y dramáticamente se encontró nuevamente en el palacio, con la vasija de agua, el sheikh y sus cortesanos.

i Siete años de exilio, hombre perverso ! , rugió el Sultán. Siete años, una familia y haber tenido que ser mozo de carga ! No temes a Dios, el Todopoderoso, por esta acción?.

Pero hace sólo un instante que has puesto la cabeza en esta agua, dijo el maestro Sufi.

Sus cortesanos confirmaron esta declaración.

El Sultán no pudo convencerse de esto, y comenzó a. dar las órdenes para decapitar al sheikh.

Percibiendo mediante su sentido interior que esto iba a ocurrir, el sheikh puso en práctica la capacidad llamada Ilm el-Ghaibat: la Ciencia de la Ausencia. Esto hizo que instantánea y corporalmente se transportara a Damasco a muchos días de distancia.

Desde allí escribió una carta al rey:

Siete años pasaron para tí, como ya habrás descubierto, mientras permaneció por un
instante tu cabeza en el agua. Esto sucede mediante el ejercicio de ciertas facultades, y no tiene especial significado excepto como ilustración de lo que puede suceder. Acaso en la tradición no estaba el lecho tibio, no estaba la jarra a medio vaciar?

El elemento importante no es que algo haya sucedido o no. Es posible que todo suceda. Sin embargo, lo importante es el significado del suceso. En tu caso no hubo significado alguno. En el caso del Profeta, sí lo hubo

Historia sufi

El Sufismo en Occidente.

El Sufismo en Occidente.

La Doctrina de la gente de la comunidad.

1.- Transmitir conocimiento diferenciándolo de información.

Los estudios comunes siempre se basan en la información, no en el conocimiento. En el medio académico el maestro puede poseer conocimiento, pero enseña por medio de la información. Su conocimiento le puede decir qué información es la que debe seleccionar y como proyectarla, pero esto es algo que la doctrina académica ordinaria no tiene en cuenta, excepto para decir cosas vagas, tales como: Ese hombre tiene aptitudes, talento, una forma de ser, presencia, alcance, etc.

2.- La importancia de enseñar conocimiento.

Las personas que poseen conocimiento pueden comunicar conocimiento. Los que sólo poseen información sólo pueden transmitir información. Si el conocimiento existe, como nosotros afirmamos, es tan importante como la información y en muchos aspectos superior. Un primer paso para comunicar conocimiento es aceptar, en principio, que puede existir. Esto nos lleva a métodos para comunicarlo. Mientras continúe existiendo en la mente humana la confusión entre información y conocimiento, no podrá diferenciarse el uno del otro. La situación es análoga a un nivel primitivo de tecnología en el cual una persona puede quemar carbón y obtener algo de luz y un poco de calor, pero no sabe nada acerca de las substancias más volátiles que se encuentran en el carbón que pueden ser extraídas de él, las cuales pueden producir más luz y mejor calor, a menos costo y con mayor facilidad de transporte, almacenamiento y empleo.

3.- Barreras para la comunicación del conocimiento, consideradas desde el punto de vista del maestro.

Puesto que el aspirante a discípulo no puede ver sus propias barreras, se le puede prestar una perspectiva diferente, la del maestro, para mostrarle algo de la distancia que hay entre él y el maestro. Al principio, estas barreras incluyen las siguientes barreras dominantes; que son las dificultades que causan los mayores problemas en la comunicación:

a) Suposiciones: La falta de pensamiento coherente hace que el estudiante piense toda clase de cosas acerca de la enseñanza, y/o del maestro. Esto hace que el estudiante esté viendo las cosas incorrectas, en el momento equivocado, en la forma incorrecta.

Es algo tan arraigado, que hasta se convierte en una motivación. El estudiante, por ejemplo, piensa que la transmisión de conocimiento debe ser continua, que debe poder obtenerlo en el lugar donde cree que puede encontrarlo; que se le puede dar en la forma y en la velocidad que él exija. Todas estas cosas son absurdos generalizados en otros campos de su experiencia.

b) Condicionamiento: El estudiante ha tomado ciertos principios de las lecturas, de las cosas que ha escuchado, de estudios que ha hecho en el pasado, que él cree deben ser aplicables en el aprendizaje. Estos principios varían muy ampliamente, porque cada persona ha recogido un patrón de prejuicios diferente con respecto al aprendizaje. Por ejemplo: aquellos a quienes se les ha enseñado que el conocimiento superior está acompañado de la experiencia emocional, la buscarán en la enseñanza. Si la encuentran, esto será para ellos una comprobación, o evidencia, de la realidad de la enseñanza. Si deciden que está ausente, concluirán que ésta no es la enseñanza para ellos o ni siquiera una enseñanza u otra cosa parecida.

Ninguna enseñanza real podría, ni por un instante, transigir con tales actitudes, porque son superficiales y sintéticas, no sirven para juzgar, reconocer, o beneficiarse correctamente con una enseñanza real.

c) Las emociones humanas comunes: Están atenuadas en la vida social y profesional, pero necesitan ser expresadas y por lo tanto se infiltran dentro de la búsqueda. Se trata, en pocas palabras, de cosas tales como: voracidad, miedo, esperanza y compensaciones por incapacidades de todo tipo. Los procesos tradicionales que han sido diseñados para eliminar estos elementos se introducen deliberadamente para evitar que el discípulo dé rienda suelta a sus emociones comunes dentro del contexto de la enseñanza.

4.- La enseñanza se concentra sobre el individuo, el grupo, y su propio ser.

Esto quiere decir que no cualquier enseñanza dogmática – cuyos principios y prácticas pueden ser resumidos en unas cuantas líneas – puede ser una expresión exacta o suficientemente completa de la gran enseñanza.

El único método que opera con éxito en esta enseñanza, es el que suministra estos tres aspectos:
a).- conocimiento para aquella parte del ser humano que puede adquirir y utilizar el conocimiento,
b).-práctica para aquella parte que puede desarrollarse por medio de la práctica,
c).- información precisa que corresponda a las necesidades actuales. Esta información es diferente a la información especulativa o que pertenezca a otras fases y a otros campos.

Es por las razones antes mencionadas, que la enseñanza real siempre se realiza por medio de una constelación de impactos y no por medio de una instrucción académica de paso por paso, basada únicamente sobre una información sistematizada. Esto explica la aparente falta de continuidad y la naturaleza aparentemente irregular de los maestros, cuyos hechos y dichos en el pasado, a menudo han parecido ser imposibles de sistematizar.

En las enseñanzas fósiles se ha elegido, de un inmenso cuerpo de enseñanza, sólo unos pocos principios y prácticas, que tienen la posibilidad de ser organizados y aplicados masivamente. Estos han sido aplicados, incansablemente por aquéllos que supuestamente estaban enseñando, o más bien celebrando ritos.

El resultado siempre es el mismo, como en cualquier otro sistema defectuoso: Un núcleo condicionado, algunos inconformes, algunos intelectuales y algunos emocionalistas.

La idolatría del ser humano y la veneración hacia la institución, solamente pueden evitarse por la presencia de un elemento que impida que esa enfermedad se manifieste.
Este puede o no hacer uso de la materia prima, y/o, de la recolección de información.

Es el producto humano, común, caracterizado por todas o muchas de las dificultades que acabamos de mencionar, el que enfrenta al maestro y a la enseñanza, cuando existe la posibilidad de establecer el trabajo de la doctrina en un área dada, la que puede ser que esté o no imbuida con los residuos de la enseñanza.

Esta es la que puede considerarse la situación clásica y es casi inevitable.

Una característica muy fuerte de la tradición deteriorada es la creencia de que la enseñanza esotérica sólo puede emanar de lugares misteriosos e inaccesibles, o que el conocimiento superior sólo puede encontrarse en libros cuyos títulos o temas obviamente tratan del conocimiento superior. Esta idea, ampliamente difundida, está nuevamente basada en la compensación.

Ya sea que la tradición esté perdida o en estado latente, se hace la suposición de que ella no puede estar presente en ninguna forma. El meollo de esta situación se puede expresar en la siguiente forma: Donde no hay ningún conocimiento, algo de éste debe expresarse; de no ser así, la gente inventa, imagina o se apega a un nivel inferior de trabajo.

Las personas a las que nos hemos referido, no tienen idea de qué es un nivel inferior, porque admitirlo sería ver su propia ignorancia. Hacerles notar que no están en contacto con ninguna forma de conocimiento real, ya sea en forma escrita, hablada u otra, sería hacerles sentir que son inútiles y que no tienen esperanza. Lastimaría su auto-estima. Pero es lo que le pasa a esta gente, sólo porque no se han molestado en pensar, ni siquiera mecánicamente, en las interpretaciones posibles de su situación, ni aún en las más obvias.

Es una triste reflexión, sin embargo verdadera, decir que una persona, con un conocimiento superior, a menudo encuentra que la gente con la que tiene que tratar, no sólo se desempeña en un nivel de comprensión más bajo del que cree tener, sino también en un nivel inferior a aquel que podría alcanzar. Se permiten tener esperanzas, pero, al mismo tiempo se permiten ser perezosos. Es al escoger esta alternativa fácil, donde dejan deliberadamente que opere el auto engaño; aún cuando pretendan ante ellos mismos y ante otros que están siendo sinceros.

Se necesitan técnicas especiales, conocimiento especial, un mandato especial, para llevar a la gente a la correcta comprensión de su propia situación. El informarles simplemente de que son tramposos, haraganes, sin esperanza, llenos de voracidad, o que están dormidos, no tendrá ningún efecto sobre aquellos que no reaccionan al instante y correctamente a este impacto.

Esto nos proporciona un panorama externo, acerca de las razones de cierto comportamiento, el empleo de ciertos materiales, la dirección de la atención sobre ciertas líneas, realizada por los maestros en diferentes culturas y en distintas épocas.

Esta no es la clase de maestro que la mayoría de la gente conoce. Muchos de aquellos que más los necesitan, serían los últimos en admitir o estar de acuerdo en que éstos realmente son maestros. La función del maestro, no solamente es la de diagnosticar la situación y las necesidades del estudiante, sino también el ayudar a darle lo que se necesita, de acuerdo con la individualidad propia de cada uno. Al estar haciéndolo, es un técnico, un trabajador, hombre o mujer, que está logrando que algo sea posible. Ni siquiera necesita parecerse a otro maestro, y hasta puede que no se le conozca, generalmente, como un maestro. La gente se excita cuando se le dice que existen maestros invisibles y quiere verlos, quiere encontrárselos. Pero, en este caso, invisible puede querer decir que son gentes que contribuyen al proceso de aprendizaje, sin que de ninguna manera parezca que están realizando esta función. También hay maestros que combinan ambas funciones, la del maestro visible e invisible. Hasta que este principio no sea admitido, por lo menos, como un concepto bien conocido, es muy improbable que el estudiante pueda progresar. Los maestros, a causa de su tarea, su individualidad, la situación de los estudiantes, de los grupos de aprendices y otras cosas, no solamente son el símbolo vivo y representativo de la doctrina, sino también su exponente.

El ser un exponente no significa ser un simple teórico, que continuamente da discursos a su audiencia. No significa un simple hierofante que preside el ritual. No significa un simple tradicionalista que sin cesar repite ideas, palabras y acciones de segunda mano. No significa solamente un hombre, que conoce técnicas o rituales, o dichos o que trata de mantener a la comunidad unida. O que trata de defender a esa comunidad de las infiltraciones de ideas o prácticas, ajenas a ellas.

El verdadero maestro es un ser, casi infinitamente versátil, capaz de trabajar, en un número de niveles diferentes al mismo tiempo. Él responde al movimiento de la enseñanza, lo representa y lo comunica de una manera que dará resultados positivos.

Para poder hacer esto, el maestro debe obtener la suficiente cuota de atención e interés de parte de su audiencia para capacitarlos a recibir los beneficios del complejo método de la enseñanza. Si él transige hasta el punto de dar a la gente lo que cree que quieren: reuniones, conversaciones, diagramas, rituales, el sentirse miembros, actividades continuas, una personalidad o institución sobre la cual se puedan apoyar, de ninguna forma es un maestro. Porque ha permitido que la enseñanza se deteriore dentro del dominio de la mecanicidad, movida por el intelecto o la emoción.

Solamente porque en cualquier época hay miles de personas como esas no quiere decir que alguno de ellos esté en lo correcto, y que no exista el maestro real. Al contrario, y usando uno de nuestros más antiguos aforismos, se acepta el oro falso sólo porque la moneda de oro auténtico existe.

A la gente le es difícil percibir sus propios problemas, pero pueden conseguir un vislumbre de ellos, al mirarse a sí mismos con los ojos de los demás.

Recompensa y Castigo:

Desde temprana edad se ha condicionado al ser humano, por medio de la recompensa y el castigo, o por la amenaza de recompensa y castigo. Este condicionamiento no se arraiga bien en algunas personas. Nosotros nos ocupamos de los demás, que son la mayoría.

En el entrenamiento humano, recompensa y castigo también pueden manifestarse como la
alternativa del caramelo y el látigo, real o teórico. Con propósitos prácticos, podemos decir que todos los sistemas de entrenamiento dependen de estos dos factores. Algunas instituciones, como las religiosas, se basan en ellos y también los refuerzan con frecuentes sugerencias. A la gente se le invita a meditar sobre los placeres del posible futuro y sobre los terrores si se desobedecen ciertas leyes. Fundamentalmente todas las leyes dependen de la amenaza de la fuerza, ya sea física o mental, de ciertas condiciones tales como la prisión, lo que también depende del hecho de que ciertas instituciones ejercen un efectivo poder sobre el individuo.

La sociedad misma implanta y mantiene el adoctrinamiento moral y ético, a veces llamado enseñanza, produciendo placer, por medio de métodos emocionales. Como al individuo desde su niñez, se la ha influido por medio de estas técnicas, él lleva consigo, subconscientemente, el sentimiento de que son esenciales. Esenciales, en el sentido de que siempre deberán estar ahí. Por supuesto ha confundido al instrumento con el objetivo. Por haber sido entrenado a buscar la aprobación o la recompensa y a huir del dolor, y a obedecer a la acción o a la dirección autoritaria, le es difícil concebir que existe una moral autónoma, o ética real, basada en lo que podríamos llamar constructividad y destructividad.

Como resultado de lo cual, si usted reúne a un grupo de personas y no les da ninguna dirección, tenderán a perder el condicionamiento de la obediencia, y a evitar ciertas cosas y buscar otras, al no haber un refuerzo a tales sugestiones. Este experimento es comparativamente fácil de organizar. Si usted puede tener a estas personas trabajando sobre algo, en un tipo de organización no estricta, encontrará que en vez de buscar la aprobación y de obedecer instrucciones inexistentes, empezarán a buscar gratificaciones personales menores. Esto constituye el sustituto al yugo bajo el que antes se encontraban.

Pero, lamentablemente, este sustituto también tiende a ser la suma total de su carácter. En otras palabras, la parte de su carácter que ya no es operante, no era en verdad propia de ellos, porque su presencia dependía de la compulsión de un poder que ejercía sobre esa persona o ese grupo un individuo, una institución o un conjunto de reglas. La consecuencia de este tipo de tendencia rara vez es aquella en la que el individuo se pregunte si está llevando a cabo alguna función útil o evidentemente constructiva para su grupo o institución. En vez de hacerse esta pregunta, aflorarán en él ciertas características de autoafirmación. Estas características no habían aflorado, solamente a causa de enseñanzas morales o éticas y por disciplina. Ellas representan la verdadera naturaleza de este individuo y de la mayoría de los hombres y mujeres. Será muy común encontrar delincuencia, robo, mentiras y engaño. Esto se ha verificado una y otra vez, y el que no lo crea está en libertad de verificarlo cuando quiera, y de volver a esta discusión cuando lo haya hecho. De otra forma está invitado a escuchar esta información.

Un objetivo de los Sufís, es el de someter al hombre a condiciones donde no exista una doctrina sostén o reglas que lo apoyen para que ello lo despoje de aquellas partes de su personalidad, que de hecho sólo están presentes como una suerte de extensión de la sociedad y de sus reglas. Esto permite, al maestro y también al estudiante, la observación de lo individual. El estudiante puede ver sus características reales y preguntarse si es que sus formas de acción, que se manifiestan a través de esta personalidad, son constructivas para la organización, para sí mismos, para sus amigos y asociados, o para algún reglamento moral o ético familiar a él, etc. Esta es la forma en la que llega a verse cara a cara consigo mismo.

Generalmente le queda un buen número de tendencias que se caracterizan por la voracidad. Estas tendencias tratan de sacar para sí cualquier provecho que puedan extraer del medio ambiente. Tienden a operar en forma disfrazada por el hecho de que lo que en verdad es voracidad a menudo no parece serlo, puesto que por razones convencionales se utilizan otros términos para designarla. Por ejemplo, gastar tiempo en buscar información fácil sobre la consciencia superior, desperdiciar los dotes materiales de la organización y poner menos y menos esfuerzo eficiente en las tareas que le han sido encomendadas: todas estas y muchas otras tendencias son voracidad, así como lo es comer demasiado. Las formas de voracidad a costa de alguien, o de algo se encuentran una y otra vez, y pueden registrarse por un observador, como yo mismo he registrado más de una vez y sin comentarlo durante los experimentos. Se extienden desde el mismo robo, (en una escala pequeña o grande), hasta el ignorar las cosas que se le han dicho a pesar de estar recordándolas y actuando de acuerdo con una forma selectiva con lo que ha recibido.

Por lo tanto la persona recordará la mitad de una exhortación o la interpretará mal, tergiversándola, hasta que parezca significar algo completamente diferente que pueda ser referido a algún supuesto provecho.

Bajo estas circunstancias, si se tiene una organización y estudiantes y se les da tareas para llevar a cabo, las que deberían estar muy al alcance de su capacidad para poderlas realizar, existirá una tendencia a realizar las tareas en una forma inferior a la que podrían lograr, y hasta habrá casi señales de idiotez y estupidez porque no se ofrece una recompensa o castigo. Esto puede tomarse como una regla general.

La persona que siempre realiza las cosas correctas e incansablemente de acuerdo con una regla que ha aprendido en el pasado, es tan ejemplo de adoctrinamiento como el que no cumple. Lo único que hace este individuo es traer sus propias reglas, a una atmósfera donde no hay reglas.

Todo lo que está sucediendo es, que en vez de que usted, su institución o su doctrina pongan las reglas y las aplique, él trae consigo su propio mecanismo, su propio sargento de disciplina. El está entrenado y hasta disciplinado; no está actuando constructivamente, no tiene flexibilidad, no tiene elección. Tiene que ser eficiente, o dar valor por dinero, por así decirlo. El problema principal de enseñar en esta área es el de asegurarle al individuo – de manera que pueda percibirlo por sí mismo y no a través del adoctrinamiento – que hay un área en el cual las cosas se pueden hacer, y hacer bien, por medio del conocimiento interior sin tener que recurrir a ningún tipo de cuerpo de supervisión, ya sea éste divino, local, o el modelo de uno que haya sido inculcado por el sargento entrenador.

Desafortunadamente todas las religiones existentes, culturas y civilizaciones sólo aprecian, en tan alto grado, el entrenamiento por los medios burdos antes mencionados, que a menudo se cree que la única forma de tratar con el hombre es a través de la fuerza, de las promesas, o de la amenaza de fuerza.

Esta creencia hace que el hombre se vuelva inaccesible a una real conducta correcta. De ahí el hombre tal como es, es una prueba viviente del dogma en el que ha sido adoctrinado.

La única forma de salir de este desconcertante dilema, es la práctica de métodos que le darán al hombre la posibilidad de verse tal cual es hoy; cómo era recientemente y por qué; y cómo es que hay algo dentro de él que puede gobernar sobre lo que será.

Tales prácticas constituyen el sello de la Tradición Sufí. Pero si estos métodos son aplicados incorrectamente, serán puestos al servicio de las tendencias de condicionamiento, que los adoptará como reglas o sustitutos de fuerza. El resultado, simplemente, será otra religión o institución que existirá para su propio beneficio.

El entrenamiento, en cualquier cultura, no es ni más ni menos que algo preparatorio. Enseña al hombre – ya sea en religión, en sistemas idealistas, en la familia, o en lo que sea – a buscar el paraíso y temer al infierno-, como lo dijo Omar Khayyam. Como tal, este entrenamiento es un preludio: El entrenamiento burdo deberá ser reemplazado por el conocimiento directo y por la verdadera elección. No hay elección posible para una persona que elige algo que se le ha implantado por un criterio de juicio que de otra forma no usaría.

Una vez que sabemos estas cosas, somos culpables cuando somos cómplices de convenciones sociales y otras, que suponen que el hombre es impulsado por motivos elevados o por un sentido de justicia, siendo que lo que queremos decir es que él no puede evitar, en todas sus actividades, el actuar y reaccionar de acuerdo con un patrón para el cual ha sido programado como una computadora.

Esto no quiere decir, junto con aquellos que dicen que el hombre es mecánico, que no debe reaccionar en contra de las convenciones y no usar métodos críticos. Pero lo que sí quiere decir es que el hombre debe darse cuenta de que es capaz de Estar en el mundo, pero no ser de él. Y esto significa que mientras continúa actuando de acuerdo con la moralidad local apropiada para él debe ser capaz de buscar y desarrollar su conocimiento directo de la ética absoluta.

Los experimentadores de todas las épocas, han derribado las éticas locales, pretendiendo que los ahogaban o que no eran aplicables a ellos, sin saber qué cosa podría ahogarlos, o lo que podría serles aplicable realmente.

El único resultado, como usted verá si lee la historia o piensa recordando sus propias experiencias, fue que había otra ética, similar a la primera y que a menudo pretendía ser diferente, y nuevamente pretendía ser la mejor y la única.

A veces es necesario, en una situación de enseñanza, empezar con reglas, abandonarlas y después reaplicarlas, cuando las características indeseables (destructivas y ladinas) que se manifiestan en el individuo no pueden, por el momento ser mejoradas.

Al ignorar el proceso por el cual están pasando, es usual que la reacción de tales personas, sea la depresión, la rebelión o el mal humor.

La otra alternativa: la de enaltecer las virtudes idealistas y santurronas hasta que se adueñen por completo de la mente del individuo, no produce ningún efecto real, aunque artificios de este tipo a menudo bien intencionados, se encuentran en ciertos círculos en abundancia nauseabunda.

Otro resultado que se obtiene al quitarle a los individuos los sistemas de aprobación y desaprobación, es que tienden, casi de inmediato, a fabricar chismes y lo que puede llamarse, el comportamiento de una reunión de viejas chismosas tejiendo. Esto se puede demostrar fácilmente. Así como en la guerra, cuando hay escasez de información porque no se le puede decir a la gente como ha de pensar sobre ciertas cosas (por razones de seguridad), crecen los rumores turbulentos y son creídos; así esta misma tendencia se afirma en grupos especiales, donde no hay afirmación continua y fuerte del dogma en el cual hay que creer. También existe siempre la tendencia hacia el reclutamiento. Hacer que otras gentes se interesen en lo que se supone que está pasando. Sumando a esto existe la tendencia a la fabricación de información, la naturaleza detesta el vacío. Y también el choque de personalidades. La gente dice que no quiere ser regimentada, pero cuando no están siendo regimentadas por personas, tareas o ideas, tienden al picoteo de las gallinas. O sea a la auto-regimentación.

Todo esto sucede en el período que transcurre entre la suspensión de alimentos del área cerebral donde está instalada la regimentación y la apertura de otra área del cerebro que permite el conocimiento directo. Pero la gente rara vez está preparada para soportar el período de tiempo necesario para que la fiebre se calme.

Por tanto, falsifican información, jerarquía, chismes y así sucesivamente. Aquellos que no lo hacen progresan, los demás, en el peor de los casos se convierten en víboras. En el mejor de los casos están incapacitados para progresar.

El liderazgo es otro aspecto valioso de la idea de recompensa y castigo. Si a cierta clase de gente usted no les hace el papel de conductor o no hace lo que consideran propio de un conductor, pronto lo empezarán a convertir en un Dios. Tratando de hacerlo un líder, tratando de verlo, de provocarlo a la acción (benigna u hostil) haciendo que la cola mueva al perro. Al actuar otra vez prematuramente hacen prácticamente imposible que una verdadera enseñanza tenga acceso a ellos, ya que insisten en conseguir algo que quieren, a pesar que no lo necesitan, en un período de deliberada suspensión de un tipo de alimento anterior a la introducción de otro.

Se convertirán en un culto, o se irán y se unirán a otro movimiento. Áreas enteras del posible pensamiento humano están sin usarse. El estudiante le presentará un área incorrecta y esperará que usted actúe sobre ella constructivamente. Algo que no se puede hacer. Es como un hombre que le da un colador y dice: llénemelo de agua

Omar Alí Shah

Extractado por Farid Azael de
Sufismo en Occidente.-Ediciones Dervish Internacional

 

 

El Sufismo  Un Camino hacia el Ser

El Sufismo Un Camino hacia el Ser

Aunque su origen permanece oscuro, el Sufismo probablemente surgió como una respuesta más satisfactoria a la situación humana en la insegura sociedad de Persia. En un principio se halló estrechamente vinculado con las virtudes religiosas, pero gradualmente se fue transformando en instrumento de crítica de la religión y de la conducta humana a fin de trascenderla. En el siglo VIII de la era cristiana los sufíes eligieron su objeto de identificación de entre los atributos de los santos, de los profetas y de Dios. En cuanto a los miembros de la comunidad, participaban en la vida social y vivían de una manera sencilla, algunos practicaban el ascetismo.

En el siglo IX los sufíes hicieron de Bagdad su centro de reunión. Gradualmente llegaron a creer que el mismo Dios era la manifestación de la verdad y el objeto de su deseo. El proceso del Sufismo no sólo se transformó en una forma de cambio de personalidad sino que también creció como institución social, cuyos numerosos adherentes buscaron temas universales en la religión. La teoría del Sufismo se desarrolló de una manera notable. En su apogeo, Al-Hallaj, el hijo de Mansur, declaró: Yo soy la Verdad (Dios). Fue acusado de herejía y crucificado en el año 922. Hacia el siglo X la teoría Sufí se había visto muy refinada. Entre los numerosos sufíes prominentes de aquella época se encontraba el notable árabe lbn-al-Arabi (muerto en 952). Entre los siglos XI y XIII gran cantidad de persas desarrollaron la teoría Sufí. Entre ellos encontramos a Farid al-Din ‘Attar, y finalmente al más grande de todos los místicos, Jalal al-Din M. Rumi (1207-1273), quien incluso trascendió el concepto de unión con Dios. Abogaba por la unión de todo y declaraba al amor como la fuerza creativa en la naturaleza.

Esencialmente, el Sufismo desarrolla en el individuo un proceso de nacimiento continuo hasta que alcanza la realización de su ser: el estado de integración final. Según el Sufismo, el verdadero ser no es aquello que el medio y la cultura desarrollan en nosotros, sino que es básicamente el producto del universo en evolución. Es lo que se denomina el ser cósmico o ser universal en contraste con el ser fenoménico o social, producto de la cultura y el ambiente. El ser cósmico puede ser considerado como la imagen del universo que debe ser develada. Se encuentra envuelta en nuestro inconsciente – si no es el inconsciente mismo – mientras que el ser fenoménico implica la consciencia. En el Sufismo, el inconsciente recibe más atención que la consciencia; posee infinitas posibilidades, mientras, que la consciencia es algo limitado; y sólo el inconsciente provee los medios para lograr el verdadero ser.

El ser cósmico nos abarca totalmente, mientras que el ser fenoménico designa sólo a una parte de nuestra existencia. El ser fenoménico nos ha separado de nuestro origen, el de la unión con la vida. Habiendo tomado consciencia de esta separación, sólo podemos vivir plenamente si vaciamos nuestra consciencia, trayendo a la luz el inconsciente, y logrando una percepción de nuestra existencia como un todo. Este estado de plena consciencia se denomina existencia cósmica o consciencia trascendental.

El verdadero ser puede considerarse como la corona de la inconsciencia, que en potencia es la existencia consciente, la meta sufí. Identificar este estado psicológico no constituye una tarea sencilla, pues su misma naturaleza es de devenir, y cuando se logra, helo aquí. Los sufíes lo consideran como que se explica a sí mismo y que es evidente de por sí. Al igual
que el Sol es una prueba de su propia existencia, así también lo es el verdadero ser. Cada uno de nosotros lo hemos experimentado en alguna ocasión, Al menos una vez hemos escuchado su voz, su llamado y su invitación, a menudo sin habernos dado cuenta. Quizás las palabras mí mismo, él o ello puedan identificar mejor al ser verdadero que las palabras yo o nosotros. En este sentido, el Sufismo consiste en dos etapas:

1.- La muerte del yo
2.- La adquisición de la completa consciencia del mí mismo.

El verdadero ser no existe en sitio alguno, su misma naturaleza es intensiva antes que extensiva, y puede hallarse muy cerca de nosotros o muy lejano, dependiendo de la experiencia del individuo. Ordinariamente, un destello de sabiduría ilumina la consciencia – un pequeño círculo de nuestra psique – pero, cuando logramos alcanzar el verdadero ser, un fuerte resplandor ilumina constantemente toda su estructura. Algunos sufíes ubican a este ser en el corazón, pero uno puede preguntarse: Cómo puede el corazón, significando realmente una habilidad para la experiencia intuitiva, tener una ubicación definida? En un poema, Rumi cuenta que lo buscó a través de diversas religiones y de las enseñanzas de grandes sabios, sin encontrarlo, hasta que al final:

Escruté mi propio corazón;
en ese lugar Lo vi.
No estaba en ningún otro sitio.
Puede uno alcanzar el estado del ser cósmico, aprendiendo sus principios? No, de ninguna manera en el sentido de la instrucción convencional. Ayuda el hecho de conocer su existencia? Aquí, tampoco el conocimiento convencional puede transformar al ser interior. Es así que la experiencia ofrece el único camino. Los sufíes sin duda confían profundamente en la experiencia interior como directriz de su conducta, mientras que desconfían del aprendizaje académico y de las prácticas religiosas establecidas.

Quien busca transformar su ser fenoménico debe experimentar una vez al menos aquello que está buscando. Debe tomar consciencia de los problemas de la existencia humana: Qué somos? Cuál es nuestro destino y por qué? Debe percibir su origen y comprender el hecho de que con todos nuestros esfuerzos no sabemos por qué, al igual que peces, hemos
sido arrojados dentro de una red que nos permite una infinidad de visiones del mundo. En este punto el individuo percibe que en una época anterior vivió en una mayor armonía con la naturaleza. La consciencia de esta percepción puede ser que se produzca de repente, a veces como resultado de una experiencia sencilla. La literatura sufí abunda en ejemplos de individuos que de pronto percibieron el camino que debían seguir.

El Sufismo afirma que esta experiencia repentina de consciencia puede ayudar a cualquiera que se analice desde la perspectiva de la evolución. Entonces el individuo comprende que el mismo proceso que lo condujo a su presente estado en esta vida se encuentra continuamente en operación. Esto puede desarrollar aún más su mente y transformarlo en un individuo religioso o intelectual. En la siguiente etapa se familiariza con los ídolos que existen en su mente e intenta destruirlos a fin de alcanzar su meta. En este punto el sufí alcanza un nivel de existencia tan por encima del hombre ordinario como lo está éste respecto de su existencia anterior. Habiendo logrado una imagen de una vida tan superior, la persona se transforma en buscadora y valoriza esta imagen por sobre todas las cosas. Motivado por ella, la anhela, se interesa por ella y dirige sus esfuerzos hacia su logro a fin de volverse uno con ella. Se vuelve competitivo, pero sólo consigo mismo, pues la competencia con nuestro propio ser constituye la perfección.

La naturaleza del hombre, sin embargo, no se inclina fácilmente hacia la perfección. Aun cuando su percepción lo haga consciente de una vida mejor, sus instintos, impulsos y móviles egoístas, o nafs según la terminología sufí, se transforman en difíciles obstáculos a salvar. Rodeado por las fuerzas contradictorias de su naturaleza, se vuelve ansioso. Si es afortunado, se halla en el umbral de dos mundos: su yo se yergue frente a su ser potencial o real; el hombre universal frente al social. En épocas modernas la gente generalmente no reconoce esta desarmonía dentro de sí . Cuando se sienten inquietos, toman una píldora, o beben o se escapan a una forma de vida ilusoria. Logran tranquilidad en tanto puedan ignorar su situación. Sin embargo, si un individuo, tal como un novicio sufí, analiza su situación y se vuelve crítico de ella, no puede cambiar su certeza última por una satisfacción temporaria. Se interesa aún más por su problema existencial. Como buscador de la verdad reconoce que sólo posee un corazón y que potencialmente es una entidad; no puede dividirse en varias partes. Reconociendo que sólo la verdad puede salvarlo, se concentra en la unión, que significa la identificación con el objeto deseado. En cambio, la desunión es el apego del corazón a diversos objetos. El objetivo de esta búsqueda consiste en la realización del verdadero ser, el estado del hombre perfecto (universal), la unidad con todo, ser sólo la verdad; amar para salvar, no para ser salvado.

La remoción del ser social, en realidad, significa la aniquilación de aquellas experiencias que limitan la revelación del verdadero ser. Los sufíes denominan fana a la experiencia de la eliminación del yo, la que finaliza en un estado de éxtasis, de sentimiento de unión. Es el comienzo de baqa, estado de existencia consciente.

La meta del sufí resulta ahora clara, pero cómo logra alcanzarla? En primer lugar debe comprender las limitaciones de su consciencia, específicamente en el sentido de que contiene material innecesario y que en su desarrollo se han formado numerosos velos alrededor del ser real, impidiendo que éste pueda manifestar su verdadera naturaleza. Una vez que reconoce este hecho, el sufí puede eliminar el yo de la consciencia: un estado que es idéntico al de cambiar y expandir la consciencia para que funcione en armonía
con el Inconsciente.

Como un primer paso en esta dirección, el sufí debe inactivar los nafs – la fuente de los impulsos – o, más precisamente, emplear la razón para controlar sus pasiones. El Sufismo reconoce, como también lo hace la psicología moderna, que esta parte del individuo no puede ser eliminada o suprimida por completo. Los nafs también poseen un gran poder negativo, una fuerza similar a la de la ira o a la del amor apasionado que ciega al intelecto. Por lo tanto, el sufí busca satisfacer los nafs antes de traerlos bajo el control del intelecto. Aun entonces, persistirán como las brasas que brillan bajo las cenizas. El buscador no debe ignorarlos, pues en toda oportunidad en que las brasas se transformen en llamas, deberán ser apagadas nuevamente. Algunos sufíes consideran que una vez que el individuo haya satisfechos los nafs tanto en función de impulsos sexuales como de aquellos relacionados con el éxito y la voracidad, debe irlos restringiendo gradualmente hasta lograr ubicarlos bajo el control de la razón.

Debido a este factor natural en la naturaleza humana, el Sufismo atrae a individuos maduros antes que a los jóvenes. La naturaleza violenta de los nafs también explica por qué los sufíes consideran que los hombres ordinarios necesitan de la experiencia religiosa, aun si sólo es comprendida parcialmente. En un sentido positivo, los sufíes controlan los nafs a través de un comportamiento virtuoso y acciones plenas de probidad. Por ejemplo, cuando un buscador se presenta a un guía con el propósito de ingresar a las filas de los sufíes, se lo pone a prueba durante tres años: el primer año para servir a la gente, el segundo para servir a Dios y el tercero para observar el surgimiento y la desaparición de sus propios deseos. El buscador despoja a los nafs de su poder, dirigiendo entonces hacia arriba su tendencia declinante, ejercitando la paciencia – considerada como la llave de la alegría – y desarrollando confianza en la persecución de su meta, En este proceso se vuelve indiferente hacia la posesión material y elimina los deseos que provocan pasiones. Unido ahora en pensamiento, acción y sentimiento se prepara para librar a su mente de todo el contenido de la consciencia.

El sufí adopta a propósito un período de aislamiento a fin de eliminar la consciencia ilusoria. Para él, este aislamiento temporal es el método más eficaz de auto análisis. Considera que la sociedad y la cultura actúan como un obstáculo para la adquisición del verdadero ser. Va eliminando el material ilusorio de la consciencia mediante el análisis de cada experiencia en su mente, comprendiendo sus imperfecciones y, al mismo tiempo, desarrollando una percepción nueva y más profunda de los orígenes de esa experiencia de manera de poder ver su relación con ella.

En este análisis, el sufí se desprende de la sociedad, pero también desarrolla una receptividad y una apreciación de cada elemento del mundo relacionándolo con su existencia original. Devalúa aquello que en alguna ocasión fue de valor para él, pero paralelamente sus experiencias inmediatas enriquecen su ser activando su percepción, fomentando el amor y desarrollando el discernimiento en él. El amor a su verdadero ser se transforma en el vehículo que lo lleva hacia adelante. El amor es la droga de las drogas: fortalece su fe, elimina la ansiedad y lo alienta a que pase a través de los numerosos estados de la mente.

En este proceso de experimentación sufre una serie de cambios interiores o, en un sentido, vive una multitud de vidas. Continuamente atento y enamorado, se cuida de no caer en una ilusión y de apegarse a su objeto de búsqueda. Según el Sufismo, aquellos que están atentos y enamorados no tienen descanso. Este desasosiego produce energía para una mayor contemplación y una búsqueda en cada uno de los rincones de la mente a fin de preparar la psique para la aparición del verdadero ser. En este estado le ayuda alentarlo a que se presente. Cuando está despierto, se concentra en el objeto de su búsqueda; cuando duerme, ruega a su verdadero ser que se le aparezca. El objeto del amor del sufí se revela en los sueños, y él debe hallarse preparado para recibir su llamado. En el Irán tradicional, las órdenes sufíes creían firmemente que muchos misterios habrían de develarse en sus sueños.

En esencia, la tarea del sufí es la de destruir el ídolo del ser fenoménico, el cual es el ídolo matriz del que se originan todos los otros falsos ídolos. Habiendo logrado este fin, su búsqueda finaliza. Con las manos vacías, con la mente vacía y falto de deseos, él es y no es. Posee y no posee el sentimiento de la existencia. Nada sabe, nada comprende. Su corazón se ve al mismo tiempo vacío y lleno de amor. En el proceso de búsqueda elimina el yo pero aún posee conocimiento de ser inconsciente de la consciencia.

El paso siguiente es la pérdida de ese conocimiento – el conocimiento de la ausencia de consciencia – a fin de eliminar la relación sujeto-objeto y lograr así la unión. En un sentido positivo, asimila todas las partículas de amor y percepción que ha experimentado durante el proceso de vaciado de su consciencia. Trasciende el tiempo y el lugar. Este estado de unión, el climax de la aniquilación del ser parcial, es idéntico al éxtasis y da la impresión de ser una experiencia común entre los sufíes. Este trance extático e indoloro a veces dura días y semanas. Es un estado de la mente semejante al sueño y en el cual el individuo lleva a cabo perfectamente sus actividades cotidianas.

El sufí ha experimentado ahora la vida directamente. No existe ya distancia entre él y su objeto de amor. Aquellos que han completado su búsqueda generalmente desarrollan este estado de unión mediante danzas, música, poemas. Habiéndola saboreado, es posible que vuelvan a perderla. El misterio del amor profundo que fluye en sus versos como la corriente del mar, se origina en la unión y en la desunión, En las líneas que sigue, Abi Sa’id describe su estado de unión:

Soy el amor; soy el amado.
No dejo de ser el amante.
Soy el espejo y soy la belleza.
Por lo tanto, observadme en mí mismo.

Un sufí puede ser que se detenga en la etapa de fana, que puede definirse como el pasaje de la consciencia hacia el mundo del inconsciente, donde la razón permanece inactiva. Puede ser que trascienda esta etapa y que se encuentre en el estado de baqa donde alcanza la individualidad en la no-individualidad, es decir, el individuo entra en un estado de existencia consciente. Quien alcanza dicho estado deviene un hombre perfecto, que confía en la consciencia y se mueve más allá de la razón. Ayudado por la intuición, el hombre perfecto funciona como una totalidad, con espontaneidad y expresividad. En vez de estudiar la vida desde la distancia, él es la vida misma. En este estado indescriptible y caracterizado por el silencio, el individuo es ahora todo o nada: todo en el sentido en que se encuentra unido con todo; nada en el sentido de que nada existe cuya pérdida pueda constituir para él una fuente de congoja. Él abarca la vida como una totalidad; se halla más allá del bien y del mal. De una manera práctica ha experimentado cualidades que abarcan la existencia humana ordinaria y la vida intelectual; se ha sentido a sí mismo tanto un hombre famoso, un hombre ambicioso y un hombre religioso, y los ha trascendido a todos ellos, permitiendo que finalmente renazca un ser más comprehensivo. Se siente vinculado con la humanidad toda, experimenta un interés por todos los seres y trata de emplear sus experiencias previas en beneficio de ellos.

A. Reza Arasteh

Extractado por Farid Ázael de
A. Reza Arasteh.- Rumi, el Persa, el Sufí.-Paidós.

Más información:
Bonaud, Christian.- Introducción al Sufismo.-Paidós.
Guraieb, José E.- El Sufismo en el Cristianismo y el Islam.-Kier
Shah, Omar A1í- Sufismo Hoy.-Editorial SUFI

La Enseñanza Sufi

La Enseñanza Sufi

El hombre, a la manera de un sonámbulo que súbitamente vuelve en sí en alguna ruta desierta, en general no puede hacerse una idea exacta de sus orígenes o de su destino. En la vida ordinaria está a merced de toda clase de influencias. Si reconoce alguna de ellas, ignora todas las otras; o si no, las considera no como influencias que pueden cambiarse, sino como cosas inevitables.

No puede evaluar cualitativamente lo que le acontece, como tampoco los medios de controlar o dirigir su actividad psicológica. Reconocerá, por ejemplo, la ambición y verá cómo parece funcionar. Irá más lejos y trazará sus orígenes aparentes. Pero no logrará jamás alcanzar, por medios ordinarios, el factor de base que domina la ambición. En consecuencia, busca un refugio detrás de conceptos que no hacen más que llamar las cosas por otro nombre y da así la impresión de que sabe lo que significan.

Tomemos la palabra ambición. El hombre dirá que siente interiormente la necesidad de luchar, de alcanzar algo. Por qué tiene esa tendencia ? Dirá porque en él existe un impulso sexual, por ejemplo. Por qué este impulso ? Porque debe propagar la especie. Por qué esta propagación ? Porque es su naturaleza. Por qué esta naturaleza ? No lo sabe, Aunque sus razones estén sabiamente falsificadas, no podrá sustraerse al hecho de que no sabe…

Mientras tanto, la criatura llamada hombre tiene igualmente el vago presentimiento de que existe un mundo del más allá, otra dimensión, o al menos algo que sobrepasa su percepción ordinaria. Habituado a buscar respuestas únicamente por ciertos procedimientos, no puede establecer contacto con este elemento vital, única cosa que puede ayudarlo en su dilema.

La consecuencia de todo esto es que el hombre da vueltas en redondo y estos círculos toman las siguientes formas, o alguna de sus variantes:

1.- Construye sistemas para tratar de penetrar en el territorio desconocido. Pero estos sistemas lo llevan a ninguna parte, porque están levantados sobre cimientos de sistemas que se utilizan para otros fines.

2.- Adapta enseñanzas tradicionales y las deforma hasta el punto en que no operan para nada de cómo deberían. Las infecta con el germen de la prisión.

3.- Elige y se acomoda en un equilibro de reemplazo en cuyo seno vive de acuerdo a un sistema que es evidentemente incompleto, pero que a pesar de todo responde a algunas de sus preguntas. En cuanto a las que es incapaz de contestar, las envía de un escobazo debajo de la alfombra.

De todos modos hay otra salida para este laberinto. Pero ha sido tal la incomprensión de este Camino, que en la mayoría de los casos está deformado hasta no poderse reconocer lo que verdaderamente es. Cuál es este Camino ?

El Camino es el producto de cierta especialización científica efectuada durante un cierto número de siglos. Es nada menos que el descubrimiento de ciertas leyes y su aplicación. Esto puede ser formulado de muchas maneras. Una de ellas, que la mayoría de las personas pueden reconocer, es la que dice que es el método trasmitido a través de milenios, bajo el nombre de doctrina oculta de las religiones, y que consiste en franquear nuestras fronteras familiares adquiriendo así el conocimiento por un método inusitado. Todo esto es nada menos que el descubrimiento de la razón de ser del hombre.

En ese momento la única cosa que puede decirse de la razón de ser del hombre, es que es evolutiva. El hombre posee la capacidad, y tiene el deber, de tender un puente entre él mismo y el resto de la creación. Es lo que intenta hacer en el mundo físico por medio de métodos tecnológicos y materiales. Lo mismo trata de hacer en su vida psíquica. Pero fuera de las escuelas cuya especialidad es esta enseñanza, le falta todavía el conocimiento de la forma en la que debe prepararse para tender el puente: la manera de aprender a aprender, de estabilizar su consciencia. Por lo tanto, ha perdido antes de empezar, pues con su consciencia acostumbrada a la inestabilidad, prácticamente no puede hacer nada.

La mayor parte de los sistemas religiosos enseñan este hecho de una manera más o menos evidente. Lo único que desconcierta a la gente en estos sistemas es que, en general, las religiones obedecen a la ley física de este planeta, que hace que exista una tendencia a desviarse continuamente hacia la repetición (Ley de Siete). De esta manera la finalidad se pierde rápidamente y el sistema se convierte en automatismo. Además la distinción entre la estabilización social a que apunta la religión, y su otra finalidad que es la de preparar ciertas personas para una enseñanza interior, deja de existir. La religión se convierte en un simple instrumento de dominación social, y es en el momento en que esto se produce que aparece el sabor emocional. Pronto ese carácter emocional resulta tan marcado que se puede concluir que tal religión está enteramente fundada en la emoción. El secreto se protege solo.

Como un parásito, el automatismo se instala en la mayor parte de las formas del pensamiento humano y lo anula. Por otra parte, este fenómeno se produce tanto en la política y la filosofía como en la religión. La ciencia y la psicología modernas están imposibilitadas de estudiar el Camino del cual hablamos, a consecuencia de ciertas razones muy reales y evidentes:

1.- La subjetividad del hombre de ciencia, forjada en un mundo físico que solamente se interesa en lo que se llama resultados ciertos. Pero como la mente de estos hombres no ha sido estabilizada, se ven reducidos a trabajar sólo en los restringidos dominios propios de mentes no equilibradas.

2.- El principio establecido a partir de experiencias corrientes, que dice que los fenómenos psicológicos deben producirse obligatoriamente de la misma manera que las operaciones
groseras de este mundo. Esto en parte, o constituye una dificultad semántica, porque las palabras están llenas de asociaciones que son provocadas por una experiencia primitiva, o bien están ligadas a las asociaciones por impresiones cotidianas.

Nosotros nos ocupamos de una ciencia enteramente diferente, y la apertura hacia ella debe producirse por medios y leyes que sólo se aplican a esa ciencia. Como esas leyes no juegan de una manera evidente en el mundo familiar, no forman parte del programa ordinario de estudio del hombre. De hecho, son de una sensibilidad tal que sus manifestaciones son casi imperceptibles y uno puede fácilmente no notarlas, o despreciarlas, o no hacer caso de ellas, El secreto se protege solo.

En un sentido puede decirse que para el hombre medio esas leyes no existen. De la misma manera que uno considera que la luz de una vela colocada bajo un poderoso rayo de luz eléctrica no parece existir, estas leyes no existen. Si, mientras tanto, hay alguna razón para haber puesto allí una vela, puede ser que ésta esté en vías de cumplir una función. Sólo el electricista puede decir que no existe, en la medida que sólo le interesa la electricidad y está ciego para lo que se refiere a la vela. Esto no niega, de todos modos, la existencia de ella o su función.

A pesar que la única salida para el hombre es aprender el sentido de su razón de ser, por el único medio que existe de hacerlo consciente de ella, a menudo obra como si no lo creyera. Por qué ?

a) Ha oído hablar de varios sistemas psicológicos, religiosos y metafísicos y considera que éstos no hubieran sobrevivido si no encerraran una parte de verdad. Y esta conclusión le hace creer que por poco que sea el tiempo y el trabajo que consagre a estos sistemas, encontrará la verdad por medio de uno u otro. Esta es una presunción ridícula y falsa.

b) El hombre ha sido generalmente instruido de forma tal, que cree poder alcanzar por sí mismo la salvación por medio del esfuerzo, Todo lo que tiene que hacer es empeñarse lo suficiente para comprender, y comprenderá. Esto no es cierto en absoluto. Tampoco es un hecho, sino una generalización derivada de la experiencia primitiva adquirida a nivel del entorno material. Este razonamiento no puede aplicarse al campo psicológico.

Cuáles son las exigencias de este Camino ?

El Camino exige:

1.- Un Maestro, que haya pasado por este estado anteriormente.
2.- El individuo cuya consciencia esté directamente orientada, de suerte que pueda utilizar el material que se le da.
3.- Un grupo de tales personas.

Hasta este punto, entonces, puede decirse que efectivamente el Camino procede de la naturaleza de las empresas llevadas a cabo sobre el nivel social familiar. Pero los tres factores en total deben funcionar correctamente para que se haga posible el pasaje de la consciencia humana, de su estado grosero al grado de refinamiento necesario, antes de que el individuo y el grupo logren un nivel en que puedan ser consideradas como mentes integradas o personas conscientes.

Ciertas condiciones de orden físico son necesarias para que pueda existir tal situación o estado de enseñanza. La comunidad humana forma parte de un movimiento evolutivo. La existencia del Maestro y la comunidad en un lugar determinado está ligada, por leyes cósmicas, a una necesidad de esta última. De hecho hay una situación orgánica en cuyo seno la posición psicológica es sólo una parte. El hombre medio, en busca del
conocimiento o de la revelación, no se detiene a preguntarse si estas condiciones existen. En general no tiene la menor idea de ello, Ni siquiera se pregunta si posee, por inherencia o de otra manera, el equipo para emprender su mejoramiento.

Las consecuencias de esta desastrosa carencia se hacen sentir implacablemente. El hombre medio sigue pensando en redondo, inducido al error de creer que tiene una vida y una experiencia ricas en cambios, por la aparente variedad de los caminos de desarrollo y mejoramiento humanos. Puede rechazar todos los caminos o patinar en varios de ellos. En ningún caso tiene el equipo completo requerido para darse uno u otro de esos lujos. Sin embargo tiene la absurda noción de poseerlo.

El hombre medio no tiene absolutamente ninguna unidad objetiva de medida para apreciar o poner sobre una escala de valores reales:

Lo que le hace falta.
Cómo obtenerlo.
Lo que es verdadero.
Lo que es falso.

Comprende, pero sólo hasta cierto punto, alguna o todas estas cosas. Lo cual, por otra parte, no le impide comportarse ante los demás como si comprendiese o pudiera comprender. Es un autoengaño, que nosotros llamamos mentira.

Para poder superar este estado tan insatisfactorio y empezar a cumplir su destino, el hombre debe:

Reconocer los hechos que han sido expuestos.
Liberarse hasta cierto punto del automatismo que lo rodea y lo invade.
Trabajar para su liberación y su realización.

En todos los tiempos los hombres han tenido la intuición más o menos exacta de que por esos medios se logra satisfacer la humana necesidad de dar un sentido a su actividad. Pero el hombre ordinario ignora cómo, cuándo y dónde, y con qué empezar a llevar a cabo tal empresa.

Esta puede ser empezada y llevada a cabo solamente si se cumplen ciertas condiciones. El conocimiento de estas condiciones ha sido transmitido desde los tiempos más remotos a aquellos que pueden continuar este trabajo. Este conocimiento es una característica de ciertos individuos y un signo de su calidad. No es una propiedad muy extendida. Suponiendo que sea capaz de acceder a este conocimiento por las formas convencionales, el hombre ordinario comete un grave error desde el mismo punto de partida. Tal persona es indigna del conocimiento y no puede siquiera desde allí alcanzar el umbral. Así el secreto se protege solo, por sí mismo.

El hombre occidental, habitualmente se representa el Oriente como un lugar de misterio, donde se respetan tradiciones inmemoriales, religiosas y ocultas. Como muchos occidentales, ignora cuál actividad práctica de seria instancia se oculta detrás de esta imagen exterior. Como muchos occidentales, tiende a dejarse atraer por el lado exterior y espectacular, y adherirá a una fachada o personalidad atractiva y emocional, dándole la temporaria ilusión de sentido o santidad.

Las Muletas

Las Muletas


LasMuletasUna vez un hombre se lastimó una pierna. Tuvo que caminar con una muleta. Esta muleta le resultaba muy útil, tanto para caminar como para muchas otras cosas. Enseñó a toda su familia a usar muletas, transformándose pronto en un objeto utilizado en la vida diaria. Era parte de la ambición de todos el llegar a poseer una muleta. Algunas estaban hechas de marfil, otras adornadas con oro. Se abrieron escuelas para enseñar su uso; fueron creadas cátedras para ocuparse de los aspectos superiores de esta ciencia.
Unas pocas, muy pocas, personas empezaron a caminar sin muletas, Esto era considerado escandaloso, absurdo. Además existían tantos usos para las muletas. Algunos protestaron y fueron castigados. Trataron de demostrar que una muleta podía ser usada a veces, cuando fuese necesario, o que muchos de los usos que se le daban a las muletas podrían ser suministrados de otras formas. Pocos escucharon. Para vencer los prejuicios, algunas personas que podían caminar sin ellas comenzaron a actuar de una manera totalmente diferente a la establecida por la sociedad. No obstante, seguían siendo pocos.

Cuando se descubrió que, habiendo usado muletas durante tantas generaciones, pocas personas podían, de hecho, caminar sin ellas, la mayoría demostró que eran necesarias.

Aquí – dijeron – tenemos un hombre. Traten de hacerlo caminar sin muletas. Ven? No puede.

Pero nosotros estamos caminando sin muletas, les recordaron los que caminaban normalmente.

Eso no es cierto, es una mera fantasía de ustedes, dijeron los tullidos, que para entonces también estaban volviéndose ciegos; ciegos porque se rehusaban a ver.

Historia Sufí.