La Persona como Centro

La Persona como Centro

C. R. Rogers y R. L. Rosenberg
Editorial Herder.

Esta obra ofrece una excelente introducción al método psicológico del conocido pensador y terapeuta norteamericano. El famoso psicólogo y su discípula Rachel L. Rosenberg explican su punto de vista, basados en su propia experiencia como terapeutas, pero también en su evolucion individual como personas. Trata de la relación entre personas en general, y no sólo entre terapeuta y cliente o entre educador y educando, como centrada, sobre todo, en el intercambio afectivo (sentimientos) y no únicamente en la objetiva y distanciada transmisión de contenidos ideológicos. En consecuencia, la “empatía” se destaca como principal condicionante de la eficacia de la relación en el desarrollo o integración de la persona. Por tratarse de una relación total, se entiende que en ella se transforma no sólo el cliente sino también el mismo psicólogo.

Este modo de ver discrepa del psicoanálisis en su modestia doctrinal o teórica ya que no aspira a construir un sistema. También discrepa del conductismo por la concepción humanística del comportamiento. Por otra parte, se señalan coincidencias con otras corrientes psicológicas (Lilly), antropológicas (Cortaveda) y religiosas (Buber, Zen, etc.)

Ante el Vacío Existencial

Viktor E. Frankl.- Herder

Este breve volumen ofrece al lector un contenido de denso y, a la vez, resplandeciente humanismo, copiosamente documentado, con juicios críticos tan considerados que merece una lectura atenta. Los puntos de vista expuestos por el profesor Frankl en esta obra constituyen en el campo de la psicoterapia la aportación científica más importante después de Freud, Adler y Jung y, estilísticamente, son de más fácil lectura. En ciertos ambientes científicos está todavía vigente la idea de que el psicoanálisis freudiano continúa siendo la palabra definitiva en cuestiones de psicología profunda, de tal manera que se ignora la evolución de algunos discipulos de Freud y la existencia de escuelas como la de Frankl, quien, reconociendo el mérito extraordinario de Freud, se opone fundamentalmente a muchas de sus ideas. Conoce a fondo los sistemas de Freud y de Adler y pretende superarlos.

Viktor E. Frankl es catedrático de neurología y psiquiatría en la Universidad de Viena, así como profesor de Logoterapia en la Universidad Internacional de San Diego (California). Es el fundador de la Logoterapia o, como diversos autores la denominan, la tercera escuela vienesa de psicoterapia.

Autonomía y Ética

Autonomía y Ética

Ser autónomo significa gobernarse a sí mismo, determinar el propio destino, aceptar responsabilidad por las acciones y los sentimientos propios, deshacerse de patrones inaplicables e inapropiados para vivir en el aquí y el ahora.

Cada uno tiene la capacidad de obtener autonomía hasta cierto punto. Pero, a pesar que la autonomía es un derecho humano desde el nacimiento, pocos la consiguen realmente. Eric Berne decía: El hombre nace libre, pero una de las primeras cosas que aprende es a hacer lo que se le dice y pasa el resto de su vida haciéndolo. Así, pues, su primera esclavización es a manos de sus padres. Él sigue sus instrucciones por siempre jamás, reteniendo el derecho, sólo en algunos casos, de escoger sus propios métodos, y consolándose a sí mismo con una ilusión de autonomía.

Una persona bajo la ilusión de autonomía piensa que ha cambiado de guión, pero, en realidad, ha cambiado solamente la escena, los personajes, el vestuario, etc., no lo esencial del drama. Por ejemplo, una persona programada por los padres para ser evangelista puede caer en las drogas, y entonces, con religioso celo, tratará de predicar a otros para que le sigan. El escoger su propio ambiente para predicar puede darle la ilusión de que es verdaderamente libre cuando, en realidad, él solamente ha disfrazado su esclavitud a las normas de sus padres.

Una persona verdaderamente autónoma, según Berne, es la que demuestra la liberación o recuperación de tres capacidades: el conocimiento, la espontaneidad y la intimidad.

Conocimiento:

Conocimiento es saber qué está ocurriendo ahora. Una persona autónoma es consciente. Se desprende de las capas de contaminación de su ambiente y empieza a oír, ver, oler, tocar, gustar, estudiar y evaluar por sí misma. Se deshace de viejas opiniones que falsean su percepción actual, y percibe el mundo a través de su encuentro personal propio en vez de hacerlo en la forma en la que fue enseñada a hacerlo.

Sabiendo que es un ser temporal, la persona consciente aprecia la naturaleza ahora. Se percibe a sí misma como parte del universo que conoce y como parte del misterio de esos universos todavía por descubrir. Puede detenerse junto a un lago, contemplar una flor, sentir el viento en su rostro y experimentar una sensación de temor reverencial. Puede mirar a una puesta de sol y exclamar, Qué belleza !.

Una persona consciente escucha los mensajes de su propio cuerpo, sabiendo cuándo está preocupándose, relajándose, abriéndose, cerrándose a sí misma. Conoce su mundo interior de sentimientos y fantasías y no se avergüenza de ellos ni los teme.

Una persona consciente escucha también a los demás. Cuando los otros hablan, ella escucha y proporciona retroalimentación activa. No utiliza su energía psíquica para formular una crítica, desviar la conversación o planear mentalmente un contraataque. En vez de eso, intenta establecer un contacto genuino con la otra persona, aprendiendo el arte de hablar y de escuchar.

Una persona consciente está por completo presente. Su mente y su cuerpo responden al unísono al aquí y al ahora, Su cuerpo no está haciendo una cosa mientras su mente se concentra en algo diferente.

No usa palabras de enfado con una sonrisa en el rostro.

No frunce el ceño y regaña cuando la situación pide risas.

No termina apresuradamente una gira campestre para volver a algo que es
verdaderamente importante

No escribe mentalmente una carta de negocios mientras está haciendo el amor.

No repasa lo ocurrido en la noche anterior cuando está escribiendo esa importante carta en la oficina.

No se pone gafas color de rosa para evitar ver las cosas malas de la vida,

No toca el violín mientras arde Roma.

Una persona consciente sabe dónde está, qué está haciendo y qué es lo que siente respecto a ello. Como observó Abraham Lincoln: Si pudiéramos saber primero dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, podríamos juzgar mejor qué hacer y cómo hacerlo.

El primer paso hacia la integración es el conocimiento de sí mismo. Cuando un individuo se hace consciente de que actúa como un tirano, o que está enfurruñado sin causa, puede decidir lo que desea hacer con su comportamiento. Puede conservarlo a sabiendas, o tirarlo al tacho de la basura.

Espontaneidad:

La espontaneidad es la libertad de escoger modelos conductuales. El individuo autónomo es espontáneo, flexible, y no tontamente impulsivo. Ve las muchas posibilidades que se abren ante él y usa el comportamiento que juzga apropiado a su situación y a sus fines.

Un individuo espontáneo está liberado. Escoge y acepta la responsabilidad por sus propias selecciones. Se libra a si mismo de la obligación de vivir un estilo de vida predeterminado. En cambio, aprende a enfrentarse con situaciones nuevas y a explorar nuevas maneras de pensar, sentir y responder. Incrementa y reevalúa constantemente su repertorio de posibles comportamientos,

El individuo espontáneo usa o recaptura su capacidad para decidir por sí mismo. Adopta sus propias decisiones en vez de permanecer a merced de su suerte. A menos que una persona adopte decisiones, aunque éstas no sean siempre correctas, su poder de voluntad permanece sin dirección y su ética es confusa o inestable. La falta de decisión es mala, según Martin Buber. Malo es el remolino sin dirección de las posibilidades humanas sin las cuales nada puede conseguirse y por las cuales, si éstas no toman dirección, sino que permanecen atrapadas en ellas mismas, todo sale mal. En este sentido, la persona autónoma es la que adopta decisiones que proporcionan una dirección determinada a sus propias posibilidades. Dentro de limitaciones reales, la persona es responsable de su propio destino, y ella lo sabe.

Decidir conscientemente por uno mismo es ser libre, a pesar de las características heredadas o de las influencias del ambiente. Viktor Frankl escribe: El hombre, ciertamente, tiene instintos; pero esos instintos no le tienen a él. Nosotros no tenemos nada en contra de los instintos, ni en contra de que el hombre los acepte. Pero mantenemos que tal aceptación debe presuponer también la posibilidad de su rechazo. En otras palabras, debe haber libertad de decisión.

En cuanto a lo heredado, la investigación sobre la herencia ha mostrado lo elevado que es el grado de libertad humana contra la predisposición. Por ejemplo, mellizos idénticos pueden estructurarse vidas diferentes basadas en predisposiciones idénticas.

En cuanto al ambiente, sabemos que no hace al hombre, pero que todo depende de lo que el hombre haga de él, de su actitud hacia él

Un individuo debe hacer más, sin embargo, que adoptar una decisión. Debe actuar según su decisión, o ésta no tendrá sentido. Solamente cuando su ética interior y su conducta exterior estén de acuerdo y él sea congruente con ellas, será una persona completa. Una persona espontánea es libre para hacer lo suyo, pero no a costa de los demás, a través de la explotación y/o de la indiferencia.

Intimidad:

Intimidad es expresar los sentimientos de cariño, ternura y dependencia de los demás, como lo haría un niño. Muchas personas sufren de la imposibilidad de expresar estos sentimientos. Maslow cree que esto es especialmente cierto de los norteamericanos: Los norteamericanos necesitan muchos más terapeutas que el resto del mundo precisamente porque no saben cómo ser íntimos; no tienen amistades profundas, comparados con los europeos y, por lo tanto, no tienen amigos íntimos con quienes aliviarse a sí mismos.

Una persona autónoma arriesga tener amistades e intimidad cuando decide que eso es apropiado. Esto no es fácil para alguien que ha restringido sus sentimientos de afecto y no está acostumbrado a expresarlos, De hecho, puede sentirse incómodo, insincero, incluso cuando intenta por primera vez ir en contra de su antigua manera de ser. Sin embargo, lo intenta.

En el proceso de desarrollar su capacidad para la intimidad, el individuo se hace más abierto: aprende a “dejarse ir , revela más de sí mismo dejando caer algunas de sus máscaras. Se abstiene de realizar transacciones con otros en formas que impidan intimidad. Permite que sus propias actitudes se revelen y anima a los demás para que hagan lo mismo. Proyecta sus propias posibilidades hacia el futuro como metas realistas que prestan dirección y propósito a su vida. Se sacrifica solamente cuando se trata de un valor menor con miras a un valor mayor, de acuerdo con su propia escala de valores. Él no está interesado en tener más, sino en ser más.

Ética:

Un proceso de integración de la persona sirve como un catalizador que la motiva a reevaluar su sistema actual de valores y a formular su propio código de ética. El hombre no tiene que estar esclavizado a su pasado, Puede superar influencias pasadas y responder en libertad. Puede volver a decidir qué está bien o mal, con base en acciones que preservan la salud y la dignidad de la persona y de la raza humana en general. Una postura ética refleja un respeto básico por uno mismo y por los demás. Es una postura que discrimina y reconoce tanto lo positivo como lo negativo. La protección, mejoría y bienestar de la gente, tanto como del mundo natural animado e inanimado, son los fundamentos sobre los que apoya una conducta ética.

Una decisión es ética si mejora el amor propio, desarrolla la integridad personal y la integridad en las relaciones, disuelve las barreras ficticias entre la gente, crea un núcleo de confianza genuina en uno mismo y en los demás, y facilita la realización de las posibilidades humanas sin originar daños a terceros.

Una decisión no es ética si, como resultado de ella, una persona es explotada y utilizada como un objeto; si la vida es amenazada para propósitos ulteriores; si se edifican barreras entre la gente; si las posibilidades humanas son despreciadas, aplastadas o pasadas por alto, y si no existe posibilidad de escoger libremente.

El sistema de valores de una persona puede ser juzgado por la forma en que ésta se relaciona con todas las cosas. La persona con ética establece una relación mejor,
práctica, factible e interesada con su ambiente total.

La supervivencia y el desarrollo continuo del hombre dependen no solamente de cómo efectúa transacciones con sus semejantes, sino también de cómo se relaciona con el resto de su medio ambiente. El mundo inanimado, que incluye rocas, agua y aire, y el mundo animado de las plantas y de los animales están a merced del hombre. Él tiene poder para disfrutados, mejorarlos o destruirlos. Cuando hace mal uso de ellos, contaminando el aire y las corrientes de agua, volviendo yerma la tierra, causando la extinción de especies animales, o alterando el equilibrio ecológico, es la existencia del hombre y su continuación como raza la que está, a la larga, amenazada. La explotación innecesaria por el hombre de su propio medio ambiente puede condenarle a un trágico final.

Una persona ética no descarta los problemas o su significado, Por el contrario, asume que ella junto con los demás puede resolverlos. Se ocupa de sus propios problemas personales, de los de la comunidad y de los problemas mundiales de interés general, como la superpoblación y las guerras que traen muerte y desesperanza a millones de personas. Reconoce que la apatía es consentimiento en asuntos como la mortalidad infantil, el maltratar niños, la decadencia urbana, y las prácticas injustas en asuntos laborales, educativos, y en la necesidad de viviendas. Se indigna ante los perjuicios y las injusticias sufridas por la humanidad e intenta hacer algo al respecto.

Se requiere valor para experimentar la libertad que viene con la autonomía, aceptar la intimidad y el encuentro directo con otras personas, permanecer firme frente a una causa impopular, escoger la autenticidad por sobre la aprobación y hacerlo una y otra vez; aceptar la responsabilidad por las propias decisiones y, desde luego, requiere valor ser la persona única que uno es realmente.

Los caminos nuevos son a menudo inciertos y, como dijo Robert Frost: el valor es la virtud humana que más cuenta: el valor para actuar sin más base que un conocimiento limitado y una insuficiente evidencia. Eso es todo lo que tenemos.

Muriel James.

Extractado por Farid Azael de
M. James & D. Jongeward.- Nacidos para Triunfar.-

La Educación de la Mente

La Educación de la Mente

El individuo promedio halla muy difícil dominar lo que nunca logró comprender: el funcionamiento de su propia mente. Cuando usted se pone a pensar en lo que es el ambiente – sea bueno o malo – obtiene un resultado que no es más que una imagen refleja del pensamiento humano, el cual crea sus particulares Cielo o Infierno a través de la acción de su propia mente.

Usted podría preguntarse, con el objeto de captar las motivaciones que se extienden detrás de la conducta destructora del hombre, si los males de la civilización han sido los causantes de la incapacidad humana para salvarse a sí misma, por qué no hemos hecho algo para remediarlo durante todo este largo pasado de la Humanidad? La respuesta es que sí lo hemos hecho, pero sólo a medias.

La existencia de tantas religiones en todo el mundo y a través de los tiempos demuestra, con suficiencia, el esfuerzo humano que trata de influir sobre la conducta social en la verdadera dirección. La religión constituye una forma de disciplina social.

No obstante, el hombre necesita de algo más que de una vaga promesa de inmortalidad para obedecer los Diez Mandamientos. A pesar de su fe en la Potestad Divina el hombre continúa cometiendo crímenes contra la Humanidad. Todos los días podemos constatar este hecho.

Los psiquiatras creen haber hallado la razón de porqué la religión por sí sola ha sido impotente para contener las guerras y mucho menos curar las enfermedades mentales del individuo.

Hasta hace unos ochenta años, conocíamos muy poco acerca del aspecto negativo de la naturaleza humana. El psicoanálisis descubrió que la solución del enigma de la conducta del hombre no consiste en el estudio de lo que éste hace ni tampoco en el esfuerzo para convencerle de que sea bueno, sino en hacerle comprender el porqué de su comportamiento.

Actualmente, la mayoría de nosotros estamos convencidos de que la conducta anormal es una enfermedad de la mente y, por lo tanto, de la personalidad. Y aún más, la religión se está dirigiendo a la psiquiatría con sentido de cooperación. Pastores y sacerdotes han estudiado psicología a fin de aunar esfuerzos con los profesionales, buscando un entendimiento psicológico más profundo de los conflictos emocionales. Esto unido a la necesidad del alivio espiritual a través de los sacramentos.

Necesitamos valorar con propiedad la naturaleza de nuestros Instintos y apetitos básicos con el fin de procurar dominarlos, De acuerdo con Freud, la mente humana se divide en tres compartimentos:

1.- El inconsciente
2.- El subconsciente
3.- La consciencia.

El inconsciente es la despensa de nuestros impulsos primitivos, Generalmente se vale de excusas – problemas económicos, impedimentos físicos, frustraciones matrimoniales – para justificar sus manifestaciones en nosotros. La mayor parte de las tendencias destructivas están encerradas en estos cimientos de nuestra mente, Cuando dejamos escapar alguno de estos impulsos cautivos, la sociedad sufre la consecuencias, Alguien es asesinado, ocurre un robo con violencia, una niña es violada.

Pero no siempre acontecen hechos tan graves. La mayoría de nosotros no es tan temeraria como para permitir que sus impulsos desbocados alcancen manifestaciones tan
destructivas. En lugar de ello solemos reprimir los deseos que socialmente son objetables.
No obstante, cuando la lucha se hace demasiado grande, hasta el punto que estos impulsos dificultosos amenazan romper el lazo que los sujeta, nos convertimos en enfermos psíquicos. Los síntomas neuróticos – dolores de cabeza, indigestión, insomnio, etc. – vienen a nuestro rescate, actuando como una defensa contra el mal que íbamos a producir. Por ejemplo, he hallado entre mis pacientes que el temor a la locura que mostraban era, realmente, el miedo disfrazado de cometer alguna acción antisocial.

El instinto sexual está representado por el horno, que se halla en los cimientos, Pero la energía sexual, igual que el calor, podemos regularla con un termostato. Algunos sujetos nunca aprenden a regular su termostato sexual (lo que Freud llamaba líbido o hambre sexual) a una temperatura normal. Como resultado de ello, dejan que se apague el fuego y que sobrevenga el frío, o no se sienten cómodos por el excesivo calor, o bien, por descuido o abuso de alguna clase, se arriesgan a una explosión de la caldera. Esto explica a cuánta desdicha puede conducirnos el no saber comprender la naturaleza de nuestros impulsos sexuales.

Las maneras habituales de actuar se adquieren en el transcurso de la vida, con el objeto de aliviar la consciencia del peso de la decisión. Aprendemos a comer, a caminar, a controlar los esfínteres, a bañarnos, vestirnos, etc., todo esto sin someterlo a la dirección de la consciencia. De la misma forma adquirimos los hábitos mentales. Si hemos aprendido a ser amables y corteses, a aceptar los pequeños problemas y trastornos con una sonrisa o un encogimiento de hombros, a mirar el lado brillante de la vida, entonces tenderemos a continuar esta conducta y maneras de pensar a través del curso de nuestra vida.

Si, por otra parte, nos hemos acostumbrado a no soportar ni una brizna de paja sobre nuestros hombros, ofendiéndonos rápidamente, replicando con descortesía, manifestándonos a menudo suspicaces y rudos, dispuestos a engañar y a mentir, entonces nuestras reacciones tenderán a ser las mismas siempre. Para decirlo mejor, tendremos que mantener una lucha constante con el objeto de reaccionar de manera más educada, y así permitir a la consciencia superar al inconsciente. Este conflicto diario no representa, de ningún modo, una pérdida de tiempo. Al contrario, educa la mente de manera que atienda como corresponde los asuntos más importantes de la vida cotidiana.

Frank S. Caprio

Traducido y extractado por Ester Silva de
Frank S. Caprio.- How to Avoid a Nervous Breakdown.-

Este artículo fue publicado en el N 17 de la Revista ALCIONE

Hacia una Psicología de la Salud

Hacia una Psicología de la Salud

Hoy día está emergiendo una nueva concepción de enfermedad y de salud humana, una psicología que encuentro tan emocionante y llena de hermosas posibilidades que cedo a la tentación de presentarla públicamente aún antes de que sea verificada y confirmada, y antes de que pueda ser llamada un conocimiento científico digno de confianza.

Las suposiciones básicas de este enfoque son:

1.- Tenemos, cada uno de nosotros, una naturaleza interior esencialmente basada en la biología, la que es hasta cierto grado natural, intrínseca, conocida en cierto limitado sentido, invariable, o a lo menos, estable.

2.- La naturaleza interior de cada persona es en parte única para sí misma y en parte propia de la especie humana.

3.- Es posible estudiar esta naturaleza interior científicamente y descubrir a que se parece (no inventar – descubrir).

4.- Esta naturaleza interior, hasta donde sabemos de ella, parece no ser intrínseca o primaria o necesariamente perversa. Las necesidades básicas (de supervivencia, de resguardo y seguridad, de pertenencia, de afecto, de respeto y auto-respeto y de realización), las emociones humanas básicas y las capacidades humanas básicas pueden ser todas ellas ya sea neutrales, pre-morales o positivamente buenas. La destructividad, el sadismo, la crueldad, la malicia, etc. parecen lejos no ser intrínsecas, sino más bien reacciones violentas en contra de la frustración de nuestras necesidades, emociones y capacidades intrínsecas. La ira en sí misma no es mala, ni lo es el temor, ni la pereza ni incluso la ignorancia. Por supuesto, eso puede (y lo hace) conducir a un mal comportamiento, pero no necesariamente. La naturaleza humana no es tan mala como se ha pensado que es. De hecho, puede decirse que las posibilidades de la naturaleza humana generalmente han sido subestimados.

5.- Desde el momento que esta naturaleza interior es más bien buena o neutral que mala, es mejor sacarla a la superficie y alentarla que suprimirla. Si se le permite dirigir nuestras vidas creceremos saludables, productivos y felices.

6.- Si este núcleo esencial de la persona es negado o suprimido, él se enferma a veces de maneras obvias, a veces de maneras sutiles, a veces inmediatamente, a veces tardíamente.

7.- Esta naturaleza interna no es fuerte ni super poderosa ni infalible, como los instintos de los animales. Es débil y delicada, fácilmente subyugada por los hábitos, la presión cultural y las actitudes equivocadas hacia ella.

8.- Aunque débil, raramente desaparece en la persona normal, quizás ni siquiera en la persona enferma. Aunque negada, persiste subyacente siempre presionando para realizarse.

9.- De algún modo, estas conclusiones deben coordinarse con la necesidad de disciplina, privación, frustración, dolor y tragedia. Hasta donde estas experiencias revelan, nutren y hacen plena nuestra naturaleza interna, son experiencias deseables. Cada vez es más claro que ellas tienen algo que ver con un sentido de realización y fortaleza del ego, y por lo tanto, con un sentido de saludable auto-estima y auto-confianza. La persona que no ha conquistado, resistido ni vencido, continúa sintiéndose llena de dudas sobre su capacidad de hacerlo. Esto es verdadero no sólo para los peligros externos, sino también para la habilidad de controlar y postergar los propios impulsos y, en consecuencia, no sentir temor de ellos.

Observemos que si estas suposiciones se demuestran como ciertas, prometen una ética científica, un sistema de valores naturales, una Corte de Apelaciones en última instancia para la determinación de lo bueno y lo malo, de lo correcto y lo equivocado. Mientras más aprendemos acerca de las tendencias naturales del hombre, más fácil será decirle cómo ser bueno, cómo ser feliz, cómo ser productivo, cómo respetarse a sí mismo, cómo amar, cómo desarrollar sus potencialidades más elevadas. Esto ayuda a la automática solución de muchos de los problemas de la personalidad a futuro. Parece que lo que hay que hacer es encontrar lo que uno es realmente en su profundidad, como un miembro de la especie humana y como un individuo particular.

El estudio de la gente auto-realizada puede enseñarnos mucho acerca de nuestros propios errores, nuestras deficiencias, y la dirección apropiada para crecer. Toda época, excepto la nuestra, ha tenido su modelo, su ideal. Todos estos han sido abandonados por nuestra cultura: el santo, el héroe, el gentilhombre, el caballero andante, el místico. A todos ellos los hemos reemplazado por el hombre bien adaptado y sin problemas. Un muy pálido y dudoso sustituto. Quizás deberíamos pronto ser capaces de usar a un ser humano emocionalmente maduro y auto-realizado como nuestro guía y modelo, en quien todas sus potencialidades estén dirigidas hacia el completo desarrollo. Aquel cuya naturaleza interna se exprese libremente en vez de ser desviada, suprimida o negada.

El asunto importante para cada persona es reconocer vivida e intensamente, cada una para sí misma, que toda decadencia de las virtudes de la especie humana, todo crimen en contra de nuestra propia naturaleza, todo acto malévolo, cada uno sin excepción, se graba en nuestro inconsciente y nos hace despreciarnos. Karen Horney describía apropiadamente esta percepción inconsciente llamándola registros. Si hacemos algo de lo que nos avergonzamos, queda registrado para nuestro descrédito, y si hacemos algo honesto, o excelente, o bueno, se registra para nuestro crédito. Los resultados netos, ya sean a favor o en contra, hacen que nos respetemos y aceptemos o que nos despreciemos y nos sintamos abominables, inútiles o antipáticos. Los teólogos acostumbraban a usar la palabra accidie para describir el pecado de no ser capaz de hacer con la propia vida todo lo que uno sabía que podía hacer.

Este punto de vista de ninguna manera niega el usual cuadro Freudiano, sino que se añade a él y lo complementa. Para simplificar, es como si Freud nos facilitara la mitad enferma de la psicología y ahora nosotros tendríamos que agregar la parte sana. Quizás esta psicología del sano nos dé más posibilidades para controlar y enriquecer nuestras vidas y hacernos mejores personas. Quizás esto sea más provechoso que preguntarse: cómo estar no enfermo?

Cómo podemos fomentar este libre desarrollo? Cuáles son las mejores condiciones educacionales para esto? Sexuales? Económicas? Políticas? Qué clase de mundo necesitamos para el crecimiento de tales personas? Qué clase de mundo crearán esas personas? La gente enferma ha sido hecha por una cultura enferma; la gente sana será posible gracias a una cultura saludable. Pero también es verdad que los individuos enfermos hacen una cultura más enferma y que los individuos sanos hacen la suya más saludable. Mejorar la salud individual es un enfoque para hacer un mundo mejor. Para expresar esto de otra manera, el estímulo para el crecimiento personal es una posibilidad real; la cura de los síntomas neuróticos es muy poco posible sin ayuda externa. Es relativamente fácil tratar deliberadamente de volverse un hombre más honesto; es muy difícil tratar de curar nuestras propias compulsiones u obsesiones.

El enfoque clásico a los problemas de la personalidad es considerarlos como problemas indeseables. Peleas, conflictos, culpabilidad, cargos de consciencia, ansiedad, depresión, frustración, tensión, vergüenza, auto-castigo, sentimiento de inferioridad o inutilidad, todos ellos causan dolores psíquicos. Alteran la eficiencia del desempeño y son incontrolables. Por esto son mirados automáticamente como enfermedades indeseables y se procura curarlos lo más pronto posible.

Pero todos estos síntomas se encuentran también en la gente saludable, o en gente que está yendo hacia un estado de salud. Supongamos que usted debiera sentirse culpable y no lo hace. Supongamos que ha logrado una buena estabilización y está adaptado. Quizás la adaptación y la estabilización sean buenas, porque suprimen el dolor; pero puede ser que sean también malas porque impiden el avance hacia un ideal más alto.

Erich Fromm, en un libro muy importante, ataca la noción clásica Freudiana de un superego porque este concepto era enteramente autoritario y relativista. Es decir, tu superego o tu conciencia, según Freud, son primariamente la internalización de los deseos, exigencias e ideales del padre y de la madre, cualquiera de ellos que sea. Pero y si suponemos que ellos son criminales? Entonces qué clase de consciencia tienes? O si suponemos que tienes un padre rígido, moralizante, que odia la diversión? O un psicópata? Esta conciencia existe; Freud estaba en lo correcto. Obtenemos nuestros ideales predominantemente de tales modelos en la etapa temprana de nuestra existencia, y no de libros de escuela dominical leídos más tarde en la vida. Pero también hay otro elemento en la conciencia, o, mejor dicho, otra clase de conciencia que todos tenemos, ya sea ésta débil o fuerte. Es la conciencia intrínseca. Ella está basada en la percepción inconsciente y preconsciente de nuestra propia naturaleza, de nuestro propio destino o nuestras propias capacidades, de nuestro propio llamado en la vida. Ella insiste en que seamos fieles a nuestra propia naturaleza interior y que no reneguemos de ella por debilidad, por conveniencia o por cualquiera otra razón. Aquel que contradice su talento, el pintor nato que vende calcetas en lugar de hacer lo suyo, el hombre inteligente que vive una vida estúpida, el hombre que ve la verdad y mantiene su boca cerrada, el cobarde que renuncia a su hombría, toda esta gente percibe de una manera profunda que han actuado dañándose a ellos mismos y se desprecian por eso. De este auto-castigo sólo puede venir neurosis; pero, igualmente, podría venir un renovado valor, una justa indignación, un aumento del auto-respeto, ante la posibilidad de actuar luego correctamente. En una palabra, el crecimiento y el progreso pueden surgir a través del dolor y el conflicto.

En esencia, estoy deliberadamente rechazando nuestra actual y fácil distinción entre enfermedad y salud, al menos en lo que a síntomas superficiales se refiere. La enfermedad significa tener síntomas? Yo mantengo hasta ahora que la enfermedad puede consistir en no tener síntomas cuando se debiera tenerlos. La salud significa estar libre de síntomas? Yo lo niego. Cuáles de los nazis de Auschwitz o de Dachau eran saludables? Aquellos con una conciencia herida o aquellos con una conciencia bella, clara y feliz? Era posible para una persona profundamente humana no sentir allí conflicto, sufrimiento, depresión, ira, etc.?

Un ejemplo es la cambiante actitud de los psicólogos hacia la popularidad, la adaptación, e incluso, la delincuencia. Populares entre quiénes? Probablemente para un jovencito es mejor ser impopular entre sus vecinos snobs o en el club de campo local. Adaptado a qué? A una mala conducta? A un padre dominante? Qué opinaría de un bien adaptado esclavo Un bien adaptado prisionero? Incluso el niño con problemas de conducta está siendo mirado ahora con una nueva tolerancia. Por qué es delincuente? Lo más frecuente es que lo sea por alguna psicopatología; pero, ocasionalmente, es por buenas razones, y el chico está simplemente resistiéndose a la explotación, dominación, negligencia, desprecio, atropello.

Claramente, lo que sería llamado problema de personalidad depende de quién está nominándolo así. El propietario de los esclavos? El dictador? El padre patriarcal? El marido que quiere que la esposa siga siendo una niña? Parece que los problemas de personalidad algunas veces pueden ser fuertes protestas en contra de la trituración del propio esqueleto psicológico, de nuestra verdadera naturaleza interna. Lo que sería enfermedad es no protestar mientras este crimen está siendo cometido. Lamento tener que decir que la mayoría de la gente no protesta bajo tal tratamiento. Lo aceptan y pagan años más tarde en síntomas neuróticos y psicosomáticos de variadas clases. O quizás, en algunos casos, jamás llegan a darse cuenta de que están enfermos, de que han perdido la verdadera felicidad, la verdadera realización de las expectativas, una rica vida emocional y una serena y productiva vejez, reaccionar estéticamente y encontrar la vida emocionante.

La cuestión de la aflicción y el dolor deseables, o la necesidad de ello, también debe ser enfrentada. Son posibles el crecimiento y la auto-realización sin dolor y aflicción, pena e inquietud? Si éstas son, hasta cierto punto, necesarias e inevitables, entonces hasta qué límites? Si el dolor y la aflicción algunas veces son útiles para el crecimiento de la persona, entonces debemos aprender a no proteger a la gente de ellos en forma automática, como si siempre fueran malos. Algunas veces pueden ser buenos y deseables, en vista de las últimas buenas consecuencias. No permitir a la gente pasar a través de su dolor, y protegerla siempre de él, puede convertirse en una clase de sobre-protección que implica una cierta carencia de respeto por la integridad y la naturaleza intrínseca y el desarrollo futuro del individuo.

Abraham H. Maslow

Extractado por Farid Azael de
Abraham Maslow.- El Hombre Autorrealizado.- Kairós

Las Experiencias Cumbre

Las Experiencias Cumbre

Intensas Experiencias de Identidad.

Cuando buscamos definiciones de la identidad, debemos recordar que estas definiciones y conceptos no están en algún oculto lugar, esperando pacientemente a que las encontremos. Sólo parcialmente las descubrimos y también las creamos. En parte la identidad es según como la definimos. Previamente, deberíamos aproximarnos en forma sensible y receptiva a los diversos significados que la palabra ya posee. Así encontramos que los distintos autores la usan para diferentes tipos de hechos y de funciones. Y entonces tendríamos que conocer algo de estas funciones para entender lo que el autor quiere decir cuando habla de identidad. Significa algo diferente para diversos terapeutas como sociólogos, psicólogos, psicopedagogos, etc., aun cuando para todos ellos haya también alguna similitud o coincidencia de significado.

En las experiencias-cumbre la identidad tiene diversos significados reales, sensibles y útiles. No pretendemos que ellos sean los únicos verdaderos; sólo que aquí los mostramos desde otro ángulo. Durante las experiencias-cumbre las personas son más que nada su identidad, están más cerca de su verdadero ser, son más auténticas. Gracias a eso parecería que esta experiencia es como una fuente especialmente importante de limpieza y de descontaminación psicológica. Las interpretaciones están reducidas al mínimo, y la vivencia incrementada al máximo.

Durante las experiencias-cumbre la persona se siente más integrada (unificada, total, de una sola pieza) que en otras ocasiones. También se ve más integrada en varias formas, por ejemplo, menos dividida o disociada, menos combativa contra sí misma, más en paz consigo misma, menos separada entre la vivencia de sí y la observación de sí, más concentrada, más armoniosamente organizada, más eficientemente conectada con todas sus partes funcionando suavemente las unas con las otras, más sinérgica, con menos fricción interna, etc.

Al lograr ser más simplemente él mismo, se vuelve más capaz de fusionarse con el mundo – el que anteriormente era un no-yo – como cuando los amantes intiman hasta formar una unidad en vez de ser dos personas. El monismo Yo-Tú se hace más posible, el creador llega a ser uno con su creación, la madre se siente una con su hijo, el entendido en arte se transforma en la música (y ésta en él) o en la pintura, o en la danza, el astrónomo está allá afuera con las estrellas, más que ser un ente separado escudriñando a través del abismo a otro ente separado a través del lente de un telescopio. Así, el, mayor logro de identidad, autonomía o egoidad es simultáneamente la trascendencia de sí mismo, un ir más allá y por sobre la egoidad. Entonces la persona puede volverse relativamente altruísta.

Generalmente en las experiencias-cumbre la persona siente que está en la cima de sus poderes, usando todas sus capacidades de la forma más plena y mejor. En la bella frase de Rogers, él siente estar plenamente funcionante. Se siente más inteligente, más perceptivo, más ingenioso, más fuerte o más armónico que otras veces. Está en su mejor estado en su tono más alto, en su mejor forma. Esto no es sentido sólo subjetivamente, sino que puede ser visto por un observador. El ya no está desperdiciando su esfuerzo peleando y restringiéndose a sí mismo, los músculos no combaten más a los músculos. Normalmente, una parte de nuestras capacidades son usadas para la acción, y otra parte es desperdiciada en la restricción de esas mismas capacidades. Ahora no hay pérdida; la totalidad de las capacidades puede ser usada en la acción. El fluye como un río sin remansos.

Un aspecto ligeramente diferente del funcionar a pleno es la condición de carencia de esfuerzo y facilidad
al funcionar en plenitud. Lo que normalmente cuesta esfuerzo, tensión y lucha, ahora es realizado sin ningún sentido de contienda, trabajo o deber, sino que se hace sólo. Unido a esto hay una sensación de que todo llega suave, fácil, funcionando plenamente sin esfuerzo, calzando perfectamente, y con el motor a su máxima velocidad.

Se puede ver entonces la apariencia de tranquila seguridad y corrección como si se supiera exactamente
lo que se está haciendo, y se lo estuviera haciendo plenamente, sin dudas, equivocaciones, ni hesitaciones o retrocesos parciales. Así, no hay tiros aproximados al blanco, ni yerros, sólo blancos plenos. Se puede apreciar esta calidad de comportamiento en los grandes atletas, artistas, creadores, líderes y ejecutivos cuando están en la plenitud de su funcionamiento.

Esto es menos relevante para el concepto de identidad, que lo antes expuesto, pero creo que debería ser incluído como una característica de ser verdaderamente uno mismo, porque es suficientemente externo
y público como para ser investigable. También lo creo necesario para la plena comprensión de este tipo de jovialidad – humor, diversión, tontería, simplicidad, juego, hilaridad – la que creo es uno de los más elevados valores de la identidad.

Más que en otras oportunidades, el individuo se percibe a sí mismo en la experiencia-cumbre como más responsable, más activo, centro creador de sus actividades y percepciones. Se siente con más iniciativa, más autodeterminado, en lugar de estar desvalido, dependiente, pasivo, débil, dominado. Se siente siendo su propio jefe, plenamente responsable, plenamente volitivo, con más libre determinación que otras veces, maestro y hacedor de su destino.

También él toma el lugar del observador, por ejemplo, haciéndose más resuelto, observando en forma más crítica, más sincera, más adecuada para descartar o sobrellevar la oposición, más inflexiblemente seguro de sí mismo, más capaz de dar la impresión de que sería inútil tratar de detenerlo. Es como si ahora no tuviera dudas acerca de su valor o de su capacidad para hacer cualquier cosa que decida. Para el observador él parece más íntegro, más confiable, más seguro, más programado para ganador. A menudo es posible distinguir este gran momento – el devenir responsable – en terapia, crecimiento, educación, matrimonio, etc.

Ahora él está más libre de bloqueos, inhibiciones, precauciones, temores, dudas, controles, reservas, autocríticas, freno. Estos pueden ser considerados como los aspectos negativos del sentimiento de valor, de autoaceptación, de amor y respeto hacia sí mismo. Este es un fenómeno tanto subjetivo como objetivo,
y podría ser descrito en ambos sentidos. Por supuesto que éste es sólo un aspecto diferente de las características ya descritas y de las que siguen más adelante.

Probablemente estos sucesos son teóricamente medibles, porque es objetivo que hay músculos luchando contra músculos, en vez de músculos apoyando sinérgicamente a otros músculos.

Por lo tanto, él es más espontáneo, más expresivo, más inocente en su comportamiento: desprejuiciado, ingenuo, honesto, cándido, infantil, sin artificios, ni protecciones, ni defensas, más natural, simple, relajado, seguro, llano, sincero, directo, no susceptible, en algún sentido primitivo, inmediato, más libre de control, fluyendo naturalmente en forma automática, impulsiva, refleja, instintiva, irrestricta, irreflexiva, atolondrada, incauta.

El es también más creativo, en un cierto sentido. Su entendimiento y comportamiento, aparte de su gran autoconflanza y carencia de dudas, puede automoldearse sin interferencias, de manera taoísta, o en aquella actitud flexible que los psicólogos Gestálticos han descrito, respecto de una situación intrínsecamente problemática o no, en el allá afuera: más que actuar en forma autocentrada, hacerlo en términos establecidos por la naturaleza per se de la misión, o del deber (Frankl), o del juego. Es por lo tanto más improvisado, más repentino, más creativo, más inesperado, novedoso, fresco, desusado, directo, autónomo, inhabitual. Es asimismo menos preparado, planificado, diseñado, premeditado, ensayado, prepensado, en la medida que estas palabras implican programación previa de cualquier tipo.

Todo esto puede ser expresado aun de otra manera como el apogeo de la unicidad, individualidad o idiosincrasia. Si en teoría todas las personas son diferentes entre sí, ellas son más puramente diferentes
en las experiencias-cumbre. Si en muchos aspectos – sus roles – los hombres son intercambiables, en las experiencias-cumbre los roles desaparecen y la intercambiabilidad se vuelve ínfima. Lo que ellos sean en
el fondo, lo que signifique la expresión ser único, ellos son más de eso durante las experiencias-cumbre.

En ellas, el individuo está más aquí y ahora, más libre del pasado y del futuro en diversos sentidos, más todo ahí en la experiencia. Por ejemplo, ahora puede oír mejor que en otras ocasiones. Como está mucho menos rutinario y expectante, puede oír plenamente y sin contaminación por el lastre de expectativas basadas en anteriores situaciones (las que no pueden ser idénticas a la presente), o esperanzas, o aprensiones fundamentadas en la planificación del futuro (lo que significa considerar el presente sólo como un medio para ello en vez de un fin en sí mismo). Como también él está más allá del deseo, no necesita rotular lo que ocurra en términos de temor, odio o deseo. El no tiene que comparar lo que está aquí con lo que no lo está con el objeto de evaluarlo.

Ahora la persona se vuelve más una psiquis pura y menos un-ser-del-mundo viviendo bajo las leyes del mundo. Es decir, llega a estar más determinado por leyes intrapsíquicas que por las leyes de la realidad no-psíquica que son tan diferentes. Esto parece una contradicción o paradoja pero no lo es, y aunque lo fuera, tendría que ser aceptado de cualquier modo como teniendo algún tipo de significado. El conocimiento del otro es más posible cuando se produce simultáneamente un dejar ser de sí y del otro; el respetarme
y amarme yo a la vez que respeto y amo al otro permite un apoyarse y fortalecerse mutuo. Puedo aprehender mejor el no-yo si no me aferro a él, dejándolo ser el que es, permitiéndole fluir, dejándole vivir según sus propias leyes más que por las mías, tal como yo llego a ser más puramente yo mismo cuando me emancipo del no-yo, negándome a dejarlo dominarme, rehusando vivir bajo sus reglas, e insistiendo en vivir sólo bajo las leyes y reglas que intrínsecamente son para mí. Cuando esto ha sucedido, resulta que lo intrapsíquico (yo) y lo extrapsíquico (el otro) no son tan terriblemente diferentes después de todo, y ciertamente no son en realidad antagónicos. Sucede que ambos grupos de leyes son muy interesantes y divertidas e incluso pueden ser integradas y fusionadas.

El más fácil paradigma para ayudar al lector a comprender esta confusión de palabras es la relación de amor entre dos personas, pero cualquier otra de las experiencias-cumbre puede ser también empleada. Obviamente a este nivel del discurso teórico, las palabras libertad, independencia, aferramiento, dejar ir, confianza, voluntad, dependencia, realidad, la otra persona, separatividad, etc., asumen significados muy complejos y ricos que no tienen en el dominio de lo cotidiano, de las deficiencias, deseos, necesidades, auto preservación, dicotomías, polaridades y divisiones.

Existen algunas ventajas teóricas en enfatizar ahora el aspecto de no-esfuerzo o no-necesidad y considerarlo como el asunto central, o centro de organización, de este algo que estamos estudiando, De diversas maneras ya descritas, y con ciertos significados delimitados, la persona en la experiencia-cumbre se vuelve inmotivada, o no dirigida, especialmente desde el punto de vista de las necesidades carenciales. En este mismo aspecto del tema tiene un sentido similar el describir la más elevada y auténtica identidad como no-esfuerzo, no-necesidad, no-deseos, como habiendo transcendido las necesidades e impulsos de tipo común. Es justo eso. El gozo ha sido conseguido, lo que significa un fin temporal en la persecución del gozo.

Algo similar ha sido ya descrito con respecto a la persona autorrealizada. Ahora todo viene por sí mismo, fluyendo involuntariamente, sin esfuerzo, sin propósito. El actúa en forma total y eficiente, no por estabilidad fisiológica o por reducir necesidades, no para evitar el dolor, el desagrado o la muerte, no con miras a una meta futura, no por ninguna otra causa sino porque sí. Su comportamiento y experiencia llegan a ser per se, autovalidantes, con el comportamiento y la experiencia como fin último, más que como medios para un fin.

A este nivel la persona sería parecida a un dios porque la mayoría de los dioses han sido considerados como no teniendo necesidades o deseos, ni deficiencias, ni carencias, complaciéndose en todo. Las características, y especialmente las acciones de los dioses más elevados, mejores, han sido entonces deducidas sobre la base del no desear. Estas deducciones me han parecido muy estimulantes al tratar de entender las acciones de los seres humanos cuando ellos actúan desde el no-desear. Por ejemplo, me parece ésta una base muy iluminadora para la teoría del humor y entretención joviales (de Jove), para la del aburrimiento, de la creatividad, etc.